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in 2009 with funding from 

Ontario Council of University Libraries 



http://www.archive.org/details/memorias06acaduoft 



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MEMORIAS 



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11! 



01110 AlMie. 



MEMOIRES 



J 



Tiimil 



T 



"Antonio Álzate" 



Publiés sous la direction de 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



Secxétaire grésxéxa,!. 



TOME VI. 

1892-1893. 



MÉXICO 
Imprimekie du Gouvernement federal. 



1892 



'<5l. 



MEMORIAS 



E. 




if 



"Antonio Álzate" 



Pablicadaí bajo la direceiÓQ de 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



Secrotarlo geas-eral. 



TOMO VI. 

1892-1893. 






MÉXICO 



IMPRENTA DEL GOBIERNO FEDERAL EN EL EX- ARZOBISPADO 

(Avenida Oriente 2, núm. 736). 



1892 



Q 



~X'^'~ 



f 



QVARTO. POST. INVENTAINI. AMERICAM 
SAECULO. EXEVNTE 

CHRISTOPHORO. COLVMBO 

VIRO. FORTI. HVMILI, CONSTANTI 

FIDEL SCIENTIIS. ARTIBVS 

NOVViM. ORBEM. APERIENTI 

MEXICANA. SOCIETAS. 

AB. ANTONIO. ÁLZATE. NVNCVPATA 

HASCE. SVAS. LVCVBRATIONES 

D. D. D 



RBSEÍSr^ 



BSLATIVA A Li UABCUA DE LA 



SOCIEMD CllTÍFICi "1110 iLM" 



Exrss.A.aTT'E eXj .a.£5-o de lesi. 




' ' * NA vez más me es muy satisfactorio informar á mis con- 
socios acerca de los trabiijos de la Sociedad durante el 
séptimo año de su existencia, en el cual constantemente 
hemos visto su adelanto, ya por el buen nombre que go- 
za en el mundo científico, ya por la importancia de las adquisi- 
ciones hechas, ó ya por la constancia de sus publicaciones y del 
interés de las Memorias que ha dado á luz. 

Las sesiones ordinarias se han celebrado con regularidad; 
los socios han presentado trabajos originales é interesantes; han 
ingresado laboriosos socios de número y varios sabios extranje- 
ros; la correspondencia y relaciones con los principales Insti- 
tutos, Academias, Sociedades y Profesores científicos del Globo, 
no sólo han continuado con la actividad que en los años ante- 



Memorias de la Sociedad Científica 



i'iores, sino que han tomado un incremento considerable; y por 
último, la Biblioteca se lia enriquecido notablemente con gran 
número de valiosas obras y ha continuado prestando su contin- 
gente al público. 

Trabajos presentados por los socios.— En las doce se- 
siones ordinarias celebradas en los primeros domingos de cada 
mes, han sido presentados veintitrés trabajos, los cuales cons- 
tan á continuación, siguiendo el orden alfabético de sus autores: 

*1. Aguilar y Santillcm Bafael. Memoria relativa al estado de 

la Sociedad hasta el 31 de Diciembre de 1890. 
*2. Bibliografía Meteorológica Mexicana del año 1890. 

3. La lluvia en México y otras ciudades de la Repúbli- 
ca durante los años 1888-90. Véase Fuga. 

4. Aragón Agustín. Observaciones relativas á la enseñanza 

de la Trigonometría y consideraciones acerca de los cálcu- 
los numéricos. 
*5. Galindo y Villa Jesús. Apuntes de Epigrafía Mexicana. 
*6, Gama Valentín. Observaciones sobre la refracción Geodé- 
sica. 
7. Herrera Alfonso L. Semejanza protectora general de los 
Lepidópteros mexicanos del género ItJiomia. Los anima- 
les transparentes. 
*8, Landero Carlos F. La grosularita rosa de Xalostoc. 

*9. Observaciones sobre la plata alotrópica. 

10. Montiel y Estrada Gilberto. Utilización de las aguas, prin- 
cipalmente en la Agricultura. 
*11. Mendisálal Tantborrel Joaquín de. Nueva fórmula del Bino- 
mio de Newton. 
*12. Moitl Carlos. Observaciones seísmicas en Orizaba. Diciem- 
bre de 1890 á Noviembre de 1891. 
*13. Montessiis de Ballore F. de. Etude critique des lois de ré- 
partition saisonniére des seismes. 



"Antonio Álzate, m 



*15. Pizzetti Pallo. Sur le calcul des trlangles géodésiques. 

16. Fuga Guillermo B. Una excursión al cerro de la Estrella. 
*17. y Aguilar y SantUlán Bqfael. El temblor del 2 de Di- 
ciembre de 1890. 
*18. Catálogo de los temblores y fenómenos volcá- 
nicos verificados en la Repiiblica durante el año de 1890. 

*19. y Altanúrano Fernando. Excursión á Huauchinango. 

*20. Sxñna Pedro, S. J. ¡Síntesis elemental del Cálculo Infinite- 
. simal. 

21. Marroquin y Rivera Manuel. Reflexiones acerca de la in- 

fluencia relativa de los diversos elementos de un ferro- 
carril sobre las tarifas de transporte. 

22. Segura José C. Cuadro estadístico de la producción del pul- 

que en la República durante el año de 1890 y estado que 
manifiesta la introducción de pulques fino y tlachique en 
la Capital en el decenio dé 1880-89, con expresión de su 
peso, volumen y derecho de portazgo. 

23. Valle Felipe. Apuntes relativos á nivelación trigonomé- 

trica. 

Los trabajos señalados con uu asterisco aparecieron ya en 
las Memorias. 

Como se ve, en este año la Sociedad fué honrada por dos so- 
cios del extranjero con trabajos originales é inéditos, que fue- 
ron recibidos con grande aprecio. 

Correspondencia y relaciones. — Día por día aumentan 
de una manera notable, dando por consiguiente á la Secretaría 
extraordinario incremento en sus labores. 

La correspondencia remitida durante el año ha sido la si- 
guiente : 

Acuses de recibo 171 

Pedidos de cambio y publicaciones 127 

A la vuelta 298 

Memorias [1892-93], T. VI, 2 



10 Memorias de la Sociedad Científica 

De la vuelta 298 

Circulares anunciando la aj^ertura de la Bi- 
blioteca al público y solicitando comple- 
to de obras 347 

Asuntos diversos 55 



Total 700 



Muy grato me es consignar que nuestras circulares en las 
que se anunciaba que nuestra Biblioteca está ya al servicio del 
público y se pide el envío de nuevas publicaciones y el comple- 
to de otras, han sido obsequiadas por varias corporaciones que 
han hecho envíos de cuantía. De entre ellas deben mencionar- 
se las siguientes: Oficina Hidrográfica é Institutos Geodésico 
y Meteorológico de Berlín; Sociedad Física de Francfort sobre 
el Mein; Observatorio de Marina de Hamburgo; Oficina de Me- 
teorología ó Hidrografía de Carlsruhe; Sociedad Húngara de 
Ciencias Naturales de Budapest; Observatorio Real de Bruse- 
las; Asociación de Ingenieros Industriales de Barcelona; Socie- 
dad Geogi'áfica de Madrid; Academia Nacional de Ciencias, De- 
partamento de Agricultura, Observatorio Naval y Oficina Hi- 
drográfica de Washington; Observatorio de Sydney; Sociedad 
Real Geográfica de Australasia en Brisbano; Academia de Cien- 
cias de París; Instituto Geográfico Militar de Florencia; Círculo 
Matemático de Palermo; Museo Civil de Historia Natural de 
Genova; Observatorio del Seminario de Venecia; Dr, F. Gomes 
Teixeira, de Porto, etc., etc. 

Miembros de la Sociedad. — Durante el año han ingresa- 
do como socios de número los Sres. Herrera, Montiel y Macous- 
set, ocupando las vacantes de los Sres. Brun, Calderón (R.) y 
Salas. 

También fueron electos once socios correspondientes; dos 
en el país: los Sres. Torres Quintana y Loya, y nueve en el ex- 



"AntonioAlzate.il H 



tranjero: los Sres. Barral, De Nuccio, Enestrom, Koenigs, Lo- 
ria, Maiitin, Pittier, PolakoAvsky y Thomsou. 

Se nombraron igualmente doce socios honorarios; tres en el 
país: los Sres. Baranda, Romero Rubio y Mercado, y nueve en 
el extranjero; los Sres. Frazer, Friedel, Haton déla Goupillié- 
re, Lancaster, Le Jolis, Salraoiraghi, Palmieri, Van Beneden 
y Zeballos. 

El número, pues, de miembros de la Sociedad, existentes 
hasta el 31 de Diciembre de 1891, es como sigue: 

Socios de número 25 

ídem correspondientes 17 

ídem honorarios, 98 

Total 140 



Al fin de esta reseña se halla la lista detallada de todos. 
La Sociedad perdió al Socio honorario D. Luis E. Villase- 

ñor, Ingeniero Civil y Director de las obras del puerto de Ve- 

racruz, que falleció en Marzo en dicha ciudad. 

Publicaciones y Biblioteca. — Ha continuado regular- 
mente la aparición de las 3£eniorias y de la Revisia Científica y 
Bibliográfica. Concluyó el tomo IV y salieron ya los niimeros 
1 y 2 del V. So ha proseguido también la impresión de la obra 
Batos para la Historia del Colegio de Minería, por el socio hono- 
rario D. Santiago Ramírez, Ingeniero de minas, así como las 
Notas y observaciones relativas á Meteorología, Física del Globo y As- 
tronomía del Padre Álzate, coleccionadas pcTi* el que suscribe. 

Se han remitido con puntualidad las Memorias y la lista de 
cambios aumentó en noventa con los siguientes: 

Tacubaya. Biblioteca «Romero Rubio.» 

Amiens. Sociedad Linneana. — Angers. Academia de Cien- 
cias. 



1 2 Memorias de la Sociedad Científica 

Barcelona. Industria é Invenciones. — Bsziers. Sociedad de 
estudio de las Ciencias Naturales. — Budapest. Sociedad Real 
de Ciencias de Hungría. — Buenos Aires. Departamento Nacio- 
nal de Higiene. Sociedad Rural Argentina. Revista Argentina 
de Historia Natural. Bevista de Matemáticas Elementales. — BufiEa- 
lo. Sociedad de Ciencias Naturales. — Boston. Academia Ame- 
ricana de Artes y Ciencias. — Brisbane. Sociedad Real Geográ- 
fica de Australasia. 

Caleutta. Oficina Meteorológica. — Copenhague. Academia 
Real de Ciencias de Dinamarca. — Cracovia. Academia de Cien- 
cias. 

Danzig. Sociedad de Ciencias Naturales. — Delft. Escuela 
Politécnica. — Douai. Unión Geográfica del Norte de Francia. 
— Dresden. Sociedad de Geografía. — Dublin. Sociedad Real 
de Dublin. 

Elbeuf. Sociedad de estudio de las Ciencias Naturales. — 
Estrasburgo. Sociedad de Ciencias, Agricultura y Artes. 

Florencia. Sociedad Fotográfica Italiana. — Francfort d. M. 
Sociedad Física. — Francfort d. O. Sociedad de Ciencias Natu- 
rales. ' 

Gante. Sociedad de Medicina — Genova. Museo Civil de 
Historia Natural. 

Halle. Academia Real Leopodino-Carolinense de Natura- 
listas. — Harlem. Sociedad Holandesa de Ciencias. — Havre. So- 
ciedad de Geografía Comercial. 

Leeds; Sociedad Científica y Literaria. — Lincoln. Estación 
experimental de Agricultura. — Lisboa. Comisión de trabajos 
geológicos de Portugal. Observatorio del Infante D. Luis. So- 
ciedad de Ciencias Médicas. — Londres. Sociedad Real Meteo- 
rológica. — Lorient, Sociedad Bretona de Geografía. — Lucca. 
Academia de Ciencias, Letras y Artes. — Lyon. Sociedad de 
Geografía. 

Magdeburgo. Observatorio del Magdéburgische Zeitung. — 
Manchester. Sociedad Geológica. — Marsella. Sociedad Cientí- 



'I Antonio Álzate, II 13 

fica Flammarion. — Melbourne. Instituto de Ingenieros de Vic- 
toria. — Milán. Asociación Médica Lombarda. 

Naucy. Sociedad de Geografía del Este. — Ñapóles. Acade- 
mia de Ciencias Físicas y Matemáticas. Sociedad Americana 
de Italia. Sociedad de Naturalistas.— Niza, Observatorio (Fun- 
dación Bischoífslielm), 

Oviedo. Estación Meteorológica. 

Palermo. Academia Real de Ciencias. Círculo Matemático* 
II Naturalista Siciliano. 

Paris. Escuela Politécnica. Servicio Geográfico del Ejérci- 
to. Sociedad Botánica de Francia. Sociedad de Economía Po- 
lítica. Sociedad de Geografía Comercial. Sociedad Meteoroló- 
gica de Francia. Sociedad para el ¡irogreso do la Industria 
Nacional. JC' Amateur Fliotographe. Les Anuales Photogra]}Mques. 
Cosmos. Bevue Genérale des Sciences Purés etAppliquées. Eevue Géo- 
graphique Internationale. Bevue Pédagogique. La Science Jllusirée. 

Praga. Sociedad Real de Ciencias de Bohemia. 

Reims. Sociedad de estudio de Ciencias Natui'ales. — Ro- 
chester. Academia de Ciencias. — Roma. Academia Pontificia 
de Nuovi Lincei. Academia Real de los Lincéanos. Dirección de 
Estadística. Instituto Cartográfico Italiano. Observatorio del 
Vaticano. Bassegna delle Scienze GeologicJieJn Italia. — Rosario 
de Santa Fe. Bevista Escolar. — Rouen. Sociedad Normanda de 
Geografía. 

San Francisco. Sociedad Astronómica del Pacífico. Siena. 
Academia de Físicos. Bivista Italiana di Scienze NaturaU e Bo- 
llettino del Naturalista. 

Trieste. Observatorio Marítimo. — Topeka. Consejo de Agri- 
cultura del E. de Kansas. — Turin. Bivista di llatematica, dirigi- 
da por el Prof. G. Peano. 

Utrecht. Instituto Real Meteorológico. 

Viena. Observatorio do la Universidad Imperial. — Vilafran- 
ca del Panados. Estación Meteorológica. 

Washington. Academia Nacional de Ciencias. Oficina de 
Educación. 



14 Memorias de la Sociedad Científica 

La Biblioteca posee ya 2,375 tomos y 606 cuadernos, habien- 
do, pues, aumentaí^o durante el año, 1,163 tomos (452 en 1890). 
y 370 cuadernos (126 en 1890). En ella se halla ya encuader- 
nada la colección completa de las Comptes Bendus ( 1835-1890)» 
Mémoires (1 á 40), Mémoives presentes par divers savanfs (1 á 30) 
y Mémoires, Mapports et Dociimenis relaüfs ci V ohservation du Pas- 
sage de Venus (8 tomos), así como los índices respectivos que la 
Academia de Ciencias de París dio á la Sociedad, y que conti- 
nuará remitiendo eu lo de adelante. La Sociedad debe sentirse 
orgullosa, tanto por el valor ó importancia de tal donativo, co- 
mo por la singular distinción que con ella ha recibido del primer 
cuerpo científico del Mundo, y no debemos olvidar que á los so" 
cios Hermite y Mendizábal Tamborrel les somos deudores 
de nuestro profundo agradecimiento por el tesoro que tiene la 
honra de poseer nuestra Biblioteca, única en la República en 
que actualmente pueden consultarse las obras citadas. 

Las donaciones hechas por socios y otras personas y las pu- 
blicaciones recibidas en cambio, constan circunstanciadamente 
al final del presente informe. 

La Biblioteca se ha abierto al público sin interrupción todos 
los días de trabajo de 4 a 9 pm., gracias á nuestro ilustrado con- 
socio el Sr. Lie. Ramón Manterola y á la protección del Minis- 
terio de Grobernación. Durante el año han concurrido 1,524 lec- 
tores, de los cuales 505 consultaron obras científicas, 798 obras 
literarias y 221 periódicos. 

Para concluir informaré que la Sociedad recibió ya de ma- 
nos del C. Presidente de la República la medalla de bronce que 
obtuvo en la Exposición Universal de París de 1889, así como 
la medalla y diploma que el Gobierno mexicano acordó á todos 
los expositores del país. 

Tacubaya, Enero 10 de 1892. 

El Secretario General, 

Rafael Aguilar y Santillán. 



"AntonioAlzat8.il 15 



LISTA GENERAL 

De los Miembros de la Sociedad "Álzate" existentes hasta el 31 
de Julio de 1892. 



Socios fundadores. 

1. Aguílar y Sanüllán Eafael, Miembro del Observatorio Meteo- 

rológico Central, Preparador de Física y Química eu la 
Escuela Normal. 

2. Ilarroquín y Bivcra Manuel^ Ingeniero civil, Miembro de la 

Comisión Exploradora del Río Nazas. 

3. Fuga Guillermo B., Ingeniero geógi'afo y topógrafo, Astró- 

nomo del Observatorio Nacional de Tacubaya, Profesor 
de la Escuela N. Preparatoria. 

4. Sólórzano y Sólchaga Agajiifo. 

5. Vélez Daniel M., Doctor eu Medicina, Mayor del Cuerpo Mé- 

dico Militar, Profesor en el Hospital Militar. 



Socios de número por el orden en que han ingresado. 

6. González Camilo, Astrónomo del Obser- 

vatorio Nacional de Tacubaya 30 Mayo 1886. 

7. Herrera y Gutiérrez Mariano, Doctor en 

Medicina y Farmacia 30 ,, „ 

8. Calderón Juan B., Farmacéutico 25 Julio „ 

9. Mateos Juan, Ingeniero geógrafo, civil y 

topógrafo 3 Abril 1887. 



16 Memorias de la Sociedad Científica 

10. Vargas Galeana Vicente 25 Marzo 1888. 

11. Peimlert y Manteróla Julio 29 Abril 1888. 

12. Garihay Francisco, Ingeniero topógrafo, 

Conservador del Gabinete de Topo- 
grafía de la Escuela N. de Ingenieros. 28 „ 1889. 

13. Vergara Bartolo, Ingeniero civil 28 „ „ 

14. López Guerrero Bicardo, Ingeniero civil, 

Oficial de sección en el Ministerio de 
Comunicaciones y Obras Públicas ... 28 „ „ 

15. Gama Valentín, Ingeniero geógrafo 28 Julio „ 

16. Valle Felipe M., Ingeniero geógrafo 25 Agosto „ 

17. Solórzano y Arriaga Francisco, Farmacéu- 

tico 29 Sept. „ 

18. Galindo y Villa Jesús, Miembro del Insti- 

tuto Médico Nacional 29 Octubre „ 

19. Aragón Agustín, Ingeniero topógrafo.. .. 30 Marzo 1890. 

20. Ordóñez Ezeqiiiel, Ingeniero de la Comi- 

sión de la Carta Geológica 25 Mayo ,, 

21. Domínguez Norherto, Ingeniero topógrafo 

y Ensayador 29 Junio „ 

22. Segura José C, Ingeniero agrónomo, Pro- 

fesor en la Escuela N. de Agricultura. 28 Sept. „ 

23. Herrera Alfonso L., Miembro del Institu- 

to Médico Nacional, Ayudante -Natu- 
ralista en el Museo Nacional 2 Agosto 1891. 

24-. Montiel y Estrada Gilberto, Ingeniero civil, 
Jefe de Sección en el Ministerio de Co- 
municaciones y Obras públicas 2 „ „ 

25. Macóiísset Boque 6 Sept. „ 



'Antonio Álzate. 



17 



Socios correspondientes. 

Andrade Br. Nemorio, Profesor de Química 

general en el Instituto Científico Pachuca. 

14 Febrero 1892. 
Barral Jorge, Director del Laboratorio ex- 
perimental fundado por J. A. Barral. . París. 

5 Julio 1891. 

Beristain Serafín, Capitán de Ingenieros, 

Naturalista de la Comisión Geográfico - 

Exploradora Tacubaya. 

14 Febrero 1892. 
BerteUi P. Timoteo, Director del Observato- 
rio Geodinámico del Colegio allá Querce. Florencia. 
14 Febrero 1892. 
Borsari Fernando, Presidente de la Socie- 
dad Americana de Italia. ., Ñapóles. 

14 Febrero 1892. 

Borzélli Profesor Angelo ^^ 

14 Febrero 1892. 

Colunga Paido, Ingeniero Huejutla. 

14 Febrero 1892. 
De Nuccio Dr. Erasmo, Asistente á la Clíni- 
ca de la Universidad Ñapóles. 

5 Julio 1891. 
Enesirom Dr. Gustavo, Director de la Bihlio- 

(lleca Matemática Estocolmo. 

2 Agosto 1891. 
Giovannozzi P. Juan, Director del Observa- 
torio Ximeniano Florencia. 

14 Febrero 1892. 
Gomes Teixeira Dr. F., Profesor en la Aca- 
demia Politécnica Porto. 

14 Febrero 1892. 

Memorias [1892.93!, T. VI, 2 



18 



Memorias de la Sociedad Científica 



Koenigs G., Secretario de la Sociedad Ma- 
temática de Francia, Profesor en el Co- 
legio de Francia París. 

2 Agosto 1891. 
Loria GinOj Profesor en la Universidad 

Real Genova. 

2 Agosto 1891. 
Loya Ismael, Ingeniero topógrafo de la Co- 
misión de Límites con Guatemala San Juan Bautista. 

6 Septiembre 1891. 
Maldonado Alberto, Ingeniero de minas. . . . Aguascalientes. 

27 Mayo 1888. 

Mantin Jorge, Naturalista París. 

6 Septiembre 1891, 

Medal Juan, Farmacéutico . . .' Pátzcuaro. 

31 Marzo 1889. 
Moniessus de Ballore F. de. Capitán de Arti- 
llería, Inspector de estudios en la Escue- 
la Politécnica • París. 

23 Febrero 1890. 
Mottl Carlos, Propietario y Director de la 

Estación seísmica en Orizaba Orizaba. 

26 Febrero 1888. 

Orozco Enrique, Conservador del Museo de 

Historia Natural del Colegio del Estado, 

Profesor en la Escuela Normal para 

Profesores Puebla. 

25 Septiembi'e 1887. 
Peano José, Profesor de Cálculo Infinitesi- 
mal en la Universidad Real Turín, 

3 Julio 1892. 
Pittier Enrique, Director del Instituto Físi- 
co-Geográfico Nacional .-•••• S.José (Costa Rica). 

1? Noviembre 1891. 



"Antonio Álzate, n 



19 



Pólákowshj Dr. H Berlín. 

2 Agosto 1891. 
Puente y Olea Manuel de la, Ingeniero de 

minas Sevilla. 

23 Febrero 1890. 
Roig y Torres Rafael, Director de la « Cró- 
nica Científica, »' etc Barcelona. 

14 Febrero 1892. 
Sta^pfJDr. Oiórij Miembro de la Academia 

Imperial de Ciencias Viena. 

14 Febrero 1892. 
Symons Jorge J., 'Miembro de la Sociedad 
Real de Londres, Secretario de la So- 
ciedad Real Meteorológica Londres. 

3 Julio 1892. 
TJiirion P. Julián, S. J., Director del Obser- 
vatorio de la Compañía de Jesús Lovaina. 

14 Febrero 1892. 
Thomson J. P., Secretario honorario de la 

Real Sociedad Geográfica de Australasia Brisbane. 

5 Julio 1891. 
Torres Quintero Gregorio, Profesor norma- 
lista Colima. 

1? Noviembre 1891. 
Ventosa Vicente, Astrónomo en el Observa- 
torio de Madrid Madrid. 

14 Febrero 1892. 

Socios honorarios en el país. 

Aguilera José G., Ingeniero de la Comisión 

de la Carta Geológica México. 

30 Enero 1887. 



20 



Memorias de la Sociedad Científica 



AUamirano Dr. Fernando, Director del Ins- 
tituto Médico Nacional México. 

26 Mayo 1889. 

Anguiano Ángel, Ingeniero civil, Director 

del Observatorio Astronómico Nacional 

de Tacubaya Tacubaya. 

28 Agosto 1887. 
Baranda Lie. Joaquín, Ministro de Justicia 

é Instrucción Pública México. 

4 Enero 1891. 

Barcena Mariano, Director del Observatorio 

Meteorológico Central, Profesor en la 

Escuela Nacional de Agricultura México. 

25 Enero 1885. 
Barroeta Br. Gregorio, Profesor y Director 

del Observatorio del Instituto San Luis Potosí. 

28 Julio 1885. 
Bonilla José A., Ingeniero, Director del Ob- 
servatorio del Instituto Zacatecas. 

28 Julio 1885. 

Calderón Mélclior, Ensayador México. 

30 Enero 1887. 
CappeTleUi S. J. Enrique, Presbítero, Rector 

del Colegio de San Juan Nepomuceno. Saltillo, Coah. 
26 Septiembre 1886. 
Contreras Manuel M., Ingeniero de minas. 
Profesor en la Escuela N. Preparatoria 
y en la Escuela Normal para Profeso- 
res México. 

29 Mayo 1887. 
Crespo y Martínez Gilberto, Ingeniero de mi- 
nas. Oficial Mayor del Ministerio de Fo- 
mento México. 

24 Junio 1888. 



"Antonio Álzate, n 



21 



Epsfein Isidoro, Profesor de Blatemáticas y 

Mecánica México- 

29 Abril 1888. 
Fernández Leal Manuel, Ingeniero topógra- 
fo, Ministro de Fomento México. 

2-1 Junio 1888. 
Fernándes Leandro,lr\gemevo geógrafo y ci- 
vil, Oficial Mayor del Ministerio de Co- 
municaciones y Obras Públicas México. 

28 Julio 1888. 
Fernández Vicente, Profesor de Química y 
Director del Observatorio Meteorológi- 
co del Colegio del Estado Guauajuato. 

28 Julio 1885. 

Ferrari Peres: Fernando, Ingeniero, Director 

del Museo de la Comisión Geográfico - 

Exploradora, Profesor en la Escuela 

Normal Tacubaya. 

30 Enero 1887. 
Flores Br. Beyes G., Módico del Hospital de 

Belén Guadalajara. 

11 Octubre 1885. 

García Cubas Antonio, Ingeniero topógrafo, 

Profesor en la Escuela Normal para 

Profesoras México. 

27 Febrero 1887. 

Gerste S. J. Aquiles, Presbítero México. 

24 Abril 1887. 
González Benigno G., Ingeniero topógrafo, 
Director del Observatorio Meteorológi- 
co del Colegio del Estado Puebla. 

15 Noviembre 1885. 
Herrera Alfonso, Farmacéutico, Profesor en 

las Escuelas Normal y de Medicina. . . México. 

Octubre 1884, 



22 



Memorias de la Sociedad Científica 



Landero Carlos F. de, Ingeniero de minas. Pachuca. 

24 Junio 1888. 
Leal Mariano, Director de la Escuela de Ins- 
trucción Secundaria León. 

28 Julio 1885. 
León L>>: Nicolás, Director del Museo Mi- 

choacano Morelia. 

28 Febrero 1886. 
Manierola Lie. llamón, Regidor de Instruc- 
ción primaria, Profesor en la Escuela 
Normal para Profesores, Jefe de la Sec- 
ción 1 * del Ministerio de Gobernación. Tacubaya. 
15 Noviembre 1885. 
Martínez Gracida Manuel, Oficial Mayor del 

Gobierno del Estado Oaxaca. 

29 Enero 1888. 

Mena Manuel M., Farmacéutico, Profesor 

de Química General en el Colegio del 

Estado Puebla. 

27 Julio 1890. 
Mendizábal y Tamhorrel Joaqiiín ds, 2 ? As- 
trónomo de la Comisión de límites con 
Guatemala, Ingeniero geógrafo, topó- 
grafo y militar México. 

28 Febrero 1886. 
Mercado Lie. Manuel M., Oficial Mayor del 

Ministerio de Gobernación México. 

4 Enero 1891. 
Moreno Aniceto, Profesor de Historia Natu- 
ral en el Colegio Preparatorio Orizaba. 

27 Marzo 1887. 
Moreno Silvestre, Abogado, Rector del Coi 

legio Preparatoria Orizaba. 

27 Marzo 1887. 



■ Antonio Álzate, n 



23 



Peñafiel Antonio, Doctor en Medicina, Di- 
rector general de Estadística México. 

30 Enero 1887. 
Peres Guzmán Ignacio, Ingeniero de la ciu- 
dad de Veracruz. . . .... . Veracruz. 

31 Agosto 1890. 

Pérez Miguel, Subdirector del Observatorio 

Meteorológico Central, Profesor en la 

Escuela de Ingenieros y en el Colegio 

Militar México. 

25 Enero 1885. 
Quintana Teodoro, Teniente Coronel de In- 
genieros, Encargado del servicio foto- 
gráfico del Observatorio Nacional Tacubaya. 

31 Marzo 1889. 
Ramírez José, Doctor en Medicina, Secreta- 
rio del Consejo Superior de Salubridad, 
Profesor en el Instituto Médico Nacio- 
nal México. 

28 Agosto 1887. 
Ramírez Manuel, Ingeniero topógrafo, Pro- 
fesor en la Escuela Normal para Profe- 
soras y en el Colegio Militar „ 

31 Agosto 1890. 
Ramírez Santiago, Ingeniero de miuas, an- 
tiguo alumno del Colegio de Minería.. . „ 
27 Febrero 1887. 
Ramos Joaquín M., Ingeniero de minas, an- 
tiguo alumno del Colegio de Minería . . „ 

30 Marzo 1890. 

Reyes Vicente, Ingeniero civil y arquitecto. „ 

31 Marzo 1889. 
Rodríguez Rey Francisco, Ingeniero topógra- 
fo, Profesor en la Escuela Nacional de 



24 Memorias de la Sociedad Científica 

Ingenieros, Calculador en el Observato- 
rio Nacional de Tacubaya Móxi(?o. 

25 Marzo 1888. 
Romero Btibio Lie. Manuel, Ministro de Go- 
bernación - • . México. 

4 Enero 1891. 
Eovirosa José N., Ingeniero topógrafo, Pro- 
fesor en el Instituto del Estado de Ta- 

basco San Juan Bautista. 

15 Noviembre 1885. 
Sánchez Jesús, Doctor en Medicina, Conser- 
vador del Gabinete de Historia Natural 
en la Escuela Nacional Preparatoria. - México. 

25 Enero 1885. 
Spina, S. J., Pedro, Presbítero, Rector del 
Colegio Católico del Sagrado Corazón 

de Jesús Puebla. 

29 Octubre 1884. 
Urbina Manuel, Doctor en Medicina, Profe- 
sor en el Museo Nacional y en la Escue- 
la Nacional Preparatoria México. 

28 Agosto 1887. 
Villada Manuel M., Doctor en Medicina, Pro- 
fesor en el Museo Nacional México. 

29 Octubre 1884. 

Socios honorarios en el extranjero. 

D'Abhadie Antonio, Miembro del Instituto 

y de la Oficina de Longitudes París. 

28 Julio 1889. 
Agassis Prof. Alejandro, Director del Museo 



'■ Antonio Álzate, u 25 



de Zoología Comparadca del Colegio Har- 

ward Cambridge, Mass. 

14 Febrero 1892, 
Ameghino Dr. Florentino, Director de la 
«Revista Argentina de Historia Natu- 
ral. » La Plata. 

14 Febrero 1892. 
Backlimd Osear, Miembro de la Academia 

Imperial de Cieiicias 8. Petersburgo. 

31 Agosto 1890. 

Berthelot Marcelino, Secretario Perpetuo de 

la Academia de Ciencias, Profesor en el 

Colegio de Francia París. 

14 Febrero 1892. 
Bertrand José, Secretario perpetuo de la 
Academia de Ciencias, Miembro de la 
Academia Francesa, Profesor en la Es- 
cuela Politécnica „ 

14 Febrero 1892. 
Bei{f Francisco, Director del Observatorio 

de La Plata La Plata. 

2 Febrero 1890. 
Bigourdan Guillermo, Astrónomo del Obser- 
vatorio de París París. 

21 Agosto 1890. 

Bonüparte Príncipe Rolando „ 

14 Febrero 1892. 
Bouquet de la Grye A., Miembro del Institu- 
to y de la Oficina de Longitudes, Inge- 
niero hidrógrafo de la Marina „ 

28 Julio 1889. 
Chrisiie Guillermo, Astrónomo Real, Direc- 
tor del Observatorio Greenwich. 

14 Febrero 1892. 

Memorias I1892-93J, T. VI, 4 



26 



Memorias de la Sociedad Científica 



Cornil A., Miembro del Instituto y de la 
Oficina de Longitudes, Profesor en la 

Escuela Politécnica París. 

2 Febrero 1890. 

Darapsky Luis, Doctor en Medicina Taltal, Chile. 

29 ¡Septiembre 1889. 
Benza Francisco, Barnabita, Director de los 
Observatorios de Moncalieri y del Va- 
ticano Roma. 

28 Julio 1889. 
Doeshurgh G. de Vriesvan, Naturalista, Miem- 
bro de la Sociedad Entomológica de Ho- 
landa - Kralingen. 

31 Marzo 1889. 
FüT/e H. A. E., Miembro del Instituto, Pre- 
sidente de la Oficina de Longitudes, Pro- 
fesor en la Escuela Politécnica París. 

2 Febrero 1890. 

Favaro Antonio, Profesor en la Universidad 

Real de Padua, Director de la Edición 

Nacional de las obras de Galileo Padua. 

29 Septiembre 1889. 
Félix Juan, Doctor en Ciencias Naturales, 

Agregado á la Universidad Leipzig. 

27 Mayo 1888. 
Ferrari, S. J. Gaspar E,, Presbítero, Direc- 
tor del Observatorio Astronómico del 
Gianicolo Roma. 

28 Julio 1889. 
Folie F., Director del Observatorio Real de 

Bélgica Uccle. 

2 Febrero 1890. 
FÓrster W., Director del Observatorio Real. Berlín. 

2 Febrero 1890. 



' Antonio Álzate, n 



27 



Fouqué F., Miembro del Instituto, Profe- 
sor en el Colegio de Francia París. 

28 Julio 1889. 
Frazer Persifor, Doctor en Ciencias, Profe- 
sor en el Instituto Franklin Filadelfia. 

1 9 Febrero 1891. 
Friedel Carlos, Miembro del Instituto, Pro- 
fesor en la Facultad de Ciencias París. 

4 Enero 1891. 
Gould Dr. Benjamín A., ex- Director de la 

Oficina Meteorológica Argentina Cambridge, Mass. 

14 Febrero 1892. 
Hann Julio, Director del Instituto Imperial 
de Meteorología, Profesor en la Univer- 
sidad Viena. 

2 Febrero 1890. 
Haton de la Goiipillitre, Miembro del Ins- 
tituto, Director de la Escuela de Mi- 
nas . París. 

4 Enero 1891. 
Hellmann Gustavo, Subdirector del Instituto 

Real Meteorológico de Prusia Berlín. 

29 Septiembre 1889. 
Ilelmert A. B., Director del Real Instituto 

Geodésico Potsdam. 

2 Febrero 1890. 
Hermite Carlos, Miembro del Instituto, Pro- 
fesor en la Facultad de Ciencias París. 

2 Febrero 1890. 
Holden Pro/. Eduardo S., Director del Ob- 
servatorio Lick Blonte Hamilton. Cal. 

14 Febrero 1892. 

Janssen Julio C, Miembro del Instituto y 

de la Oficina de Longitudes, Director 



28 



Memorias de la Sociedad Científica 



del Observatorio de Astronomía Física. Meudon. 
2 Febrero 1890. 
Lacroix Alfredo, Doctor en Ciencias Natura- 
les, Preparador en el Colegio de Francia. París. 
28 Julio 1889. 
Lagrange Carlos, Astrónomo del Observato- 
rio Real, Profesor en la Escuela Politéc- 
nica Uccle. 

2 Febrero 1890. 
Lancaster Alberto, Secretario y Bibliotecario 

del Observatorio Real de Bélgica ,, 

7 Junio 1891. 
Langley Prof. Samuel P., Director del Insti- 
tuto Smithsouiano Washington. 

14 Febrero 1892. 
Lapparent Alberto de, Ingeniero de minas. 

Profesor en el Instituto Católico París. 

28 Julio 1889. 
Le Jolis Augiisto, Doctor en Ciencias, Di- 
rector de la ¡Sociedad Nacional de Cien- 
cias naturales y matemáticas Cherburgo. 

6 Septiembre 1891, 
LenJc Juan, Doctor en Ciencias Naturales, 

Agregado á la Universidad . - . > Leipzig. 

28 Mayo 1888. 
MaUet Prof. J. W., Profesor de Química en 

la Universidad de Virginia Charlotteville. 

14 Febrero 1892. 
Mascart Eleuterio E., Miembro del Institu- 
to, Director de la Oficina Central Me- 
teorológica, Profesor en el Colegio de 

Francia París- 

2 Febrero 1890. 
Milne Edwards Alfonso, Miembro del Insti- 



" Antonio Álzate, m 29 



tuto, Director del Museo de Historia 

Natural , . . París. 

31 Agosto 1890. 
Pálmkri Luis, Director del Observatorio 

Vesubiano Ñapóles. 

2 Agosto 1891. 
Perrothi J., Correspondiente del Instituto 

de Francia, Director del Observatorio. Niza. 
31 Agosto 1890. 
PJiilippi Bodólfo A., Director del Museo Na- 
cional Santiago de Chile. 

29 Setiembre 1889. 
Pickering Prof, Eduardo C., Director del Ob- 
servatorio del Colegio Harward Cambridge, Mass. 

14 Febrero 1892. 
Pizsetti Pablo, Ingeniero, Profesor de Geo- 
desia en la Universidad Real Genova. 

31 Agosto 1890. 
Poiier A., Miembro del Instituto, Ingeniero 
de minas, Profesor en la Escuela Poli- 
técnica París. 

2 Febrero 1890. 
Benoii Emiliano, Director del Observatorio 

del Parque de San Mauro San Mauro, cerca 

28 Julio 1889. de París. 

Riva Palacio Vicente, General, Ministro Ple- 
nipotenciario de México en España, . . Madrid. 

2 Mayo 1886. 
Bossi Miguel E., Director del Archivo Geo- 

dinámico Central Roma. 

28 Julio 1889. 
Salmoiraghi Angelo, Ingeniero, Director de 

la Oficina a La Filotécnica. » Milán. 

4 Enero 1891. 



30 



Memorias de la Sociedad Científica 



Roma. 



ScJúaparélli José V., Miembro correspon- 
diente del Instituto de Francia, Direc- 
tor del Real Observatorio de Brera. . . Milán. 
2 Febrero 1890. 
Spée Abate E., Astrónomo en el Observato- 
rio Real de Bélgica Uccle. 

2 Febrero 1890. 
Tacchini Pedro, Director del Real Observa- 
torio del Colegio Romano y de la Ofici- 
na Central de Meteorología y Geodiná- 
mica 

2 Febrero 1890. 
TJiomson Sir Guillermo (Lord Kelvin), Aso- 
ciado extranjero del lustituto de Fran- 
cia, Profesor en la Universidad de Glas- 
gow Glasgow. 

14 Febrero 1892. 
Tisserand J., Miembro del Instituto y de la 
Oficina de Longitudes, Director del Ob- 
servatorio, Profesor en la Facultad de 

Ciencias París. 

. 2 Febrero 1890. 
Van Beneden P. J., Asociado extranjero del 
Instituto de Francia, Profesor de Zoolo- 
gía, Anatomía y Paleontología compara- 
das en la Universidad Católica Lovaina. 

4 Enero 1891. 
Von Bezold Guillermo, Director del Real Ins- 
tituto Meteorológico Prusiano Berlín. 

2 Febrero 1890. 
Weiss Edmundo, Director del Observatorio 

Imperial, Profesor en la Universidad. . Viena. 

2 Febrero 1890. 
Zeballos Dr. Estanislao S., Ministro de Re- 



"Antonio Álzate. II 31 



laciones Exteriores, Presidente de la 

Sociedad Rural Argentina Buenos Aires. 

1? Noviembre 1891. 
Zenger Carlos V., Profesor de Física y As- 
tronomía en la Escuela Politécnica . . . Praga. 
2 Febrero 1890. 



Miembros de la Sociedad existentes hasta el 31 de Julio de 1892. 

Socios de número 25 

Socios correspondientes 31 

Socios honorarios en el país 47 

Socios honorarios en el extranjero 62 

Total 165 



La noticia relativa al aumento que tuvo la Biblioteca, se ha- 
llará en la JRevista. 



ALGUNAS OBSIDIANAS DE MÉXICO 

FOR 

EZEQUIEL ORDÓÑEZ 

Socio de número, Ingeniero de la Com'sión Geológica de México. 



LAMINA I. 

Existen en el país muchas localidades abundantes en obsi- 
dianas, ya como un representante vitreo de ryolitas ó rocas con 
exceso de siliza, ó nicas generalmente asociadas á las audesitas 
piroxénicas y aufibólicas de las que conocemos el interesante 
papel que desempeñan en las formaciones eruptivas terciarias 
de nuestro suelo. 

Las obsidianas características, es decir^ aquellas en que la 
masa de la roca casi no envuelve un sólo elemento cristalino re- 
conocible, son muy frecuentes en algunos lugares; y así tene- 
mos por ejemplo, el curioso cerro de las Navajas con enormes 
cantos arredondados esparcidos confusamente en distintos pun- 
tos de la montaña. 

Pero es más interesante notar la insensible gradación que 
se presenta frecuentemente en las rocas andesíticas. Una gra- 
dual diminución del elemento microlítico se observa para dejar 
simplemente un magma amorfo sembrado de diminutas crista- 
Memorias I1892-93], T. VI, 5 



Sá Memorias de la Sociedad Científica 

litas. Algunas veces los elementos cristalinos de la roca, aun- 
que en pequeña cantidad constantes, conviene mejor definirla 
por el tipo andesítico á que pertenecen. Las subdivisiones in- 
termediarias de Andesitas óbsidiánicas y Obsidianas andesíticas tie- 
nen, pues, para nosotros gran valor; y un buen número de nues- 
tras rocas designadas antiguamente bajo el nombre áe pórfidos 
traquüicos pertenecen á estas dos subdivisiones. 

Las obsidianas negras de bordes translucientes han sido co- 
nocidas en México desde la más alta antigüedad y así vemos 
cómo nuestros indios dieron á conocer con este material las pri- 
meras manifestaciones de su industria, aprovechando su dure- 
za y fácil quebradura en aristas cortantes, para la fabricación 
de cuchillos, agujas, etc. Cerca de las reventazones de obsidia- 
nas en «El Durazno,» inmediato á Zacualtipán, se conservan 
aún algunos lugares favoritos para la fabricación de dichos uten- 
silios, á juzgar por el gran número de fragmentos cortantes, 
cuchillos imperfectos y trozos más ó menos grandes de obsidia- 
na con huellas de separaciones regulares de esquirlas indudable- 
mente practicadas por la mano del hombre. 

En algunas obras extranjeras hemos visto mencionadas al- 
gunas obsidianas de México en la exposición de las formas cris- 
talíticas de estas rocas, y en nuestras preparaciones microscó- 
picas se repiten con absoluta semejanza dichas formas, mencio 
nadas ya por los autores. 

Para dar cierto orden sistemético á las diferentes obsidianas 
de que nos vamos á ocupar, podremos subdividirlas según la na- 
turaleza ó aspecto de las formas que caracterizan su promorfis- 
mo; es decir, el principio de individualización, que según deter- 
minadas condiciones tiendan á predominar. 

Pero antes consideremos aquellas desprovistas totalmente 
de elementos cristalíticos, tales como las que abundan en el 
cerro de las Navajas y en la «Peña de las Águilas,» cerca del 
«Jacal, »' caracterizadas tínicamente por la gran cantidad de bur- 
bujas gaseosas esparcidas en su masa. 



'Antonio Álzate. II 35 



Obsidianas con burbujas. 

El color dominante de estas obsidianas de las localidades 
antes citadas, es el negro verdosa parduzco y algunas aceituna- 
das j su lustre es por lo general vitreo, sus bordes cortantes sou 
translucientes y su fractura es concoide no muy perfecta. El 
carácter meramente distintivo de estas obsidianas es ua inten- 
so reflejo sedoso en la superficie y que se nota solamente en de- 
terminada posición. 

Observadas estas obsidianas al microscopio, manifiestan una 
infinidad de burbujas de variadas dimensiones- distribuidas en 
su masa 5 algunas de ellas se agrupan formando regueros que 
definen el carácter fluidal de la roca. La forma de las burbujas 
obedece á cierto alargamiento, sobre todo, en los regueros flui- 
dales; angostas en sus extremos, terminando en una fina punta 
y anchas en su medio, algunas aparecen muy sinuosas, otras 
semejan verdaderas gotas. (Fig. 1). . 

Cuando la roca no presenta indicios de algún movimiento 
fluidal, como es particularmente el caso para una obsidiana de 
la misma « Peña de las Águilas, » las burbujas presentan for- 
mas circulares ó más generalmente elípticas ú ovoides y nunca 
de extremidades aguzadas, las cuales dadas sus dimensiones 
aparecen cortadas por la superficie de las preparaciones micros- 
cópicas con aspecto do simples cavidades como lo manifiesta la 
figura 2. 

Vemos, pues, cómo en el caso de un movimiento fluidal la 
forma de las burbujas ha cedido fácilmente ó se ha modificado 
al impulso de este esfuex'zo. 

El contorno de cada una do estas cavidades se halla rodea- 
do de una penumbra obscura debida á la desigual refrangibili- 
dad entre el magma que la envuelve y el gas contenido en su 
interior. 

Cuando las burbujas de mayores dimensiones han sido cor- 



36 Memorias de la Sociedad Científica 

tadas en las superficies de la preparación, la penumbra se de- 
bilita y el contorno de las burbujas se reconoce por finas líneas. 

La forma y pequenez relativa de las burbujas de gas en la 
masa de estas obsidianas se explicaría fácilmente, suponiendo 
la pasta amorfa en cierto estado de fluidez, dotada de movimien- 
to» tumultuosos por efecto de la presión de los gases despren- 
didos; y una vez aprisionado un volumen cualquiera do gas, 
subdividirse y esparcirse en la masa de la roca en el momento 
de su consolidación bajo la forma de pequeños glóbulos ó bien 
por un fenómeno de repulsión ocasionado por diferencia de den- 
sidades. 

M. Lapparent cita en su obra de Geología una obsidiana en 
nodulos, de Bohemia, rica en burbujas de gas y exenta de in 
clusiones cristalinas como las que hemos observado de las Na- 
vajas y Peña de las Águilas. Parece, pues, por estos ejemplos, 
que existe cierto grado de incompatibilidad entre la presencia 
de burbujas gaseosas y la producción de cristalitas en la masa 
de una misma obsidiana y la hipótesis que hemos expuesto pa- 
ra explicar la presencia de burbujas, se adaptaría muy bien á 
esta circunstancia, pues esos movimientos tumultuosos dificul- 
tarían el principio de una individualización suponiendo igual- 
mente un rápido enfriamiento. 

Hemos dicho que estas obsidianas presentan todas reflejos 
sedosos en su superficie en cierta posición, provenidos sin du- 
da por la reflexión de la luz en las paredes de cada una de es- 
tas cavidades, haciendo notar que solamente en las obsidianas 
con burbujas que conocemos, tiene lugar el fenómeno y se pue- 
de asegurar, sin previo examen microscópico, la presencia de 
burbujas gaseosas en toda obsidiana con reflejos de este género. 

Von Lasaulx observa que en las obsidianas en que aparecen 
sistemas de innumerables hendeduras paralelas, algunas veces 
presentan un viso colorido en su superficie. Es de creerse que 
este fenómeno sea del mismo género del que hemos observado 
en las obsidianas con burbujas. 



"Antonio Alzata. u 37 



Obsidianas sin inclusiones. 

En el cerro del Jacal, cerca de la montaña de las Navajas, 
hemos encontrado obsidianas notablemente desprovistas de in- 
clusiones cristalíticas y aun de burbujas gaseosas. Su fractura 
es perfectamente concoide y en su superficie se perciben muy 
finas estrías radiantes; su lustre es vitreo, su color verde obs- 
curo y en sus bordes muy translucientes se asemeja mucho al 
vidrio de las botellas. 

En estas obsidianas sin inclusiones hemos observado la ma- 
yor transparencia en sus esquirlas; lo que es natural de pensar 
pues los elementos cristalíticos (longulitas, globulitas, etc.) di- 
ficultan el paso de la luz por absorción. Las obsidianas de Ma- 
ravatío en el Estado de Michoacán, en un estado avanzado de 
promorfismo, casi no presentan transparencia en sus bordes. 

De una barranca, un kilómetro al Norte de la población de 
Altotonga en el Estado de Veracruz, nos fué remitida una ob- 
sidiana de color negro puro, lustre intensamente vitreo y frac- 
tura concoide. En algunos lugares de su superficie se observan 
líneas finas paralelas, además de las estrías radiantes que hemos 
notado ya en la fractura concoide de otras obsidianas. 

Está esencialmente caracterizada, por la ausencia completa 
de inclusiones cristalíticas y burbujas gaseosas, presentando al 
microscopio su magma totalmente amorfo, recorrido en todas 
direcciones por líneas sinuosas, tocándose las unas á las otras, 
verdaderas circunvoluciones, afectando las formas más bizarras 
y caprichosas. Más que una explicación detallada de la sinuo- 
sidad de estas líneas, la figura adjunta dará una idea clara. Es- 
tas líneas obedecen en lo general á un particular alargamiento 
hacia una misma dirección, ó lo que os lo mismo, un marcado 
fenómeno de escurrimiento atestiguado aún más cuando expe- 
rimentan alguna desviación al tropezar con fragmentos de hie- 
rro magnético esparcido en la masa. (Fig. 6). 



38 Memorias de la Sociedad Científica 

Es fácil reconocer que estas líneas opacas sinuosas, no son 
sino el resultado de una curiosa división ó lien dimiento de esta 
pasta amorfa, análoga en su resultado á la división perlítica fre- 
cuentemente observada en algunas retiuitas y aun en las mis- 
mas obsidianas. Pero mientras que en la división perlítica el 
hendimiento ha tenido lugar posteriormente á la consolidación 
definitiva de la roca, en la que nos ocupamos, por el contrario, 
las líneas de separación ó agrietamiento, digamos, han estado 
sometidas á los movimientos fluidales del magma no aún con- 
solidado. Este simple hecho es sufieiente para establecer una 
legítima diferencia entre ambos modos de división, á no ser que 
se suponga como pudiera acontecer que un magma consolidado 
de estructura perlítica hubiese sufrido una incompleta rafusión 
que hubiera modificado la primitiva forma de la división per- 
lítica. 

En algunos lugares de la preparación se observan lagunas 
de otro magma ligeramente colorido con finas líneas más fuer- 
temente coloridas, paralelas á la dirección de escurrimiento del 
resto del magma. 

Obsidianas con globulitas, 

En la misma Peña de las Águilas, fuera de las obsidianas 
con burbujas, hemos encontrado también buenos tipos de otras 
notablemente devitrificadas con la producción casi exclusiva de • 
globulitas. A la simple vista estas obsidianas son de color par- 
do obscuro con manchas más ó menos grandes, negras, distri- 
buidas generalmente de una manera irregular; el conjunto toma 
un aspecto cosi brechiforme. 

Las formas que afectan los elementos cristalíticos como re- 
sultado del promorfismo ó de las sucesivas tendencias á formas 
intermediarias ó semicristalinas en un medio vitreo, son de tal 
naturaleza, que su presencia en las obsidianas de que nos ocu- 
pamos pueden manifestar claramente esas distintas fases ya 



"AntonioAlzate.il 39 



perfectamente separables unas de otras ó ya cou caracteres co- 
munes. 

tíe ha reconocido la forma globulítica como el tipo primor- 
dial de formación. Es decir, el principio de las acciones mole- 
culares que por efecto de afinidades químicas tiendan á reunir- 
se,, dando como forma tal vez solamente aparente un glóbulo ó 
un cuerpo arredondado, suponiendo para esto un medio conve- 
nientemente fluido y otras particulares condiciones. Experien- 
cias sobre el azufre, por ejemplo, en vía de cristalización en 
condiciones apropiadas apoyan esta idea, y veamos cómo iiues- 
tros tipos de obsidianas nos ponen en frente de pruebas seme- 
jantes. 

La obsidiana de las Águilas, de la que antes describimos su 
aspecto exterior, llevada al campo del microscopio en aumentos 
de 60 diámetros solamente, deja ver manchas irregulares nu- 
bosas con un aspecto granudo ó compuestas de finísimos pun- 
tos obscuros. Los espacios que separan estas manchas, dejan 
pasar más la luz y en este fondo claro se observan delgadas ban- 
das ó hilos sinuosos coloridos débilmente en amarillo. Cierta 
tendencia al alargamiento en. las manchas granudas y la sinuo- 
sidad de los hilos amarillentos, hacen aparecer al conjunto con 
un marcado carácter de escurrimiento ó ñuidalidad cuya mar- 
cha se nota fuertemente desviada cuando se opone uno que otro 
cristal pequeñísimo de sanidino. Con un aumento de 600 diá- 
metros, las manchas granudas se resuelven en aglomeraciones 
de pequeñas globulitas, de las cuales muchas aparecen ya con 
este poder, transparentes en su centro, haciendo notar una gra- 
dual diminución en la cantidad de estas globulitas, hasta dejar 
espacios casi totalmente desprovistos, que son los lugares don- 
de aparecen los hilos ó delgadas bandas amarillentas que igual- 
mente se resuelven en globulitas de mayores dimensiones, yux- 
tapuestas las unas á las otras como verdaderas margaritas, ó 
bien en muy pequeñas lougulitas agrupadas algunas veces. 

Estos hilos constituidos de grandes globulitas relativamen- 



40 Memorias de la Sociedad Científica 

te, y de longulitas, sería el resultado de la fusión, digamos así, 
de las pequeñas globulitas que en aglomeraciones como hemos 
visto se hallan en la masa de la roca; y entonces los espacios 
alumbrados y desprovistos de toda inclusión y que separan á 
los hilos de las agrupaciones globulíticas, serían los lugares an- 
tes ocupados por estos pequeños cuerpos y que han concurrido 
á la formación de las series margaríticas y longulíticas que al- 
canzan ya dimensiones perceptibles. 

Basta la simple inspección con fuertes aumentos al micros- 
copio de esta obsidiana de las Águilas, para que acuda inmedia- 
tamente esta hipótesis que no tiene nada de inverosímil, dada 
la condición general de los elementos cristalíticos hacia formas 
más y más perfectas, digamos así, en su desarrollo. 

Un tipo bastante claro de transición de la forma globulítica 
á la de margaritas y longulitas, nos lo ofrece la obsidiana negra 
de El Durazno, cerca de Zacualtipáu, en el Estado de Hidalgo. 
Las globulitas de dimensiones relativamente grandes, son de 
forma un poco irregular, con marcadas tendencias á unirse las 
unas á las otras bajo la forma de rosario. La condición general 
en esta roca es la de unirse tres ó cuatro globulitas provistas en 
ambos extremos de dos pequeñas agujas ó triquitas muy delga- 
das como si éstas hubiesen sido el resultado de la unión de un 
mayor número de globulitas alineadas. Otras veces se observan 
longulitas aisladas de mayores dimensiones con sus extremos 
ensanchados. (Fig. 3). 

Estas formas aunque aisladas las unas de las otras, se apro- 
ximan lo bastante para constituir agrupaciones en zonas para- 
lelas como por efecto de movimientos fluidales en la roca, tanto 
más, cuanto que el alargamiento de las triquitas se hace según 
esta dirección. 

Este otro ejemplo nos hace ver la insensible gradación ha- 
cia la regularidad en la forma; y la hipótesis que reconoce esta 
marcha paulatina hasta las figuras enteramente definidas de los 
elementos cristaUnos, tiene múltiples demostraciones, observan- 



' Antonio Álzate, u 41 



do en el magma vitreo de muchas rocas la evolución, las fases 
de la cristalización, cuyo germen una vez producido necesita la 
preexistencia de aquellas condiciones requeridas para la com- 
pleta producción de un individuo cristal. 



Obsidianas con triquitas. 

Al lado de las formas simples de triquitas como producto de 
aglomeración de globulitas debemos mencionar la obsidiana del 
Volcán de las Vírgenes en la Baja California. Esta obsidiana 
es de color negro, fractura concoide y lustre resinoso á vitreo. 
Su devitrificación se realiza en formas triquíticas bizarras y cree- 
mos que la expresión de Fouqué se adapta muy bien á esas 
formas: «tienen la apariencia de cabellos entrelazados,» masó 
menos confusamente. (Fig. 4.) 

La forma más comiin de las triquitas de esta obsidiana es 
con aspecto de una infinidad de hilos encorvados en todos sen- 
tidos y radiando de un centro común. En otras los hilos son cor- 
tos y no encorvados, como estrellas; un sólo hilo contorneado 
aparece más allá y por líltimo hiladas de globulitas constituyen 
margaritas de aspectos igualmente muy variados. 

En algunos lugares de las preparaciones encontramos finos 
regueros de lougulítas cuyos alargamientos acusan un movi- 
miento fluidal, haciendo notar que on el trayecto de estos re- 
gueros de longulitas casi no aparecen las triquitas. 

Estas son opacas por lo general; pero muy fuertes aumen- 
tos las hacen aparecer débilmente transparentes. 



Obsidianas con longuütas. 

El promorfismo ó devitrificación alcanza un máximum de 
desarrollo en las obsidianas de Maravatío en el Estado de Mi- 

Memorias [1898-93!, T. VI, 6 



42 Memorias de la Sociedad Científica 

choacán y sus formas más comunes son las longulitas, es decir, 
cuerpos alargados, transparentes, visibles al microscopio en la 
mayoría de los casos bajo aumentos no muy fuertes. 

Las múltiples variedades de obsidianas de Maravatío pueden 
referirse á tres clases principales por su color y aspecto exte ■ 
rior en obsidianas negras, agrisadas, pardas y rojas, presentan- 
do las dos primeras grandes analogías al microscopio. Las ob- 
sidianas negras tienen lustre vitreo á resinoso, fractura concoide 
y la transparencia en sus bordes cortantes es casi insignificante, 
su color en la superficie generalmente uniforme, algunas veces 
se observan angostas bandas alternando con otras de un color 
algo más claro. 

Como hemos dicho, un gran número de longulitas envuelve 
el magma exclusivamente vitreo de estas obsidianas formando 
regueros paralelos que acusan en la roca haber sufrido movi- 
mientos fluidales. 

De estas cristalitas las unas son rectas y las líneas que de- 
finen sus contornos son paralelas, otras ligeramente ensanchadas, 
en sus dos extremos y algunas ligeramente curvas. 

En estas obsidianas negras generalmente acompañan á las 
longulitas, triquitas simples y finos regueros de muy pequeñas 
globulitas. 

Las obsidianas pardas presentan igual aspecto al microsco- 
pio en cuanto á la forma de las longulitas. Las globulitas raras 
veces aparecen y nunca se observan las triquitas. (Fig. 5). 

Los lugares donde las longulitas se agrupan en mayor nú- 
mero le comunican á la roca su color pardo. 

El nombre de obsidianas jaspeadas les convendría muy bien, 
pues á la simple vista estas obsidianas presentan bandas de co- 
lor pardo alternando con cintas negras formando un agradable 
contraste. 

La más notable obsidiana de Maravatío es la roja. ¡Se halla 
generalmente con manchas más ó menos grandes de color ne- 
gro y su lustre es casi resinoso. 



Las preparaciones manifiestan al microscopio un magma de 
color rojo naranjado bastante intenso aun en las más delgadas 
láminas, mezclándose de la más extraña ó irregular manera á 
otro magma enteramente transparente é incoloro que correspon- 
de á las manchas negras observadas á la simple vista en la ro- 
ca en masa. ' 

Este magma incoloro envuelve longulitas en buen número 
igualmente transparentes ó incoloras con alineamientos que de- 
finen el carácter fluidal de la roca. Algunos puntos obscuros se 
hallan esparcidos, y lo más notable eu esta masa vitrea es la pre- 
sencia de pequeñas arborizaciones caprichosas, unas opacas y 
otras transparentes, de un- color rojo de sangre. 

El magma rojo anaranjado contiene menor número de lon- 
gulitas y algunas de ellas son coloridas á juzgar por las que so 
hallan desprendidas, por decirlo así, de la parte colorida y cu- 
yo color muy semejante á ésta se hace sensible en el magma 
transparente. 

Los movimientos ñuidales de la roca se definen claramente 
por las líneas sinuosas coloridas que esta pasta anaranjada do- 
ja percibir debido á la mezcla irregular con la parte vitrea trans- 
parente. El aspecto de esta roca tal como lo acabamos de des- 
cribir, da lugar á considerarla como el resultado de la imperfecta 
unión ó mezcla de dos magmas de distinta naturaleza, si es po- 
sible, puesto que dan lugar á oristalitas coloridas de diferente 
manera, así como probablemente de distinta densidad y varia- 
dos estados de fusión en el momento de su mezcla, dada la man- 
cha irregular que se observa claramente en el magma colorido. 

México, Mayo de 1S92. 



44 Memorias de la Sociedad Científica 



Quelqucs obsidienues du Mexiquc par M. E. Ordóóez, lugéuienr 
de la Commission Géologique. 



Le uut que s'est proposé l'auteurdans sanóte, c'estde pré- 
ciser les gisements des di verses varietés d' obsidienues et de 
donner une classification des types du promoi'fistne qui predo- 
mine relativement dans cliacune d'elles. 

II les a di visees comme suit : 1 ° Obsidiennes á bulles. — 2 ° 
Obsidiennes dépourvues dHndusions. — 3 ? Obsidiennes glóbulitiques. 
— 4" Obsidiennes ir iqiiiüques. — 5? Obsidieyine¿longidiiigues, Ilest 
fait mention de celles qui offrent á la fois plusieurs de ees for- 
mes et de la présence fréquente daus un méme gisement de deux 
ou plus de ees varietés. II fait noter également que les obsi- 
diennes á bulles gazeuses se trouvent presque toujours dépour- 
vues d'inclusions; ceci provient des mouvements tumultueux 
qui se produisent avant de la consülidatiou definitiva de la ro- 
cbe: il y a la naturellement un obstacle pour toute production 
qui tend á une forme semicristalline. 

Dans quelques obsidiennes dépourvues d'inclusions, ou ob- 
serve qu'elles sont formées de deux masses de eoloration dis- 
tincte, melangées irréguliérement. 

L'obsidienne de « El Durazno » (Zacualtipan, Etat de Hidal- 
go) est tres curieuse; elle présente P insensible transformation 
des formes glóbulitiques en longulites et triquites indiquant 
le perfectionuement des formes, De méme, dans l'obsidiane de 
«Peña de las Águilas» (Hidalgo), des globulites de plus gran- 
des dimensions de quelques longulites semblent étre le résultat 
de la fusión de tres petits globules- L'auteur sígnale enfin les 



" Antonio Álzate, n 45 



obsidiennes de Maravatio ( Michoacan ) uotamment la varíete 
rouge, remarquable par le mólange irrégulier de deux magmas 
vitreux de nature et coloration distincte, lesquels ne sont pas 
ógalemeut dévitrifiés. 

Plusieurs savants étrangers ont fait mention des obsidien- 
nes du Mexique, peut étre meme des gisements cites par 1' an- 
tear, á en juger par la ressemblance des éléments de promor- 
fisme. 



México, Mai 1892. 



■^•» 



ToTTw 11. Memopids de ¡a Soc/edad'A/zafé'. 



Lántl'' 




o 




/%,fj. 










14 



ORDONEZ.OBSIDIAIVíAS DE MÉXICO. 



Explicación de la lámina I. 



Fig. 1. — Burbujas gaseosas alargadas - x 100. Obsidiana del cerro de las Nava- 
jas, Estado de Hidalgo. 

Fig. 2. — Burbujas cortadas por la superficie de la preparación - x 80. Obsidiana 
de la Peña de las Águilas, cerca de la Peña del Jacal, Estado de Hi- 
dalgo. 

Fig. 3. — Agregados globulíticos - x 300. Obsidiana de "El Durazno, n cerca de 
Zacualtipán, Estado de Hidalgo. 

Fig. 4. — Triquitas - x300. Obsidiana del Volcán de las Vírgenes. Baja California. 

Fig. 5. — Longulitas — x 100. Obsidiana parda de Mará vatio. Estado de Michoa- 
cdn. 

Fig. 6. — Estructura de la obsidiana de Altotonga, Estado de Veracruz. 



MÉXICO Seísmico 



F. DE MONTESSUS,r>E BALLOUE, 

Socio correspondiente en París, 
Capitán de Artillería, Inspector de estudios en la Escuela Politécnica. 



(LA]M1NjV II). 

Entre todos los fenómenos naturales los seísmicos son to- 
davía de los más desconocidos y aun misteriosos. La causa de 
niiestra ignorancia en lo que les toca es evidente, porque se pro- 
ducen en el interior de la corteza terrestre, del todo inaccesible 
al hombre. Por eso se han buscado las causas de los temblores 
de tierra, sea en la atmósfera, sea en los espacios cósmicos, y 
hasta ahora la seismología no ha sido más que una rama de la 
meteorología. 

El catálogo de las teorías é hipótesis enunciadas sobre tem- 
blores llenaría volúmenes. Tal vez ningún fenómeno de la físi- 
ca del globo ha dejado de ser puesto en concomitancia con las 
sacudidas seísmicas. Las posiciones de los astros, los choques 
de cometas y estrellas fugaces, las fases de la luna, los movi- 
mientos del aire, la altura del barómetro, el viento, hasta el có- 

Memorias [1892-93], T. VI, 7 



60 Memorias de la Sociedad Científica 

lera y aun últimamente la influenza misma, han sido conside- 
rados como teniendo relación con ellos. Es muy fácil, en efecto, 
buscar y descubrir en el inmenso número de temblores de que 
se ha tenido noticia, algunos que sé hayan verificado simultá- 
neamente con algún fenómeno favorable á las teorías á priori, 
por extravagante que sea. 

En trabajos anteriores publicados por la Sociedad « Alza- 
te, »^ he mostrado por medio de unas 50,000 sacudidas acaeci- 
das en todas las partes del mundo, que no tienen relacióa nin- 
guna con las horas del día, las culminaciones de la luna y las 
estaciones astronómicas. De todas las leyes enunciadas sobre 
los temblores, estas tres son las más comunmente aceptadas 
por los seisraólogos. Las^^e^aás no me parecen de bastante se- 
riedad para merecer el trabajo inmenso de su refutación numé 
rica; tal vez se podría hacer una excepción en favor de la rela- 
ción con las estaciones climatéricas, pues que algunos sabios 
creen que la precipitación del agua atmosférica aumentando en 
ciertos meses, disuelve entonces las capas minerales con más 
energía, con lo que se producirían movimientos interiores en 
mayor número en dichas épocas, y se manifestarían por medio 
de un máximum de vibraciones. Esta cuestión particular la tra- 
taré posteriormente, aunque el efecto no me parezca adecuado 
á la causa. 

Todo esto no es verdadera ciencia, y ya es tiempo de buscar 
ahora lógicamente las causas de los seísmos y en dónde se pro- 
ducen ; causas que deben de buscarse no en el exterior, sino en 
el interior mismo de la corteza terrestre, presentándose justa- 
mente en esto las dificultades, pues que no podemo.^ alcanzar 
su punto de origen. Los geólogos que se han dedicado á la cues- 
tión y son pocos, hablan de deslizamientos de estratificaciones 
unas sobre otras, causados por el enfriamiento secular de la tie- 
rra y la contracción consiguiente; do hundimientos de terrenos 

1 Véase Memorias. Tomo III, púg. 105 y tomo IV, pág. 277. 



" Antonio Álzate. « 51 

bajo la influencia de las aguas subterráneas; de descomposicio- 
nes químicas espontáneas; de explosiones producidas por la in- 
filtración do las aguas marinas y su llegada al contacto del nú- 
cleo incandescente y fluido que muchos suponen en el interior 
de la tierra; pero cuya existencia no se ha demostrado todavía, 
etc. A mi parecer no hay en estas teorías más que hipótesis ar- 
bitrarias, y antes de medirse con las causas eficientes, se deben 
investigar los caracteres geográficos y geológicos de las regio- 
nes en las cuales los temblores son más frecuentes é intensos. 

Es probable que las sacudidas tei-restres no tengan su ori- 
gen á gran profundidad como se cree generalmente. Sin que 
ésta pueda fijarse exactamente, los casos en que no han sido 
sentidos en el fondo de las mismas, son bastante numerosos pa 
ra que se consideren como un fenómeno relativamente super- 
ficial. Por consiguiente es de suponer que intervengan la natu- 
raleza y constitución geológicas del terreno, así como la forma 
del relieve geográfico y topográfico, y que sin duda las regio- 
nes del mundo en que tiembla frecuentemente se diferencian 
de las otras por caracteres especiales de este orden. En efecto, 
muchas veces se han hecho varias observaciones de esta clase* 
Ponemos á continuación las principales. 

Se ha notado que en la cordillera de los Andes, la más im- 
portante del mundo, tiembla con frecuencia desde el Cabo de 
Hornos hasta el estrecho de Behring, mientras que en las cos- 
tas americanas del Atlántico, que mueren sobre el Océano por 
decHves insensibles en los llanos de las Repiiblicas Argentina 
y Brasileña, no están sacudidos sino aquellos puutos cuyo re- 
lieve es suficientemente accidentado, como en las Repúblicas 
de México y Venezuela. Esto ha hecho suponer que las regio" 
nes seísmicas siguen las líneas de los mayores accidentes del 
globo y por consiguiente las de resistencia mínima. Pero esta 
regla no se muestra siempre verdadera, y se pueden mencionar 
regiones muy instables, aunque muy llanas, como la Hungría^ 
mientras que en el Himalaya tiembla muy poco, con excepción 



52 Memorias de la Sociedad Científica 

del xVssam y del Caclaeinira. Así la condición de declives abrup- 
tos no parece suficiente. 

Se ha dicho también que los terrenos muy quebrados, como 
la Andalucía, están frecuentemente expuestos á los choques te- 
rrestres. Tampoco esta ley se muestra general : no tiembla en 
todas estas regiones. 

Unos han pretendido que los seísmos están más comunes 
en terrenos modernos, y otros al coTitrario en los más antiguos, 
dándose al parecer buenas razones en ambos casos. Todo esto 
no es más que confusión y por fin no se sabe casi nada. 

Por consiguiente la primera cuestión que hay que resolver es 
la de saber si las regiones seísmicas se diferencian de las otras 
por sa constitución geológica, su posición relativamente á las 
grandes líneas geográficas del globo, y en fin, sus rasgos topo- 
gráficos. Si así se ataca al origen mismo de los seísmos, en todo 
caso se aproximará más á su descubrimiento, y esto será un pro- 
greso notable en seismología: es lo que estoy emprendiendo. 

Este conjunto de las condiciones simultáneas, pero com- 
plexas, que caracterizan las regiones seísmicas, creo haberlo des- 
cubierto. No hay sin embargo lugar de darlo á conocer actual- 
mente al público, porque podría muy bien acontecer que fuese 
algo modificado en sus detalles á medida que fuese avanzando 
en su desarrollo. Me contentaré con dar por ahora una serie de 
memorias particulares relativas á cada país, y creo que los miem- 
bros de la Sociedad o: Álzate» leerán con gusto lo que trata de 
México. 

Además de los mapas que acompañan á las monografías de 
los grandes terremotos, los mapas seísmicos generales han sido 
establecidos de dos maneras. 'Mallefc (Foiirth reportupon thefacts 
and tlicory of eartliqiialcc phenomena ; Transacüons o/tJie BritishAs- 
sociationfor ihe advancement ofscience, 1858 ) ha dado el de todo 
el mundo. Este trabajo del sabio y famoso seismólogo, hecho 
en una época en que faltaban las documentos mucho más que 
ahora, para nada sirve, porque parece que en muchos casos el 



Antonio Álzate, m 53 

autor se contentó con valuar casi arbitrariamente la frecuencia 
y la intensidad de los seismos en varios países. 

O'Reilly f Transadions ofthe royal irisli Academy, Septcmber 
1884) lia dado un mapaseismológico de Inglaterra y (l.c. Marcli 
1886) un catálogo seísmico de Europa y países vecinos. Pero 
lia caído en un error grave apuntando todos ó casi todos los lu 
gares en que ha sido señalado un choque. Por consiguiente en 
nuestra época de numerosas comunicaciones telegráficas acon- 
tecerá que, con tal método, y sobre todo en casos en que los te- 
rremotos sacuden grandes superficies, se cubrirán los mapas 
con puntos que no tendrán ninguna importancia bajo el punto 
de vista seísmico, y la delineacióu de las regiones verdadera- 
mente seísmicas se hará del todo imposible ó á lo menos arbi- 
traría. No importa, en efecto, conocer los lugares en donde tem- 
bló, sino aquellos en donde se originaron las sacudidas ó sea 
los centros seísmicos. Por eso los temblores ligeros que se per- 
ciben sobre áreas pequeñas, tienen más importancia qiie los 
fuertes temblores, cuyos centros casi nunca se pueden estable 
cer claramente. 

El número de estos centros en un país y la frecuencia nor- 
mal de las sacudidas que en ellos tienen su punto de partida, 
serán los elementos de la determinación de lo que puede lla- 
marse la «seismicidad» ó «actividad seísmica» de la región. 

Así presentado el problema, no faltan las dificultades. En 
primer lugar los documentos seísmicos son algo raros, con ex- 
cepción de ciertos países como México, Italia, Suecia, Japón, 
Filipinas, Indias Orientales; páralos demás se deben buscar 
cuidadosamente las relaciones de los viajeros y de personas afi- 
cionadas á esta interesante ciencia. Muchas ocasiones se sabe 
muy bien cuántas veces tiembla al año normalmente en regio- 
nes determinadas, y del todo se ignora si los países vecinos son 
más ó menos frecuentemente sacudidos. Por ejemplo en Zan- 
te, Barbíani observó cuidadosamente durante 40 años, y no se 
puede decir si tiembla tanto en la costa vecina de Grecia. 



54 Memorias de la Sociedad Científica 

Generalmente en un país los temblores se atribuyen á la ciu- 
dad principal ó capital. Por ejemplo, se conocen numerosas sa- 
cudidas para México, y sin embargo mostraré más lejos que e* 
Anáhuac hasta esta ciudad por el Sur es muy notable y que los 
temblores allí sentidos vienen en su mayor parte de Oaxaca y 
la Mixteea. 

Con excepción de los países anteriormente citados, los do- 
cumentos seísmicos \^an disminuyendo cada año en los trabajos 
científicos; es que ahora los meteorologistas los rehusan, y con 
razón, y que los-.geólogos no los quieren todavía. 

En ciertos países se presentan los temblores con mucha fre- 
cuencia durante días, meses y años, desapareciendo después ca- 
si completamente. Estas series deben considerarse en lo geuel 
ral como anormales y no se debe tener cuenta de ellas. Es o 
caso de usar de una crítica muy delicada. 

El interior del Asia, la China, las Indias, casi toda el Áfri- 
ca, el Norte de México y el Brasil están completamente desco- 
nocidos bajo el punto de vista seísmico. Aun en países desde 
hace mucho tiempo civilizados no dejan de faltar, hasta en Eu- 
ropa misma. 

Se ve bien cuántas causas de errores van á presentarse. 

En una investigación de esta clase es necesario conservar á 
la obra un carácter de uniformidad y para esto buscar un me- 
dio de representación numérica. Tres elementos so presentan 
para definir la seismicidad de una región determinada: el nú- 
mero de centros seísmicos y el número y la intensidad de las 
sacudidas. El número de centros depende demasiado de la va- 
riedad de las informaciones. Por lo que toca á la intensidad la 
considero como un factor accesorio. Queda, pues, solamente 
la frecuencia normal de las sacudidas. Para darle una definición 
que pueda cifrarse, supongamos que en una región do superficie 
S haya sido apuntada en j? años un número n de días de tem- 
blores (en otra Memoria he dado ya razón de esta unidad en 
vez de la sacudida simple). En un año so presentarán normal- 



'Antonio Álzate. TI 55 



mente — días de temblores, y ^ — medirá la superficie de es- 

te país en el cual temblará una vez al año. Mientras más peque- 
ña sea más frecuentes serán los temblores. Por consiguiente, 
la seismicidad de una región está en razón inversa de su super- 
ficie. Es el medio de representación numérica que me parece 
más á propósito. Se la puede defender diciendo, por ejemplo, 
que si para la lluvia no se tenía el udiómetro, el mejor proce- 
dimiento para definirla, á lo menos provisionalmente, sería dar 
el número de días de lluvia. Es probable que la repartición así 
determinada de las lluvias sobre el mundo no diferiría mucho 
de la que resulta de las medidas udiométricas. Es verdad que 
se emplean aparatos seismográficos en varios países; pero ten- 
go que establecer mi trabajo de una manera uniforme. 

En este sentido es en el que doy el mapa seísmico adjunto 
de la República Mexicana. Hace veinte años que las sacudidas 
están apuntadas con bastante cuidado, particularmente en las 
partes centrales y meridionales del país para que se conozca 
bien la seismicidad de sus diversas regiones. No es el caso de 
la Baja California, de la parte N O. de Sonora, ni tampoco de Mé- 
xico septentrional, comprendiendo los Estados de Sinaloa, Du- 
rango, Chihuahua oriental, Zacatecas, San Luis Potosí, Coa- 
huila, Norte de Nuevo León, Campeche y en fin de Yucatán. 
Por lo que toca á la Baja California no se puede expresar en 
cifras su seismicidad, aunque do un desastre seísmico acaecido 
en La Paz y de indicios si no de erupción á lo menos de acti- 
vidad del volcán de las Vírgenes, se puede suponer alguna fre- 
cuencia de los temblores. Parece que en el Norte de la Repú- 
blica y en Yucatán apenas se conocen estos fenómenos. Al 
contrario en Sonora y Chihuahua, á lo largo y de los dos lados 
de la sierra que se extiende desde Tucson en Arizona hasta Du. 
rango, y sobre todo en su declive accidental, están sacudidos 
con bastante frecuencia y energía. La cifra 19,001 kmc. del in- 
verso de su seismicidad debe sin embargo considerarse como 
provisoria. 



56 Memorias de la Sociedad Científica 



El Centro y Sur de México desde la alta meseta del Aná- 
huac hasta el istmo de Tehuautepec, comprende nueve regiones 
seísmicas. Estas divisiones aan sido determinadas por el agru- 
pamiento de los centros y los rasgos geográficos principales del 
terreno, como la sierra que se extiende desde el Cabo Corrientes 
hasta la línea de Orizaba al cerro de San Felipe, y que le sirve 
de medio de convergencia con la Sierra Madre. Esta última 
no ha partido entre sí regiones seísmicas diferentes, porque los 
temblores de Acapulco, de Chilpancingo y de la Mixteca, no pue- 
den separarse, á lo menos en el mayor número de casos. He 
aquí estas regiones : 

1). Anáhuac septentrional, desde Zacatecas hasta Que- 
rétaro, con su declive oriental. (Guanajuato, Jacala, Linares, 
La Luz, Matehuala, Montemorelos, Peñamiller, Querétaro, Ra- 
yón, San Ciro, Tula de Tamaulipas, Villa Mier y Noriega, Za- 
catecas ). 

2). Anáhuac meridional ó sea la meseta alta de México 
y Puebla con su falda oriental hasta el Atlántico ( Amecameca, 
Atotonilco, Chicontepec, Huejotzingo, México, Papantla, Pue- 
bla, Tenancingo, Texcoco, Tlaxcala y Toluca ). 

3). El Ceboruco hasta Mazatlán ( Acaponeta, Ahuacatlán, 
Ceboruco y Mazatlán). 

4). La Cuenca del Lago de Chápala, sin derramamiento 
hasta el Océano, hasta la falda Occidental del Anáhuac, y por 
el Sur hasta la sierra del Cabo Corrientes. ( Aguascalientes, Co- 
cula, Guadalajara, Morelia, Ocotlán, Pátzcuaro, La Piedad, San 
Cristóbal, Sayula, Tepatitlán, Tlalpujahua, Zamora y Zapopan). 

5). El Colima y sus alrededores hasta el Río do las Balsas. 
(Apatzingo, Ciudad Guzmán, Coalcomán, Colima, Manzanillo, 
Tecomán, Tonila y Zapotlán). 

6). La región del JoRULLO hacia una línea, sin definición 
natural, que pasa al Oeste de Acapulco y deja al Este una se- 
rie de numerosos centros seísmicos. (Ario, Coahuayutla, Coyu- 
ca, JoruUo y Tacámbaro ). 



'■Antonio Álzate. M 57 



7). Guerrero y la MiXTECA hasta Jainiltepec. (Acapulco, 
Alcozauca, Atlixco, Ayutla, Chlautla, Chilapa, Chilpancingo, 
Dos Arroyos, Dos Caminos, Huajuapam, Huamuxtitlán, Igua- 
la, Jainiltepec, Juxtlahuaca, Mexcala, La Mixteca, San Marcos, 
Santa Catalina, Silacayoapan, Teloloapam, Tenanciugo, Tixtla, 
Tlapa, Tlaxiaco, Totoltepec, y Xochitepec). 

8). Oaxaca, desde el pico de Orizava hasta Tehuantepec, 
con las faldas orientales de la sierra donde sale el Río Coatza- 
coalcos. ( Chalchicomula, Choapan, Córdoba, (Juicatlán, Domin- 
guillo, Esperanza, Ixtlán o Villa Juárez, Jalapa, Juchitán, Nil- 
tepec, Oaxaca, Orizaba, Pochutla, Salina Cruz, San Carlos Yau- 
tepec, San Pedro Yolox, Tecamachalco, Tehuacán, Tehuante- 
pec, Tequisistlán, Tlacolula y Tonalá). 

9). Coatzacoalcos, comprendiendo la costa del Atlántico 
desde Veracruz hasta Comalcalco con parte de Chiapas y casi 
todo el Istmo de Tehuantepec. ( Chiapa, Huiraanguillo, Minííti- 
tlán, San Andrés Tuxtla, San Cristóbal las Casas, San Juan Bau- 
tista, Tlacotalpa, Tuxtla y Veracruz). 

Tal vez asombrará que la región volcánica de México sea el 
triángulo muy alargado formado por las líneas Ceboruco-Co- 
lima- Tuxtla, y cuya línea media sigue aproximadamente la Sie- 
rra Madre, no forme región seísmica distinta. Aquí se ve la uti- 
lidad de mi trabajo. A priori se habría podido suponer que esta 
región constituye la más instable de la República; pero no es 
así, pues por el contrario esta región volcánica, que al mismo 
tiempo es la de los terrenos plutónicos en el centro del país, se 
presenta en el cuarto lugar por lo que toca á la frecuencia de 
los temblores, después de Guerrero, Oaxaca y Chápala. Hay 
más, si de esta región volcánica se quita Chápala, su seismici- 
dad disminuye mucho y queda en el séptimo ó en el octavo lu- 
gar. Se ve, pues, que los volcanes aun muy activos y los tem- 
blores no siempre tienen relación. 

Guerrero y Oaxaca vienen á la cabeza de las regiones séis- 
micas y casi con el mismo grado de seismicidad, y en seguida 

Memorias (1892-93!, T. VI, 8 



58 Memorias de la Sociedad Científica 



Chápala. Es de notar que el Anáhuac meridional ó sea la me- 
seta central de México se muestra con gran estabilidad, aunque 
la ciudad de México tenga el mayor número de terremotos co- 
nocidos, y que en Europa sea famosa por los demás que ha su- 
frido en lo pasado. Pero es que, como ya lo he dicho, se le atri- 
buye en las relaciones la mayor parte de las sacudidas que en 
realidad le vienen de Guerrero y Oaxaca. Se notará también 
de paso que los alrededores del Jorullo, á la verdad actualmen- 
te extinguido, y de los volcanes todavía muy activos, el Colima 
y él Ceboruco, tienen una Seismicidad pequeña. Es un hecho 
contrario á las teorías ordinarias, y se encuentran en varios pun- 
tos del mundo. 

Concluir algo de estas observaciones aislfídas y no concer- 
nientes más que á México, no tendi'ía vailor ninguno; se debe 
esperar la publicación de mapas semejantes para todo el uni- 



París, Mayo 1892. 



" Antonio, Alzat^e. II , ,■ 59 



Le Mexiqne Sisiiiique par M. F. de Montessos de Ballore, Capitaine 
d'Artillerie, Inspecteur des études a l'Ecole Polyteclmique. 



P2L,-A.NCHE II ;. 



L ' auteur du c Mexique Sismique» que nous publions ici a étó 
ameno a s'occuper des tremblements de terre a la suite d'une 
missiou du gouveruemeut franjáis auprés de celui du Salvador 
(1881-1885). Témoin de nombreuses secousses dans ce pays 
d'une extreme instabilitó et fameux par les catastrophes dont 
il a été le théatre, il s'apergut bien vite que le plus'grand chaos 
régnait dans cette partie de la pbysique du globe, que les opi- 
nious les plus opposées ótaient ómises, enfin que las théories 
en cours étaient complétement erronées, et méme antisciénti- 
fiques au premier chef, puisque la plupart allaient chercher 
les causes des séismes dans 1' atmosphére ou P espace cosmique, 
alors que ees tei'ribles phénoméues se passent manifestement 
dans Pecoree terrestre, nou ailleurs, et y prennent uaissance. 
C'était absurde! 

Pour poser scientifiquement les bases du problóme sismi- 
que P auteur s'est imposé un programme qu'il développe petit 
á petit avec la plus grande patieuce. Le voici: 

1? Constituer un vaste catalogue des secousses connues 
dans tous les pays du globe. ( II en posséde actuellement 60000). 

2^ JRéfuter au moyen de ce catalogue les principales lois 
énoncées sur les relations des tremblements de terre avec les 
phénoménes métóorologiques et cosmiques. (Les leeteurs des 
mémoires de la Société «Álzate» ont eu conuaissance des ré- 



60 Memorias de la Sociedad Científica 

sultats les plus importauts de cette recherche purement statis- 
tique ). 

3? Dóterminer par des chiffres la sismicité relative de tou- 
tes les régions du globe, ou établiv une géographie sismique ge- 
nérale. L'auteur est parvenú a cette partie du programme et 
la Socióté «Álzate» publie ce qui concerne le Mexique. 

4" Rapprocher les cartas sismiques des cartes hypsométri- 
ques et géologiques pour montrer que: les séismes sontunphéno- 
méne purement géologigue, et poiir un pays donné Icur fréqiience et 
leur inicnsité résultent nécessairement de la simiútanéité de certaines 
conditions hien definies de relie/ et de nature géologique du ierrain. 

Ces conditions simultanees, l'auteur les soup^onne. Leur 
énoncó résultera du dóveloppement de la 4 ""'^ et derniére par- 
tie de son programme. Si leur découverte ne suffit pas á dóter- 
miner la ou les causes primordiales des trembleraents de terre, 
du moins il aura posé des bases vraiment scientifiques ala sis- 
mologie, but que l'auteur considere comme assez grand pour 
satisfaire son ambition. 

Paris, Mai 1892. 



"»•»>■ 



L 



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I Cruz. 



MEMORIAS DE LA SOCIEDAD "ÁLZATE" OE MÉXICO. 



ESTADOS UNlOo 




V>llsM<VyW«r.e 



TOMO Vi LAM. 



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erulíti EX M mi e'ítia: 



porrDEMomssusMBAaom 

Capitán de Artillería, Inspector de Estudios 
en la Escuela Politécnica de París, Miembro de la 
SOCIEDAD ÁLZATE" DE MÉXICO. 

1892. 



rENTRlONAL (75004 Kmt) 




REGIÓN-ES. ^el^inidand e.M.»-«.í» 

,— Guerrero 73^7 

¿—Oaxaca ^^^9 

j—Cliapn/a '^JJS 

4 — R/Xwn pltitóiiica ¡-'^45 

,- — Chihuahua i(^ooi 

{y — México Central & Meridional zoSgr 

j — Coatzacoakos 5^4^5 

K—Jorullo 5S979 

Q — Colima ^foj^ 

/') — Anáhnac Seplei¡trio»al ... 7y^'^4 

1 1 — Anáhiiae Meridional 1 27000 

I j- — Cehorucu 1 3g¡40 

I j — Sonora 1 j^^ji 




.Villa M.'eryUtor. 



•füli 



ANAHUAC SEPTENTRIONAL (75004 Kmc) 

tAjSai Callantes. 



.S.C 



«¿spopan 
• Cuadalajii 






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\» Zapodan. 

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Acapulcor 



\C SEPTfNTRIONfll f75004 Kmc) 



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WCÍEDRD "ÁLZATE" DE MÉXICO. 

1892. 




CuinUjuslo , Peñímllltr * '''"'^ 



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• PapanH 



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AcípulcoSi^ •S.iírcos 




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•Ttruricingo. «Pu.M. / «ChíJcH. ., ^ 

l^IrVco tipersnrt.» n.»-L* T 
«Wlipi 






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•Huimuililli 



ilpsncinqo «nafiüapa •JjjtHihu 



LA NOCIÓN DEL TIEMPO EN LOS ANIMALES. 

EL TIEMPO Y LA BIOLOGÍA. 



POR EL PROK. 



ALFONSO L. HERRERA 

Socio de ntímero, 
Ayud»nt«-Naturnli8t»en el Museo Nacional y en el Instituto Médico. 



La idea del tiempo resulta de la 
comparación entre el estado sucesi- 
vo y el de la coexistencia, estados 
que nos revela la memoria dándonos 
^ á conocer el orden y sucesión de las 

impresiones físicas y morales que 
experimentamos, después que los 
acontecimientos que las produjeron 
han dejado de existir. — Littré. 

1 ? A igualdad de las demás ventajas que puedan poseer las 
especies de animales respecto á la lucha por la vida, tendrán 
más probabilidades de sobrevivir aquellas en que la noción del 
tiempo y de su economía esté más desarrollada, cuando una y 
otra revistan el carácter de una necesidad. 

2" En igualdad de las otras condiciones del desarrollo de 
los organismos, abstracción hecha de las causas aceleradoras, 
retardadoras ó conservadoras, el perfeccionamiento orgánico j? 
crece con el tiempo. En la unidad de tiempo es p, en 2, 3, 4 — 
unidades]Jde tiempo será: 

P=pX t 



62 Memorias de la Sociedad Cientltica 



El perfeccionamiento total fPJ representado por el perfec- 
cionamiento en la unidad de tiempo más el que corresponde á 
t unidades de tiempo. 

3? En igualdad de las otras condiciones de la vida de los 
organismos, la fórmula biológica fundamental supone al factor 
tiempo : 

x=fxt 
x' = clxt' 

Condiciones' favorables fxj iguales á las favorables gene- 
rales más las de tiempo ft); las desfavorables representadas 
en esta fórmula convencional por la suma de las desfavorables 
generales fd) y las desfavorables de tiempo ft). 

He aquí los tres principios que nos ocuparemos en demos- 
trar, sin que nos disuada de nuestro propósito la muy seria con- 
sideración de que son ó deben ser ya conocidos y que autores 
competentes se hayan ocupado en establecerles y discutirles : 
pues tal vez no se les ha reunido en una sola Memoria. 



Es una verdad perfectamente adquirida que el hombre y va- 
rios animales miden él tiempo á veces con pasmosa exactitud 
y dan pruebas de ello de mil maneras. Personas hay que duran- 
te la noche saben la hora muy aproximadamente y algunas has- 
ta se proponen despertar en momento determinado y siempre 
consiguen su objeto sin sufrir equivocaciones notables. Los mií- 
sicos ejercitados, como después lo demostraremos, poseen una 
noción del tiempo perfecta, segurísima. 

En los animales se manifiesta noción análoga, particularmen- 
te en el gallo, el asno y algunos otros ( AmUycepus holoseviceus} 
pájaro-reloj del Estado de Veracruz) que con frecuencia ha 
cen oir su voz á horas determinadas. .;, , r ! .<■ , 

Los murciélagos de la caverna de Cacahuamilpa (Mormops 
Chilonycteris) se ocultan durante el día en los salones más re- 



"AntonioAlzatc.il 63 

motos y obscuros, hasta en el de los Órganos, que estcá situa- 
do á más de seis kilómetros de la única entrada de dicha ca- 
verna, y periódicamente salen al exterior, como si por un medio 
seguro hubieran calculado la llegada de la noche. 

Pero en muchos casos de la naturaleza de los anteriores es 
imposible decidir si hay una verdadera noción del tiempo ó, lo 
que es miis posible, si las variaciones periódicas en el medio ex- 
terno ó interno determinan ciertas manifestaciones también pe- 
riódicas. No puede demostrarse que los animales diurnos se re- 
cojan durante la noche porque en su sensorium hayan calculado 
y medido la duración del día; por lo contrario, se demuestra que 
disminuyendo la intensidad de la luz por una causa cualquiera, 
un eclipse por ejemplo, los animales diurnos se recogen precipi- 
tadamente ( las gallinas ) y entran en actividad varios de los noc- 
turnos, 

El Sr. Dr. D. Alfredo Dugcs, que ha tenido la bondad de 
darnos útilísimos consejos para la redacción de esta Memoria, 
nos comunicó dos observaciones asaz curiosas. . ' 

Ha visto durante un eclipse total de sol que los murciélagos 
salían de sus guaridas como lo hacen constantemente al termi- 
nar la tarde j se ha cerciorado además de que las midas metale- 
ras de Guanajuato relinchan 4 las doce del día, hora en que.se 
acostumbra darles sus alimentos. 

¿Hay sólo una clase de correlaciones de este orden, entre 
el tiempo que mide el gran reloj de la Naturaleza y los fenó- 
menos otológicos ? Y si no es así, ¿cómo demostrar que algunas 
especies tienen esta noción, si parece imposible aislarlas de las 
variaciones periódicas del medio, variaciones netamente funcio- 
nales algunas veces, y someterlas á influencias cuya jperiodici- 
dad dependa de la voluntad del experimentador y cuya acción 
venga á revelarse por un acto volitivo, consciente, del animal 
en que se experimenta? 

Uno de los medios que con este fin pueden aplicarse es la 
observación de los animales que al verse perseguidos simulan 



64 Memorias de la Sociedad Científica 

durante cierto tiempo la inmovilidad de un cadáver: gracias á 
este artificio sus perseguidores les abandonan como tienen cos- 
tumbre de hacerlo siempre que se encuentran con presas muer- 
tas ó que así lo parecen. 

ElTlacuache ( Bidelphis virginiana ), las ratas, el Equidno, el 
Pangolín, muchos reptilessaurianos, tienen esta curiosa costum- 
bre. Una especie de armadillo de la América del Sur (Tolypeu- 
tes tricinctus) se enrolla tomando la forma de una bola mien- 
tras que pasa el peligro;^ el Erizo de Europa procede de igual 
manera y si se le ataca xma segunda vez permanece inmóvil más 
tiempo que la ve^ precedente ; si se le molesta do nuevo, ó recono- 
ce la inutilidad de este artificio ó permanece sin moverse más de 
un cuarto de hora. En los articulados es muy común este me- 
dio de defensa, especialmente en los coleópteros. El Thaptor 
óblongus, por ejemplo, pequeño insecto que abunda en México, 
y según el Sr. D. Julio Flohr, vive al estado de larva en el in- 
terior de la madera, cuando sale de sus galerías marcha con 
extraordinaria precaución atento á los más débiles ruidos, á las 
vibraciones más insignificantes del suelo en que camina, que 
tan pronto como se producen le hacen entrar en alarma; con- 
trae sus antenas y sus miembros, que se aplican fuertemente 
contra el cuerpo y se introducen en surcos especiales, de tal 
modo que el animal reproduce la forma de una crisálida de Díp- 
tero^ y pierde por completo su primer aspecto que despertaría 
la codicia de sus enemigos. Este estado subsiste dui*ante un 
tiempo variable según las condiciones y la voluntad del indivi- 
duo, que pasado cierto número de segundos estira sus miembros 
poco á poco, con lentitud y precauciones inauditas. A veces, 
cuando se le golpea fuertemente y se le arroja á gran distancia, 
en el momento en que cesa el ataque ejecuta movimientos muy 



1 On the habits, structure and relations of Tolypeutes contu-us. J. Muría. 
London. 1874. 

2 Por este motivo se ha dado el nombre dipupoides A otra especie de Thaptor. 



"AntonioAlzate.il 65 



débiles, casi imperceptibles, con el fin de estirar la pata que lia 
quedado en posición incómoda ó i'etraer la antena que no hubo 
tiempo de colocar de la manera más adecuada. 8i el Tliaptor co- 
rre por una pared y se lo desprende de ella suavemente, no sé 
cómo extiende alguno de sus tarsos que muchas veces no llega 
al suelo y queda suspendido de una sola pata, sin que por es- 
to haga patentes sus movimientos. 

He aquí el resultado de los experimentos que hemos lleva- 
do á término con este interesante anobídeo y algunos otros ani- 
males : 

1? El período de inmovilidad varia según los individuos y es igual 
en un mismo individuo^ en las mismas condiciones. 

Individaos Duración del perío- 

du Thaptor. do de inmovilidad, 

a I^IS' 

h 3 08 

c 1 05 

d 3 05 

e O 08 

/ 1 05 

g 4 00 

a , 1 08 

a ( algún tiempo después ) 1 08 

a „ 1 08 

a „ 1 07 

Porcellio. a O 13 

„ a O 13 

„ a O 13 

a O 11 

„ a O 13 

Se ve que entre los siete primeros individuos sólo dos per- 

Memorias I1892-93], T. VI, 9 



66 Memorias de la Sociedad Científica 

manecieron inmóviles el mismo tiempo (1"'05') y que la varia 
ción fué de O'" 08^ á 4™ 00', por término medio de 3 '"42% 

Las condiciones del ataque fueron idénticas en todos los ca- 
sos: se arrojaba sobre el insecto, de la altura de un centímetro, 
una bolita de papel. Supuse que esta diferencia en el período 
de inmovilidad sería una causa poderosa de selección; pero de 
diez y ocho individuos de Tliaptor que puse al alcance do una 
gallina todos fueron devorados, así los que estaban muertos real- 
mente como los que entraron luego en el período de inmovili- 
dad y los que continuaron moviéndose. 

Será preciso repetir el experimento con los P/iaZaropusú otras 
aves menos vovaces. 

2° El xwríodo cU inmovilidad varía según las especies. 



Durncidn del período 
Eípeciea de inaectoB. de inmoviüdud que 

.sigaiú al primer ataque. 



Necrohia rufipes S^OO' 

TJmptor 1 00 ^'t^Z 

CantJiaris nigra 5 50 

CurcuUonido O 08 

Bermestes 2 30 

Especies de crustáceos. 

Porcellio mexicanus O 13 

No tengo datos numéricos precisos respecto al período de 
inmovilidad de los vertebrados. El Tlacuache permanece sin 
moverse á veces basta una hora, el Erizo hasta quince minutos. 

3? El período de inmovilidad varía según la clase del ataque y 
su duración. 

Siempre al ataque más brusco, más intenso, corresponde el 
mayor período de simulación. 



II Antonio Álzate. II ^"^ 



DurncWn del perfo- 
Thaptor oblongue; «lo d» inmoTilidud. 



Sujetándole entre los dedos y dejándole caer O™ 40» 

Sacudiéndole algunos momentos 1 10 

Comprimiéndole con la punta del dedo 1 20 

ídem con un fragmento de lacre 2 02 

Dejando caer sobre su dorso una gota de agua. O 20 

Amputando una pata 8 00 

Se comprende por estos experimentos que el Thaptor ^wz^a. 
de la intensidad del peligro y de las fuerzas de su enemigo se- 
giín la cla^e del ataque; aumenta ó disminuye voluntariamente 
el período de inmovilidad según las necesidades del momento: 
si se hace chocar con él un individuo de su propia especie, una 
hormiga, un pequeño Dermestes, no manifiesta el menor sobre- 
salto. 

Cuando se emprenden estos experimentos deben evitarse la 
vibración de la mesa, las corrientes de aire, los ruidos repenti- 
nos que pudieran influir más ó menos en los resultados. Cuan- 
do el Thaptor percibe algo anormal, comienza por detenerse si 
estaba en marcha, luego agita sus antenas á un lado y otro y 
si la causa de su temor desaparece vuelve á emprender su ca- 
mino; pero si por el contrario aumenta poco á poco manifiesta 
un sobresalto creciente, esconde las antenas, se prepara á to- 
mar la posición acostumbrada, y si el ruido aumenta de pron- 
to, con la velocidad del relámpago contrae todos sus miembros. 
Y en efecto, cuando el monstruo insectívoro se acerca poco á 
poco, con cierta indiferencia, no debe despertarse su atención 
con bruscos movimientos; es preciso que las patas se escondan 
lentamente; si por el contrario, el ataque es repentino, se acude 
al recurso supremo y después de una contracción violenta del 
Tliaptor su enemigo se encuentra con un cuerpo insensible, in- 
diferente, inanimado. 

Este Coleóptero interesante observa, reflexiona, juzga en 



68 



Memorias de la Sociedad Científica 



fin con una precisión admirable. El instinto no le guía sino la 
inteligencia, y sólo el más ciego, el más inmutable de los ins- 
tintos üod^ría dictarnos la opinión contraria. 

4? El período de simulación varía según la voluntad del animal 
y algunas veces aumenta progresivamente si se repiten los ataques. 

Después del ataque el animal vuelve á su primer estado, y 
si antes de que se borre de su memoria la impresión anterior 
se vuelve á incomodarle, queda inmóvil por lo común mayor 
tiempo. 



Individuos. 






Duración del perío- 
do de inií^ovilidad. 


Necróbia rufipes (macho) 


. Primer ataque. 


. 3" 


'00" 


>j 




Segundo 


1} 


. 4 


00 


Thaptor óblongus. 


a. 


Primer 


» 


. 


05 


j> 


a. 


Segundo 


V 


- 1 


15 


>) 


1). 


Primer 


V 


. 


10 


!) 


b. 


Segundo 


»» 


. 


50 


Porcellio mexicanus. 


a. 


Primer 


» 


. 


17 


» 


a. 


Segundo 


V 


. 


25 


Dermestes. 


a. 


Primer 


J> 


. 2 


30 


» 


a. 


Segundo 


>> 


- 20 


00 


CantJiaris nigra. 


a. 


Primer 


» 


. 2 


18 


)> 


a. 


Segundo 


>J 


. 3 


30 


Curculionido. 


a. 


Primer 


>t 


.. 


09 


)> 


a. 


Segundo 


J» 


.. 


18 


Ileilipus. 


a. 


Primer 


>> 


.. 


35 


V 


a. 


Segundo 


)> 


.. 


35 


>> 


a. 


Tercero 


» 


.. 


30 


í> 


a. 


Cuarto 


)» 


.- 


35 


J> 


a. 


Quinto 


» 


.. 1 


30 


J> 


a. 


Sexto 


>> 


.. 1 


06 


»> 


a. 


Séptimo 


>> 


.. 1 


40 



"Antonio Álzate. II 69 



Duración del perio- 
do de inuiovibdad. 



Chrysoméla. a. Primer ataque.. O "20" 

„ ^ a. Segundo „ .. O 50 

„ a. Tercero „ .. 2 35 

„ a. Cuarto „ .. 5 00 

Otras veces, cuando se repite el ataque con frecuencia el 
animal no vuelve á contraer sus miembros, parece reconocer la 
inutilidad de esto medio de defensa y emprende la fuga lo más 
velozmente que puede. Este i'esultado se consigue de una ma- 
nera segura cuando se continúa la excitación tan pronto como 
el insecto abandona el estado de reposo, y aun los que lo pre- 
sentan durante mayor número de minutos, si se les molesta sin 
cesar cuando están, inmóviles, también emprenden la fuga y lle- 
ga un momento en el que por ningún medio se consigue dete- 
nerles. Pero si un poco antes de que termine él período de inmovilidad 
se produce un ruido ligero cerca del Thaptor, se frota la super- 
ficie de la mesa con un mango de pluma, dicho período aumen- 
ta las primeras ocasiones : el animal supone que aun está pró- 
ximo su enemigo. 

El instinto mide la duración de ese estado y obra él solo en 
el animal, ó bien las modificaciones en el medio explican estos 
fenómenos: falso, absolutamente falso. He aquí otras pruebas 
que agregaremos á las anteriores : 

Dos días seguidos, á hora determinada, observé un Thap- 
tor, y después de interrumpir muchas voces el fin de su período 
de simulación frotando la mesa como se ha dicho, llegó á no 
preocuparse por este ruido inofensivo. En un principio le hacía 
detenerse á la mitad de su camino y hasta los miembros so con- 
traían débilmente, pero después lo escuchaba con absoluta in- 
diferencia. 

En cuanto á la acción do las condiciones exteriores, hemos 
procurado eliminarla cuanto ha sido posible. Las que vienen 



70 Memorias de la Sociedad Científica 

á obrar por intermedio de los sentidos no tienen influencia al- 
guna. Amputando las antenas, después del largo período de re 
poso que por esta causa se provoca, vuelven á presentarse los 
mismos fenómenos y de igual manera. Tampoco varían los re- 
sultados guardando un Thaptor en una caja en la que no recibe 
luz, aunque ella se someta, tapada, ?. la acción del sol: de lo que 
se deduce que ni la luz ni la temperatura influyen en el fenó- 
meno. En la noche se pueden repetir los mismos experimentos 
Cualquiera que sea la clase de iluminación. 

Es indudable que no influyen los cambios periódicos consi- 
guientes á la respiración y á la digestión: la falta de aire y ali- 
mentos ni después de veinticuatro horas modifican el carácter 
del insecto, que sigue manifestando hechos otológicos idénticos, 
ya sea que se le guarde en una caja metálica, ó se le sumerja 
bajo el agua. Además, el animal que soporta varias horas esta 
dieta absoluta, no abandonaría el período de inmovilidad des- 
pués de algunos segundos con el fin de buscar alimentos; ni es 
posible que este reposo voluntario dificulte su respiración. 

En las patas de una Cantliaris nigra, cuando so le coloca so- 
bre el dorso después de atemorizarla fuertemente, llegan á ob- 
servarse movimientos convulsivos de los últimos artejos que 
podrían hacer creer en la intervención de la fatiga muscular, 
pues ella debe presentarse con poca diferencia después de de- 
terminado número de segundos. 

Pero en el Thaptor este factor es nulo porque un mismo in 
dividuo puede permanecer inmóvil con la misma facilidad des- 
de un segundo hasta siete, ocho minutos y aun mucho más.' 

Por otra parte, los miembros contraídos no están en la po- 
sición favorable para que sobrevenga la fatiga. 

Las emociones repentinas que en el hombre producen una 
inmovilidad más ó menos pasajera, si se verificaran en los in- 
sectos podrían provocarla tal vez por determinado tiempo. Pe- 
ro es normal en el hombre que la primera de varias emociones 
repentinas sea la que produzca eso estado y no todas las que si- 



'I Antonio Álzate. II 71 



guen; ni menos aún que la pérdida de los movimientos sea más 
duradera en la emoción inmediatamente posterior, como suce- 
de en el Thaptor. Aun los Reptiles (FJirynosoma) ofrecen esta 
particularidad. En los insectos sucede lo contrario, pues que el 
segundo ataque origina un período de simulación más prolonga- ■ 
do. Sin embargo, esta reacción fisiológica puede ilustrarnos so- 
bre el origen de la costumbre que venimos considerando ( inde- 
pendientemente de la noción del tiempo), pues las especies ha- 
brán aprendido á conocer las ventajas de la inmovilidad causada 
por el terror y después ya no tomó parte en esto un acto simple- 
mente reflejo, sino un acto voluntario. 

No hay en los individuos actuales pérdida involuntaria de 
los movimientos, sino pérdida voluntaria é incompleta, porque 
1? Cuando se golpea al Thaptor íaei-temeníe, en el instante 
en que cesa el ataque, ejecuta movimientos muy débiles, casi 
imperceptibles, con el fin de retraer los artejos que han queda- 
do en posición incómoda; con una lente pueden verse, además, 
ligeras oscilaciones de los palpos. 

2° El período 'de simulación, cuando persiste la causa de 
alarma, por ligera que sea, aumenta notablemente y puede pro- 
longarse por muchos minutos (hay para cada individuo uu pe 
ríodo fijo, invariíible: el Thaj^tor permanece en reposo hasta que 
transcurren los segundos de reglamento, permítasenos la pala- 
bra, aunque su enemigo se aleje á muchos metros de distancia: 
esta prudente medida es aún más necesaria cuando se producen 
ruidos sospechosos cerca del animal). 

3? El insecto en que se experimenta, como acabamos de in- 
dicarlo, continúa inmóvil aunque su enemigo se encuentre ya 
á gran distancia. En el momento en que principia el período de 
reposo de una Necróbia se la encierra en una caja perfectamen- 
te tapada y se la deposita sobre uu polvo fiuo (de carbonato de 
sosa) ; luego que han transcurrido los minutos señalados, se abre 
la caja y siempre se encuentra al insecto completamente inmó- 
vil, sin que se hayan señalado eu el polvo las huellas de sus pa- 



72 Memorias de la Sociedad Científica 

sos; lo que sí sucede cuando se deja pasai' más tiempo del re- 
glamentario. El fenómeno tiene lugar lo mismo cuando la caja 
está cerca que cuando está lejos del observador, encerrada en 
un armario donde no hay vibraciones ni corrientes de aire. 

Creemos haber demostrado por lo tanto que la periodicidad 
de la simulación no depende de las circunstancias exteriores y 
sí de la voluntad del animal que mide el tiempo con bastante 
exactitud. 

Y no es extraño el fenómeno ni particular á estos inverte- 
brados: desde el hombre hasta sores tan inferiores viene pre- 
sentándose esta facultad de la medida del tiempo, del tiempo 
que es preciso que economice y mida exactamente un ser cual- 
quiera cuya existencia se relaciona y depende en parte de las 
variaciones regulares del medio cósmico.^ 

El hombre es el ser que poseo la noción del tiempo de una 
manera más completa y así lo demuestran claramente por ejem- 
plo los músicos ejercitados. Los animales filarmónicos que dan- 
zan á compás (perro, caballo, asno), los que retienen buen nú- 
mero de temas poco complicados y los repiten con exactitud 
(3Iimus, CarpodacnsJ poseen la noción del tiempo, aunque en me- 
nor grado. En general todos los seres que presentan la facultad 
de la fonación sujetan sus gritos á una medida poco variable. 
Es peligroso atribuir siempi'e estos fenómenos á la noción del 
tiempo: la Melo¿}eUa, Cucoptera hace oir su canto monótono si- 
guiendo el ritmo do los movimientos respiratorios. 

¿Cuál es el origen de esta noción del tiempo? Aparte de la 
herencia que tal voz obra en los animales, es seguro que la cos- 
tumbre desarrolla esta facultad, como sucede en los músicos y 

1 Desde los mecanismos fisiológicos hasta las manifestaciones psíquicas más 
complicadas dominan ciertas leyes de periodicidad, que reinan aun en el mundo in- 
orgánico, desde las combinaciones sintéticas que para producirse demandan á veces 
un enorme número de días, hasta los movimientos del universo sideral; y hay en 
efecto una ley cronológica que arregla los hechos físicos y químicos, otra que se re- 
laciona con los fisiológicos y otra, en fin, que reina en el mundo moral. 



"Antonio Álzate, n 73 



en ciertos vertebrados filarmónicos. Pero para tener noción del 
tiempo es indispensable la memoria, la reminiscencia ó repre- 
sentación mental del intervalo que transcurre entre la vei'ifica- 
ción de dos fenómenos, y el recuerdo, el acto de reconocer ese 
intervalo como habiendo sido percibido anteriormente. Y en 
efecto, si el TMptor no tiene reminiscencia del tiempo que per- 
maneció inmóvil á causa de un cierto ataque, ni reconoce eso 
intervalo, le sercá imposible guardar inmovilidad durante el mis- 
mo número de segundos á causa de un ataque igual en condi- 
ciones idénticas, ni permanecer mcis y más tiempo en reposo á 
medida que se continúa la persecución de que es objeto. Tie- 
ne, pues, como otros animales, y debe tener Memoria. Ella 
está sujeta á dos clases de condiciones: de existencia, sin las 
cuales sería imposible, y de ejercicio (leyes), sin las que no po- 
dría desarrollarse. Entre las primeras hay dos fundamentales, 
siempre según los filósofos : que baya transcurrido cierto tiem- 
po entre la percepción primitiva y la renovada, y que sea el 
mismo ser quien hítya experimentado la misma percepción, co- 
mo en el caso del Thaptor. La vivacidad de la primera impre- 
sión, una de las más importantes leyes de la memoria obra en 
nuestro insecto: apenas si puede haber impresión más viva que 
la originada por el terror, el miedo de una muerte inmediata. 
La Atención debe existir en el Thcqitor según lo comprueban 
los experimentos anteriores. La repetición, otra ley importan- 
, te, tiene ó ha tenido lugar en los individuos antecesores, pues 
no es creíble que uno de estos coleópteros sea atacado una so- 
la vez sin resultados funestos. 

La Asociación de las ideas es la ley más importante de la 
memoria : en nuestro caso particular la idea del ataque despier- 
ta la idea de la defensa, ésta la del período de inmovilidad, etc. 
" No es posible para nosotros penetrar más profundamente en 
la intimidad de este fenómeno. 

En nuestro desautorizado concepto el Thaptor ^ lo mismo que 
otros articulados, tiene noción del tiempo, posee inteligencia y 

Memorias [1892-93], T. VI, 19 



74 Memorias de la Sociedad Científica 

memoria; en los actos de su vida manifiesta voluntad, atención 
y otras de las operaciones intelectuales más complicadas. 

Deducimos como conclusión general, según los experimen- 
tos y observaciones relatados en las anteriores líneas, que: 

1° Los animales tienen la noción del tiempo más ó menos 
exacta y desarrollada. 

2? Miden el tiempo por las variaciones periódicas del medio 
interior ó exterior ó bien presentan fenómenos etológicos de 
duración determinada independientemente de las variaciones 
del medio. 



Vamos á presentar con la concisión posible un cierto núme- 
ro de ejemplos relativos á la importancia biológica de la noción, 
economía y distribución del tiempo, así como de la utilidad que 
resulta de tener en cuenta esta circunstancia desde el punto de 
vista de varios problemas de filosofía natural. Téngase bien en- 
tendido que no damos al tiempo la significación que creyó encon- 
trar M. Cornevin en las obras de Darwin; que no le considera- 
mos como una fuerza, como una causa eficiente de la variación, 
sino como una circunstancia que acompaña á los fenómenos y 
nos da la medida de la rapidez ó lentitud con que ellos se ve- 
rifican. No decimos que la Zoantharia rugosa de Jos terrenos 
paleozoicos dio origen á la Zoantaliria perforata de los terrenos 
mezosoicos por la acción de los miles ó millones de años que 
transcurrieron entre una y otra época: no podría darse mayor 
absurdo. 

Rejprodiccción, crecimiento, duración ele la vida. Desde la cópu- 
la momentánea del Cariacus virginianus (Venado del Valle de 
México) hasta la prolongadísima del Bufo compactilis, hay una 
gran serie de variaciones en la duración de este acto importan- 
te. El venado, el conejo y la mayoría de las aves emplean eu 
él sólo fracciones de minuto, aun cuando los preludios amorosos 
sean á veces muy largos; pero entonces las facultades del ani- 



"AntonioAlzate.il 75 



mal no se absorben por completo, lo que sí sucede en el instan- 
te de la fecundación. Nunca se sorprenderá á una de estas es- 
pecies de cópula momentánea con la facilidad que á un Bufo^ 
á una especie cualquiera de sapo que hasta se deja amputar uno 
de sus miembros eu el instante de la cópula, sin abandonarla 
por causa tan poderosa.^ 

En general los vertebrados diurnos no terrícolas realizan 
este importantísimo acto de la fecundación con rapidez extra- 
ordinaria, sin exponerse demasiadamente á que les sorprendan 
sus numerosos enemigos. 

En los invertebrados, aunque no se palpe, no se halla demos- 
trado por la experiencia que se verifique una selección en este 
sentido, es de asegurarse que tenga efecto constantemente, pues 
los Ctdex se fecundan en el aire mientras que las moscas per- 
manecen unidas varias horas. Los entomologistas saben muy 
bien qué fácil es capturar á los ortópteros y los hemípteros 
( TJmhonia) en el momento de la cópula, cuando además de la 
dificultad de los movimientos de la fuga, estos hexápodos se 
manifiestan mucho menos tímidos y prudentes que en las cir- 
cunstancias normales. 

De la gestación del elefante que dura más de 660 días á la 
del conejo que se completa en 30; del período de desarrollo del 
fruto de muchas plantas herbáceas anuales al mismo período en 
el mamey por ejemplo, hay enormos diferencias. Como es bien 
sabido el tiempo de la gestación es mayor en los animales que 
viven mucho y se comprende desde luego la causa de esta par- 
ticularidad, pues que cada ser debe pagar á la especio un tri- 
buto de nuevos individuos proporcional á los peligros de des- 
trucción y aunque éstos sean ¡guales en dos especies que difie- 
ran grandemente en cuanto al dicho período, el individuo de 
una especie vive menos pero se reproduce más en menos tiem- 
po que el de la otra especie que vive mayor número de años. 

1 Véase Aeeouplemént dís batraciens anoures. F. Lataste. Proc, Verb. Soc. 
Linn. Bordeaux. Vol. 40, p. XXIII, 1886. 



76 Memorias de la Sociedad Científica 

El hombre ha podido destruir en ciertos lugares al Lobo, eu el 
cual la gestación dura trece ó catorce semanas y la vida doce á 
quince años; mientras que la rata no ha podido exterminarse: 
en ella la gestación sólo dura treinta días. 

Desde que el producto do la fecundación sale al exterior, ya 
sea un huevo, una semilla, etc., hasta el momento en que nace 
el nuevo ser y puede subvenir por sí sólo á sus necesidades, y 
mejor aún, hasta que llega á ese período que los fisiólogos deno- 
minan de equilibrio, cuando la creación y la destrucción orgá- 
nicas no preponderan una sobre la otra, transcurre un tiempo 
variable: si es menor hay más probabilidades de supervivencia. 
Un huevo de Sceloporus abandonado bajo la tierra está más ex- 
puesto á perderse á medida que es más dilatado su desarrollo; 
mientras que los Phrynosoma nacen vivos, dotados ya de casi 
todas las prerrogativas del adulto y aun aptos para emprender la 
fuga en el momento oportuno (Dr. Dugés). En los invertebra- 
dos hay ejemplos innumerables de estas diferencias: las larvas 
vivíparas de ciertos dípteros (Miastor ), las Musca cuyos huevos 
nacen en el espacio de algunas horas ; mientras que los hue- 
vos de Culícidos tardan varios días en abrirse. 

Por las necesidades de la incubación las aves se ven más ó 
menos expuestas á condiciones desfavorables de seguridad. No 
parece ser ésta la causa de los instintos parasitarios del Cucli- 
llo de Europa, el de México f Coecysus) y el Tordito fMolothncsJ, 
pues que los huevos de la primera de estas especies (no sé si 
también los que ponen las otras ) nacen con una gran rapidez. 
¿Con qué objeto? Con el fin de que los polluelos parásitos estén 
más desarrollados cuando nazcan sus compañeros de nido y pue- 
dan vencerles en esa faz infantil de la lucha por la vida. 

La duración de la facultad germinativa de las semillas es 
muy variable : la han conservado granos que se hallaron en las 
tumbas romanas (siglo II ó III), los granos de frijol que per- 
manecían en el herbario de Tournerort desde el siglo XVIII > 
mientras que las semillas oleaginosas pierden esta facultad al 



1 1 Antonio Álzate . 1 1 77 



cabo de algunos meses y el te sólo la conserva algunos días: 
esta ventaja no es de despreciarse. 

El período de la reproducción, como fácilmente se compren- 
de, varía mucho según los casos : en la mayoría de los lepidóp- 
teros es de un día, en los carnívoros de dos á seis semanas á lo 
sumo; en tanto que en vertebrados muy prolíficos es absoluta- 
mente perpetuo (roedores). 

La rapidez del crecimiento tiene una inmensa importancia 
y en igualdad del grado de adaptación á determinado terreno, 
es más probable la supervivencia de una especie de Malva que 
en algunos meses adquiere el vigor suficiente y se encuentra en 
estado de reproducirse, que en una especie de Juglans, de Qiier- 
cus ó de Agave que demanda muchos años para llegar á su com- 
pleto desarrollo. 

El Hélix aspersa importado de Europa al Valle de México 
crece rápidamente cuando su concha no ha adquirido la resis- 
tencia necesaria y aun no puede servix'le como eficaz medio de 
protección; pero ya que se ha endurecido, el crecimiento se ha- 
ce con mayor lentitud. 

Tanto en las plantas como en los animales domina una ley 
general: los individuos jóvenes son los que tienen menos pro- 
babilidades de poder soportar la influencia desastrosa de la fal- 
ta de alimentos, las enfermedades, la persecución de sus ene- 
migos;^ y la especie que más pronto se desarrolla, en especies 
afines, es la que mejor resiste á las innumerables causas que 
conspiran á su aniquilamiento. En varios mamíferos que no tie- 
nen más medio de defensa que la fuga, por ejemplo en la Gi- 
rafa, las crías pueden correr diez horas después de su nacimien- 
to, mientras que las Arvícola apenas ensayan sus primeros pasos 
después de tres ó cuatro semanas. 

Hay una relación evidente entre el tiempo transcurrido des- 

1 Hay una excepción curiosa : la resistencia á la asfixia en los animales recién 
nacidos es mucho mayor que en los adultos. 



78 Memorias de la Sociedad Cientíñca 

de que nace el animal y llega á la época en que puede reprodu- 
cirse y la duración de su existencia. De manera que casi siem- 
pre los que no alcanzan una longevidad anormal, se reproducen 
mucho más pronto que los que viven gran número de años. Es- 
ta ley viene á coadyuvar al mismo fin que la establecida á pro- 
pósito de la mayor fecundidad de los animales cuya existencia 
es muy efímera. 

El progreso de las especies se liga íntimamente con un fac- 
tor que suele desdeñarse por los naturalistas y no por eso deja 
de ser de máxima importancia. Nos referimos á la sabia nodri- 
za de la vida, la experiencia individual que en condiciones aná- 
logas se enriquece tanto más cuanto más largo es el intervalo 
entre el nacimiento y la muerte. Esta ley domina á cierta cla- 
se de los fenómenos de cenogénesis de que nos habla Cornevin 
y aunque los caracteres adquiridos no sean hereditarios en el 
concepto de Wiesraann sí los consideran de esa clase otros na- 
turalistas distinguidos; además esta cuestión no debe ser dis- 
cutida por nosotros que nos conformamos con seguir las opinio- 
nes más generalmente admitidas, no sin lamentarnos, como se 
lamentan todos los investigadores en este orden de ideas, de la 
oposición perpetua que hace Wiesmann á cuanto es contrario 
á sus opiniones personales. 

Como regla general ó coincidencia frecuente debemos admi- 
tir que los vertebrados de nota.ble longevidad son de los más 
inteligentes. Siempre es más fácil la captura de los jóvenes que 
la captura de los adultos; la zorra vieja evita y conoce las tram- 
pas en que «aen fácilmente los individuos menos experimen- 
tados. 

Jorge Leroy nos asegura que «las zorras viejas á quienes con 
frecuencia obliga la necesidad á rectificar sus juicios, están me- 
nos sujetas que las jóvenes á dejarse engañar por falsas apa- 
riencias, y además, son más precavidas con respecto á los pe- 
ligros reales. Como una alarma infundada puede hacerles per- 
der sus noches de cacería y reducirlas á una dieta incómoda. 



"AntonioAlzate.il 79 



tienen gran interés en observar. El interés produce la atención, 
la atención permite distinguir los caracteres distintivos de un 
objeto y la repetición de estos actos robustece al juicio que des- 
pués es tan rápido como seguro. Así, pues, los animales son 
perfectibles y si la organización de las especies marca un límite 
á su perfectibilidad, es seguro que todas disfrutan más ó menos 
de esa ventaja que debe encontrarse en todos los seres que tie- 
nen sensaciones y memoria. » 

<íA.sí tenemos que el Cuervo vive inás de cien años, los Cis- 
nes el triple, los rapaces pasan del centenario; en tanto que los 
Pichones TÍvon veinte á veinticinco años, los Gallos quince/ el 
Gorrión ( Carpodacus J trece. 

A los que no creemos en la invariabilidad de los instintos, 
nos es muy fácil admitir que las aves perfeccionan sus nidos, 
y así lo demuestran las observaciones de naturalistas competen- 
tes (Pouchet) que han notado gran diferencia éntrelos prime- 
ros y los iiltimos nidos que construye un mismo individuo. 

Ahora bien, ¿pondrá á su progenie querida en lugar más abri- 
gado y seguro, en edificio más sólido, un Carpodacus que ha ni- 
dificado cuando más doce á trece ocasiones ó un Rapaz que vive 
ciento cincuenta años y nidifica una vez cada año, ciento cin- 
cuenta veces? Los criadores de aves de corral saben perfecta- 
mente que las más viejas son las más útiles para la incubación 
de los huevos y la educación de los polluelos. Las condiciones 
ecológicas modificadoras del organismo indudablemente obran 
más á medida que su período de acción es mayor, y uno de ©sos 
colosos vegetales, un Baobab, que resiste el paso de los siglos, 
cambia de condiciones mil veces más que una de tantas plantas 
que sólo viven un año. Puede haber sin embargo cierta com- 
pensación en lo que so refiere al progreso de la especie, pues 
si la de existencia más corta se multiplica con más rapidez que 
la de larga vida, en igualdad de tiempo lo que en un caso se con- 



1 "Cosmosi. deTacubaya. 1 ? de Junio, 1892. 



80 Memorias de la Sociedad Científica 

sigue por acción prolongada en pocos individuos, se consigue 
en otro caso por efecto poco prolongado sobre muchos. 

En lo que se refiere á los Protozoarios no podemos aplicar 
por ahora las consideraciones que anteceden. ' 

Alimentación. Hechos extraordinariamente curiosos podrían 
referirse á propósito de las relaciones entre la alimentación y 
el tiempo: citaremos los principales. 

Un inmenso número de insectos parásitos y otros inverte- 
brados de iguales costumbres depositan sus huevos de tal mo- 
do que cuando nazca el nuevo ser encuentre substancias nutri- 
tivas en condiciones ventajosas de consistencia y duración, ó 
bien está calculado el período de desarrollo del parásito en re- 
lación con el mismo período de desarrollo del animal sobre que 
vive. 

Estas armonías cronológicas son muy patentes en los Sita- 
ris tan bien estudiados por Fabre : Las hembras de estos insec- 
tos depositan sus huevos en la entrada de las galerías donde 
habitan unos himenópteros, los AtttJwpJiora. ün mes más tarde 
nacen las^jW^neras larvas que pasan el invierno sin comer ni mo- 
verse. En Abril nacen los Ánthoxdliora machos y las larvas que 
han esperado hasta entonces, durante siete meses, se fijan á los 
pelos de las patas del himenóptero; esperan un poco más hasta 
que nacen los Anthophora hembras á cuyo cuerpo se adhieren 
en el momento de la cópula: luego, en tanto que la avispa de- 
posita sus huevos en las celdillas llenas de miel que ha prepa- 
rado de antemano, las larvas se dejan caer sobre una de las cel- 
dillas, abren el huevo que contiene, le devoran y permanecen 
flotando en el cascarón : ocho días después esta primera larva 
se transforma en una segunda que se alimenta con la miel, la 
cual le basta para sus necesidades durante cinco ó seis sema- 
nas. En seguida la larva se transforma en pseudo- crisálida y 

1 Para la discusión de este panto importante, la inmortalidad de los Protozoa- 
rios, Téase Sabatier, Essai sur la Vie et la Mort. Paris. 1892. Ohap. II. 



" Antonio Álzate, h 81 

ou tal estado pasa el segundo invierno. En la Primavera se con ■ 
vierte en una/ tercera larva casi inerte que poco después sufre la 
última transformación. 

Tanto en los invertebrados como en los vertebrados se en- 
cuentran mueiías especies q.ue acostumbran hacer provisiones 
para el Invierno, .dando pruebíis de una inteligencia notable y 
de instintos de previsión de cantidad y de tiempo, extraordina- 
riamente curiosos; desde los Melamrpes del Valle de México que 
almacenan ballotas en el interior de diversas plantas, hasta la 
hormiga agrícola que siembra, cosecha y almacena como el más 
entendido de los agricultores. 

Como ejemplo de economía de tiempo puedo citarse el caso 
de los mamíferos hervíboros que violentamente arrancan la yer- 
ba^ la almacenan en su i^a^^a y en seguida van á entregarse al 
laborioso trabajo de la ruminaoiónen un lugar oculto y segu- 
ro. Este hábito interesante es de suma importancia parala se- 
guridad del animal, que en poco tiempo almacena en su estó- 
mago la cantidad suficiente de alimentos, sin exponerse á que 
le sorprendan sus enemigos cou la misma probabilidad que si 
permaneciera en esa ocupación mucho mayor número do horas. 
El almacenaje de alimentos que reconoce tal origen y conspira 
á tales resultados es un hecho general que se observa en mu- 
chos animales: en los Cricetus, los Iletcromys, los GeomidcB, los 
Cinocéfalos y Cercopitecos que pillan rápidamente ios frutos y 
semillas de las huertas ó sementeras, guardando una copiosa 
provisión en los buches ó abazones situados en los lados de la 
cabeza. 

Las aves granívoras y frugívoras que en unos cuantos mi- 
nutos llenansu buche y luego se ocultan entre el follaje hasta 
que termina la digestión; los ofidios que tragan sus presas sin 
despedazarlas y después van á reposar en sus guaridas subte- 
rráneas, disfrutan de grandes ventajas de seguridad que no hay, 
por ejemplo, en los carnívoros, en los Felianos particularmente, 
que á menos de llevarse el cadáver de su presa, quedan al des- 
cubierto durante el eterno trabajo de la masticación. 

Memorias [1898-93], T. VI, 11 



82 Memorias de la Sociedad Científica 

Los Rapaces diurnos, por lo general, emplean algunos minu- 
tos en desgarrar á sus víctimas; mientras que los nocturnos, los 
Buhos y las Lechuzas, las tragan enteras y después vomitan una 
masa compacta formada por restos indigeribles : de lo cual resul- 
ta irremisiblemente una gran economía de tiempo. 

La velocidad de la locomoción que se mide, físicamente ha- 
blando, por el tiempo empleado en recorrer un espacio cualquie- 
ra, tiene una gran importancia, tanto para la defensa por medio 
de la fuga, cuanto para la captura de las presas. Un Carpodacus 
que recorre un kilómetro por minuto tiene más probabilidades 
de escapar del Accipiter que le persigue que una Dendroica que 
recorre igual espacio en dos minutos: esta es sin duda una cau- 
sa de selección activísima. 

El número de horas ó minutos que emplean los animales pa- 
ra procurarse sus alimentos varía grandemente y está siempre 
en relación con los hábitos de pereza, actividad ó paciencia de 
cada uno, y la clase de sus alimentos. 

La araña espera, espera siempre, la mayor parte de su exis- 
tencia es absolutamente pasiva; el gato también espera junto 
al agujero del ratón, siendo en este caso el más paciente el que 
lleva la victoria. 

La ley universal de la economía de tiempo se aplica con no- 
table exactitud en los casos que siguen: 

1? A igualdad de clase de alimentación en las especies de 
vida más activa, que más consumen. 

El topo padece una hambre insaciable: necesita comer dia. 
riamente un peso de alimento igual al peso de su cuerpo y no 
puede ayunar más de doce horas. El Catherpes mexicanus agita- 
da y precipitadamente recorre sus terrenos de caza á toda hora 
del día; los Carpinteros exploran las cortezas de los árboles con 
febril actividad; las golondrinas, en fin, las primeras en desper- 
tar y las últimas que se recogen, vuelan incesantemente á toda 
hora, á todo momento, lo mismo que las aves marinas que se 
alejan muchas leguas de la costa y casi no descansan de su fa' 
tigosa labor. 



"Antonio Aírate. M 83 

Y en cambio la mayor parte de los reptiles, las Iguanas que 
pueden permanecer varios meses sin tomar alimento, como el 
vulgarísimo Perezoso, son de hábitos indolentes, se mueven con 
trabajo; las Iguanas durante muchas horas guardan una postu- 
ra ridicula y molesta al parecer, como si sus miembros tuvieran 
goznes; sus movimientos respiratorios semejantes á los que ob- 
servó Bert en los lagartos, se suceden con intervalos de dos ó 
tres minutos. 

La actividad es fisiológicamente correlativa de las necesida- 
des nutritivas y en la misma proporción que ella aumenta ó dis- 
minuye, la necesidad de economizar el tiempo es mayor ó menor. 

2? A igual consumo del organismo, la ley general enuncia- 
da obra más y más poderosamente á medida que las especies 
se nutren con presas menos abundantes, más pequeñas, más 
activas, menos ricas en principios asimilables, en general, á me- 
dida que es más difícil la procuración de los alimentos. 

Así el Ampelis cedrorum, que podría ser el tipo de la pereza 
entre las aves, en poco tiempo llena su buche con los frutos su- 
culentos del Ligustrum ó el Schinus y pasa buena parte de su 
vida en la más absoluta inmovilidad. 

El muy conocido Perezoso puede permanecer día y noche 
en una misma postura en los bosques vírgenes en donde encuen- 
tra con que nutrirse, sin que jamás escíiseen las provisiones; 
las especies casi innumerables de entozoarios que por decirlo 
así flotan en un océano alimenticio; tantos otros organismos que 
se hallan en condiciones análogas, no se ven precisados á utili- 
zar el tiempo tan exactamente como los animales piscívoros ó 
insectívoros, como el Alcedo hispida que consume al día de cien- 
to cincuenta á ciento sesenta gramos de peces pequeños. Un 
Pyrocephalus ruhineus que debe capturar diariamente algunos 
cientos do insectos casi microscópicos, emplean en ello mucho 
más tiempo que un Icterus frugívoro, lo mismo que sucede en 
las Spizella ocupadas todo el día en recoger semillas pequeñísi- 
mas de Brassica ó de Paspalum. 



84 Memorias de la Sociedad Científica 



En cuanto á la actividad de las presas es seguro que el Coc- 
óyzus que devora larvas de lopidóptero, las colecta en menos 
tiempo que el Contopus que persigiie insectos alados. 

Los Bassaris tienen la costumbre de aprovechar solamente 
la cabeza y la sangre de -las gallinas, los DiddpJiis devoran todo 
el cuerpo; los animales insectívoros arrojan detritus indigeri- 
bles del dermato esqueleto de los articulados; los fitófagos sólo 
aprovechan una pequeña parte de los órganos vegetales que han 
devorado, en tanto que los granívoros, los sanguívoros, los car- 
nívoi'os aprovechan mucho más. Unos deben procurarse ma3'or 
cantidad de alimentos que los otros y economizar bien su tiempo. 

Lo mismo en este que en otros muchos de los fenómenos 
biológicos que nos han ocupado, se establecen compensaciones 
que pasamos en silencio para abreviar y en el supuesto de que 
siempre se tendrán en cuenta al establecer las eonclusioiio.s á 
que dé lugar nuestra investigación: en el ejemplo d«l Coccyáiis 
es indudable que si sus presas no pueden escapársele par me- 
dio de la fuga, se le ocultan gracias á su mimetismo ó alguna 
otra particularidad etológica, mientras que las víctimas del Con- 
topus "son más fáciles de descubrir. 

3? Como corolario de los principios anteriores admitimos que 
la economía del tiempo se practica más estrictamente por las 
especies que i*esisten menos á la inanición ó tienen medios mo- 
nos eficaces de capturar sus presas. 

El Phrynosoma orhiculure resiste el hambre mucho más que 
el Scéloporus micrólepidotus y éste es mil veces más activo.-Bl 
saurio citado, según experimentos que continuamos actualmen- 
te en el Instituto Médico, pierde pnr la inanición un peso insig- 
nificante: 

Fecba. Poso. 

30 de Agosto de 1892. ( Después de diez 

y siete días de ayuno) 20 ^'•92 

8 de Septiembre 20.62 

20 de ídem 20.26 



I Antonio Álzate. II 85 



El Vhrynosoma ha perdido de su peso 3.5 por 100 en 20 días, 
mientras que los animales de sangre caliente pierden por tér- 
mino medio en tres horas, por kilo de peso. 8 gramos/ El ca- 
maleón do Tabasco (Zopherus, Coleópteros) soporta la falta de 
nutrición durante diez ó doce meses: 

Fecha. Peso. 

22 de Marzo de 1892 06^-729 

6 de Abril de 1892 0.695 

El Chupa miel ú Hormiguero de nuestras tierras calientes 
tiene un Órgano especial, la lengua, adaptado á la clase de sus 
alimentos: si colectara las hormigas una á una (como los Scc- 
ioponis) no le bastaría emplear en ello la décima parte de su vi- 
da park satisfacer á la centésima parte de sus necesidades co- 
tidianas de reparación. 

División del trabajo. Puede asegurarse sin temor de incurrir 
en notables errores que el perfeccionamiento de los organismos, 
cuando se traduce desde el punto de vista de la morfología por 
la existencia de aparatos especializados para cada función; ó 
cuando la división del trabajo se traduce por la existencia de 
varias clases de individuos ocupadas cada una en fines diversos, 
como en las sociedades de las hormigas, tiene por resultado más 
ó menos indirecto una mejor economía de tiempo, que es pro- 
vechosa para la comunidad de órganos ó la comunidad de los 
individuos. - 

Ejemplos de la concordancia entre fenómenos naturales p>eriódi- 
cos y la ecología. Los vertebrados invernantes perínanecen en el 
estado de vida oscilante períodos más ó menos regulares: cuan- 
do se eleva la temperatura ó la humedad es propicia ( lagartos ), 

1 Véase el interesante artículo de Ch. Kichet. L'inanition chez les aniííiáux."' 
Re\-ue Scientifiqne. 1891, p. 714. . , • 



8Í Memorias de la Sociedad Científica 



por un processus fisiológico poco complicado comienza á aumen- 
tar la actividad vital. 

La mayoría de las aves no son sedentarias y á intervalos re- 
gulares en unas, irregulares en otras, emprenden viajes algunas 
veces muy dilatados. En época determinada emigran hacia el 
Sur en busca de condiciones biológicas favorables, para retro- 
ceder hacia el Norte en el Invierno, de tal modo que se encuen- 
tran siempre con un medio de la misma temperatura; ó bien 
emigran en altitud como el Trogon mexicanus. 

Otras ares viajan de un lugar á otro en busca de alimentos 
determinados, como si previeran la floración ó fructificación de 
ciertas especies vegetales; lo que se se observa en los Troqui- 
lídeos del Valle de México, que aparecen en ciertas localidades 
cuando florecen las plantas de que ellos gustan más particular- 
mente. Estos viajes presentan á veces una periodicidad que sor- 
prende: las Apipizcas ( Larus ) llegan al Valle de México en los 
días 6 á 8 de Octubre. 

Pero las emigraciones son ó han sido originadas por la pe- 
riodicidad misma de otros muchos de los fenómenos de la na- 
turaleza: aparición de plantas é insectos en épocas determina- 
das, cambio de las condiciones meteorológicas; desecación de 
lagos y algunas más que pasamos en silencio. 

En los trópicos, donde las valuaciones anuales de tempera- 
tura son de mucha menor importancia que en los países fríos 
y templados, la población animal varía poco en número y cla- 
se: las aves de la parte baja del Estado de Veracruz, compara- 
tivamente á las del Valle de México, son mucho más sedenta- 
rias. 

La vida cotidiana de la mayor parte de los animales se di- 
vide en períodos cuya duración varía con las influencias locales 
ó fisiológicas y no siempre hay motivo justificado para ati'ibuir 
la regularidad de las funciones ó costumbres á un conocimien. 
to exacto del tiempo; pues aunque no le tuviera, la especie diur- 
na se recogerá siempre durante la noche y sólo germinará la 



"AntonioAlzate.il 87 



semilla cuando el calor y la humedad sean para ello favora- 
bles. 

Dejemos un momento el terreno de los hechos etológioos 
generales para considerar desde el punto de vista d© la crono- 
biología á una sola especie de vertebrados, la Golondrina del 
Valle de México, por ejemplo. 

He aquí á un ser tipo de la actividad: en un minuto reco- 
rre indudablemente una milla, ^ en diez horas diarias de vuelo 
600 millas, en diez años de existencia, volando diez horas dia- 
rias poi- término medio, 2.190,000 millas, distancia mayor déla 
que nos separa de la luna. En esos diez años de existencia, en 
36,500 horas de trabajo, ¡qué prodigiosa cantidad de alimentos 
debe colectar este hirundinido que según sus hábitos insectí- 
voros, consume diariamente lo menos dos veces el peso de su 
cuerpo ! 

Apenas transcurren dos ó tres semanas después del nacimien- 
to del CheUdon cuando se aventura á hacer uso de sus alas bajo 
la mirada vigilante de la madre que le obliga á regularizar sus 
movimientos y á seguirla cada día con rapidez mayor. Las pri- 
meras noches se pasan aún en el nido ; pero nm¡/ poco tiempo des- 
pués el joven se hace independiente y comienza él sólo una 
terrible lucha entre sus necesidades y la dificultad de satisfa- 
cerlas, verdadero trabajo de epuración que comienza desde las 
profundidades de los órganos con los fenómenos de fagocitis- 
mo, los que contribuyen á la destrucción de las celdillas débiles 
ó enfermas, y sigue manifestándose en los actos todos del ani- 
mal que se purifica poco á poco de sus defectos y su inexpe- 
riencia. 

El Cfielidon es el primero que comienza á agitarse en el prin- 
cipio de la mañana; dedica unos cuantos momentos al arreglo de 
su plumaje y en seguida va á entregarse á la caza de las espe- 
cies nocturnas que aún vuelan en esa hora. Ningún otro páser 

1 El Chelidon urbica de Europa, según Spallanzani, recorre veinte millas en 
qninoe minutes. 



88 Memorias de la. Sociedad Científica 

insectívoro aproyecha presa tau fácil y abundante y aun en las 
soledades del Popocatepetl, á 3,800 metros de altura, en el lí- 
mite, de la vegetación 5 allí donde los rayos del soUevante llegan 
más pronto que en la llanura, nps sorprendió observar pequeños 
grupos de vencejos que no parecían intimidados por el frío gla- 
cial de las primeras horas de la mañana y cazaban con incon- 
cebible destreza á los insectos, noctámbulos que prolongan sus 
correrías hasta en esos momentos. 

El joven Clielidon debe entregarse á tan temprana hora á las 
mismas ocupaciones que los adultos, los que necesitan dormir 
mucho menos. Es preciso que continúe sus trabajos de cacería 
desde la aurora hasta que por completo desaparece la luz. Nin- 
gún otro páser duerme tan poco, excepto el Cuclillo y algunos 
pájaros de canto (especialmente el Tiirtiir risorius que hemos 
oído cantar á cualquiera hora do la noche), ó los muy persegui- 
dos, que sólo pueden entregarse á sus, amores en medio de la 
sombra, por ejemplo las especies acuáticas que observamos en 
plena actividad en el lago de Pátzcuaro, en las noches del mes 
de Diciembre de 1890. 

En \ñ£, i^imeras horas de la mañana el CheUdon revolotea cer- 
ca del suelo en busca de los insectos diurnos aún entumecido? 
ó de los nocturnos que todavía están en movimiento. Después 
de capturar un número suficiente por entonces, va á reposar sus 
fatigas y apenas comienza el arreglo de su plumaje la imperio- 
sa necesidad le obliga nuevamente á emprender él vuelo : los 
insectos se mueven ya más velozmente, fuerza es describir mil 
y mil vueltas para no dejarles escapar, siempre cuidando de la 
clasificación previa y exacta de la presa, porque hay algunos hi- 
menópteros de aguijón envenenado, otros que se defienden por 
verdadero mimetismo, como las moscas del género Eristalis que 
yo mismo he confundido con las abejas; otras más que presen- 
tan semejanza protectora: y fuerza es que se despliegue una 
prodigiosa actividad antes que ios Tiranidos, las Libélulas y 
otros innumerables cazadores de insectos vengan á tomar par- 
te en el festín. 



"Antonio Álzate, n 89 



Más tarde, los Chdidon vuelan á algunos meti'os del suelo 
todavííi ocupados en su tarea, en tanto que otros páseres repo- 
san en el follaje. En la tarde nuevas ocuijaciones: uua nube de 
moscos revolotea pesadamente y fácil es capturar un ejemplar 
cada segundo; pero son presas tan pequeñas que su abuudan- 
cia no compensa el tiempo empleado en apresarlas. En fiu, al 
terminar el día aparece la armada innumerable de los insectos 
crepusculares, las palomillas ( Termes), los Ctdex, los Microle- 
pidópteros. 

Llega por último el momento del reposo y el joven Chelidon 
que gastó su tiempo en inútiles gorjeos, se encuentra aún ham- 
briento y fatigado; pero su memoria casi virgen no olvidará ma- ' 
ñaña tan deplorable torpeza. 

Luego se añade á la fatal necesidad del vientre la más im- 
periosa de la reproducción. Es indispensable procurarse una 
compañera á fuerza de halagos y de pérdida de tiempo: si el 
Chelidon es hembra prevé la venida de sus hijos con una sor- 
prendente exactitud: debe construir un nido, elegir el lugar más 
conveniente, el alero de uu tejado que defienda á la futura pro- 
genie de las inclemencias del tiempo ; debe recoger el barro par- 
tícula á partícula durante diez ó doce días; disponer tan tosco 
material con precauciones y prudencia, modelar el nido poco á 
poco esperando la desecación de una parte para agregar la que 
falta; colectar plumas ó cabellos que conserven el calor suficien- 
te; entregarse, en fin, á la incubación de los poUuelos durante 
diez ó quince días. Y el joven macho debe entonces multipli- 
car su actividad con el objeto de que los alimentos que recoja 
basten para él y para su compañera. La nutrición de los pollue- 
los que padecen una hambre insaciable, demanda igualmente 
una severa economía de tiempo : si por las lluvias, el frío ó al- 
guna otra circunstancia disminuye la abundancia de las pre- 
sas, mayor aún será el trabajo de recogerlas en la cantidad ne- 
cesaria. 

Por último, llega la funesta estación de las emigraciones y 

Memorias [1898-93!, T. VI, 12 



90 Memorias de la Sociedad Científica 

entonces es preciso que el Chelidon recorra diariamente vein- 
tenas de leguas, sin que por esto se sujete á un ayuno prolonga- 
do, incompatible con tan exagerado gasto de fuerza. 

La actividad considerada según los grupos naturales. En el es- 
tudio que bien podría llamarse dinámico, de las especies ó gru- 
pos superiores, se nos pi-esentau dos puntos extremos fáciles 
de descubrir: especies extraordinariamente activas, especies en 
alto grado perezosas; un buen número clasificadas en el térmi- 
no medio. En tesis general las aves son los más activos délos 
vertebrados y desde el punto de vista de su organización y fa- 
cultades psíquicas ; son superiores á todos los reptiles, batra- 
cios y peces; su capacidad supera según Claus, á la de ciertos 
mamíferos, que siempre, excepción hecha del hombre, vienen en 
seguida. Poquísimas excepciones hay en las aves respecto á los 
hábitos de economía y utilización del tiempo ; tal vez sólo los vul- 
túridos y otros rapaces están fuera de la regla. En los Mamí- 
feros, precisamente en los más inferiores, los Edentados, por 
ejemplo, encontramos á menudo hábitos inveterados de pereza, 
necesidades menores, actividad insignificante: un loro es mil 
veces más activo é inteligente que un Dasypus. 

Las costumbres laboriosas de la abeja y otros insectos so- 
ciales son bien conocidíis y «si se considera el conjunto de los 
fenómenos de la vida en los Hexápodos, se llega á admitir que 
estos animales ocupan incontestablemente el grado más eleva- 
do de la serie de los Invertebrados: á las funciones grandemen- 
te diferenciadas de sus órganos vegetativos corresponden actos 
muy variados, comunmente maravillosos, verdaderas manifes- 
taciones psíquicas, » Y estas sociedades de insectos, pálido re ■ 
flejo de las humanas, alcanzan tan sorprendente grado de per- 
fección por dos cualidades predominantes : actividad y división 
del trabajo. Ya hemos hablado de la segunda en sus relaciones 
con el tiempo, y sólo diremos de la primera que es condición in- 
dispensable para que subsista una sociedad tan numerosa y de 
necesidades tan complexas : estos datos son suficientes para pre- 



' Antouio Álzate, n 91 

ver el porvenir de los que padecemos ignorancia completa de 
la economía cronológica y gastamos nuestro tiempo en no sé qué 
inútiles lamentaciones ó en el estéril y pesadísimo trabajo de la pe- 
reza 

Ya hemos dicho que la mayor duración de la vida enrique- 
ce en alto grado el tesoro de la experiencia individual : la acti- 
vidad le enriquece quizá en mayor escala, pues así como hay 
una ley fisiblógica, el ejercicio desarrolla el órgano y perfeccio- 
na la función, hay también la ley moral correspondiente. No es 
la actividad, sin embargo, el único factor del desarrollo. 

Lentitud de la evolución. Considerando el tiempo desde otro 
punto de vista, com6 circunstancia de la evolución, han afirma- 
do los naturalistas más competentes que los períodos- de des- 
arrollo son más bien largos que cortos. Y en efecto, han sido 
necesarios quince millones de años que duró la Era primaria, 
cuatro la secundaria y uno la terciaria (según Ferriére), para 
que la vida llegue á animar formas tan maravillosas, para que 
de los grupos inferiores de los invertebrados se separe poco á 
poco la clase más superior de los mamíferos. 

Max ¡áchulze contó en una onza de arena de Gaeta un mi- 
llón y medio de conchas de Foraminíferos, y si suponemos que 
en cada una de las eras se encuentra solamente un millón de 

onzas de esa clase de arena, tendremos, por una parte.* 

3.000,000.000,000 de Foraminíferos y por otra 20.000,000 de 
años ; en un caso, prodigioso número de seres susceptibles de va- 
riación, en otro, larguísimo período evolutivo durante el cual 
cambiaron profundamente las condiciones, en tanto que las pe- 
queñas diferencias se fijaban y acumulaban por los medios acos- 
tumbrados. 

Períodos de la evolución. Reflexionando en la eficacia posible 
de estos métodos de cálculo diferencial de la naturaleza, que- 
acumula variaciones insignificantes en un inmenso número de 
individuos; que tiende á perfeccionarlo y á cambiarlo todo; que 
impulsa á las especies á subir la pendiente del progreso en tan- 



92 Memorias de la Sociedad Científica 

to que ellas se veu aguijoneadas por el hambre y el dolor; re- 
flexionando en estas transmutaciones sueesivas que significan 
en todo caso períodos de evolución más ó menos limitados, po- 
demos entrever una ley importante y general. 

«La vida está caracterizada en el individuo por la creación 
y la destrucción orgánicas. » En la especie, por la creación y la 
destrucción de los individuos, y como en el individuo, en ella se 
distinguen tres períodos: 

1° Período de creación :1a creación domina sobre la destruc- 
ción de los individuos. 

2? Período de compensación ó de equilibrio: la creación y 
la destrucción tienen valores próximos. • 

3? Período de destrucción: ésta domina sobre la creación. 

El período de equilibrio es generalmente más corto que los 
otros; el de destrucción, según las ideas transformistas y la ter- 
minología de Quatrefages, puede ser de transmutación. 

Generalicemos á los grupos superiores. 

Los Crinoides pasan por el período de creación durante la 
edad cambriana, después alcanzan el de equilibrio que se pro- 
longa hasta el principio de la época secundaria; en seguida se 
encuentran en el período de destrucción. Las Cicadeas y los 
Equinodermos comienzan en los terrenos paleozoicos, llegan al 
equilibrio en los mezozoicos y al período de destrucción en los 
cenozoicos. Algunos vegetales de existencia más efímera reco- 
rren los tres períodos en un sólo tiempo, por ejemplo, las Sigi- 
liaría y los Lepiclodendron, exclusivas de los terrenos paleozoicos. 

8i consideramos un gran número de casos particulares lle- 
garemos á admitir igualmente la mayor duración del período de 
equilibrio y también la constancia de los otros períodos. Basta- 
ría para ello suponer dos especies de animales : sea uno carní- 
voro y el otro hervíboro; éste se alimenta con vegetales, el car- 
nívoro con el hervíboro: uno comienza á desarrollarse, el otro 
se encuentra en el máximum de vitalidad. Después de un núme- 
ro variable de meses ó de siglos, la especie de las víctimas dis- 



' Antonio Álzate, n 93 

minuye y si circunstancias exteriores no lo impiden, sucumbe 
y con ella la especie de los perseguidores: 

^a' + b'-e') — fa + h-cjx = ij. 

En esta fórmula a' nos representa el número de individuos 
de la especie de las víctimas, más los que aumentan por la re- 
producción (b' J, menos los que disminuyen por muerte natu- 
ral fe' ), menos los que destruye la especie de perseguidores: 
a número de individuos de dicha especie, b los que aumentan 
por la reproducción, c los que mueren; x número de víctimas 
para cada individuo en la unidad de tiempo. Se supone en el 
primer momento a' >■ a y &'> &. 

No discutiremos el valor de esta fórmula, que pudiera re- 
sultar nulo eu la práctica, aunque es útil para comprender fá- 
cilmente la teoría; ni tampoco es posible en el presente artículo 
entrar en mayor número de pormenores sobre esta cuestión tan 
delicada cuyo estudio apenas hemos iniciado. 

Pero sí nos parece conveniente protestar contra las exigen- 
cias de los naturalistas neófobos que quieren que aun cuando 
no varíen las condiciones en cualquier período de la vida de una 
especie, se produzcan cambios notables, aunque sea el período 
de equilibrio casi absoluto, el más estable y dilatado. 

México, Septiembre 1892. 



1 Recuérdase la ley de Mal tus. 



94 Memorias de la Sociedad Científica 



La perception da tenjps chez les animanx. Le temps et la biologie par 
Mr. le Prof. Alphonse L. Herrera, Aide -Natural ¡sí e au Mnsée Na- 
tional et a I* Instituí Méáical. 



RESUME. 



Les expérieuces qu'a faites l'auteur sur les insectes qui, 
quand on les attaque, restent immobiles pendaut un nombre 
fixe de secondes ou de minutes, et les pliénoméues de périodi- 
citó observes dójá chez les animaux, prouveut que la plupart 
des étres ont bien la perception du temps, et peuvent la mani- 
fester indépendamment des variations daus le milieu intérieur 
et extérieur, ou bien ils peuvent présenter des faits ethologiques 
póríodiques, etant guidés par ees mémes variations. 

On peut considérer le degró de lenteur des pliénoméues de 
la vie comme un critérium sur et coustant, pour juger de quel- 
ques uns des avantages dans la lutte: copule rapide ou momen- 
tanée; durée de la gestation en rapport avec la durée déla vie, 
de méme que la durée de la jeunesse, de l'état embryonnaire, de 
la periodo de germination, de la faculté germinativo et en fin 
de la période de reproduction. 

II y a des rapports saisissants entre les phénoménes pério- 
diques de la vie d'uue espéce et ceux qu'on observe daus l'es- 
péce dont dépend Pexistence de la premiére; de faits curieux 
d'economie; distribution du temps selon les besoins et facultes 
des organisraes; Cas des parásitos (CercerisJ; rapidité de la 
prehensión, de la capture des proles, de beaucoup supérieure 
á mesure que les espéces sont de vie plus active, ou les proles 



' Antonio Akate. „ 95 



plus petitea et plus actives ou moins ahondantes en principes 
assimilables; Rósistance á l'inanition chez le Fhrynosoma et le 
Zopherus. 

L'auteur s'est occupé aussl de la división du travail, de la 
concordance entre les phéuoménes périodiques naturels etPe- 
thologie, de Phivernation et la migration et il donne un apergu 
sur la vie du Cheliclo7i enjihrogasfer. L'activitó considérée selon 
les groupes naturels, ses rapports avec le progrés et Pexpéi'ion- 
ce individuelle, les conditions favorables du temps, sont d'une 
tres grande importance; le perfectionement organique estpro- 
portionnel au temps d'évolutionj en égalité d'autres avantages 
dans la lutte pour la vie, les espéces chez lesquelles la percep- 
tion du temps et de son économie est mieux dóveloppée, au- 
ront plus de prohahilités de survivance. 

Loiigue durée des époques géologiques nócessaire á l'évo- 
lution. Cas des Foraminiféres. Processus de calcul diffórentiel 
dans la n ature. Établissement de trois pério'des dans Póvolu- 
tion des espéces: période de eréation, periodo de compensation, 
periodo de destruction; la période de compensation la plus lon- 
gue; la période de destruction peut étre de transmutation. Cas 
des crinoides, des Cycadées. Cas particulieurs: deux espéces 
isolées, Pune d'elles s'alimentant de Pautre; au hout d'uu 
certain temps survient la période de compensation, eusuite la 
période de destruction. Formule mathématique. Imposibilitó 
des changements évolutifs si les conditions ne varient point et 
que Pespéce se trouve dans la période la plus longue et la plus 
stahle de Péquilibre. 



México, Septembre 1892. 



bibliografía 
METEOROLÓGICA MEXICANA 

CORRESPONDIENTE AL AÑO DE 1891 



FORMADA POR 



ESJ^E'.iS^EXi .iíi.O-TriXj.^:E2, -Z- S.A.3^a?IXjXj.A.3^ 



Socio fundador y de número, 
Miembro del Observatorio Meteorológico Central. 



Aguilar y SaiitilSáii Rafael. 

1 Bibliografía Meteorológica Mexicana correspondiente al año 
de 1890.— Mem. Soc. «Álzate.» IV, págs. 265 á 276. 

y Puga Guillermo B, 



2 Catálogo de los temblores de tierra y fenómenos volcánicos 

verificados en la República durante el año de 1890. — Mem 
íSoc. «Álzate.» IV, págs. 323 á 329. 
Véase Puga. 

Altarairaiio Dr. Fernando. 

3 Reseña de una expedición científica al Estado de Michoacán. 

Memoria» [1892-93], T. VI, 13 



98 Memorias de la Sociedad Científica 

— «El Estudio.» Órgano del Instituto Médico Nacional 
de México. IV, págs. 62 á 65. 

Contiene datos termométricos é hipsométricos. 

Álzate J. Antonio. 

4 Notas y observaciones relativas á Meteorología, Física del 

Globo y Astronomía del sabio mexicano publicadas 

por acuerdo de la Sociedad « Álzate » y recopiladas por Ra- 
fael Aguilar y San tillan, socio fundador y primer Secreta- 
rio de la Sociedad, Miembro del Observatorio Meteoroló- 
gico Central. — México. Imp. del Gobierno- 8? En publica- 
ción. 

BaiTOeta. Véase Observatorio del Instituto de San 
Luis Potosí. 

Bonilla José A., Ingeniero, Director del Observa- 
torio del Instituto de Zacatecas. 

5 Observaciones meteorológicas. Resumen general de las prac- 

ticadas en el Instituto de Ciencias del Estado de Zacate- 
cas, duraiite el año de 1890.— Rev. Soc «Álzate.» 1890 
á 1891, pág. 70. 

6 Boletín Meteorológico -Agrícola y del Minero Guaua- 

juatense. Observatorio Particular. — Guanajuato. Tip.de 
Justo Palencia. 

Periódico quincenal que comenzó á aparecer el 15 de 
Abril de 1891, publicado por el Ingeniero JuanN. Contre- 
ras. 

7 Breves Instrucciones Meteorológicas para uso de las Ofici- 

nas Telegráficas y Telegrafistas del Supremo Gobierno del 
Estado de Zacatecas. — Zacatecas. Imp, del Hospicio de 
Niños. 1891. 12° 21 págs. y 2 láms. 

Es una reimpresión en parte de las que publicó el Ob- 
servatorio Meteorológico Central en 1883 (Boletín del Mi- 
nisterio de Fomento, t. VIII, n, 17). 



"Antonio Álzate, it 99 

Cappelletti S. J. Enrique M. 

8 Resumen de las observaciones meteorológicas practicadas en 
el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús en Puebla, duran- 
te el año de 1890, — San Luis Potosí. Irap. de M. Esquivel 
y Comp. 1891. 2 cuadros en un pliego. 

Dorantes Antonio, Observador en el Observatorio 
de Zacatecas. 

9 Resumen de las observaciones meteorológicas practicadas en 

el Instituto de Ciencias del Estado, durante el año de 1890. 
Cuadro con datos mensuales y sinopsis anual. 

Fouqué F., Miembro del Instituto de Francia. 

10 Noticia biográfica del Profesor Horacio Silvestri, Director 

del Observatorio del Etna. (De la Itcvue Scientifiqíie de 
París).— Rev. Soc, «Álzate,» 1890 á 91, págs. 52 á 55 
y 75 á 78. 

Gobierno del Distrito Federal. 

11 Mortalidad habida durante en el Distrito Federal, com- 

parada con los datos del Observatorio Meteorológico - 
Magnético Central, correspondiente al mismo período, so- 
bre término medio de presión atmosférica, temperatura, 
humedad, cantidad de ozono, dirección del viento y eva- 
poración.— Lit. C. Montauriol y C México. 12 cuadros. 
Diciembre 1890 á Noviembre 1891. 

12 ídem ídem. 2 cuadros grandes correspondientes al 1? y 2° 

semestres de 1890. 

Gobierno del Estado de Jalisco.— ^ccreíana de 
Gobierno, Seccmi 4-^. 

13 Cuadro que manifiesta la mortalidad habida en el Munici- 

pio de Guadalajara, comparada con los datos del Obser- 
vatorio Meteorológico del Estado. Marzo á Noviembre de 
1891. 



100 Memorias de 1^ Sociedad Científica 



Cuadros litografiados, firmados por los Sres. A. V. Pas- 
cal, Director del Observatorio y Celso G. Cevallos, Secre- 
tario de Grobierno, en los cuales están las curvas de mor- 
talidad y la marcha de la presión, temperatura, humedad, 
ozono, viento y evaporación. 

GoMerno del Estado de Zacatecas.— Sección de 
Estadística. 
14: Mortalidad en el presente mes en la Municipalidad de Za- 
catecas, comparada con los datos del Observatorio Meteo- 
rológico del Instituto de Ciencias, correspondientes al 
mismo período, sobre término medio de presión atmosfé- 
rica, temperatura, humedad, evaporación, cantidad de ozo- 
no y dirección y velocidad del viento. 

Cuadro gráfico litografiado correspondiente al mes de 
Mayo de 1891, firmado por los Sres. Antonio Dorantes, 
Observador meteorológico; Canuto Alvarez Tostado, Juez 
del Registro civil y Jesús M. Castañeda, Secretario de Go- 
bierno. 

González Benigno G. 

15 Observaciones meteorológicas. Resumen general de las 

practicadas en el Colegio del Estado de Puebla, durante 
el año de 189C. — Rev. Soc. «Álzate.» 1891 á 92, pági- 
na 22. 

Haydeu Everett, de la Marina de los E. U. 

16 Ciclones tropicales. — BoL. MENS. O. M. C. III, páginas 30 

á35. 

17 «La Sombra de Arteaga. » Periódico Oficial del Gobierno 

del Estado. Querétaro. 

Aparecen en él semanariamente las observaciones me- 
teorológicas hechas en el Colegio Civil por los Sres. Prof. 
Pascual Alcocer y J. A. Septiem. 



Antonio Álzate, m 101 



Leal Mariano. 

18 Las lluvias en León. 2 págs. £ol. — León. Imp, de la Escue 

la de Instrucción Secundaria. 1891 — Mem. Soc. <¡c Alza- 
te.» IV, págs. 347 á350. 

19 Observaciones meteorológicas. Resumen general 

de las practicadas en la Escuela Secundaria de León, du- 
rante el año de 1890. — Rey. Soc. «Álzate.» 1890 k 91 
pág. 124. 

y Estrada Ignacio J. 

20 Resumen general de las observaciones meteorológicas prac 

ticadas en la Escuela de Instrucción Secundaria del Es» 
tado en León, Estado de Guanajuato, México, durante to- 
do el año de 1890. 

Cuadro con resúmenes mensuales y sinopsis anual. 

Véase Periódico Oficial de Guanajuato. 

Montessus de Ballore F. de, Inspector de Estu- 
dios en la Escuela Politécnica. 

21 Etude critique des lois de répartition saisonniére des séis- 

raes.— Me:\i. Soc. « Atzate.» IV, págs. 277 á 292. 

Moreno y Anda Mannel, 

22 Observaciones meteorológicas. Resumen general de las 

practicadas en el Observatorio Astronómico Nacional de 
Tacubaya, durante el año de 1890. — Rey. Soc. «Álza- 
te.» 1890 4 91, pág. lOL 

23 Observaciones meteorológicas hechas en el Observatorio 

Astronómico Nacional de Tacubaya, en el año de 1889 á 
1890. — Anuario del Observatorio, etc., para 1892, 
págs. 316 á 357. 

Cuadros mensuales de Dic. 1889 á Nov. 1890, con resu- 
men general y comparación de las observaciones directas 
de Sept., Oct. y Nov. de 1890 con las de los registradores 
Richard de presión y temperatura. 



102 Memorias de la Sociedad Científica 



Mottl Carlos. 

24 Observaciones seísmicas eu Orizaba. Agosto de 1890 á Ju- 
lio de 1891. — Rev. Soc. «Álzate.» 1890 á 91, págs. 13, 
14, 47, 48, 71, 72, 87, 88, 103, 104, 125 y 126, 1891 á 92, 
págs. 23 y 24. 



Oíiseryacíoues meteorológicas. 

En Aguascalientes, véase n. 25. 



Culiacán 


M 




25. 


Cliapultepec 


V 




25. 


Guadalajara 


ti 




13 y 25. 


Guanajuato 


V 




25. 


Huejutla 


J> 




25. 


León 


)> 




19, 20, 25 y 31. 


Matamoros 


V 




25. 


Mazatlán 


» 




25. 


México 


11 




11, 12, 25 y 26. 


Mulegé 


11 




25. 


Oaxaca 


17 




25. 


Pabellón 


11 




25. 


Puebla 


11 




8, 15, 25 y 27. 


Querétaro 


>> 




17. 


Saltillo 


11 




25 y 37. 


San Luis Potosí 


11 




25 y 28. 


Tacubaya 


11 




22, 23, 25 y 35. 


Tampico 


11 




25. 


Túxpam 


11 




25. 


Veracruz 


11 




25. 


Zacatecas 


11 




5, 9, 14 y 25. 



Obseryatorio Meteorológico Central de México. 

25 Boletín Mensual. — Imp. de la Secretaría de Fomento. Fol. 
Tomo III (1890), núms. 1 y 2. 

Cada número contiene: Resumen meteorológico (Ob- 



"Antonio Álzate. I. 103 

servatorio Central); Diario meteorológico; Análisis; As- 
pecto del tiempo en los Observatorios correspondientes; 
Mortalidad; Resumen meteorológico general (con obser- 
vaciones de Aguascalientes, Culiacán, Chapultepeo, Gua- 
dalajara, Guanajuato, Huejutla, León, Matamoros, Maza- 
tlán, México, Mulegé, Oaxaca, Pabellón, Pachuca, Puebla, 
Saltillo, San Luis Potosí, Tacubaya, Tampico, Túxpam, 
Veracruz y Zacatecas ) ; Meteorología Internacional; Seis- 
mología; Red termomótrica del Estado de Veracruz, etc. 
Véase Hayden, Orvañanos y Villaseñor. 

26 Observaciones meteorológicas. Resumen general de las 

practicadas durante el año de 1890. — Rev. Soc «ÁLZA- 
TE.» 1890á91, pág. 86. 

Observatorio Meteorológico del Colegio del Es- 
tado de Puebla. 

27 Resumen correspondiente á cada día. — Nov., Dic. y resu- 

men de 1890, y Enero á Octubre de 1891. 

Boletines mensuales, fol. 4 páginas cada uno, que con- 
tienen las observaciones directas y los resultados deduci- 
dos de los instrumentos registradores Ricliard. 

Observatorio Meteorológico del Instituto Cien- 
tífico y Literario del Estado de San Luis Po- 
tosí. 

28 Resumen de las principales observaciones correspondien- 

tes al año de 1890, practicadas por el Ayudante de este 
Observatorio Emilio A. Martínez y por el alumno Antio- 
00 Hernández, bajo la dirección del Dr, G. Barroeta, Di- 
rector. 

Cuadro con datos mensuales y una sinopsis anual, al 
que acompaña una comparación de los resultados con las 
observaciones do once años anteriores, por el Dr. Barroe- 
ta, — (Ilemoria de los trabajos de la Junta Directiva del Insti 



104 Memorias de la Sociedad Cientíñca 



tuto, etc., durmite él año escolar de 1890. 8? San Luis Poto 
sí, 1891). 

Oryañanos Dr. Domingo. 

29 Algunas observaciones relativas al clima de México. — BOL. 

MENS. O. M. C. III, págs. 82 á 84. 

Palmieri Prof. Luis, Director del Observatorio 

Vesubiano. 

30 Observaciones simultáneas acerca del dinamismo del cráter 

del Vesubio y de la gran fiimarola de la solfatara de Paz- 
zuoli, hechas en los años de 1888 á 90. (Del «Nuovo Ci- 
mento» de Pisa). — Kev. Soc. «Álzate.» 1890 á 91, pá- 
ginas 60 y 108. 

31 Periódico Oficial del (x0il)ieruo del Estado de Cruaiia- 

juato. 

Mensualmente aparecen en él los resúmenes y análisis 
de las observaciones practicadas en León bajo la dirección 
del Sr. Prof. Mariano Leal, 

Pnga Guillermo B. 

32 Noticia sobre la Geología y configuración del camino de 

México á Pátzcuaro. — El Estudio. Órgano del Institu- 
to Médico Nacional de México. IV, págs. 94 á 102. 

Contiene datos barométricos, termométricos y altimé- 
trieos. 

y Aguilar y Santillán Bafsiel. 

33 Geodinámica. El temblor del 2 de Diciembre de 1890. — 

Mem. Soc. «Álzate.» IV, págs. 131 á 138. — Crónica 
Científica de Barcelona. XIV, págs. 336 á 339. 
34 Catálogo de los temblores de tierra y fenó- 
menos volcánicos verificados en la República Mexicana 
durante el año de 1889.— Mem. Soc. «Álzate.» IV, pá- 



"Antonio Álzate, ri 105 



ginas 179 cá 191. — Crónica Científica de Barcelona. 
XIV, págs. 330 á 335. 

Véase Aguilai* y Santillán. 

Sifuentes Salvador C. 

35 Resúmenes mensuales de las observaciones meteorológicas 

ejecutadas en la Escuela Municipal núm. 2 de Tacubaya. 
— Boletín Bibliográfico y Escolar (Tacubaya). 1891. 

36 Sociedad Científica «Antonio Álzate.» Revista Mensual 

Científica y Bibliográfica. México, Imp. del Gob. 8" Nú- 
meros 5 á 12 de 1890 á 91. Núms. 1 á 4 de 1891 á 92. 
En los núms. 5 á 12 de 1890 á 91: Meteorología Inter- 
nacional Años de 1887 y 1888. Pág. 85. 

Spiua S. J. Pedro. 

37 Observaciones meteorológicas del Colegio de San Juan Ne • 

pomuceuo. Saltillo, Coabuila, México. — Puebla, Imp. del 
Colegio Pío de Artes y Oficios, 1891. 8 págs. fol. y un 
cuadro con datos mensuales y resumen anual. 

Topf Dr. Hugo. 

38 Termometría veracruzana. — (México Intelectual. Revista 

Pedagógica y Científico- Literaria. Jalapa). Tomo V, pá- 
ginas 242 á 250 y 257 á 264. 

Tillasefior Luis E. 

39 El Puerto de Vera cruz.— BoL. MENS. O. M. C. III, páginas 

58 á 67 y 105 á 117. 

Se ocupa de las condiciones meteorológicas, mareas, co- 
rrientes, vientos, temperatura de las aguas, etc., del 
puerto de Veracrnz. 

Zárraga Dr. F. 

40 Ligerísimos apuntes sobre el clima do Dui-ango. — El Es- 

tudio. Órgano del Instituto Médico Nacional de México. 
IV, págs. 68 á 70, 103 y 104. 

Memorias [189J-93I, T, VI, 14 



106 Memorias de la Sociedad Científica 



ADICIONES. 

Fenómeno eléctrico. — Págs. 83 y 84. (Ensayo Literario. Co- 
lección de composiciones sobre Bellas Letras, Ciencias y Ar- 
tes. En un volumen. Puebla, Impreso por Félix María Ley- 
va, calle segunda de Mercaderes número 5. 1838). 

Oalindo Agustín. 

Observaciones meteorológicas hechas en ei Colegio del Estado. 
Enero á Diciembre de 1875 y resumen anual. — El Estudio. 
PuOlicación mensual de los trabajos leídos ante la Sociedad Ilédi- 
co -Farmacéutica de Puebla. 1875 á 76. Páginas 55, 56, 72, 88, 
104, 120, 136, 152, 168, 184, 200 y 216. 

García Cresceiicio. 

Influencias meteorológicas en México para el desarrollo de cier- 
tas enfermedades y en particular las intermitentes. — El Es- 
tudio. Publicación mensual de los trabajos leídos anie la Socie- 
dad Médico -Farmacéutica de Puebla. Páginas 256 á 263. 

Iberri Nemesio. 

Anuncio y efectos del viento norte en el seno mexicano. — El 
Museo Mexicano ó Miscelánea pintoresca de amenidades 
curiosas é instructivas. México. II, 1843. Págs. 372 á 374. 

Kiddle W. W. 

•The northers o£ Veracruz. — Nautical Magazine. London. 
1874. XLIII. Págs. 129 á 132. 

Masters P. 

Indicatious o£ the Mexican's northers. — Nautical Magazine. 
London, 1846. XV, pág. 351. 

Norters on the coast of México in the Pacific. — NAU- 
TICAL Magazine. London, 1840. IX, pág. 74. 



'AntonioAIzate.il 107 



Ochoa Yillagdmez Ignacio y Pedro J. Sentíes. 

Carta Altimétrica. Carte Altlméti-ique.— 1 : 3 000 000.— Gra- 
vee, chez Monrocq fr. — París. A. Douamette, Imp. 

Reyes Sebastián y Pedro J. Sentíes. 

Carta Climatológica. Carte Climatologique. — 1 : 3 000 OCO. — 
Gravee, chez Monrocq fr. — Paris, A. Donamette, Imp. 

Esta carta y la anterior fueron hechas para ser presentadas en 
la Exposición Universal de París de 1889. 

Bocha M. 

Del Ozono. — Su importancia en Meteorología Médica. — Méto- 
dos ozonométricos. — Un ozonógrafo automático.— ANALES 
DE LA Asociación Larrey. Tomo I (1885). Páginas 100 á 
á 105 y 132 á 136. 

« El Sol. » Diario. (Imp. de los Bajos de San Agustín núm. 3). 
México. 

En él aparecieron diariamente las observaciones hechas 
en la ciudad de México á las siete de la mañana, tres de la 
tarde y once do la noche, de termómetro, barómetro, higró- 
metro, electrómetro y vientos, desde el 14 de Junio de 1824 
hasta el 14 de Enero de 1828. 



ABEEVIATURAS EMPLEADAS. 

Bol. MENS. O. M. C. Boletín mensual del Observatorio Me- 
teorológico Central. 

Mem. Soc. «Álzate.» Memorias de la Sociedad Científica «An- 
tonio Álzate.» 

Rev. Soc. «Álzate.» Revista de la Sociedad Científica «Anto- 
nio Álzate. » 



■^•» 



ALIMENTACIÓN 
DESDE EL PUNTO DE HSTA DE LA HIGIENE 

ROGi"CrEl 3í^-A.OO"CrZET 

Socio de número. 



Hay eu nuestro organismo una necesidad tan imperiosa co- 
mo irresistible: la de la alimentación. Pai*a que sus funciones 
se verifiquen con regularidad y perfección varias condiciones 
son indispensables : integridad de los elementos anatómicos tan- 
to en su estructura como en su funcionamiento, é introducción 
de substancias que después de múltiples transformaciones, des- 
arrollen por su conflicto y el oxígeno de la sangre estas fuerzas 
vivas que ya se traducen por calor, electricidad, movimiento, 
ya por funciones de secreción, de sensaciones, elaboraciones 
nerviosas ó actividad cerebral. 

Pero esta necesidad no es propia y exclusiva al organismo 
humano, pues que la tienen la planta, el animal y el hombre, 



lio Memorias de la Sociedad Científica 

sino que el modo de verificarse varía y está en consonancia con 
la actividad vital de estos distintos seres. La comparación fisio- 
lógica nos lo va á demostrarj en la primera, la alimentación se 
hace de uña manera muy sencilla; dispersando la planta de las 
clases superiores, sus raicecillas por el suelo fecundado con la 
muerte de los seres superiores y purificado por la atmósfera, 
chupa como por infinidad de bombas los elementos líquidos que 
se convierten en savia vigorosa al empapar sus células, corre 
por sus tubos, llega á sus hojas en donde el sol con sus rayos 
de lu3 y calor y el aire con su ácido carbónico, la transforman 
invitando á la planta á que respire, para que su clorofila nos de- 
vuelva el aire respirable, y para que en el sabio y harmónico 
conjunto de la naturaleza se mantenga el equilibrio en virtud 
del cual las funciones de un ser modifican el medio en que vi- 
ve, para hacerlo apto á las de otro ser. 

Ascendamos en la escala de los seres y examinemos al ani- 
mal. Para que las substancias que ingiera sean asimilables y 
útiles, necesita someterlas á una preparación importante, nece- 
sita digerirlas. Esta complicada operación está sujeta á una in- 
fluencia nerviosa adecuada, de suerte que en él hay el dinamis- 
mo nervioso simple y por de contado que sus órganos están 
enteramente arreglados á la función que tienen que desempe- 
ñar y á la naturaleza de las substancias que tienen que absor- 
ber, así el carnívoro de fauces admirablemente armadas, tiene 
su tubo digestivo corto y abundantísimas glándulas de pepsina, 
mientras que el herbívoro tiene sus dientes para moler, su tubo 
digestivo largo y predominando entre los elementos histológicos 
de éste, los elásticos, para soportar el desarrollo exagerado de 
gases que la digestión de las materias vegetales produce, y es- 
tas diferencias las encontramos en los géneros, especies y aun 
en las últimas ramificaciones de la clasificación animal; así 
Broun en sü tratado de Anatomía comparada, y al estudiar el 
tubo digestivo del hormiguero, que con su pegajosa lengua in- 
giere cantidades exorbitantes de hormigas, señala entre sus 



'AiitonioAIzate.il 111 



anexos la presencia de un cierto número de glándulas que se- 
cretan un líquido excesivamente alcalino que sin duda tiene por 
objeto la neutralización del ácido fórmico. 
■ En todo este grupo el dinamismo nervioso es simple. 

Llegamos ya al ser más perfecto de los que pueblan la tie- 
rra, al hombre. En él el dinamismo nervioso es psico- moral y 
la necesidad irresistible de alimentarse es mucbas veces difícil 
de llenar. 

Desde que la especie humana existe, es para alimentarse 
para lo que ha desplegado gran parte de su actividad y de su 
inteligencia. 

Cuando dirigimos una mirada retrospectiva sobre la histo- 
ria de la evolución de la especie humana, y vemos al hombre 
combatir en los bosques primitivos contra las fieras salvajes, 
para alimentarse con su carne y vestirse con sus pieles; cuan- 
do le vemos en los tallos ahuecados de los árboles convertidos 
en frágiles barquillas, entregarse á la inmensidad de los mares 
y de los ríos, para extraer de su seno los seres que los pue- 
blan, y sobre todo, cuando olvidando y desoyendo los gritos de 
la naturaleza y del instinto, la madre tierna transformada en 
fiera voraz despedaza al hijo, para hincar sus dientes en los pal- 
pitantes y sangrientos despojos y saciar así su hambre, enton- 
ces comprendemos que esa necesidad es terrible y que el saciar- 
la es una condición &íne qua non de la existencia humana. 

Las frutas de los árboles, la caza y la pesca han sido por 
años y años el único alimento del hombre; por eso, en los tiem- 
pos primitivos, bastaba un cambio brusco, vm crudo invierno 
que cubriera la tierra y los ríos de nieve, para que la especie 
humana estuviese á punto de perecer, por falta de medios de 
subsistencia, pues que los animales huían á regiones inaccesi- 
bles; familias, tribus enteras han desaparecido en estos cata- 
clismos que hoy ni siquiera sospechamos, y no era sino gracias 
á la prodigiosa fecundidad de aquellas razas, como al venir me- 
jores días, los pueblos renacían de aquellos pobres vestigios fe- 
nicianos. 



112 Memorias de la Sociedad Científica 

Mas llegó un día feliz en que el hombre supo cultivar la tie- 
rra y domesticar animales, y desde entonces data la existencia 
de las primeras sociedades y desde entonces también la huma- 
nidad se hizo dueña de sus destinos. El crecimiento desmesu- 
rado de la población por la rápida propagación de la especie, les 
hizo caer en la penuria y les dio á conocer otra triste necesidad •. 
la de emigrar. Las primeras sociedades fueron tribus nómades 
con grandes rebaños que sin rumbo fijo marchaban á estacio- 
narse en cualquier lugar, hasta que nuevas calamidades y mi- 
serias les hacían huir y seguir errantes. Entonces, como ahora, 
como siempre, es la lucha por la existencia la que hace que el 
hombre abandone el querido pedazo de tierra donde nació. 

íSi hace dos mil años los Cimbros y los Teutones abandona- 
ban las hermosas riberas del Báltico porque éste, inclemente, 
había derramado sus aguas sobre sus campiñas y sus hogares, 
haciéndoles poblar el entonces inculto centro de Europa, ahora 
de esta misma Europa, culta ya pero exhausta, se desprenden 
sin cesar millares de familias hambrientas y tristes pero llenas 
de esperanza que vienen al nuevo mundo exuberante á que les 
brinde sus frutos á cambio de la civilización que ellas nos traen; 
pero día llegará en que esta misma hoy joven y rica América no 
pueda sustentar en su territorio inmenso al hombre tan prodi- 
giosamente multiplicado; pero allí está la África, habitada aho- 
ra casi en su mayor parte por fieras y hombres, fieras también 
y que gracias á los esfuerzos de tanto valeroso explorador, co- 
mo Stanley, que han roto el velo que cubría sus fantásticas re- 
giones, nos ha demostrado que aguarda su turno para que en 
el transcurso de los siglos la humanidad apoye allí su planta, y 
ya para entonces también exploradores polares más afortuna- 
dos que el noruego No^Yderosk, habrán atravesado aquellas la- 
titudes de hielo y de muerte y se presentará á sus ojos un in- 
menso oasis con un cielo y un suelo tan sólo comparables por 
su hermosura al cielo y suelo de nuestra tan amada patria. 

En esta lenta evolución de la especie humana hay un hecho 



I Antonio Álzate. M llíl 

dominante 5 la predominancia de los cereales en la alimentación 
del hombre, pues que si bien es cierto que es omnívoro, no es 
menos cierto que desde que sabe cultivar la tierra es por la fa- 
milia de las Gramíneas por la que se ha inclinado, adoptando 
naturalmente las que eran más adecuadas según el clima y el 
suelo en que vivía. 

Entre nosotros el maíz y el trigo fueron las preferidas. Por 
esta circunstancia estaban á merced de las malas cosechas, por 
vicisitudes atmosféricas ú otras causas, y como además en Eu- 
ropa entera ha reinado, hasta la revolución de 93, la prohibición 
absoluta de exportar granos, no sólo de nación á nación, sino 
aun de provincia á provincia, y más aún dados los defectuosos 
medios de comunicación, nos explicamos ahora el por qué de 
esos años de hambre que con periodicidad y frecuencia aterra- 
doras diezmaron á la Europa, sucediendo á veces que mientras 
que un país rebosaba de semillas y ganados el vecino perecía; 
pero las leyes prohibitivas por una parte y la dificultad de trans- 
porte por otra, les impedía auxiliarse. Pero por los progresos 
de la civilizacióu los pueblos se ven hoy libres de los horrores 
del hambre; el vapor y la electricidad han empequeñecido las 
distancias y la libertad do comercio extiende sus alas sobre to- 
do el mundo civilizado. Acabamos de presenciar que el coloso 
del Norte vaciaba sus graneros sobre la hambrienta Rusia, y 
nuestro país está siendo, por sus malas cosechas, un magnífico 
mercado á las semillas del pueblo americano. 

La alimentación debe estar en relación no solamente con las 
condiciones sociales del individuo, sino también con el género 
de trabajo y ocupaciones de éste. Ei hombre que se entregue 
á trabajos intelectuales necesitará mucho más de los principios 
albuminoides que el obrero ó el labrador que trabajan sobre to- 
do con sus músculos. Hay un hecho que no queremos pasar por 
alto y que trae consigo un problema económico y social, impor- 
tantísimo para la nación ; nos queremos referir á la alimentación 
de nuestros labradores. La base es el maíz, el chile y el frijol ; 

Memorias [1892-93!, T. VI, 15 



114 Memorias de la Sociedad Científica 



éste tiene entre sus elementos principios albuminoides, el maíz 
hidrocarbonados y grasosos y el chile es un verdadero condi- 
mento. El mísero salario que reciben no les bastaría para su 
subsistencia, si la habitación y el trabajo en el campo, la pure- 
za del aire que respiran y la tranquilidad y moralidad de sus 
costumbres no contribuyeran de consuno á contrabalancear los 
efectos de una alimentación que no vacilamos en llamar insu- 
ficiente; en efecto, la compensación es incompleta y allí están 
para comprobarlo esas razas cuya constitución raquítica y en- 
clenque so acentúa más y más con el transcurso de los tiempos, 
haciendo que la cantidad de trabajo que desarrollan sea infini- 
tamente menor que la que debieran producir, á ser suficiente 
su ración alimenticia, de suerte que los explotadores de este 
desgraciado gremio social reportan las consecuencias de su ava- 
ricia. 

Sentadas estas consideraciones generales definamos y clasi- 
fiquemos los alimentos. 

Alimento es toda substancia que introducida al organismo 
sirve ó puede servir para la nutrición. El alimento es fuerza la- 
tente que está llamada á ceder al organismo esta misma fuer- 
za, la que se hará patente bajo múltiples manifestaciones. 

El proceso químico -vital nutritivo que se produce en la in- 
timidad del organismo, tiene lugar principalmente en los jugos 
de los tejidos que viajan de célula en célula, y bajo este pun- 
to de vista este organismo no es según Arnould, más que una 
balanza que fluctúa constantemente entre dos movimientos, uno 
de destrucción y otro de reparación. 

Se han hecho varias clasificaciones de los alimentos. Unos 
los dividen en sólidos y líquidos; otros en ternarios y cuaterna- 
rios, ambas defectuosas, pues que si bajo un punto de vista fí- 
sico ó químico fueran aceptables, higiénicamente hablando las 
tenemos que rechazar. 

Cosa parecida tendríamos que argüir á los que los dividen 
en azoados y no azoados, y tanto más, cuanto que no es el ázoe 



' Antonio Álzate. if 115 



lo que nos serviría para distinguir á algunos como la grasa del 
azúcaí'. 

Hay otra clasificación que examinada superficialmente pa- 
rece arreglarse perfectamente á la fisiología y que tiene innu- 
merables adeptos; divide los alimentos en plásticos y respirato- 
rios. Está basada en un principio falso y no resiste á la expe- 
rimentación, pues que ésta demuestra que una serie de animales 
de distinta especie, á los que se ministre por único alimento 
substancias que los partidarios de esta clasificación llaman plás- 
ticos, continúan respirando admirablemente. 

Por esas razones aceptamos la siguiente clasificación que 
resiste á las objeciones que se le han hecho. 

Los principios alimenticios se dividen en cuatro grupos prin- 
cipales: 

Albuminoides. — Hidrocarbonados. — Grasosos y Minerales. 
— Los primeros los subdividimos según su origen en vegeüdes que 
comprenden el gluten y la legumina, y animales que encierran 
la albúmina, la fibrina, la caseína, la globulina y la sintonina. 

Los lúdrocarlonados comprenden el azúcar y \?í.^ féculas. 

Los grasosos la manteca y la mantequilla, y por último los 
minerales que comprenden el agua, el cloruro de sodio, los fos- 
fatos alcalinos y terrosos, el carbonato de cal y las sales de 
hierro. 

En cuanto á las substancias alimenticias hacemos de ellas 
dos grandes clases: 

Animales y vegetales. 

De la primera tres grupos: carne, leche y huevos. 

La carne puede ser de mamíferos, de aves, de peces ó de in ■ 
vertebrados. Las más usadas de los primeros la dan los bovinos, 
ovinos y porcinos; de las aves los gallináceos y palmípedos y 
de los invertebrados los moluscos y los crustáceos. En el se- 
gundo grupo colocamos la leche y sus derivados, y en el terce- 
ro los huevos, que pueden ser de aves, de reptiles ó de pesca- 
dos, llamándose en este último caso hueveras. 



1 í 6 Memorias de la Sociedad Científica 



La segunda rama comprende los vegetales, que subdividimos 
en cereales, que abrazan el maíz, el trigo, arroz, etc., y sus deri- 
vados; legumbres, que comprenden las raíces, tubérculos, papas, 
lierbáceas, hongos y frutas, y por último los frutos que dividimos 
en cinco grupos que son azucarados, ácidos, feculentos, astrin- 
gentes y aceitosos. 

Las bebidas deben ser estudiadas muy especialmente en 
otro trabajo, y por eso no me ocupo de ellas aquí, no obstante 
la gran importancia que tienen en el estudio de la alimentación, 
así como tampoco de la legislación Bromatológica, medios de 
conservación de los alimentos y tantas otras cuestiones relacio- 
nadas con este estudio, porque me saldría del plan que me he 
trazado al emprender este humilde trabajo. 

Así, pues, reasumiré en forma de preceptos higiénicos, lo 
que sea de mayor importancia y que nunca se debe olvidar, ma- 
nifestando antes que es de la obra del Sr. Profesor Dr. D. Luis 
E. Ruiz de donde los he tomado: 

1? Deben tomarse alimentos en cantidad suficiente, en ca- 
lidad nutritivos y en especie variados. Después de todo lo di- 
cho anteriormente, la necesidad de la alimentación suficiente 
nos parece demostrada. En pocos días no se notan las conse- 
cuencias de la alimentación que no basta; pero bien pronto se 
manifiesta el desequilibrio orgánico, y si tal insuficiencia per- 
siste el autofagismo traerá la inanición. 

El hombre que comienza á sentir tales efectos busca instin- 
tivamente en las substancias de ahorro, como el alcohol, algo 
que le mantenga en su trabajo, en una actividad verdaderamen- 
te artificial y ministra á la máquina humana el combustible que 
salve á sus tejidos de la destrucción que la actividad vital pro- 
duce. He aquí una de las causas de lo universalmente exten- 
dido que está el uso de las bebidas alcohólicas y cómo del uso 
al abuso se llega fácilmente; éste trae consigo el sinnúmero de 
lesiones orgánicas referidas al alcoholismo, y según dice Lom- 
brosso, el aumento progresivo de la criminalidad, consecuen- 
cias todas de la falta de observancia de este precepto. 



"Antonio Álzate, h 117 

Con respecto cá lo nutritivo y variado de ellos, desde luego 
se comprende que no todos los alimentos son igualmente ricos 
en elementos asimilables y por lo mismo trabajará mucho más 
el organismo para separar estos elementos, en una substancia 
que deje muchos residuos que en aquella que sea casi toda asi- 
milable; por otra parte, el hombre tiene una tendencia irresis- 
tible á lo nuevo, á lo variado; el estado de salud, la edad, el tem- 
peramento, la constitución individual y tantas otras causas nos 
hacen tener preferencia, hoy por tal alimento y mañana por 
otro, y como á la par que nutren deben también halagar, debe- 
mos hacer variadas y agradables las substancias que ingeramos. 

2? Deben ingerirse alimentos perfectamente masticados ó 
insalivados, tanto porque una buena división favorece su ata- 
que por los líquidos digestivos que ulteriormente encontrarán, 
cuanto para favorecer la impregnación por la saliva, jugo di- 
gestivo también. De aquí que cuando falten los dientes á uña 
edad en que se necesiten, se debe recurrir á los artificiales. 

3? Deben tomarse alimentos hasta saciar el hambre, y los 
niños deben tomar alimentos con más frecuencia que los adul- 
tos, y éstos que los ancianos. En efecto, el hambre es el mejor 
indicador, al estado normal, de la cantidad de substancias ali- 
menticias que necesita nuestro organismo. 

En el niño, los alimentos sirven no solamente para su con- 
servación, sino que también le suministran elementos necesa- 
rios para su crecimiento; á igualdad de circunstancias la canti- 
dad debe ser relativamente mayor, y como tiene el estómago 
chico y de gran poder digestivo, tiene que ingerir muy repe- 
tidas veces. 

4" Los niños deben tomar preferentemente alimentos hi- 
drocarbonados; los adultos, albuminoides"y los ancianos, éstos, 
hechos excitantes. 

Por sus movimientos vivísimos y continuos, por la pérdida 
de calor que sufre por irradiación, y por refrescar su sangre ar- 
diente, siente el niño esa inclinación instintiva á los dulces y 



118 Mcmoríaf; de la Sociedad Científica 

frutas, la que no se debe contrariar con el irracional pretexto 
de darles substancias que si son muy nutritivas en otra edad, no 
son en ésta de la importancia fisiológica de los hidrocarbonados. 

En el adulto, las funciones físicas é intelectuales le piden 
substancias adecuadas para reparar las pérdidas que tales fun- 
ciones producen; por eso es que la carne, los huevos, las subs- 
tancias albuminoides todas, son las convenientes y las que más 
apetece. 

En el anciano, el tubo digestivo cansado ya y muchas veces 
enfermo, necesita algún estímulo que despierte el apetito, á fin 
de que ingiera substancias indispensables para su vida y he 
aquí la mejor indicación de los condimentos, los cuales obran 
ya sea haciendo agradables estas substancias al paladar, ó ya 
favoreciendo su digestión por la hipersecreción refleja que pro- 
ducen en las glándulas digestivas, sin perjuicio de ser ellos mis- 
mos substancias alimenticias que el organismo asimila. Muy va- 
riados son los condimentos, los pudiéramos agrupar en las clases 
siguientes: grasosos, azucarados, salados, ácidos y excitantes. 

5** Deben tomarse alimentos condimentados, que no estén 
fríos ni demasiado calientes; no deben estar alterados y no se 
debe trabajar inmediatamente después de comer. 

La experiencia enseña que para digerir bien los alimentos, 
deben estar á una temperatura regular y es fácil comprender 
por qué. 

No deben estar alterados, porque si algunas veces la des- 
composición, que no es más que la mineralización de la subs- 
tancia orgánica, desarrolla microbios que no son patógenos, 
otras sí lo son; estas substancias alteradas obran como verda- 
deros venenos y sobre todo la cantidad de materia asimilable 
es casi insignificante; así es que no imitaremos á algunos pue- 
blos de Italia que ingieren algunos alimentos descompuestos. 

Con respecto á la prohibición de trabajar después de comer, 
sólo diremos que hay un hecho fisiológico perfectamente com- 
probado y conocido ya por los antiguos, y es, que cuando un 



I' Antonio Álzate, ti 119 



Órgano trabaja, atrae por decirlo así, la sangre, sin la cual su 
función se perturba; por lo mismo, si al aparato digestivo en 
plena función le sustraemos la sangre para llevársela á otro ór- 
gano, al cerebro por ejemplo, claro está que ni éste ni aquel des- 
empeñarán con perfección su cometido y este conflicto se tra- 
ducirá, unas veces en retardo de la digestión, otras en falta 
absoluta de ésta, y por parte del cerebro en perturbaciones cir- 
culatorias de mayor ó menor gravedad. 

El reposo después de la comida es una buena costumbx'e, á 
la que tiende el organismo racional, y que tiene el mérito de 
ser recomendada por todas las personas que han llegado á edad 
muy avanzada, atribuyéndole una buena parte en su conserva- 
ción y salud. 

6? k?e debe asear la boca por la mañana al despertar y des- 
pués de cada comida. 

Durante la noche, las glándulas que desembocan en la cavi- 
dad bucal siguen secretando aunque con mucha lentitud. 

Hay constantemente en esa cavidad innumerables gérmenes, 
que con los residuos alimenticios producen una verdadera fer- 
mentación. 

De manera que estos depósitos que despiden un olor des- 
agradable deben dificultar la digestión; por otra parte, después 
de las comidas quedan entre los dientes, en las encías é impreg- 
nando la cavidad porciones alimenticias que alteran aquellos. 
De aquí, pues, la necesidad de obsequiar este precepto y el me- 
jor modo de hacerlo es el agua, el polvo de creta finamente 
pulverizado, el limpiadientes arredondeado y nunca agudo y el 
cepillo blando. 

En cuanto á la ración media alimenticia, diremos que des- 
pués de muchas observaciones se ha convenido en las siguien- 
tes cifras: 

Ración de trabajo. — Pan 561. Carne 175. Grasa 33. 

Ración de manutención. — Pan 829. Carne 239. Grasa 60. 

Total— Pan 1,390. Carne 414 y Grasa 93. 
México, Julio 3 de 189J. 



120 Memorias de la Sociedad Científica 



L ' Allmeutatlou sons le poiut de vue de l'Hygleue, 
par M. B. Mnconzet. 



RESUME. 

Dans ce travail on tache de démontrer Paetion funeste qu' 
une alimentation insuffisante exerce sur la constitution, le dé- 
veloppement et les aptitudes physiques etintelectuelles du peu- 
ple mexicain. II faut signaler surtout: l'alcoolisme, nó de la 
tendance á compenser par la boisson P éxcitaut naturel que Por- 
ganisme humaiu doit trouver dans les aliments, d'un cóté, et 
de Pautre á erapécher au moyen de Palcool la destruction des 
éléments anatomiques, que sans cette substance serait fatale 
pour les changemeuts nutritifs: les affections hépatiques et 
gastro-intestinales,que jusqu'a uu certain point nous pourrions 
placer dans le groupe précedent, produites par Pusage immo- 
déré án pulque (boisson nationale), la artero- esclerosis a vee 
ses múltiples mauifestatioiis; hémorragie cérébrale, anévrys- 
mes, etc. Toutes ees affections nous expliquent la constitution 
délicate et chótive des individus de cette race, a,vec toutes ses 
conséquences. 

Sous le poiut de vue économico-social Pétude de Palimen- 
tation a une importance capitctle. Partout, mais plus spéciale- 
ment chez nous, le miserable salaire (de 12 á 25 sous) de nos 
campagnards, ne suffit point á pourvoir aux aliments en quan- 
tité convenable (il faudrait en moyenne: pain 1390 gr., viande 
414 gr., etgraisse 93 gr., calcules comme ration totale de manu- 
tention et de travail) pour s'acquitter des labeurs auxquels ne 



"Antonio Álzate, h 121 



peut résister leur organisme et que cependant on exige d'eux: 
car leur alimentatiou consiste généralemeat eu tortilla (pain de 
maís), haricots et un assaisonnement puissaut, le chile (Capsi- 
cum annuiun ; C. cordiforme; C.violaceum; C. dulcís; C.arhoreumJ. 
II faut observer, que les albuminoides existent en quantitó 
si petite dans les haricots, qu'ils ne peuvent absolument pas 
repondré aux besoins de 1' organisme, eu égard á la moyenne 
donnée plus haut, et á laquelle on est arrive par des expérien- 
ces qui la font considéreí* comme indispensable pour le fono- 
tionnement parfait. 



México, Juillet 1892. 



Memorias [1892-93], T. VI, 16 



APUNTES 

DB 

EPIGRAFÍA MEXICANA 

Escritos por 

JESÚS GALINDO Y VILLA 

Socio de número. 



CUARTA PARTE. 



INSCRIPCIONES DIVERSAS. 



CALLE DE LA PERPETUA. 

En la casi\ líúmei'o 5 de esta calle, y que se halla en el re- 
cinto de la ex-lnquisiclón, existe al pie de la escalera la curio- 
sa piedra que hemos copiado en la página 197 del tomo IV de es- 
tas Memorias. 

La leyenda, como se ha dicho ya, es una de las más claras 
que hemos encontrado, perteneciente á la época, no obstante 
tener algunas ligaduras y abreviaturas; tiene la piedra una va- 
ra de altura por una y media de largo, y á fin de refrescar un 
tanto la memcfpia, reproducimos en seguida la leyenda: 



124 Memorias de la Sociedad Científica 



goyernando el 
Jll."° Señor Conde de 
Monterrey, syendo Inqyy- 
SYDOR EL Señor Lyc."° don Al" de Peral- 
ta qte al pres." asyste solo en el 
Trybynal de la Jnq."'' por M."" de la 
Cyydad de México, syendo sy 
obrero mayor Baltasar Mexia 
Salmerón Algyacyl Mayor della 
se metyo la agya en este S ° Offj " 

A YII DE NOYYEMBRE DE 1598. 

En la casa núm. 8^ de esta misma calle y perteneciente al 
propio edificio, donde existen unos baños, hay un pasadizo, en- 
trando á la casa, en el fondo y á la derecha: sobre su puerta y 
en el muro que ve al Oriente, está otra inscripción grabada en 
piedra, dentro de un marco, también de piedra. 

Según parece, pintaron sobre ella hace algún tiempo, per- 
diéndose la inscripción; tal vez rasparon después las letras para 
hacerlas aparecer; pero no se consiguió reconstruir el primer 
renglón, desgraciadamente. 

Lo que pudimos entender y sacar do allí, es lo que sigue: 

ET — Reo 

neraiem Ilispanicc Inquisitionem 

. xmo. D. D. Baymundo áb Arze 

ct lianc mezicanam J). D. Prado Alfar o ct Flores 

procurantihus 

Custodia ista pene cóllapsafuit AmpUori 

poUtiorique forma refecta: et pidÁica ins- 

pedioni expósita. Anno Domini MDCCCIII 

ct Fontificatus Pii VII. IV Quinto Jdus Dcccmbris. 



"Antonio Álzate." 125 



Por fortuna esta inscripción la encontramos restaurada en el 
Semanario Político y Lilerario que se publicaba en México en 
1820. ( Véase en el tomo I, pág. 105, el curioso artículo que trae 
acerca de la Inquisición ). 

Según vemos allí, la lápida que hemos copiado hallábase co- 
locada en la puerta de entrada al patio de las prisiones, y mi- 
rando para éste. El primer renglón de la leyenda decía: 

Carolo IV et Aloysia Regibus: 
la primera palabra del segundo renglón, es: 

generalem 
y la primera del tercero es : 

Exmo, 

La versión castellana de lo que allí dice, es ésta: 

«Reinando Carlos IV y Luisa; siendo inquisidor general de 
España el Excmo. Sr. D. Ramón de Arce, y de México los Dres, 
Prado, Flores y Alfaro, esta cárcel, que se hallaba casi arruina- 
da, se reparó y mejoró, habiendo quedado abierta por algún tiem- 
po para que el público la reconociese. Día 9 de Diciembre del 
año del Señor, 1803, y el cuarto del Pontificado de nuestro San- 
tísimo Padre Pío VII. » 

Copiaremos á continuación la lápida que se encontraba en 
el arco de la escalera, suponemos que en el patio principal, iTii- 
rando hacia dentro: 

Siendo Sumo Pontífice Clemente XII ; rey de Es- 
paña y de las Indias Felipe V: incpiisidores ge- 
nerales sucesivamente los exmos. señores D. Juan 
de Camargo, Obispo de Pamplona, y D. Andrés 
Orl)c y Larreategui, arzobispo de Valencia: in- 
quisidores actuales de esta Nueva España los se- 
ñores lies. D. Pedro Navarro de Isla, D. Pedro 
Anselmo Sánchez de Tagle, y D. Diego Mangado 
y Clavijo, se comenzó esta obra á cinco de di- 
ciembre de 1732 y se acabó en fin del mcsmo (sic) ' 
mes de 1736 años á honra y gloria de Dios, 
y Tesorero D. Agustín Antonio Castrillo 
y Collantes. 



126 Memorias de la Sociedad Científica 

El Sr. D. Francisco del Paso y Troueoso, nos comunicó la 
noticia siguiente relativa á una piedra que existió en el mismo 
edificio de la Inquisición, piedra que hoy para en poder de un 
particular. 

Consta de dos caras, teniendo la piedra de espesor seis cen- 
tímetros; en su mayor largo 1™16, y de ancho I^'ÜS. 

En el frente se lee esta inscripción: 



D. O. M. 

Siendo I> qvieidoees Apostólicos 

DE ESTE TPcIBVNAL DEL S ™ OFFICIO DES- 

TA Nyeva España los myy Illystees 

. . . ores Doctores Domingo V — 

. . . ssAS Y Argos, D. Fran,~ de Estra 

Y ESCOYEDO, D. IV? SAENZ DE MaÑOZCA 

Lid? D. Bernabé de la Higyera y Amari- 
lla Y Fiscal el S."" D.^-D. Anto° de Gayio- 
la se acabó esta fábrica de cárceles 
Secretas, para terror de la IIeregia 

SEGYRIDAD DE ESTOS ReYNOS Y HONRA 

DE Dios a los 27 de Setiembre de 1646. 



He aquí ahora la descripción de la cara posterior: 
Arriba se encuentra la imagen de la Virgen de Guadalupe 
con gran corona, todo de alto relieve. La figui'a está rodeada do 
17 rayos á la izquierda y de 18 á la derecha; descausa la ima- 
gen sobre una luna con puntas vueltas hacia arriba, y sobre los 
hombros de un ángel. Debajo está un escudo sensiblemente cir- 
cular, de alto relieve, cuya periferia está formada de esferitas 
realzadas. Dentro del campo circular se ve arriba un ángel ten- 
dido horizontalmente hacia abajo, con una mano libre, empu- 
ñando con la otra una espada: sobre el dorso se nota una cruz 



"AntonioAlzate.il 127 

coronando un hemisferio. El pecho del ángel descansa sobre k 
cimera del escudo, la cual tiene a los lados dos relieves en for- 
ma de flor, de los cuales suben dos hojas de palma rodeatido 
hacia arriba al ángel y á la cimera. Debajo de ésta se ve un es- 
cudo doble, como tangente el de la derecha al de la izquierda 
y en cada escudete dos secciones, una con dos ramas crucifor 
mes y otra con relieves, que en el de la izquierda (arriba), se 
mejan tres granadas; llevando el otro (al)ajo), otros tantos bo 
tones de flor. De suerte que las ramas cruciformes están, las 
de la izquierda, abajo; las de la derecha, arriba. 



ACUEDUCTO DE LA TLAXPANA. 

Este acueducto, que antes terminaba en la calle de la J\Ia- 
riscala, se comenzó bajo el gobierno del Virrey D. Juan de 
Mendoza y Luna, Marqués de Montes claros (1603 á 1607), con- 
cluyéndose en 1620; correspondiendo al término de la obra, la 
Lipida que se halla en el Museo. 

El acueducto constaba de más de 900 arcos de mampostería 
y ladrillo, en una extensión como de seis kilómetros. En 1852 se 
comenzaron á derribar, para ampliar la avenida, prosiguiéndo- 
se la destrucción en 1871, hasta Buenavista. En 1879 se conti- 
nuó el derrumbe hasta San Cosme, y por último, á mediados 
del año 1889, se logró despejar hasta la garita de la Tlaxpana. 

Tenía este acueducto,- entre otras inscripciones, dos: una 
en la fuente llamada de la Tlaxpana, y la otra en algún tramo 
de estos arcos. 

La primera, que nos la proporciona el 8r. Orozco y Berra, 
y á su vez el Sr, Mañero, decía: 



1 28 Memorias de la Sociedad Científica 



Beynando en las EsjJañas la 
católica y Bl. Magestad del Sr. D. 
Felipe V que Dios guarde y Gober- 
nando en este líeyno el Illmo. y 
Excmo. Señor Br. Don Juan Antonio 
Visarron y Eguiarreta Arzobispo 

de la Santa Iglesia de México 
Virey, Gobernador y Capitán gene- 
ral de la Nueva España y 
Presidente de la Real Audien- 
cia se jRedificó este Tramo 
de 27 arcos y se hizo de nue- 
vo esta fuente en q. co° el 
ag" a. de mai° de 1737. 

La segunda inscripción, que es posterior á ésta, la publicó 
el Sr. Rivera y Cambas, en su México Pintoresco, tomo I. Decía: 

Beynando en las Es- 
pañas la CatJiólica 
Mag. del Bey 
ntro. Señor D. Fhélipe V 
el animoso que Dios guar- 
de, Govertiando esta Nue- 
va España el Exmo. Sr. Conde 
de Fuenclara, siendo supe- 
rintendente Juez, Conserva- 
dor de propios de la No- 
bilísima Ciudad de México el Se- 
ñor Don Domingo Trespalacios 
y Escanden CavalV. del Orden 
de Santiago se reedificaron estos 
setenta y siete arcos, los quaren- 
ta y dos al Oriente y los trein- 
ta y cinco al Poniente. 
Año de 17Jt5. 



' Antonio Álzate, v 129 



EX -COLEGIO DE SAN PEDRO. 

(Contiguo al Templo de la Santísima Trinidad). 

Este edificio es bajo y colocado al costado Norte del templo 
cuya fachada antiquísima, cuajada de labrados, es de estilo chu- 
rrigueresco. 

Sobre los frisos de las ventanas, y á lo largo de otro que co- 
rría sobre ellas, leíanse estas palabras: 

SOLIS ORTÜ USQUE AD OCCASSUM LAUDABILE NOMEN DOMINl. 
PsALM 112 y 3. 

Abajo: 
Saxctus Deus. SanctusFortis, SaxctusIjimortalis, Miserere Nobis. 

Ocupaba una parte de aquel edificio una escuela para pár- 
vulos, á cargo de la Compañía Lancasteriana. 

Al entrar por la puerta principal descubríase en el fondo, 
sobre una pared y arriba de otra puerta, una lápida de mármol, 
como de una vara de longitud por media vara de latitud. Sobre 
la lápida pudimos leer esta curiosa leyenda: 

La SaIíA dk Juntas de la Ilustee ARCHicoyRADÍA de la Beatísima Trinidad 

SE HIZO SIENDO PRIMICERIO EL ExMO. Sr. Dr. D. ALONSO NoÑKZ DE HaRO Y PERAL- 
TA DEL Consejo de S. M. diosísimo Arzobispo de México Caballero Gran Cruz 
Prelado de la Real t distinguida Orden Española de Carlos Tercero k. 
Guardian Mator el Seííor Marques del Valle de la Colina Montero dk Cá- 
mara de S. M. Maestrante de ronda Señor de la Torre de Escalera y Se- 
cretario DE CÁMARA de ESTA RsAL AUDIENCIA. TeSORERO D, 

Antonio Andrade Alcalde del Gremio D*^ 
Manuel Corrales y Veedor D-"* Simeón 
Delgado. Se concluyó y estre- 
nó Año de 1798. 

Memorias [1892-95!, T. VI, 17 



130 Memorias de la Sociedad Científica 



Esta piedra se halló colocada en un lugar muy 7nalo, donde 
apenas había luz; y solamente pudimos leerla, poniéndonos á la 
altura de la lápida- 

El edificio se reconstituyó en Febrero de este año (1892), pa- 
ra instalar allí una escuela nacional. 



PORTAL DE AGUSTINOS. 

La leyenda que á continuación se inserta nos fué proporcio- 
nada por nuestro buen amigo el Sr. D. Rafael Soto; la cual le- 
yenda encuéntrase (cubierta por un escaparate de madera) en 
el vértice del ángulo que forman los portales de Mercaderes y 
de Agustinos, al costado occidental de la gran plaza de Armas. 

La inscripción dice: 



El contento (sic) JRl. de SN. 

augustin cuyo es esie ])o- 

riál tiene ejejutoria (sic) del sitpe- 

rior gobierno de esta, nuéba ( sic ) españa para 

qe. no se pueda p)or. caxon ( en ) esta es- 

quina, A fio de 1673. 

El portal que nos ocupa es hoy uno de los más grandes ade- 
fesios que México posee: la destrucción de aquel lunar, tan cer- 
cano á la plaza principal de la Ciudad, será costosa, pero indis- 
pensable y necesaria para la belleza del sitio, requerida ya por 
el gran movimiento que el lugar posee, y la rapidez con la cual 
México á diario se hermosea. 



" Antonio Álzate, n 



131 



EL parían. 

Célebre edificio situado en la Plaza de Armas, frente á la 
Diputación. Se comenzó en 1696 y se acabó en 19 de Abril de 
1703: saqueado en Diciembre de 1828, se mandó demoler por 
decreto de 27 de Junio de 1843, empezándose el derrumbe la 
noche del 31 de Agosto por los presidiarios, mcás seiscientos hom- 
bres. Tomamos al pie de la letra la parte relativa á las inscrip- 
ciones que tenia el edificio en sus ángulos y en las cornisas do 
las puertas, y que publicó el Sf. Orozco y Berra en su artículo 
Ciudad de México, del "Diccionario de Historia y de Geografía." 

"En la esquina que mira al Portal de Mercaderes y Dipu- 
tación, se halla grabado lo que sigue: 



FRENTE AL PORTAL. 



EYNANDO LA CATH 
Carlos II Y GovenaN- 
enDO CorreG. D. Carlos 



FRENTE Á LA DIPUTACIÓN. 



MAGES TD 
Con DE DE Ga 



D (Lo que sigue no se entiende), 
s R* (ídem ídem). 



DEL Posso se hizo esta Fab" 
Que ÍDeo iexecutó el Cap. D. P DRO Ximenez DE los Co- 
bos ReGr. I Obr" MB AÑO 1695. 

"En la esquina que mira á la Sauta Iglesia Catedral y Por- 
tal de Mercaderes lo siguiente : 



132 



Memorias de la Sociedad Científica 



MA 
Cou 
DEL 



FRENTE Á CATEDRAL 

BEYNANDO LA C 

Carlos II. Y Govern. 

►Siendo Correg'' D 

T DE N. R. Y. S. D. 
e Galve estos R* 







¿ 


ó 










o 
o 


a. 
3 




3 










tu 




H 





ose hizo esta Fa (lo que sigue uo se entiende). 
Que ídeo iexecutó el Cap. D. P DRO Ximénez DE los Co- 
bos ReGr. I. Obr° MR AÑO 1695. 

" En la esquina que mira al Palacio Nacional y Santa Igle- 
sia Catedral, se halla grabado lo siguiente: 



FRENTE Á PALACIO. 



(jrovern. 

Montañés 

del posso q 



Oupo VI 
po esta qua 
do y i dea d 



DOCT D. luán 
en do Correg' DO 
Pedro Ximénez d 



FRENTE Á CATEDRAL. . 

ouec (y otra letra que no se entiende). 

TRmTAN 

obos (ídem no se entiende). 



Regidor de esta Ciudad y su Obrero maior, Ano de 1696. 



' Autouio Álzate, n 133 

"Y para que conste, pongo la presente en la Ciudad de Mé- 
xico, á catorce de Agosto de mil ochocientos cuarenta y tres. 
— Antonio Pintos, notario público. — Nota. Las letras que en es- 
te documento aparecen impresas con cursiva, están i-eunidas en 
el original; por ejemplo la A y la N de la palabra Tristau, en la 
sexta inscripción." 

Además de este interesante artículo del Sr. Orozco y de 
otras varias noticias acerca de este edificio, puede consultar el 
lector: "Colección || de || Documentos Oficiales || relativos á la 
construcción y || demolición del Parián, || y á la propiedad || i*e- 
eonocida ó incontestable || que tuvo el Escmo. || Ayuntamiento 
de México i| en aquel edificio. |I Se imprimo por acuerdo de la 
misma Corporación. || México. || Impreso por Ignacio Cumplido, 
calle de los Rebeldes núm. 2 || 1843— En 4° con XXVII pági- 
nas de exposición y notas. Sigue una lámina representando la 
Diputación y un costado del Parián; más 97 páginas, fol. sep. 
conteniendo 18 documentos. 



HOSPITAL REAL. 

Uno de los más vetustos edificios que se hallaron consagra- 
dos á la beneficencia pública. Nuestro amigo el Sr, González 
Obregón, en su México Viejo, proporciónanos curiosas noticias 
acerca del edificio mencionado, y entre otras, nos da asimismo 
á conocer la siguiente Real cédula por la cual mándase estable- 
cer el Hospital, por los motivos que so expresan y demás cir- 
cunstancias. Dice el Documento:' 

''El Príncipe.— Presidente é oydores de la audiencia real 
de la nueua España: á nos se ha hecho relación que conuiene 
y es muy necessario que en essa ciudad de México se haga un 

1 México Viejo, págs. 77 á 79. 



1S4 Memorias de la Sociedad Científica 

hospital donde sean curados los yndios pobres que allí ocurren, 
que dizque acaecen venir de fuera muchos dellos, y del trabajo 
del camino adolecen, y que también hay muchos de los naturales 
en essa ciudad que quando enferman no ay donde sean cura- 
dos; ó que para que tuuiessen donde se aluergar conuenía mu- 
cho hazerse el dicho hospital y proueer de lo que f uesse menes- 
ter para la sustentación de los pobres del, é me ha sido supli- 
cado lo mandasse proueei", ó como la mi merced f uesse; ó yo, 
acatando lo susodicho y el seruicio que á nuestro Señor se hará 
en ello, ó auido por bien de mandar hazer el dicho hospital: por 
ende, yo vos mando que luego que esta veays, proueays cómo 
en essa ciudad, en la parte que os pareciere más conueniente, 
se haga vn hospital para los yndios pobres dessa tierra, en la obra 
5'- edificio del qual se gasten de penas de cámara dessa Nueva 
España dos mil pesos de oro, é no hauiendo penas de cámara 
de que se poder hazer, se gasten de la hazienda real de su ma- 
gestad, para la sustentación de los yndios pobres que en dicho 
hospital viniere; ea nos por la presente mandamos á los oficia- 
les de su magestad dessa uueua España, que con libramientos 
vuestros y con el treslado de esta mi cédula sinado de esciiua- 
no público, paguen los dichos dos rail pesos para la dicha obra 
y los dichos quatrocientos pesos en cada vn año para la dicha 
sustentación; y que por nuestra voluntad es que el dicho hospi- 
tal sea de patronazgo real, vos mando que hagays para ellas or- 
denanzas conuinientes, proueays como se guarde y cumpla, y 
embiareys vn treslado dellas al consejo real de las yndias para 
que vistas se confirmen ó se prouea lo que más conuiuiere; y 
siendo el dicho hospital tan conuiniente, es justo que se dé or- 
den como se acabe de edificar y se pueda bien dotar, embiarnos 
heys relación particular de lo que faltare para acabar el tal edi- 
ficio y de dónde se proueerá y de dónde y cómo se podrá dotar 
el dicho hospital para adelante; y de lo demás que cerca desto 
os paresciere que deuemos ser auisados, para que visto todo se 
prouea lo que paresciere conuenir. 



'AntonioAlzate.il 13Í 

"Fecha en la villa de Madrid á diez y ocho diaz del mes de 
Mayo de mil é quinientos á cinquenta y tres ailos. — Yo él prin- 
ci])e. — Por mandado de su alteza, Francisco de Ledesma." 

El mismo Sr. González Obregón en su citada otra página 
84, añade: 

"Como único recuerdo del célebre Hospital, hemos encon- 
trado en la parte interior del arco del centro que mira hacia el 
Poniente, la siguiente inscripción, que consta de tres renglones: 

Reynando El Sr. Dn. Fernando Vil. y siendo Virrey el 
Ex. Sr. Conde de ReBillaGigedo sk encarGo || desTa 
obra el sr. contador Dn. Joseph de Cárdenas adminis- 
trador DESTE OSPITAL real. II Y SE EMPEZÓ EN EL AÑO DE 

1753 Y SE aCaBo en el de 1754. 



ACUEDUCTO DE BELÉN. 

Partiendo de Chapultepec, terminaba en la fuente colocada 
en la plazuela del Salto del Agua. Con el objeto de hermosear 
aquel rumbo, se ha derribado la arquería comprendida desde el 
último punto mencionado, hasta más allá del lugar donde se 
halla situada la garita que conduce á la Piedad. Sólo queda en 
el Salto del Agua la bella fuente que sirvió de término al acue- 
ducto. Tiene ésta dos lápidas de mármol, que refieren la histo- 
ria de la arquería del modo siguiente : 



136 Memorias de la Sociedad Científica 



Lápida del Norte : 



Beynando la 
Cathólica Magestad 
del Sr. D. Carlos Tercero 
Que Dios guarde, siendo vir- 
rey, Gobernador y Capita Ge- 
neral desta N. E. y Presidente 
de su JRl. Audiencia el Exmo. Sr. 
Baylio Frey JD. Antonio María de Bucareli 
y TJrsua, CavaUero Gra Cruz 
y Comendador de la Tocina en el Orde 
de San Juan, gentilhommhre de la Cáma- 
ra de S. M. con entrada, teniete gene- 
ral de los reales exércitos. Siedo Juez 
Conservador de los Propios y Bentas 
de esta N. C. el Sr. D. Miguel de Acedo del 
Consejo de S. M. y Oydor en ella, y siendo 
Juez Comisionado el Sr. D. Antonio de 
Mier y Terán, Regidor perpetuo de 
esta N. C. se acabaron esta Arque- 
ría y Caja en 20 de Marzo, de 
mil setecientos setenta y nueve. 



"Antonio Álzate, t. 137 

Lápida del Sur: 

Se advierte de distan- 
cia desde la toma en la Alver- 
ca hasta esta caja ^663, varas 
y desde el Puente de CJmpulte- 
pec 904 Arcos. Y haviendose 

hecho varios esperimentas 
xmra dar la mayor elevación^ 
y mas fuerte impídso á la Agua, 
se consiguió el de vara y tres qu- 
artas mas de la que al tiempo de es- 
ta nueva Arquería tenia siendo assi 
que se hallo que los señores Gover- 
nadores anteriores la elevaron á la 
targeapoco mas de vara. Be don- 
de se vee que en esta tdtima cons- 
trucción se ha coseguido llegase á la 
de dos varas, y tres quartas de al- 
titud mas de la, que en su origusn ( sic ) 
tubo, presediendo (como va di- 
cho) varios, prolixos, y esquí- 
dios experimentos. ' 

1 Como paréntesis, diremos que ambas inscripciones están traducidas al fran- 
cés en la obra del Sr. D. Antonio García Cubas: "Etude Géographique, Statistique, 
Descriptive et Historique des États Unis Mcxicains.n — México — 1889. Bueno se- 
rá que las copiemos pava que sirvan también de cotejo á las anteriores. 

Dicen las versiones: 

" Cet aquéduc a été terminé le 20 Mars de 1' année mil sept cent soixante dix 
neuf, sona le régne de Sa Majesté Catholique Charles III que Dieu garde, et sons 

Memorias liSga-gsJ, T. VI, 18 



138 Memorias de la Sociedad Científica 



Muy cercana á la garita de Chapultepec existe una fuente, 
entre los arcos, de estilo churrigueresco; tiene dos lápidas de 
mármol, cada una como de una tercia, por media vara: en ellas 
están esculpidas estas inscripciones: 



Rey," ex las Es- 
pañas LA CATH.' 

Mag/ del S." D." Fer- 
nando EL VI ( Q 
Dios G."^ y e su 
nom,^ la nueva 

EsP/ EL Exc." S." M- 
akqüez de las 
Amarillas, se fa- 
bricó ESTA pila. 



r administration de S. E. Don Antonio Bueareli y ürsua, Vice-roi, Gouverneur, 
Capitaine general de la Nouvelle Espagne, et présidcnt de l'Audience Rojal, che- 
valier grand-croix et commandeur de l'Grdre de San Juan, gentilhomme de la 
chambre de S. M. et liíutenant general des armúes; de D. Miguel de Acevedo, juge 
conserveur des biens et des contributions de la ville, conseiller privé et auditeur 
prés au conseil de S. JI. ; et de D. Antonio de Mier y Terán, juge commissaire et 
regisseur perpétuel de la ville. n 



I' Le nombre d'arcs des sources de Chapultepec au réservoii est de 904, la ion- 
gueur totale de l'aquéduc est de 4,663 varas (O™ 84). Aprés une serie d'expérien- 
ces, cntreprises á l'eífet d'obtenir une meilleuve distribution on a dú elever de une 
vara trois quarts, l'ancien aquéduc reliaussé par les Gouverneurs antérieurs d'uno 
vara au dessus de son anclen niveau. D'oü l'on croit que l'aquéduc actuel atteint 
une hauteur de deux vares trois quarts au dessus de son premier niveau. n 



' Antonio Álzate, m 139 



2" 



Siendo Jvez su- 
perin/" de las o- 

bras de targeas y 
ARCOS Y Jvez de 
AGUAS, el Sr D." Jo- 
sé ph ÁNGEL DE 

Cvebas y Agvirr." 

Regidor perpetv." 

DE la Nov."* C." de 

. México Y 

Nótase que no terminaron de esculpir esta última leyenda; 
pues la E del vocablo México está á medio acabar, lo mismo que 
la Y siguiente. 

Don Agustín de Ahumada y Villalón, Marqués de las Ama- 
rillas tuvo á su cargo el gobierno de la Nueva España de 1755 
á 1760. 

Recorriendo el acueducto, desde Chapultepec hacia Belén, 
nos encontramos casi frente á la finca conocida con el nombre 
de "Casa Colorada," una lápida alta, embutida en un estribo. 
Dice: 

Prosiguió esta Obra 
de este Arco D. Gaspar 
Hurtado de Mendoza re- 
gidor Decano desta No- 
bilísima Ciudad Año 
de 1764. 



140 Memorias de la Sociedad Científica 

Cerca del lugar donde se bifurca la vía férrea que por allí 
pasa, y que conduce al depósito de los ferrocarriles del Distrito 
y á Tacubaya, encontramos en la clave de un arco, la fecha: 



1768, 

probablemente en la cnal se acabó aquella obra, no entendién- 
dose lo que dicen otras letras que aparecen borradas. 

Siguiendo el acueducto hacia Belén, y sobre un estribo, es- 
tá otra lápida de mármol blanco, en la que se lee: 

Beynando la CatJio^. Mag.^ de el S. JD. Carlos 

III (q. D. G.J y siendo virrey GovJ y Cap.^ Gen} 

de esta N. E. el Exmo. SJ Frei D." Antonio María 

Bucareli y Vrsua Caballero de el Orden de 

S° Juan Comendador de la Bóveda de Toro 

en él mismo Orn. Tlien}^ Gen} de los R.^ Exercitos 

i él Sr. Oidor D. José Rodríguez del Toro del 

Orn. de Cahtrava Juez Super}' Conservador 

de Propios y Rentas de esta N. C. y B. Antonio 

de Mier i Terán Reg.""^ Perpetuo Juez sup}^ 

de esta Arquería. Se acavo Perfect}^ este Puente 

del Sig.^^ tramo áfin de Maio 1772 a.^ 

Desde este lugar se hace visible la numeración de los arcos 
sobre las claves ; estando la lápida citada precisamente entre los 
arcos marcados con los núms. 565 y 566. Hasta el lugar donde 
empieza la calzada de la Piedad, se contaban 633 arcos, hacien- 
do todos un total de 904, como ya se ha leído en la primera do 
las inscripciones copiadas. 

Véase, entre otras cosas, la Memoria para la Carta Hidrográ- 
fica del Valle de México, por D. Manuel Orozco y Berra, etc. 



" Antonio Álzate, n 141 



INSCRIPCIONES DE LA ÉPOCA 
DEL SEGUNDO CONDE DE REVILLAGIGEDO. 

Tomamos de las "Noticias de México," por D. Francisco 
Sedaño, tomo II, páginas 137 y siguientes, las importantes ins- 
cripciones que á continuación se copian : 

"Lápidas de la entrada del Paseo de llevillagigedo : 

En el feliz reinado del Augusto Sr. Don 
Carlos IV, gobernando estos dominios el 
Exmo. Sr. D. Juan Vicente de Güemes, &. 
&. virrey, gobernador y capitán general 
de esta Nueva España, presidente de 
real Audiencia &. Institutor del buen 
orden y policía, y promotor especial 
de las obras públicas." 

"Otra lápida puesta en frente dice: 

"De aquí á la garita de la Viga 
1859 varas : de aquí á la garita de 
la Candelaria 1 016 : de aquí al puen- 
te de los cuartos 810: de aquí á la 
Calzada de la Piedad 1108: de a- 
quí á la garita 2726 (son 7655 vs.)" 

"El Paseo y tramo del Puente de los cuartos á la calzada de 
la Piedad se hizo de nuevo, lo demás se reparó y compuso, y 
también la calzada de San Antonio Abad. Esta digresión no es- 
tá puesta en la lápida." 



142 Memorias de la Sociedad Científica 



"LÁPIDAS DE I;A3 CUATRO FUENTES Ó ARQUETO- 
NES DE AGUA DE LA PLAZA ÍSIAYOR. 

^ En la de frente á Catedral: 

"Reinando felizmente el Sr. D. Cavíos 
IV y siendo virrey el Exmo. Sr. D. Juan 
Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, 
conde de Revillagigedo, se rebajó 
esta plaza en los años de 1790 á 
1793, se construyeron sus cuatro fuen- 
tes, se rebajó también, redujo y a- 
dornó el atrio de la Santa Igle- 
sia Catedral, y se concluyó y 
hermoseó su fachada." 



"En la de frente de la puerta principal de Palacio, con in- 
clinación á la puerta de la cárcel de corte: 

"El año de 1790, reynando felizmen- 
te el Sr. D. Carlos IV, y siendo virrey 
el Exmo. Sr. D. Juan Vicente de Güe- 
mes Pacheco de Padilla, conde de Re- 
villagigedo so estableció el alum- 
brado general en las calles de es- 
ta ciudad, y los útilísimos guarda- 
faroles que los cuiden y de la se- 
guridad pública.'"' 

"En la de frente de la puerta que llaman del virrey, desde 
el año de 1790 al de 1793: 



"AntonioAlzate.il 148 



''En el relnaclo del Sr. D. Carlos IV 
hallándose encargado del gobierno de es- 
te reino el Exmo. Sr. D. Juan Vicente 
de Paclieco Padilla, conde de Revilla- 
gigedo se levantó el plano de ésta 
Ciudad, se colocaron a/.ulejos en to- 
das sus calles y plazas es presan- 
do sus nombres, se numeraron las 
casas, se marcaron las accesorias, 
se pintaron las fachadas de mu- 
chos edificios y se estableció la 
limpieza general." 

"En la que estuvo en la entrada por las casas de cabildo: 

'•En el feliz reinado del Sr. D. 
Carlos IV, y gobernando esta Nue- 
va España el Exrao. Sr. D. Juan 
Vicente de Güemes Pacheco de Padi- 
lla, conde de Revillagigedo, se 
hicieron en las principales calles 
de esta ciudad, desde el año de 1790 
al de 1794, 545,039 varas cuadra- 
das de empedrado, 16,535 de tar- 
gea, 27,317 de banqueta, colocan- 
do las cañerías debajo de ellas, 
formando y ordenando las plazas 
del mercado." 

Estas fuentes fueron más tarde demolidas: en su lugar se 
construyeron otras; pero las lápidas, como siempre, desapare- 
cieron en manos destructoras é ignorantes. 



144 Memorias do la Sociedad Científica 

Seguimos copiando á Sedaño: 

"Frente á la entrada dd Paseo, frente á San Fernando: 

( ¡ Donde hoy está la estatua ecuestre de Carlos IV ! ) 

"Se hizo esta calle de árboles á costa 
de la Nobilísima Ciudad, y se abrió co- 
municación desde San Fernando al 
paseo de Bucareli, reinando el Sr. D. 
Carlos IV, y siendo virrey de estos rei- 
nos el Exmo. Sr. D. Juan Vicente de 
Güemes Pacbeco de Padilla, conde de 
Revillagigedo, en el año de 1794:." 

"En la fuente que estuvo frente de la horca de la Acorda- 
da, en el puente llamado de Ojalá: 

"Reinando felizmente el Sr. D. Car- 
los IV ( que D. G. ) y gobernando el 
Exmo. Sr. D. Juan Vicente de Güemes 
Pacheco de Padilla, conde de Revi- 
llagigedo, se hizo este paseo lla- 
mado de Ojalá, desde la Acordada 
hasta la Arquería, á costa de los 
fondos de la nobilísima ciudad, 
año de 1791.» 



'AntonioAlzatc.il 146 



"Eu la que estuvo eu la esquina de la Tlaxpaua: 

"Reinando el Sr. D. Carlos IV (q. 
D. g.) y gobernando el Exmo- Sr. 
D.Juan Vicente deGüemes Pache- 
co de Padilla, conde de Revilla- 
gigedo, se renovó y empedró este 
paseo y calle de la Tlaxpana 
á costa de la nobilísima ciudad, 
año de 1791." 

"En la del arco chato, á la entrada de Chapultepec, yendo 
por la Verónica: 

"En el feliz reinado del Sr. D. Car- 
los IV, y gobernando esta Nueva Es- 
paña el Exmo. Sr. D. Juan Vicen- 
te de Güemes Pacheco de Padilla, 

se hizo este paseo llamado de la 

Verónica, costeado del fondo de la 

lotería auxiliar, destinado para o- 

bras públicas, en el año de 1792." 

"Al empezar la arquería del agua que viene de Chapultepec: 

"En el año sexto del feliz reinado 
de D. Carlos IV, Rey de España y de 
las Indias durante el gobierno del 
Exmo Sr. D. Juan Vicente do Güemes 
Pacheco de Padilla, cotide de Ile- 
villagigedo, virrey de esta Nueva Es- 
pana, se constru3'^eron ésta casa 
y acueducto subterráneo por la di- 
rección de D. Juan Damián Or- 
tiz, arquitecto de la nobilísima ciu- 
dad, año de 1793." 

Memorias [iSjs-gjl, T, VI, 19 



148 Memorias de la Sociedad Científica 

"En Chapultepec, al empezar el camiuo para Taeubaya, que 
va á Toluca: 

"Año de 1793. Reinando felizmente 
el Sr. D. Carlos IV siendo virrey el 
Exmo. Sr. D. Juan Vicente de Güe- 
mes Pacheco de Padilla, conde de Re- 
villagigedo, se dio principio en el mes 
de Noviembre á este camino de Mé- 
xico á Toluca, cuya latitud es de 
catorce leguas, disponiendo se tomase 
á réditos, sobre el pago que debe es- 
tablecerse, el caudal necesario para 
tan digna empresa, que encargó al 
coronel D. Bernardo Bonavia, corre- 
gidor de México, y á la dirección 
de D. Miguel Mascaró, ingeniero 
ordinario de los reales ejércitos. " 

"En la fuente de la plaza de Santa Catarina Mártir: 

"Reinando el Sr. D. Carlos IV y go- 
bernando el Exmo. Sr. D. Juan Vi- 
cente de Güemes Pacheco de Padilla, 
conde de Revillagigedo, se fabricó 
ésta fuente, costeado de los fondos 
de la lotería auxiliar, destina- 
dos para obras públicas. Año de ,1791." 



'AntonioAlzate.il H7 



PUENTE DE SAN LÁZARO. 

En la garita de este nombre, al Oriente de la Ciudad, y so- 
bre el canal de desagüe, existe un puente de mamposterííi, don- 
de comienza el antiguo camino para Veracruz. 

Á ambos lados tiene sus bardas, también de marapostería, 
y en ellas sendas lápidas. 'En la que ve al ¡Sur, y que es de már- 
mol, midiendo como una vara y tercia, por vara y media, había 
unas letras metálicas incrustadas; las huellas se conservan per- 
fectamente, al grado de poderse leer sin gran dificultad loque 
allí dice, aun cuando la piedra está un poco deteriorada; y sería 
do desearse que documentos tan curiosos para nuestra historia, 
fueran cuidadosamente conservados, por hallarse expuestos á 
desaparecer, por desgracia, en tiempo no muy lejano. Tenemos 
monumentos como la curiosa fuente del Salto del Agua, que se 
hallan muy abandonados, rodeándoles asquerosos desechos y 
maltratados por la ignorancia estúpida del vulgo. La infecrípcióa 
á que nos hemos referido antes, dice lo siguieute: 

México á 9 l>e Diciesibrb 

Año 1)K 1796. 

En este plausible wa por cklebuak el cumpleaños de la reina N. S. 

María Luisa dk Borbon se colocó la estatua equestre de N. A. 

MONARCA Carlos IV en la plaza mayor de esta Capital y se dio 

PRINCIPIO Á ESTE CAMINO LLAMADO DR LUISA (¿ÜE SEO UU^Á HASTA . 

Veracruz para principiar el comercio y la comodidad pública 

PROMOÜIO TAN IMPORTANTE 

OBRA AL REY Y AL REYNO 

DESEADA POR MÁS DE DOS SIGLOS 

el actual Exmo Señor Virrey don Miguel Lagrua 

Marquks de Brakciforte k. &. &. 

IxN^SIGNE protector de CAMINOS 

ENCARGANDO LA EXECÜCION DE ESTE 

AL R.»- TRIBUNAL DEL CONSULADO DE N. E. 

SIENDO Prior y Cónsules los seííores don Antonio de Bassoco, Dos 

Rodrigo Sánchez, y D. Matías Gutiérrez dk Lanzas 



148 Memorias de la Sociedad Científica 



La otra lápida pequeña mira al Norte, y eu ella se lee: 

Reparado 

POR EL Ministerio de Fomento 

1879. 



PLAZA DEL EX-MERCADO DEL ¡'VOLADOR." 

\ 

Situada al costado Sur del Palacio Nacional, y al frente de 
la Ex- Universidad. La primera piedra del mercado la colocó 
solemnemente el general Santa- Anna, la tarde del 31 de Di- 
ciembre de 1841; más una inscripción, que al decir de Carlos 
María de Bustamante en su obra "Apuntes para la historia del 
Gobierno del general D. Antonio López de Santa-Anna, pág. 
30, era la siguiente: 

a 

Prceclarus Milicice Bepúblique ( sic ) 

Dux 

Et Lihertntis el Decoris Patrice- 

Fundamenta possit 

Antonius López de Santa-Anna 

Ann. M.BCCCXLI 

Bustamante traduce así la inscripción : 

El ilustre Jefe del Ejército 

y 

De la Bepúhlica 

Antonio López de Santa-Anna 

Eyi el año de 18 41 

Puso los fundamentos de la libertad de la 

Patria 

y de sus obras de ornato. 



''AntonioAlzate.il 149 



El 15 de Febrero de 1890 quedó suprimido dicho mercado, 
con beneplácito de la cultura de nuestra Ciudad; repartiéndose 
los vendedores, en los mercados de la Merced, ÍSati Juati, Lo- 
reto, etc. Actualmente construye en la plaza mencionada el 
Ayuntamiento, un suntuoso edificio, cuyo destino ignoramos 
todavía. El ala NO. del mercado del Volador, se mandó derri- 
bar en Febrero de 1892. 



CASA NUM. 3 DE LA CALLE DE SAN AGUSTÍN. 

Aquí vivió el sabio y benemérito Barón de Humboldt, que 
tanto contribuyó al desarrollo de nuestra Historia, pero espe- 
cialmente al de nuestra Fauna y Flora, acompañado del insig- 
ne naturalista Bonpland. 

En la fachada de la casa hay una lápida de mármol blanco, 
colocada en el entresuelo; y en la cual lápida, coa grandes ca- 
racteres, se lee: 

A LA MEMORIA 
DE 

ALEJANDRO DE HUMBOLDT 

que vivió en esta casa en el año de 1803. 
En el centesimo aniversario de su nacimiento 

Los alemanes residentes en México 
Setiembre 14 de 1869. 



150 Memorias de la Sociedad Científica 



MUSEO NACIONAL. 

En la parte superior de la puerta de entrada á este estable- 
cimiento, se ha puesto á descubierto recientemente la siguien* 
te inscripción : 

Retnando en las EspaSas La C. M. del S. D. Fhelipe V. 

SlKNIiO VlRRKY DK ESTE RuO EL Ex.™" S. « D. JüAN DE AcUÑA MaRQUE' 

DE Casa Fuerte sk dio princip? a esta R"- Obra y se acabo a el sep 

TIMO Mhs de su fallecim™ Gouer nando EL Ex. ""^ S. D. JüAN Ant? Viz 

ZARRÓN ArZPO ViRKEY Y EXF.ROIKNUU DE SuPERlNTEN 

DENTE Juez Pkiüatido de esta R. Casa el S. D. Joseph Franz Vki 

tía Linagh del Consejo de' Sv Magestad y su Oydor desta Real 
Audiencia Año de M.D.CC.XXXIV. 

En el centi'O de esta inscripción había un escudo de armas 
reales con atributos de España y de los i.ntiguos mexicanos, cu- 
yo escudo fué destraído según presumimos á consecuencia de 
una ley promulgada poco después de la Independencia, que 
mandó borrar todos los escudos de armas reales españolas de 
las fachadas de los edificios públicos y particulares. 



LAS RUINAS 

DEL 

CERRO DE QUIENGOLA 

En el Distrito de Tehuantepec ( Estado de Oaxaca) 
por el Ingeniero 

«Nota presentada por el socio Guillermo B. y Puga en la sesión del 6 de Noviembre de 1892). 



(Lam:in"^ iii] 



Al Poniente de la Ciudad de Tehuantepec, en la ribera de- 
recha del río del mismo y en frente del pueblo de la Mixtequilla, 
se levanta en rapidísima pendiente, hendiendo su cima entre las 
nubes, el cerro de Quiengola. 

A principios de Octubre del año próximo pasado, el Sr. Tri- 
nidad de la Sancha organizó una expedición á dicho cerro para 
visitar las ruinas que en él existen, formada por el citado seüor, 
los Sres. Adelaido Cartas, Nabor García, el que suscribe,- un 
guía proporcionado por la Sra. D" Juana Romero y tres peones 
que conducían los viveros. 



152 Memorias de la Sociedad Científica 

Habiendo salido de Tehu.intepec á las cuatro de la mañana, 
llegamos á las seis á la magnífica posesión que cerca de la Mix- 
tequilla tiene D" Juana Romero; una legua más adelante va- 
deamos el río, y á las oclio y media nos hallábamos al pie del 
cerro, en donde dejamos los caballos para poder continuar nues- 
tra expedición. 

La vereda que seguimos, abierta con anterioridad por peo- 
nes dirigidos por nuestro guía, es en extremo escabrosa. Des- 
pués de tres horas de camino llegamos al lugar que representa 
el plano. Al pie del fuerte instalamos nuestro campamento y 
desde aUí, abriendo brecha por entre la compacta vegetación, 
llegamos á varias de las construcciones. Al día siguiente con- 
tinuamos nuestx'a expedición al cerro del Ocote. Después de una 
caminata sumamente penosa, llegamos á la cima que está á 800 
metros sobre el nivel del mar. Allí experimentamos una tem- 
peratura sumamente fresca que hacía contraste con la ardien- 
te de Tehuantepec á que estábamos acostumbrados. Después 
de almorzar, excur.sionamos por diferentes lados buscando al- 
gunas ruinas de que se tienen vagas noticias; pero la vegeta- 
ción por una parte y por otra la lluvia que amenazaba caer, nos 
impidieron seguir nuestras investigaciones y sin lograr el ob- 
jeto que nos proponíamos, volvimos á nuestro campamento al 
terminar el día. Como la lluvia se había estacionado decidimos 
volver á Tehuantepec después d© tres días de permanencia en 
el cerro. 

Los datos tomados en esta expedición, son los que me han 
servido para formar el presente plano. Tomados con cinta en 
un terreno cubierto de vegetación y con las incomodidades de 
la lluvia, carecen de exactitud ; pero dan una idea muy aproxi- 
mada de la situación é importancia de las construcciones. 

Según los pocos datos históricos que existen, en el último 
tercio del siglo XV, la altiva raza zapoteca cansada del yugo 
que le impusiera la imperial Maxitli, rompió sus cadenas en 
unión de los Mixtecas y fortificada en este cerro resistió el em- 



"Antonio Álzate." 153 



puje y rechazó á las soberbias huestes de Ahuizot, humillando 
el orgullo de la Roma del Nuevo Continente. 

La historia pasó desdeñosa junto á aquella lucha de titanes 
y ahora, entre los descendientes de aquella raza indómita, sólo 
algunas leyendas fantásticas recuerdan las hazañas de sus ma- 
yores. 

El cerro, rodeado por todos lados de escarpadas rocas, pa- 
rece forjado por la naturaleza para atalaya de la libertad. En 
las pocas partes por donde podía ser accesible, levantaron los 
zapotecas formidables trincheras que el tiempo ha respetado. 
Tres hileras de éstas, escalonadas á distintas alturas hasta lle- 
gar á la meseta, hacen del lugar una fortaleza inexpugnable. 
Muralla de piedra caliza y basáltica de seis metros de ancho y 
de uno á cuatro de altura rodea la última meseta, cuya altura me- 
dia es de 250 metros sobre el nivel del mar, y tiene rellenas las 
cañadas con grandes piedras hasta formar una superficie enare- 
nada con suave declive hacia el SE., en la que se levantan mu- 
dos y sombríos, desafiando á las edades, los monumentos que 
dejaron los guerreros. A un metro de profundidad se encuen- 
tran en la muralla criptas que aún conservan el osario de los 
valientes que murieron on el combate. Por todas partes se ele- 
van muros de piedra y argamaza y pequeños miradores cilin- 
dricos y octogonales. Al Sureste, formando triángulo estraté- 
gico, oprimen el suelo con su peso tres formidables fuertes en 
cuya cima, que hace extenso terrado, aún existen los muros de 
tieri'a cocida que formaban las habitaciones de los generales. 
Al Oriente, al pie do enhiesto pico, se levanta gigantesca pirá- 
mide truncada que recuerda las colosales construidas por los 
Faraones y las de Teotihuacán y de Cholula, amplia y magnífi- 
ca escalinata descendiendo por el mismo rumbo, termina en bien 
nivelado patio; en frente, otra escalinata más empinada, da ac- 
ceso á un torreón asentado sobre las rocas como nido de águila 
caudal. 

El panorama que desde allí se observa es indescriptible. 

Memorias [1892-93!, T. VI, 20 



15i Memorias de la Sociedad Científica 



A más de 200 metros abajo, casi á plomo, pasa encañonado 
el río de Teiiuautepec, yendo á extender su cauce en frente de 
la Mixtequilla; sigue serpenteando entre praderas siempre ver- 
des, atraviesa la ciudad que le da su nombre, retratando sus 
edificios, y va lentamente á morir al Océano. 

Al Noreste, el valle como un mar de verdura, se extiende 
sin ninguna ondulación y va á desvanecerse en las faldas de la 
lejana cordillera. Las aldeas blanqueando entre los penachos 
de las palmeras, el humo de las cabanas disipándose como lige- 
ra nubécula, el camino de fierro y los caminos carreteros como 
red tendida sobre el campo, forman conjunto magnífico y en- 
cantador. 

Al Este se ve perfectamente marcada la costa que, ó termi- 
na suavemente para recibir las caricias del Océano, ó introdu- 
ce brusca sus abruptos peñascos para detener el empuje de las 
olas que los adornan con espuma nivea. A lo lejos, como espe- 
jo de plata, se extiende el lago superior, separado del mar por 
angosta faja de tierra; más allá la tersa superficie del Océano 
y después la azulada faja de la cordillera perdiéndose entre va- 
porosos celajes. 

Al Sur, el mar inmenso, el horizonte confundido con el cie- 
lo, el espacio que abruma al pensamiento .... 

¡Cuántas veces al contemj)lar este paisaje, los jefes de los 
sitiados reforzarían su patriotismo y su amor á la libertad ! 

La naturaleza va posesionándose de la obra del hombre; los 
vegetales hendiendo sus raíces en los muros tienden á destruir- 
los; en los sitios que hace cuatrocientos años resonaron el grito 
del combate y los cantos de la victoria, sólo turba el rumor del 
viento y el ruido que hacen los reptiles entre la hojarasca. 

La vida de los pueblos como la de los individuos consta de 
recuerdos y esperanzas, formando aquellos las premisas para 
el porvenir, siempre que los factores no hayan tenido grandes 
variaciones. Por eso todos los pueblos procuran la conservación 
de los monumentos que les legaron sus antepasados, que son 



"Antonio Álzate, n 155 

las páginas vivientes de su historia y en torno de los cuales se 
reúnen en los días aciagos de la patria para cobrar como Anteo 
nuevos bríos y resistir los embates do la suerte. 

México debe conservar los monumentos como el de quQ se 
trata; pues no son el producto de una raza extinta que sirvan 
meramente de curiosidad, sino la página escrita por una raza 
amante de la libertad y del trabajo, cuyo vigor latente espera 
la voz de un mesías que la levante y la baga entrar en la comu- 
nión de las razas viriles á que pertenece. 

Sobre las ruinas grandiosas del antiguo Egipto se asientan 
los aduares de las tribus nómadas por cuyíis venas ya no corre 
ni un corpúsculo de la sangro de los Faraones, y el viajero se 
detiene á preguntar á los esfinges la historia de la humanidad 
y no la historia do una raza que no existe. Pero sobre las rui- 
nas que existen en el vasto territorio mexicano, aún late el co- 
razón de razas aletargadas pero no destruidas. Despertar estas 
razas, ponerlas en aptitud de luchar en el campo del trabajo con- 
tra las hordas llenas de codicia que la Europa arroja sobre nues- 
tro territorio, tal es el deber de todo buen mexicano. 

La posición geográfica de México le augura en porvenir no 
lejano un puesto prominente en la escena del mundo; pero ¿se- 
rán las razas hijas de México las que representen el principal 
papel? ¿No seguirán siendo parias á quienes se arroje un men- 
drugo del banquete con que la naturaleza les brindara? México 
al llegar al lugar que le corresponde, ¿podrá llamarse mexicano? 
Problemas son estos que se resolverán según la atingencia de 
los gobiernos y las miras de los ciudadanos pudientes. 

Conservar todo lo que pueda recordar la grandeza del pue- 
blo mexicano, conservar y hacer progresar la raza que forma 
su principal elemento, es lo único que paede darle personalidad 
y constituir una nación autónoma y viril. De otra manera, ten- 
dremos un vasto mercado en el que cada cual procure sacar el 
mejor partido; pero no una raza que apoyada en sus tradicio- 
nes trabaje de consuno buscando un porvenir brillante. 



156 Memorias de la Sociedad Científica 

Ojalá que estas consideraciones surgidas ante las grandio- 
sas ruinas del Cerro de Quiengola, encuentren eco entre los bue- 
nos mexicanos. 

México, Noviembre de 1S92. 



Tí'ireno naliiml 
Tnreno arlifuio 
fonstriuiióii de/ 







Mamonas deti %<ície'isá'ñL2ATE'úeM5^ 




ESTRELLAS FUGACES 

DE 23 DE NOVIEMBRE DE 1892 



POR KL PROFESOR 



Socio lioaiorario. 



A las 9 pm. del 28 de Noviembre de 1892, hora de las ob- 
servaciones meteorológicas, buscando si había nebulosidad me 
encontré con que había una verdadera lluvia de estrellas fuga- 
ces. Como yo sólo era insuficiente para contarlas, me auxilió 
con mi pequeña hija Ana. Ella veía del Norte al Sur y yo del 
Sur al Norte. En treinta minutos contamos cuatrocientas, y con 
el fin de cerciorarme si ella no exageraba el número, pues que 
contaba más de las que yo, fui á ocupar su sitio y me persuadí 
de que contó bien, sino que ella veía á la región en donde eran 
más numerosas. No estaba á nuestro alcance todo el hemisfe- 
rio Norte que era en el que se presentaban y por lo mismo, sin 
duda, dejamos de contar el número verdadero. 

Se veían seguir todas direcciones, teniendo por centro un 



158 Memorias de la Sociedad Científica 

amplío espacio del cielo, pero pudiendo estrecharlo con decir 
que principalmente entraban por Andrómeda y que de allí irra- 
diaban al lugar donde se hallaba Júpiter y á Casiopea, Pléyades, 
Orion, Cuadrado, etc., etc. La mayor parte, 6 á 7 sobre 10, ca- 
minaban de NNE. á ÍSSW. 

Deben haber penetrado poco en la atmósfera según se infie- 
re de lo corto de sus estelas y de su duración. 

No permitiéndome mi mala salud libertad en mis acciones, 
suspendí la observación; pero á las 10 horas 30 minutos la re- 
petí por una ventana que ve al Sur y vi que la lluvia continua- 
ba con la misma intensidad. 

Por esta circunstancia, y porque al día siguiente el Sr. Pro- 
fesor Frumencio Galván me comunicó exprofeso que cerca de 
las 12 pm. contó 170 en diez minutos en la región de Orion, así 
como porque hay que añadir las que no estuvieron á nuestro 
alcance (casi del cénit al W. ), creo que por lo bajo cayeron á 
1,000 por hora. 

Ningún bólido sé yo que se haya visto esa noche, pero en la 
del día 25 hacia las 9 pm. pasó uno del E. al W. con color y es- 
tela verdes muy acentuados, visto por mi buen amigo el Sr. D. 
Jesús Fernández. 



Si referimos ahora este acontecimiento á otros anteriores, 
resulta que se verificó á los 32 años 3 y medio meses de otro 
análogo. En efecto, me refiero al de la noche del 9 y madruga- 
da del 10 de Agosto de 1860, visto por dos ejércitos contendien- 
tes : el de González Ortega y Doblado, y el del general Miramón ; 
aquel en la loma de las Animas y éste en toda la parte NW". de 
los egidos de Silao. Entonces fué tanto ó más abundante el nú" 
mero de exhalaciones, según las noticias que me dieron; aun- 
que me inclino á lo segundo, pues ahora me dice el Si*. Eulalio 
Gasea que duró el fenómeno todavía la noche del 10 después de 
la batalla. Otra circunstancia digna de atención cita este señor 



"Antonio Álzate, n 159 

y es que aquellas igualmente puede decirse á las de ahora, caían 
de Norte á Sur, lo cual tiene que ser verdad, pues esto me re- 
cuerda las interpretaciones que á esta dirección dieron los sol- 
dados aquella vez: los situados al Norte la vieron como propi- 
cia, y al contrario los de Silao: para aquellos el cielo venía en 
su auxilio, y para éstos el cielo los tiroteaba. Creo, pues, que 
en ambas ocasiones la dirección ha sido del Norte al Sur pró- 
ximamente. Volveré á tocar este punto. 

Este período de 32¿ años se aproxima mucho k otros obser- 
vados hasta ahora: los habitantes de Cumancá presenciaron el 
mismo fenómeno en 1766; después A. de Humboldt y su com- 
pañero Bonpland vieron allí mismo el de 1799; en seguida vie- 
ne el descrito por el Profesor Olmsted, de Newhaven, de las 
noches del 12 y 13 de Noviembre de 1833, y luego el pronosti- 
cado, digamos así, por el astrónomo Olbers para 1867 y que tu- 
vo lugar en 1866, Por estas fechas vemos que el fenómeno se 
ha presentado en América en períodos de 33, 31 y 33 años. Aho- 
ra el presente, como acabamos de ver, muestra un período de 
32|, pero que no forma con aquellos la misma serie puesto que 
aquellos años son 1766, 1799, 1833 y 1866 y los que ahora estu- 
diamos son 1860 y 1892. 

Sabido es que el P. Angelo Secchi observó el del 27 de No- 
viembre de 1872 en Roma, en el cual en siete horas y media 
contó 13,892 exlialaciones, pero tampoco con este año forman 
los nuestros el tal períoilo. 

Parece, pues, que el repetido período de los 33 años no exis- 
te. Si reunimos todos estos acontecimientos en su orden crono- 
lógico, los períodos que resultan uo tienen, efectivamente, nin- 
guna regularidad, pues son así : de 33 años, 34, 27, 6, 6 y 20. 



Por lo que respecta á la intensidad del fenómeno, se tendrá 
idea por la comparación con lluvias anteriores que han pasado 
como sigue: 



160 Memorias de la Sociedad Científica 

La de 1766 según los cumanenses fué igual á la posterior 
de 1799, 

Esta de 1799, de ella dijo Bonpland que en la noche del 11 
al 12 de Noviembre no había en el cielo un espacio de tres ve- 
ces el diámetro de la luna sin alguiia exhalación. 

De la del 13 de Noviembre de 1833, Olmstod, de Newhaven, 
hizo subir á 200,000 las caídas de la noche del 12 al 13. 

Las de 1860, vistas aquí la noche del 9 y madrugada del 10 
(y la del 11 según el citado arriba Sr. Gasea) fué de muchos 
miles según los datos que tuve y que se recuerdan todavía. 

La de 1866 consta que fué abundantísima á varios observa- 
torios europeos. 

En la de 27 de Noviembre de 1872 ya hemos dicho que el 
P. Secchi con sus ayudantes contó 13,892. 

Pues bien, la de ahora, 1892, teniendo en cuenta que no con- 
tamos las de todo el espacio del cielo y además que la observa- 
ción no fué hecha en la madrugada, que como es averiguado es 
la hora del máximum y comprobado aquí el 10 de Agosto de 
1860, resulta que ha sido por lo menos de 12,000 en esta noche. 

Lo expuesto muestra la desaparición del período de los 33 
años y confirma la ohservacióu de Ohnsted de ser el mes de No- 
viembre el más frecuente para el máximum de estrellas fuga- 
ces: más en efecto que en Diciembre, Abril y Agosto- 



Llamamos ahora la atención respecto á la dirección de la 
mayoría. Se ha asentado fundándose en el estudio de las que 
caen, no solamente en estas lluvias sino en las de noche á no- 
che, que la dirección más común es de E. á W. y que es casi 
igual el número de las que caen de S. á N. al de las de N. á S. 
Hemos dicho que las de 1860 y ahora las de 1892 en su mayor 
número han llevado la de N. á S. Añadiremos ahora que el Ob- 
servatorio Meteorológico Central acaba de publicar que el Sr- 
Pascual Borbón, de Tacámbaro, en la noche del día 4 de este 



' Antonio Álzate, m 161 

mismo mes contó en la primera media noche 825, siendo la di- 
rección de la mayoría del Norte al Sur (nosotros hemos fijado para 
las de aquí casi la misma: NNE. á SSW.). Estos hechos deben, 
pues, modificar aquella conclusión así como á la teoría con que 
se explica por qué la mayoría vienen del Este. Es, pues, de de- 
searse que se tomen en consideración estos tres hechos. 



Se dice por algunas personas que las veían de distintos co- 
lores : no se los negamos, aunque no fueron notados por nos- 
otros, porque estando más generalmente admitido que son cuer- 
pos como los bólidos ó aerolitos y manifestando éstos (en su 
forma anterior) tales coloraciones, la verde principalmente, bien 
pueden aquellas presentarlas y no ser visibles para todos en ra- 
zón de la debilidad de su luz por la grande altura en que se pro- 
duce: en efecto, se sabe que después de las mediciones hechas 
por Brandes y Bezemberg, las de Alejandro Herschell, y las del 
Prof. Newton, de Newhaven ; el P. Secchi obtuvo como altura 
media 120 kilómetros en la entrada á la atmósfera y 80 en la 
salida; dije mal, debo decir para el principio de su aparición y 
para el momento de su desaparición. Son, pues, considerables 
estas alturas. Ahora, puesto que la intensidad de la luz decrece 
en razón del cuadrado de la distancia, es muy posible que este 
gran decrecimiento sólo se afecte á las retinas muy sensibles. 
Por cuanto al color rojo no será extraño que sea efecto de reac- 
ción, quiero decir, que tras de la impresión del color verde vi- 
niera el complementario, el rojo, en cuyo caso es mera ilusión. 

Es, pues, también de desearse que la observación compro- 
bara tales coloraciones pues que ellas añadirían otra presunción 
más á las que nos dan á creer en la identidad de naturaleza de 
las estrellas fugaces y los bólidos ó aerolitos. 



Memorias [xSga-pjl, T. VI, 21 



162 Memorias de la SocieJad Científica 

Terminemos ya. Sabido es que la velocidad de estos cuer- 
pos por su frotamieuto en la atmósfera á la cual penetran, cru- 
zan y las más veces abandonan, los calienta, los hace luminosos 
y que dejan igualmente luminoso al trayecto recorrido, y que 
aquella varía entre 12 y 70 kilómetros por segundo. 

De la de las actuales estamos en imposibilidad de decir cuál 
fué, encontrándonos desprovistos do todas especies de medios 
para averiguarla y solamente para consignar lo que vimos, dire- 
mos que aparentemente tenían una misma velocidad, que su 
duración apenas llegaría á 2 " y, en promedio, los arcos serían de 
40 ó 50'. Pero no se dé mucho mérito á estas apreciaciones que 
á ojo no pueden tener exactitud, ni mucho menos cuando la vis- 
ta tenía que andar yendo y viniendo de uno á otro punto del 
cielo y cuando mi salud alterada no me permite sostener la mi- 
rada hacia lo alto. 

Deseamos que las presentes observaciones sirvan para au- 
mentar la lista de los datos que se coleccionan para el estudio 
emprendido de las estrellas fugaces. 

Una palabra más. Al escribir estas líneas no nos abandonó 
el recuerdo de nuestra exhalación magna pei'dida cuando la in- 
tervención francesa: del gran aerolito de Charcas, el más colo- 
sal de los 300 recogidos y descritos, de aquel que con su peso 
de 780 kilogramos, sus 100 centímetros de alto y 50 de ancho, 
figura hoy en el Museo de Historia Natural de París; pero que 
en este momento ya no es verdad lo que de él dijo Camilo Flam- 
marión : " c'est la plus colosale des pierres tombées du ciel et 

connues jusqu'ici C'est un échantillon respectable du 

monde qui nous l'a expédié." No, ya no es verdad ; tengo en mi 
mano un pedacito del que pasa en el Ferrocarril Central para 
México y que valúan su peso en unas 15 á 20,000 libras, ¡6912 
á 9210 kilogramos! Este es un respetable ejemplar del mundo 
que nos. lo haya enviado. 

Silao, 9 de Diciembre de 1892. 



LA MORTALIDAD EN LEÓN 



POR EL PROFESOR 



Socio honorario, Director de la Escuela de Instrucción Secundaria y del Observatorio 
Meteorológico de León. 



(L-A^MINA IV). 

Contando ya con datos ciertos respecto de la mortalidad en 
León, durante unos veintinueve años, hemos formado los cua- 
dros adjuntos sobre los que intentamos hacer algunas conside- 
raciones. 

Desgraciadamente para que nuestro trabajo fuera del todo 
útil á la estadística, carecemos de dos datos esencialísimos, y 
son el censo de nuestra población y el diagnóstico exacto de la 
causa de los f;dlecimientos; sin embargo, si en cuanto á lo pri- 
mero no podemos hacer hipótesis alguna, creemos que en lo se- 
gundo no iremos del todo descaminados, contando con los datos 
que algunos médicos amigos han tenido la bondad de comuni- 
carnos; tenemos también una falta en nuestros cuadros y es el 
número mensual do las defunciones durante los primeros cator- 



164 Memorias de la Sociedad Científica 

ce años del período examinado; no obstante el promedio dolos 
últimos quince años nos acusa esa marcha mensual con gran 
exactitud, pues como puede observarse no hay año que discre- 
pe, á no ser el año de 1888, en que por causas bien conocidas la 
máxima se adelantó á Junio. 

De las curvas formadas (Lám. IV) con sus resultados se 
desprende que tenemos en el número total de defunciones, ocho 
máximas 1865, 1872, 1876, 1879, 1882, 1885, 1888 y 1892, sien- 
do la última la máxima maximorum; ocho mínimas en 1864, 
1869, 1873, 1878, 1880, 1883, 1886 y 1891, correspondiendo la 
mínima minimorum á 1869. 

Dedúcese también de la curva que la mortalidad, aunque 
con sus variantes, ha venido constantemente aumentando sin 
bajar á las mínimas del primer decenio. 

Si el censo de la población hubiera aumentado, el hecho se- 
ría fácilmente explicable; pero si continuara el mismo que en 
ese decenio, el resultado sería fatal, y fatalísimo si, como real- 
mente sucede, ese censo tiene una diminución. 

Tratemos de explicar ó más bien de dar las causas que, en 
nuestro concepto, han venido á aumentar, en su carrera gene- 
ral, el número de defunciones. 

Cuatro son esas causas: 

1^ La extensión de la población luxcia el W. 

2^ La tala de nuestros bosques. 

'¿'^ El aumento de depósitos de agua en las haciendas^ ranchos y 
terrenos que circundan á nuestra ciudad; y 

4 * ia existencia de un pésimo albañál. 

Sábese perfectamente que al XW. de la ciudad se encuen- 
tran extensos pantanos á las inmediaciones del parque Manuel 
González; que hacia esos rumbos tienen asiento principal los 
depósitos de basuras y desechos de toda la población, pasando 
por esos mismos lugares el arroyo ó arroyos que llevan las ma- 
terias fecales que en ellos se tiran ; así que aumentando el nú- 
mero de habitantes hacia esa parte de la ciudad, permanecen 



■■Antonio Álzate, n 165 



más tiempo bajo la acción de los miasmas deletéreos, producto 
de los desechos referidos. 

Es evidente que de quince ó veinte años á la fecha se han 
talado los bosques que cubrían las serranías que por todo el 
NW., N. y NE. limitan nuestro valle, de una manera inconsi- 
derada y sin poner los medios adecuados para reponer lo que 
se destruye en arboledas; siendo también evidente que desarro- 
llándose más y más cada día el cultivo de trigos, cebadas, etc., 
etc., ha aumentado también inconsideradamente lo que se lla- 
ma tomas de agua para utilizar el precioso líquido en los riegos 
indispensables para el crecimiento, maduración, etc., de esas 
semillas. 

Pues bien, si nos fijamos un poco en las condiciones de nues- 
tro valle y sobre todo en la rotación y dirección de los vientos, 
encontramos que durante los meses de Octubre á Diciembre y 
de Enero á Abril dominan los que vienen del NNW,, que atra- 
vesando hoy un terreno sin árboles, no se cargan de oxígeno 
como antes sucedía; que siendo vientos fiúos para nuestra loca- 
lidad, pasan rasando la tierra y arrastran, al atravesar los pan- 
tanos del parque y los basureros y arroyos de esos rumbos, to- 
dos los gérmenes que producen las enfermedades infecciosas y 
palúdicas que reinan en ese tiempo, quedando así claramente 
explicada la existencia del tifo, entre nosotros, en los meses de 
invierno. 

En el resto del año soplan como dominantes los vientos del 
E., NE. y S. con sus derivados, dando por resultado que si el 
aire no se purifica atravesando grandes arboledas, en cambio es 
caliente para nuestra localidad y por tanto de absorción, no 
arrastra los elementos patógenos que norl^cueutra á su paso 
y por consiguiente disminuyen con él los padecimientos infec- 
ciosos. 

Creemos dejar ya probada la perniciosa influencia de las dos 
primeras causas indicadas. 

Veamos el efecto de la tercera: La época de los riegos de 



166 Memorias de la Sociedad Científica 

los sembrados de trigos, cebadas, etc., es en Octubre, Noviem- 
bre, Diciembre y Enero, de manera que la parte de terreno que, 
por el escurrimiento del líquido, va quedando descubierta, su- 
fre los efectos de las fermentaciones que, por su esparcimiento 
en la atmósfera, dan lugar á las enfermedades palúdicas bajo 
todas sus formas y que desgraciadamente se han hecho endé- 
micas entre nosotros; así que aumentando esos vasos ó tomas 
se ha aumentado también uno de los orígenes del paludismo. 

Quédanos por examinar la cuarta y última causa: construyó- 
se no ha mucho tiempo un rudimento de albañal que no respon- 
de ni en lo más mínimo á las reglas más trivinles que presiden 
á la formación de esos canales de desecho, dando por resultado 
que no teniendo ni la forma, ni la inclinación convenientes, es 
más bien un foco de insalubridad; tiene su respiradero general 
en lo que se conoce con el nombre de cárcel y forma una espe- 
cie de chimenea cuyo tiro se hace del lugar por donde debía 
descargar á aquel por donde debía comenzar, produciendo el 
que haya una constante emanación de elementos deletéreos que 
recibe una aglomeración de iudividuos que se encuentran eu el 
centro mismo de la ciudad. 

Además, examinado dicho albañal en algunos puntos, se ha 
encontrado que como no tiene la inclinación debida, no hay co- 
rriente y se ha azolvado por completo, formando las infiltracio- 
nes producidas un terreno fangoso y pútrido en todo su derre- 
dor y que sólo queda separado del piso por una ligera capa de 
tierra seca; de suerte que esto viene á aumentar sus malísimas 
condiciones haciéndolo otro centro de insalubridad. Deberemos 
agregar que la cañería que ti'ae el agua potable del ojo de agua 
que está en el •pa.vtfm Manuel González, á las fuentes públicas, 
es de barro muy poroso y corre casi pai*alelamente, en un largo 
trayecto, al albañal, del que está separado por pequeña canti- 
dad de tierra vegetal: ¿no pasará algo de las infiltraciones del 
primero al segundo? Bien sabemos que el agua es uno de los 
mejores vehículos para la propagación de los gérmenes que co- 



"AntomoAlzate.il 187 



munican las enfermedades infecciosas; no olvidemos el recien- 
te y tristísimo ejemplo de Hamburgo en la última invasión del 
cólera, cuyos males aún sufre y no lamenta con la eficacia de 
que es capaz. 

Como todas las causas coexisten con el aumento de morta- 
lidad, creemos que queda clara y suficientemente probada nues- 
tra hipótesis. 

Estudiemos ahora la marcha mensual de la mortalidad: la 
encontramos mínima en Febrero, aumenta con lentitud en Mar- 
zo y Abril, rápida en Mayo, quedando casi estacionaria en Ju- 
nio pai'a elevarse rapidísi mámente en Julio y en Agosto, decre- 
ce con igual rapidez en Septiembre, con lentitud en Octubre, 
más lenta aún en Noviembre, disminuyendo más en Diciembre 
y Enero, para caer á su mínima que, como queda dicho, tiene 
lugar en Febrero. 

Si echamos una rápida ojeada á los cuadros producidos por 
la Oficina del Registro Civil y tenemos en cuenta las indicacio- 
nes de nuestros médicos, vemos que la mortalidad en los meses 
de Mayo á Agosto es sobre todo de niños, dominando entre ni- 
ños y adultos las enfermedades de las vías digestivas, quedan- 
do para los meses restantes las pulmonares, palúdicas ó infec- 
ciosíis ; y sin embargo observamos que las víctimas de estas úl- 
timas no son el mayor número. 

Conocidas las causas, despréndense desde luego los reme- 
dios; persuadidos estamos que éstos son obra de tiempo, de di- 
nero y buena voluntad; pero mientras más tiempo transcurra 
para su ejecución, más, también, tendrá que pasar para gozar 
de sus beneficios. 

Muy ligeramente hemos apuntado las principales causas del 
aumento de defunciones en León, desentendiéndonos intencio- 
nalmente de las demás que para ello pueden influir, porque al 
lado de las asentadas, nos parecen de poquísima importancia. 
i Ojalá que nuestros apuntes sirvan para emprender trabajos de 
importaucia en la materia ! ¡ Ojalá que apreciadas las causas se 



168 Memorias de la Sociedad Científica 

remedien los males y que nos haya tocado la suerte de poner el 
dedo en la llaga! ¡Ojalá, por fin, que dentro de diez ó doce años 
que alguno vuelva á estudiar el asunto, encuentre remediados 
los males y presente á León como una ciudad modelo por su 
higiene. 

León, Enero 25 de 1893. 



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Memorias [1898-93], T VI, 22, 



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TEMPEÍlATÜPiÁS DEL SUELO 

OBSERVADAS EN EL 

OBSERVATOlíIO ASTRONÓMICO Í^ACIONAL DE TACUBAYA 

Durante el nSo de 1892, por 
ENCARGADO DEL SERVICIO METEOROLÓGICO EN DICHO OBSERVATORIO. 

(Nota presentada por el socio Agustfn Aragón en la sesión de Febrero 5 de 1893.) 



(L^MilN^ ■V). 

Para el estudio de la temperatura de las capas superficiales 
de la tierra, tiene el Observatorio cinco geotermómetros insta- 
lados en los sótanos del Departamento de Fotoe;rafía Celeste, 
á las siguientes profundidades: o."00. l."15, 0."'70, O.^SS y 
0."2S. 

Dichos termómetros son de la casa de Negretti & Zambra, 
y con el objeto de que al sacarlos de. los pozos para hacer la ob- 
servación de sus indicaciones no cambieu al contacto del aire 
exterior, están encerrados dentro de un grueso tubo de cristal 
y los depósitos cubiertos de una substancia aislante. 



172 Memorias de la Sociedad Científica 

Las observaciones pudieron regularizarse de una manera 
formal en el mes de Octubre de 1891, haciéndose cada cinco 
días á las 2 pm., en vista de que la variación diurna es muy pe- 
queña ó casi nula y por consiguiente la marcha de la tempera- 
tura sumamente lenta. 

En el siguiente cuadro, formado con los valores medios men- 
suales, constan los resultados obtenidos durante el citado año 
de 1892, y para que se comparen con los de igual período de 
tiempo de la temperatura media del aire á la sombra, pongo és- 
tos en la última columna: 

Temperatura 
Temperatura del suelo & la profundidad do mediu del aire 

á la eombro. 



MESES. 3.™00 I.'^IS 0."70 O.'^SS 0™28 



Enero 15.3 13.9 13.0 12.6 12.5 11.6 

Febrero 15.1 13.8 13.4 13.1 13.1 13.7 

Marzo 15.0 14.0 13.6 13.3 13.2 14.4 

Abril 15.0 14.6 14.0 13.6 13.5 17.4 

Mayo 15.1 15.3 15.9 16.0 16.0 18.1 

Junio 15.2 15.8 16.3 16.6 16.7 17.1 

Julio /l5.6 15.9 16.4 16.5 36.5 16.2 

Agosto 15.7 16.1 16.2 16.3 16.2 15.7 

Septiembre 16.1 15.9 15.8 15.6 15.5 14.7 

Octubre 16.1 15.9 15.7 15.5 15.5 13.5 

Noviembre 1.5.9 15.6 14.7 14.1 13.9 12.2 

Diciembre 1 5.8 14.7 13.8 13.1 13.0 12.2 

Media 15.5 15.1 14.9 14.7 14.6 14.6 

A 3 metros de profundidad la variación anual que se obser- 
va es de 1.^2, pues la más alta temperatura que se registra es 
de 16.^2 en Septiembre, y la más baja 15.*^0 en Marzo y Abril. 
Otra particularidad que llama aquí la atención es el retardo no- 
table de dichos extremos. La máxima se verifica dos meses des- 
pués de los más cálidos del año ( Mayo y Junio) y la mínima 



' Antonio Álzate, n 173 



igual tiempo después del mes más frío (Enero), permanecien- 
do invariable dos meses consecutivos. 

A I.^IS de profundidad la temperatura se distingue por los 
mismos caracteres que á 3 metros, disminuyendo un poco el re- 
tardo. La mínima tiene lugar en Febrero, sube en seguida len- 
tamente, alcanza su máximo en Agosto y desciende paulatina- 
mente en los meses siguientes. Su variación en el año es de 2P3. 

A 0."70 el retardo ya sólo so nota en la máxima, pues tiene 
lugar en Julio: la mínima en Enero. La variación es de 3.°4. 

A 0.'"38 y 0.^28 los extremos de temperatura siguen una ley 
más de acuerdo con la media ambiente, pues tienen lugar en 
Enero y Junio con una oscilación de 4.o0 y 4.°2 respectiva- 
mente. 

Los valores de las variaciones y sus diferencias entre sí, son 
los siguientes: 

AS.^OO 1P2 

.... Ll 
„ 1.15 2.3 

.... 1.1 
„ 0.70 3.4 

.... 0.6 
„ 0.38 4.0 

.... 0.2 
„ 0.28 4.2 

Se ve, pues, que la amplitud de la oscilación disminuye á 
medida que la profundidad aumenta. 

Comparando ahora las temperaturas medias de cada profun- 
didad con la media del termómetro libre á la sombra, resulta lo 
siguiente: 

AS.-^OO 15.05 -14.06 =0,09 

„ 1.15 15,1 -14.6 =0.5 

„ 0.70 14.9 -14.6 =0.3 

„ 0.38 14.7 -14.6 =0.1 

„ 0.20 14.6 -14.6 =0.0 



174 Memorias de la Sociedad Científica 

De todo lo anterior se deduce que á mayor profundidad, ma- 
yor temperatura y menor amplitud en las oscilaciones, que en 
la superficie los efectos del calor son más sensibles, pues ya se 
ha visto que á 0.™28, O.^SS y 0."70 la diferencia con la media 
del termómetro libre es igual á OPO, 0.°! y 0.°3, y por iiltimo 
que nuestras observaciones han sido hechas en la zona de tem- 
peratura variable. 

Respecto del retardo de las temperaturas, el barón de Hum- 
boldt en el "Cosmos," tomo IV, pág. 36, dice lo siguiente: 

"Se ha observado ya que los puntos situados en una misma 
línea vertical, á muy pequeña distancia bajo la superficie de la 
tierra, sienten, en épocas muy diferentes, el máximum y el mí- 
nimum que la posición del Sol y el cambio de estaciones pro- 
ducen en la temperatura atmosférica. Según las observaciones 
siempre exactas de Quételet, las variaciones diurnas no son sen- 
sibles ya á una profundidad de 3 pies y f . En Bruselas, termó- 
metros colocados á 24 pies bajo el suelo, señalaron la tempera- 
tura más elevada el 10 de Diciembre, y la más baja el 15 de 
Junio. Cuando los preciosos experimentos á que se dedicó For- 
bes en las cercanías de Edimburgo, sobre la conductibilidad de 
diferentes rocas, el máximum de calor se produjo el 8 de Ene- 
ro en las combinaciones basálticas de Calton-Hil, á 23 pies de 
profundidad." 

Nuevos y más numerosos datos nos permitirán estudiar es- 
ta cuestión y las leyes que en su variación sigue la temperatu- 
ra del suelo. 

Al presentar al señor Director del Observatorio las anterio- 
res observaciones, tuvo la idea de mandar abrir un pozo de 25 
ó 30 metros de profundidad, con el objeto de ampliar estos es- 
tudios. Ojalá que semejante idea se lleve á cabo, pues de esta 
manera podríamos averiguar, dada nuestra latitud y clima, á 
qué profundidad se encuentra la capa de temperatura invaria- 
ble y si ésta es igual á la media del aii'e, como se ha hecho en 
otros observatorios. 



"Antonio Álzate, m 175 



Para que á la vista de nuestros lectores resalten más los ca- 
racteres de las temperaturas observadas, las representamos grá- 
ficamente en la lámina V. Las cinco primeras curvas represen- 
tan las temperaturas del sufelo y la última la del aire libre á la 
sombra. Todas están construidas en la misma escala. 

Como nota final, advertiré que los termómetros usados en 
estas observaciones, han sido cuidadosamente comparados con 
e) termómetro patrón que posee el Observatorio, y no se les ha 
encontrado correcciótx alguna. 

Tacubaya, Febrero de 1893. 



MEMORIAS DE LASOCIFI 



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MEMORIAS DE LA SOCiroAD-AL2ATfOE MÉXICO 



TOMO VI.LAM.V. 




EL CENTENARIO 



COLEGIO DE MINERÍA. 



El año que acaba de pasar ha sido bajo más de ua concepto 
notable en sus relaciones históricas, y ofrece un campo vastísi- 
mo á las reflexiones del criterio desapasionado que lo examine 
bajo el aspecto filosófico; pues no solamente por los adelantos 
que en él se han hecho y caracteiúzan lo que pudiéramos llamar 
su presente, sino por los recuerdos que evoca, con lo que nos 
trasporta al pasado, ocupa en nuestro país un lugar preferente 
en el cuadro del tiempo en que se van dibujando los años. 

El de 1892, en efecto, trajo en el primero de sus días pre- 
sentándolo con toda la claridad de un centenario, el recuerdo 
de un hecho, digno do figurar de una manera especial en nues- 
tros anales científicos. 

Del caos en que de una manera casi informe, se agitaban 
con un carácter de vaguedad que ahora no podemos ni conce- 
bir, los principios fundamentales de las ciencias rudimentarias, 
brotó a\fiat poderoso de una inteligencia superior, de un ánimo 
resuelto y de una buena voluntad notoria, un Establecimiento 
que fué la cuna de las ciencias exactas, naturales y de observa- 
Memorias I1892-93], T VI, 23. 



178 Memorias de la Sociedad Científica 

ción, que ejercen tan decisiva influencia en los adelantos del 
mundo, y que han alcanzado tan justa celebridad entre nosotros. 

El Colegio de Minería, el primero de los Establecimientos 
científicos de nuestra patria, abrió sus aulas el 1? de Enero de 
1792, bajo los auspicios del poder, del talento y la instrucción, 
y con el auxilio eficaz y poderoso de las bendiciones del cielo. 

El 1° de Enero de 1892 se cumplía el primer Centenario de 
tan memorable y plausible acontecimiento, que tocó presenciar 
á la generación que va pasando. 

No era posible que pasara inadvertida tan memorable con- 
memoración, particularmente á los hijos de Minería, que en toi- 
do tiempo se han distinguido por el amor á su Colegio, al que 
muchos de ellos han dado lustre y gloria verdadera; y en el se- 
no de la Sociedad que éstos forman con el título de " Asocia- 
ción de Ex- alumnos del Colegio de Minería," brotó el pensa- 
miento de solemnizar este glorioso Centenario. 

El interés que nos inspira este Colegio, de donde han sali- 
do nuestros maestros, nuestros amigos, nuestros sabios y una 
gran parte de nuestros socios; la afinidad que existe entre este 
Colegio y todo lo que con él relaciona, y las Sociedades cientí- 
ficas, que pueden considerarse como consecuencias de aquel; 
el deseo de honrar nuestra publicación consignando en ella la 
manifestación de este recuerdo; la parte que en esta manifes- 
tación tomaron muchos de nuestros socios, y otras considera- 
ciones de patriótico interés y de legítimo orgullo, nos deciden 
— y aun pudiéramos decir nos obligan — á hacer esta reseña 
histórica de la solemnidad con que los agradecidos hijos del Co- 
legio do Minería celebraron el primer centenario de su Colegio. 
En la Junta general, que en observancia de sus estatutos ce- 
lebró la Asociación de Ex- alumnos del Colegio de Minería el 
25 de Febrero de 1891, el socio Ingeniero de Minas D. Santia- 
go Ramírez dio lectura á la siguiente iniciativa, que presentó á 
la Sociedad, con el socio Ingeniero de Minas D, Joaquín M, Ra- 
mos; 



I Antonio Álzate, n 179 



INICIATIYA 

QTj.e é, la, Sociea.a,a. d.e x:=e - a,l\3.3=ci.2a.os 6.e Iv!riaa.erxa, preaerí.ta.M. 
los laa-g-eüleros ¿".e 2víEi2a.a.s q.-v:Le sviscrlTsen, socios corí-tri- 
•b13.3reaa.tes d.e la, e2cpresa.d.a, Sooioa.a,a.. 

SEÑORES: 

''Si creyéramos teuer necesidad de buscar un fundamento 
para fijar la iniciativa que tenemos la honra de someter al estu- 
dio de esta ilustrada Sociedad, ó de establecer un argumento 
para demostrar su procedencia, sin el más ligero esfuerzo en- 
contraríamos el uno y el otro en el seno mismo de la simpática 
agrupación, cuyas luces en estos instantes solicitamos; en el 
principio que constituye su esencia; en el objeto que es el ideal 
de sus aspiraciones; en los afectos entrañables á cuya natural 
comunicación debió la vida; en los recuerdos que en su modo 
de ser entraña; en los individuos que la forman, y aun en el 
nombre que lleva. 

Los lazos de unión que ligan entre sí á los hermanos; que 
echan raíces en el corazón eu los primeros días de la existen- 
cia; que se conservan sin romperse por toda la duración de la 
vida y que, por decirlo así, determinan la posición relativa del 
hombre en la sociedad en que vive, y en la familia á que perte- 
nece, deben en gran parte su estabilidad y su importancia, al 
hecho significativo de que todos ellos se ligan por estrechísimo 
nudo al corazón excepcional, noble y sublime, que es el santua- 
rio del más grande, tierno y puro de los afectos humanos: el 
amor de la Madre. 

Por eso nosotros, que sean cuales fueren nuestras condicio- 
nes sociales, nuestra posición individual ó colectiva, nuestro 
modo de vivir, y en una palabra, todos los accidentes que nos 
acompañan, nos rodean y aun nos caracterizan en nuestra pe- 



180 Memorias de la Sociedad Científica 

regrinaeióu por el mundo, nos distinguimos, nos llamamos y nos 
reconocemos con el honroso y preciado nombre de Alumnos de 
Minería, no podemos menos de ver en cada uno de los indivi- 
duos que lo llevan, algo como que nos pertenece; al recinto se- 
reno y apacible en que tomamos este grato nombre, nos ligan 
los recuerdos del hogar; y hacia el interesante plantel de quien 
lo recibimos, sentimos los entrañables y tiernísimos afectos que 
estrechan á los hijos con la Madre. 

Bajo la influencia de estas consideraciones, que para nos- 
otros nada tienen de violento ni de figurado, venimos hoy á pre- 
sentar á la Sociedad que con su atención nos favorece, ua pen- 
samiento que nos lisonjeamos será por ella benévolamente aco- 
gido; y lo creemos así, tal vez porque juzgamos con el corazón; 
porque en los instantes presentes nos consideramos como el hi- 
jo que nada puede, pero que acude á sus hermanos que pueden 
mucho, para solemnizar uu acontecimiento plausible en la vida 
de su para todos querida Madre; porque trasladados, por los re- 
cuerdos históricos, al pasado, distinguimos con toda claridad en- 
tre las disipadas brumas de un siglo, el eternamente memorable 
1 ? de Enero de 1792, en que el benéfico pensamiento iniciado el 
25 de Febrero de 1774 por los beneméritos sabios D. Joaquín 
Velázquez de León y D. Juan Lucas de Lassaga, merced á los 
talentos, á los esfuerzos, á la actividad y á la constancia del es- 
clarecido sabio D. Fausto de Elhuyar, encontró su más comple- 
ta realización en la erección del Colegio de Minería; y porque 
dirigiendo la vista hacia el futuro, encontramos en muy cerca- 
na perspectiva, al término de unos cuantos meses, el 1? de Ene- 
ro de 1892, cuya fecha completa el primer siglo de este impor- 
tante suceso. 

Está dicho ya: nuestra iniciativa está encaminada á procu- 
rar la celebración del Centenario del Colegio de Minería, que 
se cumplirá el 1 ? de Enero del año entrante de 1892. 

Esta solemnidad, que para nosotros será una verdadera fies- 
ta de familia, por lo que reclama el concurso individual y colee- 



"Antonio Álzate. ■■ 181 



tivo de los Alumnos de Minería, no puede ni debe tener este 
único carácter. 

El Colegio de Minería fué el primer Establecimiento cien- 
tífico que se erigió en nuestro suelo; y nada más natural, por 
lo mismo, que todos los cuerpos científicos de nuestro país, acu- 
dan á celebrar su centenario. 

El Colegio de Minería ha dotado de mineros inteligentes á 
este ramo, al que por otra parte y en divei\«!as líneas ha presta- 
do importantísimos servicios: es, por lo mismo, acreedor á la 
gratitud de todo él; y ninguna ocasión se presenta tan oportu- 
na y tan propicia para manifestársela. 

El Colegio de Minería fué la cuna de las ciencias que tan 
rápidamente se han generalizado, y que tan directamente han 
influido sobre nuestros adelantos materiales é intelectuales; con 
esta voz sonora está llamando para celebrar su natalicio á to- 
dos los que en estos adelantos se interesan. 

El Colegio de Minería dio y ha dado al país patriotas para 
su Independencia; soldados para sus combates; caudillos pa- 
ra sus ejércitos ; ingenieros para sus defensas; legisladores para 
sus parlamentos; consejeros para sus consultas; profesores pa- 
ra su enseñanza; sabios para sus adelantos y progresos; y por 
esto la solemnidad que tiene en espectativa, debe revestir un 
carácter nacional; y para dárselo, hay que llamar el concurso 
de los elementos oficiales. 

Hemos dicho más de lo necesario para presentar nuestro 
pensamiento; y así por esto, como por no seguir abusando de 
la atención con que la Sociedad nos favorece, deberíamos con- 
cluir, si no fuera porque la conveniencia nos aconseja hacer al- 
gunas indicaciones relativas á la manera de realizar esta solem- 
nidad. 

Entre los diversos medios que desde luego se presentan, el 
que parece más adecuado es el de una Exposición Minera Na- 
cional, á la que se invitarían á todos los Estados de la Repú- 
blica; y es de suponer que todos aceptarían este convite, pues 



182 Memorias de la Sociedad Científica 

en todos hay ilustración, en todos hay patriotismo, en casi to- 
dos hay minas, en todos hay alumnos de Minería, siendo éstos 
los que en algunos de ellos rigen los públicos destinos. 

Se harían figurar en esta Exposición colecciones mineraló- 
gicas, geológicas, paleontológicas y metalúrgicas, científicas é 
industriales, generales y locales; modelos de máquinas, apara- 
tos, herramientas, explosivos, instrumentos, modelos, planos, 
memorias, libros, periódicos y todo género de publicaciones mi- 
neras, así como todo lo que tenga relación con este ramo. 

El local destinado á esta Exposición debería ser el Colegio 
de Minería. 

Durante el tiempo de la Exposición, se celebrarían por las 
noches veladas científicas literarias, dedicadas á los fundadores 
del Colegio; álos Profesores y Alumnos que más ventajosamen- 
te se hayan distinguido, ó que mejores servicios le hayan pres- 
tado; y para estas funciones, que tendrían toda la solemnidad 
posible, se invitaría á todas las Sociedades Científicas. 

En estas veladas procedería hacer el Elogio Fúnebre de los 
sabios á quienes se dedicaran. 

Los pormenores de esta solemnidad, en su conjunto y en 
sus detalles, serán del resorte de las Comisiones que se nombren 
para realizarla ; en esta iniciativa no se puede ni se debe más 
que bosquejar el conjunto. 

Si la celebración del primer Centenario del Colegio de Mi- 
nería constituye el cumplimiento de un deber de gratitud, que 
tiene una significación nacional, la iniciativa le corresponde, por 
derecho y por obligación á la Sociedad de sus antiguos alum- 
nos, á la que, con este objeto, se dirigen hoy los últimos de sus 
miembros, en la presente exposición. 

No pedimos para ella la dispensa de los trámites á que por 
conveniencia y por necesidad debe sujetarse; pues únicamente 
solicitamos que sea tomada en consideración para su estudio. 

Si en el concepto de la Comisión, á cuyo dictamen pase este 
pensamiento, debe realizarse, ella indicará los medios condu- 



>> Antonio Álzate, n 183 



centes para lograrlo; si uo procede su realización, lo hará así 
presente á la Sociedad, evitándole perder el tiempo en discusio- 
nes inútiles." 



Hay sentimientos que existen en el corazón del hombre en 
el estado latente, y que basta la ráfaga de un recuerdo para po- 
nerlos en todo su vigor. 

Así pasó en este caso: á medida que esta lectura iba de- 
jando ver el objeto de la iniciativa, se iba despertando ti sen- 
timiento minero que es el núcleo de la Sociedad que con reli- 
gioso silencio la escuchaba; y podemos decir sin exageración, 
que tan pronto como se descubrió el pensamiento, fué unáni- 
memente aprobado; pues luego que terminó esta lectura, una 
salva de aplausos acogió sus últimas palabras. 

El entusiasmo fué tan general como justificado; y este pen- 
samiento se hubiera aprobado desde luego, á no ser porque la 
circunspección, la disciplina y el deber de los socios, los obliga- 
ba á sujetarse á las prescripciones de su reglamento, y confor- 
me á ellas, se pasó este documento al estudio de una Comisión 
formada por los Sres. D. Pedro J. Sentiés, D. Fernando Sáya- 
go, D. Gilberto Crespo y Martínez, D. Luis Salazar y D. Rómu- 
lo Ugalde, la que presentó un dictamen, que fué en todo favo- 
rable al peusaraiento. 

No se pensó ya más que en realizarlo, aprovechando el tiem- 
po que aún se tenía disponible; y con tal i^iotivo, la Mesa citó 
varias veces á Junta General, la que, por causas que no conoce- 
mos, nunca tuvo verificativo. 

En vista de este resultado, la Junta Directiva, por conduc- 
to de su Secretario el Sr. D. Adolfo Medina, dirigió á los socios 
Ramos y Ramírez, autores de la iniciativa, el oficio siguiente: 

"Sociedad de Ex- Alumnos de Minería. — Secretaría. — Mé- 
xico. — En la Junta Directiva extraordinaria verificada el 9 del 



184 Memorias de la Sociedad Científica 

corriente, se aprobó dirija á vdes. el siguiente acuerdo: "Dirí- 
" jase atento oficio á los Sres. Kamírez y Ramos, expresándoles 
" que la Junta Directiva ha hecho todos los esfuerzos que en 
"su mano estaban para reunir á los socios en Junta General, á 
" fin de terminar con el dictamen presentado por la Comisión, 
" sobre el proyecto que vdes, se sirvieron suscribir, sintiendo 
" no haberlo logrado. Si dichos señores tienen algún medio que 
"dé ese resultado, se podrá continuar tratando de dicho asun- 
" to, así como de las últimas proposiciones formuladas por el 
"Sr. Ramírez, al acogerse con aplauso por todos los socios y 
" en particular por los que forman la Jixnta Directiva, el expre- 
" sado proyecto, " 

Lo que comunico á vdes. para su inteligencia y fines consi- 
guientes. 

México, Mayo 12 de 1891. — Adolfo Medina, Secretario. — 
Sres. Santiago Ramírez y Joaquín Ramos." 



Estando ausentes de esta Capital los socios á quienes iba 
rotulado, cuando el Sr. Ramírez regresó, se dirigió al Sr. D. Ró- 
mulo Ugalde, Secretario de la Escuela Especial de Ingenieros, 
manifestándole que puesto que la Sociedad de Ex -Alumnos 
declaraba no poder celebrar el Centenario del Colegio, conven- 
dría que sus profesores lo intentaran; y con este motivo se di- 
rigieron al Sr. D. Manuel Fernández Leal, Ministro de Fomen- 
to, quien como antiguo alumno acogió favorablemente el pen- 
samiento; ofreciendo, para su realización, su apoyo personal y 
un auxilio pecuniario del Ministerio de su cargo. 

Entonces el Sr. Ugalde comenzó á dar los primeros pasos, 
abriendo una suscrición entre los profesores que secundaron es- 
te pensamiento; y pai'a proceder con mejor éxito á su realiza- 
ción, se resolvió tener una Junta, para la cual se circuló la in- 
vitación siguiente : 



" Antonio Álzate, n 185 



"Dirección de la Escuela Nacional de Ingenieros. — México. 
— Circular. — Debiendo celebrarse el Primer CentenaRíO DEL 
Colegio de Minería que se cumplirá el día 1° de Enero del 
próximo año de 1892, la Escuela Especial de Ingenieros, deseo- 
sa de que este acto tenga toda la solemnidad que corresponde 
á su objeto, tiene la honra de invitar á todos los ex- Alumnos, 
Profesores y Alumnos del espresado Colegio, suplicándoles se 
sirvan concurrir á la Junta que se verificará en la ¡Secretaría de 
la mencionada Escuela el lunes 21 del corriente á las cuatro 
de la tarde. 

México, Diciembre 18 de 1891. — El Director y los Profesores 
de la Escuela. — Firmado." 



En el expresado día se reunieron muchos de los señores ci- 
tados 5 y el Secretario de la Escuela D. Rómulo Ugalde, mani- 
festó á nombre del Director de dicho Establecimiento D. An- 
tonio del Castillo, que no pudiendo este señor asistir por haber 
tenido que ausentarse de la Capital, suplicaba al Profesor D. 
Gilberto Crespo que presidiera la Junta; y en su defecto lo hi- 
ciera el Presidente de la Asociación de ex-Alumnos. 

No estando éste presente, por indicación del Sr, Crespo se 
acordó que presidiera el Sr. D. Fernando Sáyago, Primer Vo- 
cal de la Junta Directiva de la referida Asociación. 

En esta, Junta el Sr. Ugalde presentó dos proposiciones, que 
con cambios no sustanciales, fueron aprobadas: la una para 
que se solemnizara el Primer Centenario del Colegio de Mine- 
ría con una Velada artístico-literaria; y la otra para que se nom- 
brara una Comisión que se acercara á los Ministros de Fomen- 
to, Comunicaciones ó Instrucción Pública, solicitando su apo- 
yo; y para que formara un proyecto y el presupuestó relativo. 

Se nombró en Comisión á los Sres. D. Mariano Villamil, D. 
Antonio Anza y D. Ezequiel Pérez, á cuya Comisión se agrega- 
Memorias [1802-93J, T VI, 24. 



186 Memorias de la Sociedad Científica 

ron más tarde los Sres. D. Mateo Plowes, D. Francisco Gari- 
bay y D. Ricardo López Guerrero. 

El Sr. Sáyago propuso que para pronunciar el Discurso Ofi- 
cial se nombrara al antiguo alumno Ingeniero de Minas D. San- 
tiago Ramírez, y se invitara al Sr. Lie. D. Justo Sierra para 
leer una Poesía. Aprobadas estas postulaciones, se comisionó 
para hacer esta invitación y notificar aquel nombramiento á los 
Sres. D. Rómulo Ugalde, D. Alberto Hoppenstedt y D, Bernar- 
do Aragón. 

Presididas unas veces por el Sr. Sáyago, otras por el Sr. Fuen- 
tes y Muñiz, otras por el Sr. Méndez, continuaron las Juntas, 
en las que se facultó ampliamente á la Comisión para todo lo 
relativo á la realizacióu de este pensamiento. 

En uso de estas facultades, y de acuerdo con las resolucio- 
nes tomadas en diversas juntas, la Comisión expidió la Circu- 
lar siguiente : 

"Comisión del Centenario de Minería. — Escuela Nacional 
de Ingenieros. — JVÍéxico. — Estando para terminar el centesimo 
año de la fundación del Colegio de Minería, y siendo evidentes 
las ventajas y servicios que este plantel de educación técnica 
ha proporcionado á todas las clases sociales y muy particular- 
mente á las empresas mineras, ferrocarrileras é industriales; 
y siendo asimismo notoria la protección decidida que desde su 
fundación hasta ahora le han impartido todas las empresas de 
este género, no dudamos en dirigirnos ávd., suplicándole se aso- 
cie con nosotros para la celebración del Centenario del Colegio 
de Minería, contribuyendo con los recux'sos pecuniarios que á 
bien tenga j tanto con el fin de verificar una velada conmemo- 
rativa de dicha fundación, cuanto para inaugurar y llevar á ca- 
bo una Exposición de todos los ramos relativos á la Ingenie- 
ría é Industria, para lo cual también contamos con que se ser- 
virá vd. enviar en época oportuna y previo aviso nuestro, los 
productos ú objetos que juzgue convenientes. 



" Antonio Álzate. .. 137 

La Comisión que suscribe, nombrada eu Junta general por 
los Profesores y ex-Alumnos del Colegio de Minería, para or- 
ganizar la celebración del Centenario, no vacila, obsequiando 
las instrucciones que ha recibido, en dirigirse á vd. con el fin 
indicado, y espera no salir desairada en su propósito : pues á la 
cultura ó ilustración de vd. no pueden ocultarse las ventajas que 
de la mencionada Exposición obtendrán quienes á ella concu- 
rran. 

Encarecemos á vd. su pronta contestación, por exigirlo así 
la premura del tiempo con que contamos. 

Con este motivo nos es satisfactorio ofrecernos á sus órde- 
nes. 

México, Diciembre 30 de 1891. — M. Villamil. — Mateo Plowes, 
—F. Garíbay.—E. Pérez.'' 

Nota.— La correspondencia para la Comisión se dirigirá á la Escuela Nacional 
de Ingenieros. — México. 



Acor ado que la velada se verificara en el patio del Colegio, 
que estaba ocupado con bultos pertenecientes á la Exposición, 
el Secretario de la Escuela ISr. Ugalde, en oficio fecha 27 de 
Diciembre, suplicó al Sr. Comandante General de la Plaza en- 
viase una fagina de cuarenta hombi*es para escombrarlo; y el 
Sr. general D. Hermenegildo Carrillo, accediendo á esta solici- 
tud, que contestó el 28, envió inmpidiatamente este auxilio. 

Dos pensamientos se veían dominar en el seno de las discu- 
siones, y que estaban íntimamente ligados con la esencia del 
asunto á que se referían: el de que la velada tuviera lugar en 
el edificio del Colegio; y el de que se verificara el 1? de Enero 
de 1892, día del aniversario. 

Estos dos pensamientos parecían incompatibles, porque á la 
sazón estaba la calle de San Andrés en compostura; y la acu- 



188 Memorias de la Sociedad Científica 

mulación de escombros y materiales que la llenaban, haciendo 
difícil aun el paso á pie, la tenían inaccesible á los carruajes. 

Fué, pues, indispensable aplazar esta solemnidad; mas con 
el objeto de que el Centenario no dejara de tener una conme- 
moración en su fecha, en la sesión del 28 de Diciembre se apro- 
bó una proposición del Sr. D. Jesús Fuentes y Muñiz, en vir- 
tud de la cual el día 1° mencionado se reunirían en el Colegio 
el Director, los profesores, ex -profesores, alumnos y ex -alum- 
nos, para levantar y firmar un acta conmemorativa. 

Esta reunión se verificó, en efecto, en la antigua Sala de De- 
lineación, y en ella se levantó el acta siguiente : 

'*E1 día 1? de Enero de 1892, reunidos en el salón principal 
que ocupa el centro de la crujía del frente del Colegio de la Es- 
cuela Nacional de Ingenieros, antiguo Colegio de Minería, va- 
rios profesores, ex -profesores, alumnos y ex -alumnos del mis- 
mo Establecimiento, con el objeto de conmemorar en su primer 
Centenario la fundación de la Escuela, se constituyeron en Jun- 
ta, presidiéndola á instancias de los presentes, el Sr. Ingeniero 
D. Manuel Fernández Leal. 

Abierta la sesión, el Señor Presidente tomó la palabi*a para 
manifestar el objeto de la reunión, absteniéndose de entrar en 
detalles porque éstos deberían darse en la velada que con este 
objeto se está organizando. 

En seguida se nombró Secretario al Sr. Aguilera, quien des- 
pués de tomar posesión de su cargo dio lectura al acta de la fun- 
dación del Colegio. 

A continuación se dio lectura á la presente acta que fué apro- 
bada y suscrita por todos los que concurrieron á la reunión. — 
M. Fernández Leal. — F. Diez de Bonilla. — M. M. Contrems. — 
Celso Acevedo. — J. E. Tamayo. — M. Villamil. — J. C. Segura. — 
Antonio G. Cubas. — Manuel V. de León. — Leandro Fernández. — 
Adolfo Medina. — M. Cameros. — A. V. Iloppenstedt. — E. Martínez 
Baca. — Rómulo Ugalde. — José G. Aguilera. — Carlos SeUerier. — 



"Antonio Álzate, m 189 

Eeequiél Pérez. — Ezeqiúel Ordóñez — F. Garihay. — Gilberto Mon- 
tiel Estrada. — Ricardo López Guerrero. — Ig^nacio Casas. — Maxi- 
miliano Olguín. — Leopoldo Salazar, — Mateo Hojas Zúñiga.^' 



Al día siguiente la Comisión de que ya se ha hablado hizo 
circular y fijó en la portería del Colegio, en la que mandó abrir 
un registro, el aviso siguiente: 

"La Comisión encargada de organizar la celebración del 
Centenario del Colegio de Minería, suplica á los señores profe- 
sores, ex -profesores, alumnos y ex- alumnos de la Escuela Na- 
cional de Ingenieros, se sirvan pasará la portería de la misma 
á inscribir su nombre y domicilio en el libro dispuesto al efec- 
to, para poder enviarles oportunamente la invitación á la vela- 
da conmemorativa de la fundación del Colegio que próximamen- 
te tendrá lugar.— Enero 2 de 1892." 



Entretanto los preparativos continuaban. 

Los Sres. Agea y Anza proyectaban y llevaban á cabo el 
adorno del patio que debía transformarse en salón; la Comisión, 
infatigable en sus trabajos, parecía multiplicarse para atender- 
los simultáneamente. Con el Sr. D. Alfredo Bablot, Director 
del Conservatorio Nacional, arreglaba la parte musical en la que 
se resolvió no tocar más que piezas escogidas, de la época cuyo 
acontecimiento se conmemoraba; con el Sr. Coronel D. Juan 
Villegas, Director del Colegio Militar, conseguía la vela que de- 
bía formar el techo del salón; y los numerosos detalles que se- 
ría hasta imposible señalar, estaban cuidadosa, eficaz y oportu- 
namente atendidos. 

De estos preparativos da idea el siguiente suelto que "El 
Tiempo " publicó en su número del 22 de Enero : 



190 Memorias de la Sociedad Científica 



"El Centenario del Colegio de Minería. — La circunstancia 
de estar todavía en compostura la calle de San Andrés y la del 
fallecimiento del Sr. Ingeniero D. Eleuterio Méndez, catedrá- 
tico del Colegio de Minería, cuyo duelo debe guardarse, han he- 
cho que de nuevo se aplace la velada inaugural con que va á 
darse principio á las fiestas con que los antiguos alumnos de es- 
te Colegio han dispuesto celebrar el primer Centenario de su 
fundación; y según parece, dicha velada se verificará del 26 al 
27 del corriente. 

Los preparativos que se hacen para esta solemnidad son tan 
adecuados como significativos; y entre otros, nos ha llamado la 
atención uno que revela los levantados sentimientos que siem- 
pre han distinguido á los alumnos de ese Colegio. 

En artísticos cuadros, colocados en los arcos del patio prin- 
cipal, que se ha transformado en salón, figui'an los nombres de 
los fundadores, catedráticos y alumnos que más se han distin- 
guido, de cuyos nombres unos nos eran completamente desco- 
nocidos y otros estaban olvidados. 

La presencia de estos nombres, á la vez que una manifesta- 
ción de gratitud muy debida, constituye una serie de datos his- 
tóricos, que conviene dar á conocer en una solemnidad de esta 
naturaleza- 
Sabemos que la orquesta del Conservatorio, que con el Or- 
feón Alemán va á desempeñar la parte filarmónica, va á tocar 
únicamente piezas clásicas de la época que se conmemora. 

Creemos que, como lo deseamos, esta solemnidad tan grata 
y significativa, tendrá todo el lucimiento que corresponde á su 
objeto y á su importancia." 



El patio del Colegio constantemente ei'a visitado por anti- 
guos alumnos, á muchos de los cuales oimos decir hondamente 
conmovidos, que les parecía estar en los días felices en que sien- 
do colegiales, presenciaban los preparativos para los premios. 



' Antonio Álzate, n 191 



El Sr. D. Alfredo Bablot, Director del Conservatorio Nacio- 
nal de Música, aceptó gustoso la invitación que so le hizo pa- 
ra desempeñar la parte musical, y en su caballerosa deferencia 
fué secundado por los entendidos profesores de ese Estableci- 
miento. 

El Orfeón Alemán, manifestando que deseaba expresar su 
gratitud á México por la honra que en 1803 dispensó al sabio 
prusiano el Barón de Humboldt, en la que se distinguió el Co- 
legio, ofreció concurrir con el Conservatorio en la parte musi- 
cal; y esta doble circunstancia comunicó un grande atractivo á 
la parte artística. 

La Comisión organizadora dirigió las siguientes invitaciones 
particulares : 

A las Sociedades Científicas: 

"Al fenecer el primer siglo de la fundación del Colegio de 
Minería, los hijos de este plantel, justamente orgullosos de la 
corriente de luz, ciencia y patriotismo que emanada de ese fo- 
co del saber, se ha difundido por todos los ámbitos del país, 
creen cumplir con el más sagrado de los deberes, dando un tes- 
timonio público de gratitud hacia los fundadores de tan nota- 
ble Establecimiento. 

Con tal motivo, y ayudados eficazmente con el valioso apo- 
yo del Gobierno progresista del Sr. general D. Porfirio Díaz, y 
la generosa cooperación de las principales Compañías mineras 
del país, se han decidido á efectuar una serie de actos conme- 
morativos durante el curso del presente año, inaugurándola con 
una velada litex'aria y musical que se verificará á fines del pre- 
sente mes. 

Siendo notoria la ilustración del cuerpo científico que vd. 
dignamente representa, la Comisión que suscribe, á nombre de 
la Junta general de Profesores, alumnos y ex -alumnos del an- 
tiguo Colegio de Minoría, tiene la honra de invitar á vd. y por 



192 Memorias de la Sociedad Científica 

SU digno conducto á todos los respetables miembros de esa So- 
ciedad, á fin de que se sirvan concurrir al acto mencionado." 

A la Colonia Alemana : 

'' La Comisión que suscribe, á nombre de la Junta General 
de Profesores, alumnos y ex- alumnos de la Escuela de Inge- 
nieros, tiene la honra de invitar á vd., y por su digno conduc- 
to, á los respetables miembros de la ilustrada Colonia Alemana, 
á fin de que se sirvan honrar con su asistencia la velada litera- 
ria y musical que en celebración del Centenario del Colegio de 
Minería, tendrá lugar el 22 del presente mes. 

" Los lazos de cariño y simpatía que desde el tiempo del Ba- 
rón de Humboldt ligan á nuestra sociedad con la Colonia Ale- 
mana de que es vd. digno representante, que se han ido estre- 
chando más y más hasta nuestros días, así como también la 
recíproca estima y consideración que existieron entre los fun- 
dadores de dicho plantel y el venerable autor del '' Cosmos," nos 
hacen esperar que los compatriotas del sabio alemán, se unirán 
á los hijos de Minería en esta solemnidad. 

" Nos es grato con este motivo reiterar á vd. las segunda; 
des de nuestra distinguida consideración." 

Y á la Colonia Española: 

" La Comisión que suscribe, á nombre de la Junta General 
de Profesores, alumnos y ex- alumnos de la Escuela de Inge- 
nieros, tiene la honra de invitar á vd., y por su digno conducto 
á los respetables miembros de la Colonia Española, á la velada 
literaria y musical que en celebración del Centenario del Cole- 
gio de Minería, se verificará á fines del presente mes. 

" El valioso apoyo que la nación española y su muy ilustre 
Monarca Carlos III, prestaron á la idea de nuestro sabio com- 
patriota D. Joaquín de Velázquez Cárdenas y León, para esta- 



•■Antonio Alz&te.ii 193 



blecer el gremio de Minería y su Real Seminario; así como el 
generoso desprendimiento con que esa nación dispuso más tar- 
de poner al frente de dicho plantel lo más selecto de entre sus 
sabios, bastarían para justificar por sí solos los motivos de es- 
ta invitación. Si á esto se añaden los lazos filiales que han liga- 
do á México con España, se corroboran completamente los jus- 
tos deseos que animan á los hijos de Minería para celebrar el 
primer Centenario de la fundación de su Escuela en unión de 
la laboriosa y distinguida Colonia Española. 

Esperando se sirva aceptar nuestra invitación, nos es grato 
reiterarle á vd. nuestra distinguida consideración." 



El entusiasmo por esta significativa solemnidad no se loca- 
lizaba en los alumnos: era la materia de todas las conversacio- 
nes; por todas partes extendía sus preparativos; la Comisión, 
tan activa como inteligente, sin cesar le allegaba elementos que 
habían de contribuir á su lustre, y día con día la prensa ilustra- 
da comunicaba una nueva noticia, exponía una oportuna refle- 
xión ó añadía un juicioso comentario. 

Entre los artículos que con este motivo vieron la luz públi- 
ca, merece una particular mención el que apareció en " El Tiem- 
po," que cedemos á la necesidad de consignar en esta reseña, 
así por los datos que contiene, como por ser de uno de los más 
entusiastas alumnos: 

"El Centenario del Colegio Nacional de Minería. — (Dedi- 
cado á la generosa Sociedad de ex-alumnos del mismo Cole- 
gio). — Inútil es por demás que los alumnos de la Escuela de 
Minas, incansables investigadores de la verdad por educación, 
busquemos hoy fuera del legítimo criadero de todas las verda- 
des la grandeza de nuestro secular Colegio, tan justamente re- 
nombrado, pues ni su monumental fachada, ni la magnificencia 
de su pórtico, ni sus amplios corredores, ni sus grandiosas es- 

Memoríos Li89z-93Ji T VI, 25. 



194 Memorias de la Sociedad Científica 

caleras, y, lo diré de una vez, ni el apogeo de sus ciencias á la 
altura de los planteles europeos más celebrados, constituyen su 
verdadera gloria inmortal. 

El mérito imperecedero de nuestra alma- casa estriba en sus 
instituciones, hijas de sus fundadores, virtuosos sabios nutri- 
dos con las divinas enseñanzas de la Iglesia, normadas sus cos- 
tumbres por esta Santa Madre y poseídos de su espíritu siem- 
pre y en todo justo y beneficioso. 

Siendo Jesucristo "santo," pues es el santo de los santos, "mi- 
sericordioso," hasta haber descendido del cielo á redimir al hom- 
bre del infierno y poseyendo por su naturaleza infinita una " per- 
petuidad" indestructible y eterna, comunica á sus hijos desde 
aquí en la tierra un algo de esos " tres únicos caracteres distin- 
tivos de toda grandeza," hasta donde son susceptibles de reci- 
bir estos dones, constituyendo á los hombres beneméritos en 
una providencia tangible en favor de sus semejantes. 

Por eso es que en las constituciones católicas del Colegio 
de Minería nos han dejado sus mil veces benditos fundadores, 
como indestructibles cimientos á las ciencias naturales, esos 
mismos tres principios necesarios á toda institución didascáli- 
ca, si ha de ser grande, y sin los cuales se seca y muere: esos 
tres principios son la " aspiración á la santidad," la " tendencia 
incesante á la beneficencia" y el "establecimiento, en fin, del 
sólido cimiento para su estabilidad." 



Los fundadores de nuestra Escuela consagraron todos sus 
afanes á formar tanto católicos fervientes como distinguidos sa- 
bios, habiendo logrado sacar de sus escaños durante una centu- 
ria los varones más ilustres por sus virtudes y por su indisputa- 
ble mérito científico, quedando valorizadas nuestras afirmacio- 



' ' Antonio Álzate. 1 1 195 



nes, ya por las biografías de aquellos fundadores, preciosamente 
elaboradas por el Sr. ingeniero Ramírez, ora por los estatutos 
de nuestro Colegio, ó por la celosísima vigilancia de los direc- 
tores, prefectos, profesores y demás empleados, para sembrar 
la virtud en el corazón de cada uno de los jóvenes alumnos, si- 
guiendo el espíritu de los fundadores y de las sabias institucio- 
nes por .éstos mismos fundadas. 

Los que nos preciamos de haber sido hijos de este plantel, 
gloria perenne de México, hemos sido testigos y á la vez obje- 
to de los santos esfuerzos de nuestros superiores, no sólo para 
hacernos conservar la sagrada fe religiosa, ya muy inculcada 
por nuestros padres, sino también en habernos hecho avanzar 
de virtud en virtud en su nunca desmentida buena crianza, con 
su preclaro ejemplo práctico y con la más estricta observancia 
de las instituciones y reglamentos muy terminantes sobre tan 
importantes materias. 

La grata sorpresa que experimentamos los mexicanos al lle- 
gar al uso de la razón y los extranjeros á nuestro país, al con- 
templar por la primera vez este gigante, buscando en vano en 
esta tierra otro monumento de este género tan grandioso como 
nuestro palacio, revela desde luego que quienes idearon y quie- 
nes ejecutaron este gran pensamiento, cuna de tantísimos otros 
espléndidos también, fueron hombres de primer orden, de gran 
corazón, de grandes sentimientos y de infinito amor al Continen- 
te Colombino, pues que le dotaron de un blasón, gloria de las 
Amóricas y orgullo de los siglos, á los que parece desafiar por 
su nunca vista construcción. 

Nuestra risueña capilla, con su material magnificencia, fo- 
rrada de mármol y decorada con pinturas de los mejores artis- 
tas, como lo prueba la preciosa Guadalupana que se ostenta en 
el único altar para ella erigido, entre ricos bronces y preciosos 
mármoles, nos enseñaba á reservar al culto del Todopoderoso 
lo más escogido de los primores de la tierra, lo más rico en los 
pensamientos y afectos del alma. La misa diaria obligatoria pa- 



196 Memorias de la Sociedad Científica 

ra todos los alumnos, ayudada por dos de ellos en turno diaria- 
mente se celebraba en este higar de oración: allí se rezaba tam- 
bién el rosario, presididos por nuestro capellán, todas las no- 
ches conforme lo prevenían los estatutos, según los cuales se 
exigía á todos los internos cuando menos tres comuniones anua- 
les, siendo la de cumplimiento de iglesia en el Sagrario Metro- 
politano con nuestro Director á la cabeza, que tambiéii comul- 
gaba en nuestra compañía, sirviéndosenos en seguida por la nu- 
merosa servidumbre del Colegio, en la iglesia misma, en el acto, 
de la comunión, en amplias charolas colmadas de grandes copas 
exquisito vino de consagrar, y teniendo, por último, en esta 
nuestra suntuosa capilla los prontos auxilios de un capellán que 
daba también la cátedra de Religión al medio día y una plática 
doctrinal después de la misa de los domingos, terminando siem- 
pre este acto con la seria lectura de uu severo reglamento. 

Los altísimos méritos científicos de nuestros fundadores y 
de sus subsecuentes directores no son ni para indicarse en es- 
te imperfecto estudio. Estos están ya reseñados en parte por 
el Sr. Ramírez, y así es que después de consignar únicamente 
los gloriosos nombres de los Sres; Velázquez y de sus suceso- 
res del mismo apellido, hasta el del sabio Ingeniero D. Miguel 
Velázquez de León, que hace poco falleció, de D. Fausto Elhu- 
yar y de D. Andrés del Río, nos limitaremos á citar tan sólo 
los de los directores que por motivo de política más que por otras 
causas se sucedieron en los años de 50 á 70, poco más ó menos, 
reconocidas notabilidades no sólo de nuestro Colegio, sino aun 
de nuestra República, todos ellos Ministros alguna vez en al- 
gún ramo de grande importancia en la política de su época y 
que pusieron siempre á la Escuela de Minas, en los años de su 
dirección, á cubierto de las continuas agresiones que contra 
sus fondos abundantes y su deslumbrador edificio intentaron 
siempre codiciosos que nunca faltan. 

Los nombres de estos memorables personajes en los años 
que hemos citado son los siguientes: 



" Antonio Álzate, m 197 



El Exmo. Sr. General D. José María Tornel y Mendívil, Mi- 
nistro de la Guerra; D. Luis de la Rosa, Ministro de Relacio- 
nes j D. Joaquín Velázquez de León, Ministro de Fomento; In- 
geniero D. Blas Barcárcel, Ministro igualmente de Fomento j 
el Sr. Ingeniero D. José Salazar Ilarregui, encargado también 
de la misma cartera; Ingeniero D. Joaquín Mier y Terán, Mi- 
nistro y director como los anteriores; Ingeniero D. Patricio Mur- 
phy; General D. Luis Tola; Ingeniero D. Manuel Fernández 
Leal, actual Ministro de Fomento; y el infatigable actual Sr. 
Director Ingeniero D. Antonio del Castillo. 

El indisputable mérito de estas entidades, á no haber sido 
y aun ser hoy páblieo y notorio, quedaría indeleblemente de- 
terminado tan sólo con la lectura de las memorias de nuestros 
anuarios, en donde se hallan impresos sus sabios discursos, ya 
como directores ó como profesores de la Escuela. 

Los más entusiastas encomios serían insuficientes hablan- 
do do nuestros supenores para reseñar los mil cuidados, los in- 
finitos desvelos y la esmerada exactitud del Sr. D. Blas Balear- 
cel, ya como alumno, como jefe de sección, como prefecto de es- 
tudios, como subdirector ó como director del Colegio, y como 
Ministro de Fomento, de cuyas oficinas dependió siempre Mi- 
nería, y por líltimo su benéfica influencia en esta Escuela, como 
presidente ó vicepresidente de la Sociedad de ex- Alumnos has- 
ta hace unos cuantos meses. Tan sólo los que hemos sido ob- 
jeto de su caballerosa solicitud durante largos períodos de este 
medio siglo podemos ser testigos de su inquebrantable volun- 
tad para el estudio, así como para cumplir siempre con todo lo 
que él creyó sus más altos deberes. Este respetable señor me- 
rece por su abnegación el afecto de todos los mineros y la ve- 
neración de un padre, pues que descendiendo á los más minu- 
ciosos pormenores de nuestra educación, del aseo nuestro y del 
Colegio, de nuestros alimentos, de nuestras enfermedades, etc., 
etc., convirtió aquel Establecimiento desde antes de 1850 en 
una escuela de aquellas que los alemanes llaman tan propiamen- 
te maternales. 



198 Memorias de la Sociedad Científica 

Los jefes de sección, la conserjería, guardarropa, mayordo- 
mía, portero, ecónomo y en general toda la servidumbre y has- 
ta la misma secular campana de la puerta acostumbrada á mar- 
char desde su origen al compás de los cronómetros del Obser- 
vatario, todo fué en aquella época modelo del cumplimiento del 
deber, de la mayor obediencia, sumisión y respeto á nuestros 
superiores, dándonos en todo ejemplo nuestros maestros y el 
más inmediato el Sr. Balcárcel. 

El talento, el genio, la gloria ajena cuando es egoísta ó va- 
nidosa pronto se olvida porque no deja tras de sí la huella de la 
felicidad ajena, y por eso el mármol cuando las acciones han 
sido punibles no nos recuerda sino la perversidad de los malva- 
dos que han cometido éstas y á quienes se ha erigido aquel ; pero 
cuando estas lápidas las llevamos en nuestros corazones donde 
están indeleblemente grabados los beneficios recibidos, entonces 
la gratitud hace callar al orgullo pronto siempre á no reconocer 
nunca el mérito ajeno, haciéndonos levantar el agradecimiento, 
si no la justicia, monumentos imperecederos á nuestros bene- 
factores, y esta es la razón por qué todos los mineros amamos 
y veneramos á nuestros superiores, porque además de haber si- 
do sabios fueron humanos, habiendo hecho con sus virtudes fe- 
lices á muchas generaciones que siempre se enternecerán al 
bendecir su memoria. 

Para hacer más patente la solicitud paternal que desde sus 
fundadores precedió y siguió providencialmente los pasos en 
favor de ese inmortal seminario de minas, y cuánto se cuidaba 
del verdadero bienestar temporal y eterno de todos los del ra- 
mo, transcribimos al fin de estas reflexiones artículos originales 
de los Reglamentos del Colegio y de las leyes del Código de 
Minería, y para que nuestros elogios no parezcan apasionados, 
agregaremos por último las honrosas apreciaciones que de nues- 
tro Colegio hicieron sabios nada sospechosos en esta materia, 
el Barón de Humboldt, por ejemplo, y que sirviendo de com- 
probación á nuestros asertos, sean también un mentís á los que 
algo aseguren en contrario. 



" Antonio Álzate, ir 199 



II 



El Colegio de Minería dijimos que se señaló siempre por su 
misericordia, y no sin razón porque ejerció sin descanso esta vir- 
tud, enseñándola y transmitiéndola prácticamente á todos sus 
educandos, como lo fué siempre su enseñanza en todo, habien- 
do ejercido sin intermitencias en altísima escala las benditas 
obras de misericordia, vistiendo y no como quiera sino de gran 
lujo á sus alumnos de '* dotación," alimentando con un banque- 
te diario á sus alumnos de '' dotación" y de *' media dotación," 
é instruyendo gratis á sus numerosos alumnos internos y ex- 
ternos sin distinción alguna, pues aun los " porcionistas " sólo 
pagaban sus alimentos. Aposentándonos no en medianos alber- 
gues, sino en suntuosos palacios, en nuestra teórica y en nues- 
tra práctica para redimir allí á los cautivos de la ignorancia, 
regalándonos todos nuestros libros de texto á los alumnos de 
dotación; invitándonos á curar y á velar hora por hora, por tur- 
nos de dos en dos alumnos, á nuestros enfermos; aconsejando 
y corrigiendo á los que lo merecíamos; acostumbrándonos á 
conducir en hombros á nuestros difuntos, alumnos ó superio- 
res, á su última morada; y finalmente rogando á Dios por ellos 
celebrando solemnes exequias en la capilla del Colegio ó asis- 
tiendo á la de los respectivos panteones cuando se celebraban 
fuera sus funerales. 

El cumplimiento de la obra de misericordia de " enseñar al 
que no sabe," será probablemente en este año objeto de intere- 
santes reseñas, pues que la historia de esta docta enseñanza du- 
rante cien años algo tiene que contar y sobre todo la de sus hi- 
jos, ingenieros de todas clases que mucho la enaltecen y mucho 
valen para que nada ganen con nuestros pobres juicios, y así 
tan sólo haremos ligeríbimas reflexiones sobre algunas de las 



200 Memorias de la Sociedad Científica 

relevantes cualidades morales de los mineros que fueron nues- 
tros maestros, y sobre el carácter eminentemente pedagógico 
de sus enseñanzas. 

No debiendo extrañar por lo dicho que sus alumnos, peda- 
gogos prácticos de hecho, hayan terminado por ensayar con 
éxito en la Capital y en los Estados procedimientos, métodos y 
verdaderos sistemas de educación en nuestro concepto acerta- 
dísimos en su mayor parte y sobre todo en una circunstancia 
esencial y altamente humanitaria, en haber sido siempre muy 
numerosas las horas de estudio diarias, y en muy corto número las 
cátedras diarias que exigen la preparación de un estudio pre- 
vio, no habiendo comprendido nunca muchas materias en pocos 
años de carrera. Así se evitó siempre el terror en los alumnos 
y muchas afecciones cerebrales. 

y aunque nunca se nos habló de pedagogía, pues nuestros 
maestros hubieran creído perder su tiempo en estas digresiones, 
siempre se nos tuvo de hecho sumergidos y conservados por nues- 
tros fundadores alemanes en la misma pedagogía desde el pri- 
mer momento de nuestro ingreso al Colegio hasta el último de 
los diez años que allí permanecimos: siete en nuestros estudios 
teóricos y tres en los prácticos, ó infelices de nosotros si así no 
se hubiera procedido, porque los fenómenos de nuestras cien- 
cias si no se palpan no se aprenden nunca. 

En el primer curso llamado preparatorio se nos procuró el 
buen gusto literario con el continuo y castizo lenguaje de nues- 
tro profesor de Gramática Castellana, ejercitándonos continua- 
mente con ingeniosos problemas en Lógica y en Aritmética. 

En el Primer Curso de Matemáticas, además de enormes só- 
lidos de madera, había unos más grandes cartones de un metro 
cuadrado, con líneas de un dedo de grueso para hacernos más 
comprensibles las figuras de Geometría, y unos preciosos apun- 
tes complementarios del curso, redactados por el profesor: es- 
tos apuntes los puede consultar aún quien lo tenga ábien, pues 
conservamos en nuestro poder un ejemplar que contiene defi- 



"Antonio Álzate. II 201 



Iliciones, reglas, demostraciones y construcciones originales, y 
que guardanaos como una preciosa tradición de exactitud y ge- 
nio matemáticos. 

En el Segundo Curso de Matemáticas se nos hacía construir 
á cada alumno en planos de cartón ó de madera con alambres, 
popotes y pitas las abstractas figuras (monteas) de Geometría 
descriptiva y resolver problemas prácticos de analíticas y am- 
bas Trigonometrías. 

En Geogi'afía y Cosmografía jamás se nos permitió articu- 
lar término alguno científico sino sobi-e los mismos objetos que 
representaban esas palabras en las grandes es£ei*as terrestre, 
celeste, armillar ó planetaria de un metro de diámetro y sobre 
las cartas murales que nos rodeaban ; proyectando siempre en 
el plano del pizarrón nuestras concepciones y resolviendo en es- 
te y en aquellas los mil problemas que se refieren á la Geogra- 
fía y á la Cosmografía. 

De Mecánica, de Física y Astronomía no hablaremos, pues 
que sus henchidos gabinetes, objeto de nuestro estudio en el 
año escolar y de grato recreo en las conferencias anuales de 
nuestros actos públicos, sirvieron para fundar estas cátedras en 
la Escuela N. Preparatoria. 

En Química no sólo disponíamos de cuantas substancias pa- 
ra analizar, tubos, crisoles, reactivos, retortas, copelas, hornos 
ó cubas pudiéramos necesitar, sino de inmensas y altísimas na- 
ves de pulida cantera para no ser perjudicados por los gases. 

Los preciosos museos de Astronomía, Meteorología, Minera- 
logía, Geología, Zoología y Botánica creados desde la erección 
del Colegio, enriquecidos en tan largo período con los más ex- 
quisitos telescopios, y con los más preciosos ejemplares y cris- 
tales de todas las substancias que puede haber en el reino mi- 
neral, puestos siempre en la más estricta relación con los más 
insignificantes caracteres distintivos, descripciones y tecnolo- 
gía antigua y moderna por sus escrupulosos y asiduos profeso- 
res, fué el bendecido Edén en el que al sabor de los exquisitos 

Memorias [1892-93I, T, VI, 26 



202 Memorias de la Sociedad Científica 

frutos que se nos regalaban todo el año para compleineutar el 
ejercicio de la Botánica, aprendimos encantados por los cinco 
sentidos la Historia Natural. 

Pero lo que se realizó más al natural, si posible fuera, es la 
práctica de tan variadas materias, pues que en los caminos del 
país y en las haciendas de beneficio y de labor, en los mismos 
volcanes y barrancas, se practicó el Dibujo, la Astronomía, la 
Geodesia, la Agrimensura, la Meteorología, el Laborío de mi- 
nas, la Metalurgia, se hicieron mil ensayes y nivelaciones, obser- 
vaciones barométricas y termométricas, realizando por último 
cuantas indicaciones contenían nuestros textos, y cuyos resul- 
tados no podíamos obtener dentro de los estrechos y reglamen- 
tados límites de nuestros Colegios teóricos y aun prácticos. 

Los idiomas Francés, Inglés y Alemán los aprendimos le- 
yendo, hablando, traduciendo y analizando nuestros maternales 
textos, como llamaba el Sr. Hassey á sus métodos naturales. 

El Ensaye se practicó en las oficinas del Apartado de Méxi- 
co, y bajo la dirección de sus diestros ensayadores, profesores 
también de Minería. 

Los astros los observamos en sí mismos y no pintados, ha- 
biendo habido alumnos en la clase de Astronomía que rara vez 
abrían la tabla de logaritmos, pues que los más usuales los sa- 
bían de memoria. 

La Gimnasia la ejercitamos en el Colegio con los aparatos 
adecuados eu medio de atronadora y franca alegría en dos ó tres 
horas diarias que duraba nuestro recreo, entre los alumnos in- 
ternos que á esa hora inundaban todas las galerías inferiores del 
Colegio, entregados con verdadera delicia á juegos varoniles co- 
mo el de la pelota y la esgrima; y por último, la Natación nos 
la enseñaban en el estanque del Colegio, que aún existe, ó eu 
los baños públicos, nuestros más deferentes y denodados com- 
pañeros. 

En las expediciones científicas que repetimos durante tres 
años á los principales minerales del país, aprendimos la equita- 



"AntonioAlzate.il 203 



ción en excelentes y muy bien habilitadas cabalgaduras que se 
nos proporcionaban gratuitamente á todos, como premio á la 
terminación de nuestros estudios teóricos, familiarizándonos en 
ellas en el uso de las armas y con toda especie de peligros de 
que estuvieron plagados los caminos en los turbulentos años 
de antes y después de 1860, enseñándosenos también á ser hom- 
bres prácticos en estos peligros y en los de las minas. 

Estamos seguros de que la pedagogía más exigente jamás 
ha imaginado procedimientos más adecuados y fantásticos que 
los de nuestra escuela para enseñar dt-leitando. 

Muy lejos de nosotros está la pretensión de hacer el juicio 
crítico del mérito científico de nuestros fundadores, de sus su- 
cesores, así como de todas las mejoras que con el tiempo se hi- 
cieron á nuestras cátedras. Quédese esta tarea á los sabios y 
literatos como el Barón de Humboldt, D. José María Castora, 
Lie. D. Manuel Castellanos, Ingeniero D. Santiago Ramírez, 
Ingeniero D. Manuel Rivera Cambas. 

Otro sentimiento más noble nos guía en nuestros humildes 
aunque imperecederos recuerdos, y es el de la gratitud. 

El Sr. D. Sebastián Camaeho nos adiestraba desde luego con 
su clarísimo talento y sus diplomáticos modales en la clase de 
Lógica, Gramática Castellana y Aritmética, que era entonces 
allí el vestíbulo para todas las ciencias, en el bien pensar, el bien 
hablar y el bien obrar, tres eminentes cualidades, que entre otras 
muchas han elevado á este señor Ensayador Mayor unas veces 
y otras Director de la Casa de Moneda y de todas las grandes 
empresas mineras y ferrocarrilei-as del país, á la elevada altu- 
ra en que hoy todo el mundo le respeta. 

El Sr. Ingeniero D, Manuel Castro, profesor secular de Pri- 
mer Curso de Matemáticas, muestra de exagerada exactitud, 
que jamás nos permitió trazar una figura inconveniente ó dejar 
trunco un silogismo geométrico ó algebraico, no tuvo nunca por 
competidores en este rigorismo en el cálculo en el período de 
medio siglo, sino á sus mismas criaturas, á sus propios discí- 
pulos. 



204 McmoriaR de la Sociedad Científica 

^ Seguía el Sr. D. Blas Balcáreel, profesor respetaV^ilíslmo de 
Segundo Curso de Matemáticas, de Geografía y de Cosmogra- 
fía. Nunca sufrió discípulo alguno suyo la más ligera repren- 
sión eu la cátedra. Era tanta su dignidad, tan estricto su laco- 
nismo, tan extraordinario el estímulo que con su seriedad sabía 
excitar en sus alumnos, quo solamente con la mirada nos impe- 
lía á corregirnos unos á otros, explotando los buenos talentos 
en favor de los escasos ó de los medianos, y á adelantar en es- 
te abstracto curso, el más recargado entonces del Colegio, al 
grado de que jamás tuvo al fin del año escolar ningún alumno 
reprobado. 

Venía después el Sr. D. Joaquín de Mier y Terán, colegial 
de Minería, Ministro que fué también de Fomento, profesor uni- 
versal de Matemáticas Puras y Mixtas en todos los Colegios na- 
cionales de México y muy particularmente en Minería, y que 
á no haber sido conocido como un talento extraordinario para 
el cálculo, tan sólo sus obras matemáticas, si no es que sus gran- 
des virtudes le hubieran hecho inmortal. 

El Sr. D. Manuel Tejada, tipo del caballero y del hombre 
cristiano. Ensayador secular de la Casa de Moneda, amante has- 
ta el delirio de su Colegio, del que fué alumno fundador y pro- 
fesor desdo antes de terminar sus estudios, tan humilde en me- 
dio de tanto merecimiento que jamás se le vio con el sombrero 
en su lugar, pues desde la portería se lo quitaba como quien 
entra en un templo, y así lo llevaba en la mano por el patio y 
por las escaleras hasta llegar á su cátedra de Física. 

Teníamos después al Sr. D. Manuel Herrera, maestro de ha- 
bilísimos químicos hasta su muerte, y considerado como estu- 
diante muy notable desde sus maestros los fundadores del Co- 
legio, quienes siempre le confiaron importantes comisiones. 

El Sr. D. José Salazar Ilarregui, profesor de Agrimensura, 
Geodesia y Astronomía, ex- Ministro de Fomento, primer in- 
geniero geógrafo de aquella época, creador de todos los que nos 
han deslumbrado.despuós, incluyendo al mismo tan justamente 
renombrado Sr. Covarrubias. 



"Antonio Álzate." 205 



Y por último, el correcto y modestísimo mineralogista Sr. 
D. Antonio del Castillo, actual Divector de la Escuela de Inge" 
nieros de imperecedera fama mexicana y europea. 

En Religión, en Bellas Artes, en Zoología, en Botánica, eu 
Idiomas, en Gimnasia, especirdidades como los Sres. Presbíte- 
ros Dr. Canónigo Alamán, Barros y Velázquez de León, D. Ja- 
vier StávoH, D. Pío Bust.imante y Rocha, Palacios, Hassey, D. 
Jesús Corral, los Ingenieros Piñal y Heredia, los atletas Turín 
y el G-eneral Chavarría, y los doctores en Medicina D. Antonio 
Carrión, méiiieo del Colegio, y D. Antonio Balderas, profesor 
de francés, quien no obstante su título científico, no se desde- 
ñó nunca de realzar con su robusta voz el encanto de nuestros 
poéticos premios anuales, engalanados siempre por la parte más 
selecta de nuestra sociedad de señoras, respetuosamente obse- 
quiadas por sus caballerosos alumnos y deleitadas por los ex- 
quisitos versos de los más renombrados poetas mexicanos y es- 
pañoles y por los primeros famosísimos cantores y cantatrices 
de la época. 

Al complaciente lector que haya tenido la amabilidad de se- 
guirnos hasta este punto, se irá haciendo ya fatigosa nuestra 
enumei'ación; pero no es culpa nuestra, sino del esplendor de 
nuestro instituto: para cerrar brevemente, pero con broche 
de oro nuestro relato, como lo intentamos al empezar, tan sólo 
mencionaremos los nombres de algunos superiores ó maestros 
nuestros en Mecánica racional ó aplicada, Laborío de Minas, 
Ordenanzas de Minería, análisis cualitativo y cuantitativo, be- 
neficio de metales, dibujos do planos de minas y haciendas de 
beneficio, administración, contabilidad y demás trabajos teóri- 
cos y prácticos de nuestra carrera, cuyo sólo nombre basta pa- 
ra inmortalizar toda una época, y fueron aquí y en Fresnillo los 
siguientes: Ingenieros D. Miguel Bustamante, D. Juan Cecilio 
Barquera, D. Miguel Ponce de León, D. Ventura Alcérreca, D. 
Próspero Goyzueta, D. Ignacio Hierro, D. Mauricio Arriaga» 
D. Pascual Arenas, D. Diego Velázquez de la Cadena y el sa- 



206 Memorias de la Sociedad Científica 



bio D. Miguel Velázquez de León, Director de la Escuela prác- 
tica en Fresnillo, parientes los dos últimos de los fundadores 
del Colegio de Minería. 

Por todo lo expuesto, se ve que un minero debe tener siem- 
pre á mucha honra haber sido alumno de un Colegio del cual 
México científico debe fallar con satisfacción que á la mitad del 
siglo caminó á la vanguardia de la enseñanza y de la educación 
de la juventud. 

Efectivamente este coloso de piedra al mismo tiempo que 
moral científico y artístico, no nació en la opulencia en ningún 
sentido; pero en medio siglo llegó á tener las gigantescas di- 
mensiones que todos le conocemos hoy, habiendo llegado á su 
apogeo en los años de 50 á 66, tanto por el primitivo impulso 
de sus fundadores, como por los no menos elevados esfuerzos de 
los no menos dignos continuadores de sus titánicos trabajos, 
hasta haber sido convertido indirectamente y sin pretenderlo 
en esos mismos años, en una escuela no sólo científica, sino edu- 
cativa, no sólo de Minas, sino en una moderna y única Escuela 
Normal en toda la República, pues que de sus más remotos Es- 
tados enviaban allí niños tal vez con la intención de no hacer- 
los mineros, sino tan sólo hombres cultos y útiles para tantos 
fines; habiendo salido al fin de aquel plantel como verdaderos 
apóstoles por todo nuestro territorio sus ingenieros de minas, de 
metalurgia ó de agrimensura, á dar cátedras ó á escribir obras 
diversas con notable acierto, y á fundar los más renombrados 
institutos nacionales y particulares que ha habido en la Capital 
y en los Estados en este segundo medio siglo, y entre otros mu- 
chos, la Escuela N. Preparatoria, cuya fundación se realizó con 
la mayor facilidad: trausladando de San Andrés á San Ildefon- 
so el plan de estudios de Minería, sus gabinetes de estudio, y 
á los Sres. Ingenieros Fernández Leal, Contreras, Herrera, Díaz 
Covarrubias, Barroso, Garay, Ortiz de Zarate y alguno otro que 
no recordamos, para establecer allí los mismos estudios de nues- 
tra Escuela y por sus mismos profesores. 



"AntonioAlzate.il 207 



III 

De la grandeza de nuestro Colegio fundada en su duración 
poco nos ocuparemos, pues que el objeto del Centenario no es 
otro que perpetuar sus recuerdos, y sobre todo porque aunque 
así no fuera, sepa el Colegio de Minería, y nuestros insignes 
maestros y los paternales gobiernos que protegieron nuestra 
institución, que no majaron en fierro frío sino en corazones agra- 
decidísimos, que sin necesidad del Centenario sabríamos trans- 
mitir en lo privado á nuestros hijos la historia de nuestra ex- 
cepcional Colegio, para que nuestra gratitud llegue ardiente, 
íntegra y entusiasta hasta el confín de los siglos. 

Por muy desinteresados que pi'etendamos ser, siempre va 
unido algo de egoísmo á todas las acciones humanas, aun las 
más nobles; y si queremos que nuestro Centenario tenga un lu- 
gar en las edades venideras, por nuestro propio interés perpe- 
tuemos las glorias de nuestro Colegio, presentándonos con la 
humildad que cuadra á discípulos agradecidos á las puertas de 
la morada de nuestros antiguos profesores supervivientes de los 
ya enumerados, para suplicarles se sirvan ennoblecer nuestra 
solemnidad con su respetable presencia, en la cual les veamos 
de nuevo al lado de los Sres. Presidente y Ministros, y que ellos 
mismos también lo han sido, presidiendo este acto, recuerdo de 
nuestros antiguos premios anuales. 

Así es que el resultado práctico que deseamos obtener de la 
dulce reminiscencia que hemos hecho de nuestros catedráticos, 
no ha tenido otro fin después de el de hacerles á todos tan sólo 
parte de la debida justicia que merecen, que el de encarecer 
su mérito para excitar á nuestros compañeros de la Sociedad 
de es -Alumnos á que tengan á bien coopei'ar nombrando co- 
misiones especiales que inviten á las respetables personas de 



208 Memorias de la Sociedad Científica 

las ya expresadas, y que vivan aún, pava que tengamos en esta 
grata noche, acaso la última de este género en nuestra vida, el 
legítimo honor de verles juntos ennobleciendo nuestro Cente- 
nario con la misma deferencia y el mismo cariño con que siem- 
pre lo hicieron en nuestros actos públicos y privados de los 
tiempos antiguos; porque si no fueron fundadores de nuestro 
Colegio, sí son todas respetabilísimas personas iniciadoras y eje- 
cutoras de las grandes reformas hechas de 45 á 65 y á cuyo car- 
go estuvimos confiados en esos tiempos de prosperidad en los 
estudios, aprovechando esta oportunidad para suplicar á los ex- 
presados superiores nuestros hasta hoy en todo, se sirvan per- 
donar las inexactitudes ó incorrecciones de todo género en que 
hayamos incurrido en este desahogo de nuestro corazón hecho 
de memoria y sin consultar ningún documento por no haber ha- 
bido tiempo para ello; pero que quedarán ventajosamente sub- 
sanadas con la publicación de los documentos que anunciamos, 
y más que todo en la solemnidad del Centenario con las piezas 
académicas confiadas á notables escritores. 

Y si alguno de nuestros insignes maestros gime en la des- 
gracia, y acaso uno de los que fueron siempre más desprendi- 
dos en favor de su Colegio, desprendámonos á nuestra vez de 
ruindades tan sólo dignas de corazones mezquinos; señalemos 
nuestro Centenario con una obra de justicia digna de su alta 
significación; cumplamos la Sociedad de es -Alumnos con un 
deber de misericordia procurándole una jubilación, 6 abriendo 
una suacrición periódica entre todos los mineros del país, pro- 
curando aligerarle el pesado fardo de la vida en sus últimos mo- 
mentos, sin alegar que nada le debamos sus alumnos ya que sus 
cátedras y trabajos fueron siempre remunerados; pues todos 
sabemos que los sueldos de los profesores mexicanos son tan 
limitados que apenas bastan para no perecer con la familia la 
víspera de la cátedra; porque sus servicios fueron siempre muy 
superiores á su remuneración, porque con sus esforzadas vir- 
tudes nos han labrado á los que menos un presente cómodo, 



" Antonio Álzate, n 209 



porque sólo las almas mezquinas buscan pretextos para eludir 
la gratitud alegando que todo lo deben al mérito propio, y final- 
mente porque todo beneficio no debe agradecerse por una sola 
vez, sino siempre, eternamente, de la manera más generosa y 
delicada. No nos retiremos á nuestra alcoba la noche de nues- 
tro Centenario con la cabeza llena de vanidad y las manos vacías 
de buenas obras, únicas monedas con que se compra la apeteci- 
da inmortalidad. — Ingeniero Celso Acevedo." 



Tres días después, el mismo periódico publicó el artículo si- 
guiente, que puede considerarse como comentario del anterior: 

" El Centenario del Colegio N. de Minería. — Tanto por cum- 
plir con la promesa que hicimos á las personas que componen 
el respetable público de México que hayan leído nuestro ante- 
rior artículo, en comprobación á su contenido, y por último, pa- 
ra preparar á las personas indiferentes ó poco conocedoras de 
los pormenores de nuestra casa de educación, á que mejor dis- 
fruten de los exquisitos comentarios que nuestros insignes li- 
teratos tienen dispuestos para solemnizar esta festividad en la 
noche del 1 ? de Febrero próximo, tenemos hoy la honra de ob- 
sequiar á nuestros benévolos lectores con la inserción de las 
apreciaciones originales que siguen, comenzando como es de 
suponerse por algunas de las muy numerosas de inapreciable 
mérito del Barón de Humboldt, tanto por haberse hecho á raíz 
de su fundación, como por venir aquellas de personaje tan en- 
cumbrado. — Celso Acevedo. 



Decía el Barón de Humboldt: 

" El geómetra más señalado que ha tenido la Nueva Espa- 
ña después de la época de Sigüenza ha sido D. Joaquín Veláz- 

Memorias [iSja-gsL T. VI, 27 



210 Memorias de la Sociedad Científica 

quez Cárdenas y León. Todas las tareas astronómicas y geodé- 
sicas de este sabio infatigable llevan el sello de la mayor exac- 
titud. Nacido el 21 de Julio de 1732 en lo interior del país, en 
la hacienda de Santiago Acebodocla, cerca del pueblo indio de 
Tizioapau, puede decirse que no tuvo otro maestro que á sí mis- 
mo. Siendo de edad de cuatro años pegaron las viruelas á su 
padre, el cual murió de ellas. Un tío, cura de Jaltocan, se en- 
cargó de su educación, y le hizo insti'uir por un indio llamado 
Manuel Ascensio, hombre de mucho talento natural y muy ver- 
sado en la historia y mitología mexicana. Velázquez aprendió 
en Jaltocan varias lenguas indias y el uso de la escritura gero- 
glífica de los aztecas. Es de sentirse que no haya publicado na- 
da sobre este interesante ramo de antigüedades; Puesto en el 
Colegio Tridentino de México, casi no halló en él ni profesores, 
ni libros, ni instrumentos. Con los pequeños auxilios que se pu- 
do proporcionar allí, se fortificó en las Matemáticas y en las 
lenguas antiguae. Por una feliz casualidad cayeron en sus ma- 
nos las obras de Newton y de Bacon; aquellas le inspiraron el 
gusto de la Astronomía y éstas le dieron el conocimiento de los 
verdaderos métodos filosóficos. Siendo como era pobre, y no en- 
contrando ni aun en México, instrumentos ningunos, se dedicó 
con su amigo Guadalajara, hoy maestro de Matemáticas en la 
Academia de pintura, á hacer anteojos y cuadrantes. Al mis- 
mo tiempo hacía de abogado, ocupación que en México, como 
en todas partes, es más lucrativa que la de observar los astros, 
y empleó las utilidades que le daba su trabajo, en comprar ins- 
trumentos en Inglaterra. Nombrado catedrático en la Univer. 
sidad, acompañó al visitador D. José de Galvez en su visita de 
la Sonora, y habiendo sido enviado en comisión á la California, 
se aprovechó del hermoso cielo de aquella península para ha- 
cer un sinnúmero de observaciones astronómicas. 

Fué el primero que observó allí el enorme error de longitud, 
con que todos los mapas anteriores habían marcado aquella par- 
te del nuevo continente, muchos más grados al W. de los á que 



"Antonio Álzate. II 211 



realmente está. Cuando el abate Chappe, más célebre por su 
amor y declarado amor á las Ciencias, que por la exactitud de 
sus operaciones, llegó á California, ya encontró allí al astróno- 
mo mexicano, el cual se había hecho construir, de tablas de mi- 
mosa, un observatorio en Santa Ana. Ya había determinado la 
posición de este pueblo indio; y así anunció al abate Chappe 
que el eclipse de la luna de 18 de Junio de 1769 sería visible en 
California. El geómetra francés dndó de esta aserción hasta 
que se verificó el eclipse. Por sí sólo Velázquez hizo una muy 
buena observación del paso de Venus sobre el disco del sol el 
día 3 de Junio de 1769; y el día siguiente comunicó el resulta- 
do ai abate y á dos astrónomos españoles, D. Vicente Doz y D. 
Salvador de Medina. El viajero francés quedó sorprendido de 
la armonía que había entre la observación de Velázquez y la 
suya. Sin duda extrañó encontrar en California un mexicano 
que sin pertenecer á ninguna academia, ni haber salido jamás 
de Nueva España, hacía tanto como los académicos. En 1773 
hizo Velázquez el gran trabajo geodésico, del cual hemos dado 
algunos resultados en nuestro análisis del atlas mexicano, y aun 
volveremos á hablar cuando tratemos de la galería de desagüe 
de los lagos del Valle de México. 

El servicio que este hombre infatigable hizo á su patria, fué 
el establecimiento del tribunal y escuela de minas, cuyos pro- 
yectos presentó á la Corte. Acabó su laboriosa carrera el día 6 
de Marzo de 1786, siendo el primer director general del Tribu- 
nal de Minería, con los honores de alcalde de Corte." 



opiOTOisr 

Qm© soTsre la,;f-u.3a.cLa.cióia. d.el Colegrio d.e a^laaieria, piiTsllcís per 
la preas-sa, 3.e IQSSeVSr. Xjíc. 13. Iv2:a,3a.\a.el Castellaas-os. 

" Fué concebida su fundación por el sabio Velázqez de León, 
quien la propuso al gobierno de la Metrópoli, después de haber 



212 Memorias de la Sociedad Científica 



establecido el Tribunal de Minería, que tan benéfico fué á la 
Nueva España. La muerte arrebató al Sr. Velázquez de León 
antes de que se aprobase su proyecto; mas el gobierno español, 
que le acogió con benevolencia, envió á realizarlo al sabio D. 
José Fausto Elhuyar. El rey de España había mandado á dos 
jóvenes, hijos de Logaño, aventajados estudiantes de Matemá- 
ticas, á estudiar las ciencias exactas en toda su extensión en 
las es3uelas alemanas, que en aquella época sobresalían en el 
mundo científico: costeóles su educación con el propósito de 
fundar en Madrid un Colegio de Minería, en que se enseñasen 
y se aplicasen esas ciencias : esos jóvenes fueron D. José Faus- 
to y su hermano D. Juan, quienes completaron su educación 
muy lucida y brillantemente. Retornaron á Madrid en circuns- 
tancias en que el gobierno había aprobado el proyecto de Ve- 
lázquez de León y sabídose su muerte, y ese gobierno paternal 
desiste, ó por lo menos desatiende á la fundación del Colegio 
de Minería en Madrid, y manda á D. José Fausto Elhuyar á fun- 
darlo en México, y á D. Juan á fundar otro en Lima. 

¿Puede presentarse una prueba más culminante de la amo- 
rosa solicitud del rey de España hacia las provincias d© Amé- 
rica? Aquellos sabios, mandados formará expensas del tesoro 
real, con el designio de que propagasen en la corte y en la Pe- 
nínsula española el conocimiento y aplicación de las ciencias 
exactas son mandados á América para qae de preferencia fue- 
sen instruidos los americanos, y México tuvo la gloria de ver 
fundado su Colegio de Minería, antes que lo hubiese habido en 
Madrid. 

Y no paró en esto el interés del gobierno de España en fa- 
vor de México. Fundado ya el Colegio de Minería por Elhuyar, 
quien trajo consigo doce alemanes peritos, que le ayudasen en 
su tarea escolástica, y faltándole un catedrático de Química que 
estuviese á la altura á que había llegado esta ciencia, pidiólo á 
España: y el rey le envió á D. Andrés del Río, á quien había» 
costeado su educación igualmente en las escuelas de Alemania 



"Antonio Alzat«. ■■ 213 



y le había hecho viajar por Inglaterra y Francia, para que re- 
cogiese todos los conocimientos más avanzados que en ciencias 
exactas hubiere en esas naciones, y llevase á cabo la fundación 
en Madrid del proyectado Colegio de Minería. 

Por segunda vez frustró el gobierno de la Metrópoli la fun- 
dación de ese Colegio en la corte, y donó á México otro sabio, 
para que diese brillo y engrandecimiento al de Minería estable- 
cido aquí. 

El Sr. del Río se encargó desde su llegada de la cátedra de 
Mineralogía, tomando el Sr. Elhuyar á su cargo la de Química. 

¿Y quién ignora los beneficios esplendentes que este Cole- 
gio ha producido en México? De él salieron un Chovel, que de 
edad de veinte años y sin título todavía de minero, dirigió con 
maestría las grandes obras de la mina " Valenciana," ganando 
un sueldo de mil pesos mensuales: un Balcárcél, un Tejada, un 
CamacJio y tantos otros que hemos conocido y conocemos; y cu, 
yo profundo saber en ciencias exactas y su aplicación nadie 
puede negarles. Ese colegio mereció al sabio Barón de Hum- 
boldt, de quien fué condiscípulo el ilustre del Río, los mayores 
elogios, llegando á decir en su Ensayo Histórico de la Nueva 
España, que no sabía qué admirar y elogiar más, si la bella y 
suntuosa arquitectura de él, ó la modestia y sabiduría de sus 
catedráticos. 

De éstos hace individualmente mención honorífica en diver- 
sos capítulos de su obra; y con presencia de la de aquel profun- 
do estadista y filósofo, nadie tampoco dudará que á principios 
del corriente siglo eran muy bien conocidas, y muy bien aplica- 
das eu México las ciencias exactas." 



El Colegio cuyo Centenario se solemnizaba; en cuyo edifi- 
cio esta solemnidad se disponía y cuyos Profesores habían he- 
cho renacer la idea que había muerto en el seno mismo de la 



214 Memorias de la Sociedad Científica 

Sociedad en que tuvo su origen, debía tomar una parte algo más 
activa,»haci endose representar en la tribuna; y con tal objeto 
nombró al Sr. D, Adolfo Díaz Rugama, para que á su nombre 
leyera un discurso, que comprendiera la época de la nueva faz 
criada al Colegio por la ley que lo trasformó en Escuela Espe- 
cial de Ingenieros. 

Con este discurso, con las dos piezas de que ya hicimos men- 
ción y con la lectura del acta de fundación que debía ser la pri- 
mera, y que fué confiada al Secretario de la Asociación de ex- 
Alumnos, D. Adolfo Medina, quedó cubierta la tribuna; y con 
estas piezas, alternadas con las de música clásica, elegidas en 
el repertorio de la época de la fundación del Colegio, quedó for- 
mado el siguiente 

PROGRAMA, 

1. — Obertura de Don GíOVANNI (Orquesta del 

Conservatorio Nacional de Música) Mozart. 

2. — Lectura del acta de fundación del Colegio de 
Minería.. 

3. — Obertura de Medea (Orquesta del Conserva- 
torio Nacional de Música) Cherübini. 

4. — Discurso oficial en conmemoración del Cen- 
tenario del Colegio, por su antiguo alumno el 
Ingeniero de Minas D. Santiago Ramírez. 

5. — Orfeón Alemán bajo la dirección del Sr. D. 
Roberto Baumbach. 

6. — Sinfonía número 2 (Orquesta del Conserva- 
torio Nacional de Música ) Hayder. 

7. — Discurso en representación del Colegio de 
Minería, por el Profesor D. Adolfo Díaz Ru- 
gama. 

8. — Orfeón Alemán. 

9. — Obertura de la Flauta Mágica (Orquesta 
del Conservatorio Nacional de Música) Mosart 



"Antonio Álzate." 215 



10. — Poesía poí el Sr. Lie. D. Justo Sierra.^ 

11. — Obertura del JoVEN ENRIQUE ( Orquesta del 
Conservatorio Nacional de Música) Mébrul. 

Eu este programa, en cuya redacción nos hemos permitido 
hacer ligeras modificaciones para la claridad de su objeto, figu- 
raba la siguiente nota: 

Las piezas ejecutadas por la Orquesta del Conservatorio N. 
de Música, son de la época de la fundación del Colegio de Mi- 
nería (1792). 

Oportunamente se hizo circular este programa, que se agre- 
gó á las invitaciones que en número de tros mil se distribuye- 
ron en nuestra selecta Sociedad, y que decían así: 

" Para celebrar el primer Centenario de la fundación del Co- 
legio de Minería, los hijos de este Establecimiento, contando 
con el concurso del Supremo Gobierno y la generosa ayuda de 
varías Compañías mineras del país, han determinado recordar 
tan memorable acontecimiento con una velada literaria y mu- 
sical, que se verificará, con asistencia del Primer Magistrado 
de la Nación, el día 1? de Febrero próximo á las 8 p. m. con- 
forme al adjunto programa. 

La Junta organizadora de la festividad suplica á vd. honre 
este acto con su presencia. 

México, Enero de 1892. 

Se suplica se presente esta invitación á la entrada." 



Los alumnos de Minería, siempre caballerosos, atentos y pre- 
visores, para que los elevados funcionarios y los respetables 
Cuerpos invitados no se resintieran de una detención involun- 

1 Esta pieza no se pronunció. 



216 Memorial do la Sociedad Científica 



taria, en una de sus últimas Juntas nombraron las siguientes 
Comisiones de recepción: 



COMISIONES DE EEOEPOION. 



Para •! Sr. Presidente y Seeretarios de Estado. 

Ing. D. Antonio del Castillo. 

„ „ Francisco Diez de Bonilla. 

„ „ Sebastián Camacho. 

„ „ Jesús Fuentes y Muñiz. 

„ „ Leandro Fernández. 

„ „ Fernando Sáyago. 

„ „ Joaquín Ramos. 

„ „ Felipe Berriozábal. 

„ „ Francisco Garay. 

„ „ Francisco González Cosío. 

Para la señora esposa del Sr. Presidente de la República 

Ing. D. Mariano Villamil. 
„ „ Mateo Plowes. 
„ „ Francisco Garibay. 
„ „ Ricardo López Guerrero. 

Para el Cuerpo Diplomático. 



„ Eduardo Martínez Vaca. 



Ing. D. Gilberto Crespo. 
Eduardo Mari 
„ „ Rafael Aristi. 
„ „ Luis Salazar. 
„ „ Francisco Hierro. 
„ „ Manuel Ramírez. 



"Antonio Álzate. II 217 



lug. D, Rómulo Ugalde. 
,, „ Carlos López Guerrero. 
„ „ Gilberto Montiel. 

Para el Ayuntamiento y Gobernador del Distrito. 

Ing. D. Adolfo Medina. 
„ „ Celso Acevedo. 
„ ,, Bernardo Aragón. 

Para las Sociedades Científicas. 

Ing. D. Ignacio Peña y Ramírez. 
,, ,, Mannel Velázquez de León. 
,, „ José C. Segura. 

Para los Colegios. 

Ing. D. Pedro J. Sentíes. 
„ „ Javier ¡StávoH. 
„ „ Miguel Bustamaute (padre). 
„ „ Daniel Palacios. 

Comisión para ."iefioras. 
Todos los ex- alumnos, profesores y alumnos. 



La Comi.«!Íón organizadora no omitió detalle alguno de los 
que pudieran contribuir al lucimiento de la fiesta y á la como- 
didad de los concurrentes; y con e.sto segundo objeto se dirigió 
á la Empresa de los Ferrocarriles del Distrito, la que acogien- 
do con extrema y cortés deferencia la itulicación que le fué he- 
cha por los comisionados, dispuso que cerca de los extremos 
Oriente y Poniente del edificio del Colegio, es decir, en las es- 
Memorias [1893-93], T. VI, 28 



218 Memorias de la Sociedad Científica 

quinas de las calles de Vergara y ¡áanta Isabel, se colocaran wa- 
gones en número competente, que partiendo media hora des- 
pués do concluida la velada, circularan en distintas direcciones 
para conducir á las personas que quisieran utilizarlos á su re- 
greso. 

El Comandante General, á su vez, dispuso que una guardia 
competente y la música militar respectiva, se situaran en el edi- 
ficio de Minería con la anticipación necesaria y á las órdenes de 
la Comisión. 

Llegó por fin el día tan esperado, 1? de Febrero de 1892, en 
que á la presente generación de mineros tocó la suerte de pre- 
senciar y el deber de ¡Dresidir este glorioso Centenario; y ya el 
patio, convertido en un elegante, artístico y significativo salón, 
anunciaba por su simple aspecto, el objeto por que se encontra- 
ba de tal manera engalanado. 

Este patio, naturalmente bello, como todo el edificio de que 
forma parte, muy poco necesita para presentarse magnífico ; y 
los adornos con que se ostentaba esa noche le daban un aspec- 
to encantador. 

Un toldo de lona, que como hemos dicho lo prestó el Cole- 
gio Militai', descansando sobre una red de cuerdas, formaba el 
techo; y estaba con tanto estudio colocado, que dejaba descu- 
biertas las columnas, para no ocultar parte de su belleza ar- 
quitectónica. 

El patio, que es cuadrado, y lo separan de los corredores la- 
terales veinte arcos cuya flecha mide cuatro varas, estaba cu- 
bierto en su piso por una lona restirada, sobre una gruesa capa 
de aserrín; y dejando en el centro un espacio de cuatro metros de 
ancho, para facilitar la entrada, tenía do uno y otro lado, distri- 
buidas en círculos concéntricos, numerosas sillas austríacas. 

Los arcos se veían adornados con vistosas cortinas encar- 
nadas, graciosamente recogidas por cordoües de oro; diferen- 
ciándose las del piso inferior de las del saperioiy en que las unas 
estaban abiertas en el centro, y las otras recogidas hacia un la- 



"Antonio Álzate, n 219 

do: pequeño detalle que contribuyó no poco á la elegancia del 
conjunto. 

En el fondo del patio, una extensa fnja ocupaba todo el 
centro de él extendiéndose de Oriente á Poniente; y en ella se 
elevaba una plataforma separada de resto del salón por instru- 
mentos topográficos, geodésicos y astronómicos montados en. 
sus respectivos tn'piés, colocados á iguales y cortas distancias 
unos de otros, y unidos entre sí por cadenas de agrimensor, las 
que formaban la barandilla. 

En la esquina del lado derecho estaba la tribuna, á cuyo la- 
do en esbeltas columnas de ébano con incrustaciones de oro, se 
elevaban dos candelabros, estilo de la época que se conmemora- 
ba, que representaban genios alados de bronce negro que lige- 
ramente apoyados en una esfera de oro sobre columna del mis- 
mo metal, sostenían diez luces. 

El piso de la plataforma estaba alfombrado, y en el centro 
se elevaba un dosel carmesí y oro con fondo de seda color de 
crema, sostenido al parecer por alabardas y ostentando en su 
centro el estandarte de la Escuela bajo las armas nacionales. 

A uno y otro lado se habían construido vistosos, simétricos 
y significativos trofeos, que eran, por decirlo así, la expresión 
material del actual programa del Colegio : pues el uno represen- 
taba la carrera del Ingeniero de Minas, y el otro la del Civil en 
sus diversas clases. 

El primero estaba formado por ejemplares de rocas, mine- 
rales y fósiles; muestras de fierros meteóricos de los más nota- 
bles que posee el Colegio; alambiques, matraces, retortas, hor- 
nos de ensaye y otros aparatos de Química; un microscopio de 
Nachet, goniómetros, morteros y demás útiles de Mineralogía; 
modelos de tiros de minas, de malacates* de vía aérea para el 
trasporte, compás azimutal y otros objetos de los usados en la 
explotación de minas, así somo diversos aparatos metahirgicos, 
entre los que figuraba un horno de Piltz. 

En el segundo abundaban los materiales de construcción, de 



220 Memorias de la Sociedad Científica 



los que algunos formaban, figuras geométricas; los instrumpn- 
tos del ramo, una locomotora, un machón para puentes, moli- 
nos de viento, cabrestantes, etc., todo simétricamente colocado. 

Entre los instrumentos que en esta especie de muestrarios 
figuraban, había dos que merecen mencionarse de una manera 
especial por su interés histórico: la brújula de inclinación qne 
usó en sus viajes el Barón de Humbollt, y que con otros obje- 
tos le compró el Colegio el año de 1803, y un instrumento to- 
pográfico de metal, en cuyo centro tiene grabada esta inscrip- 
ción: 

" Para el vso del Sr. D.jJvaqvin Velasqvez de León del Con' 
seje, de su M. echo por D. Diego Guadalaxara Tello A. 1779.' 

Debajo del dosel estaba un elegante sillón, que también cons- 
tituye una reliquia histórica, pues perteneció á Hernán Cortés, 
y fué prestado por la Academia de San Carlos. En el respaldo 
tiene un escudo bordado de oro, y debajo la fecha 1523. 

Delante estaba la mesa cubierta de riquísima carpeta, y en- 
cima dos grandes candelabros, un timbre de plata y el progra- 
ma escrito con letra antigua á dos tintas en una hoja da perga- 
mino. 

A uno y otro lado estaban los sillones de la sala de recep- 
ción del Ministerio de Fomento, que son elegantísimos por su 
naadera, por su forma y por su rico tapiz D' Aubusson. 

En el arco que está opuesto al en que se proyectaba el do- 
sel, y es el que da la entrada principal del patio, estaba el es- 
cudo del Colegio, que consiste en un círculo formado por una 
rama de encina entrelazada á otra de laurel, en cuyo centro se 
cruzan en ángulo recto, con uu lazo en el punto de unión, el que- 
brador y el wíngaro, de cuyos instrumentos se hace tan frecuen- 
te uso en la limpia y 'el tumbe del mineral. 

Si todos estos detalles contribuían de una manera tan direc- 
ta al mérito del adorno y á la belleza del conjunto, y son dig- 
nos de admiración y de elogio, este elogio y esa admiración su- 
ben de punto con los que aún nos falta tocar, y que tenían uu 



"Antonio Áltate, v 221 



múltiple interés, en cnanto á que constituían una parte impor- 
tante de la historia del Colegio, y una manifestación de grati- 
tud de sus buenos hijos que celebraban su primer Centenario. 
Desde luego, en las cornisas de los arcos inmediatos al do- 
sel, se veían en caracteres de oro estas dos fechas extremas: 

1792-1892 

y en cada uno de los arcos de la planta baja, entre dos bande- 
ras, un escudo con un nombre esclarecido, rsspetable y digno 
de recordación. 

Figuraba en primer lugar el del célebre Monarca Carlos III 
que expidió en Aranjuez el 22 de ^Jayo de 1783 las Ordenan- 
zas de iMinería, en cuyo artículo XVIII se decreta la erección 
del Colegio de Minería; que lo dotó de sabios profesores y le 
dispensó una protección decidida. 

Este señor heredero do la Corona y sui;esor de su hermano 
el Rey Fernando VI que murió sin sucesión, reinó en España 
desde el 9 de Diciembre de 1759 que llegó á Madrid, dejando 
el trono de Ñápeles que ocupaba, hasta el 14 de Diciembre de 
1788 que murió. 

Al lado derecho estaba el escudo que llevaba el nombre del 
52? Virey de México D. Juan Vicente Güemes de Pacheco de 
Padilla, segundo Conde de Revillagigedo; el más insigne de los 
que ocuparon este Vireinato, y bajo cuya administración se 
abrió el Colegio de Minería. 

Fué el sucesor del Sr. D. Manuel Antonio Flores, y ejerció 
el poder desde el 17 de Octubre de 1789 hasta el 11 de Julio 
de 1794. 

El escudo del lado izquierdo llevaba el nombre del 46° Vi- 
rey D. Antonio María de Bucareli y Ursúa, Bailío de la Orden 
de San Juan, quien apoyó la Representación que el 25 de Fe- 
brero de 1774 elevaron al Rey de España los Apoderados de 
Minería D. Joaquín de Velázquez Cárdenas y León y D. Juan 



222 Memorias de la Sociedad Científica 



Lucas de Lassaga, en la qvie se propone la creación del Colegio 
de Minería, y bajo cuya a-lministración se erigió el Tril)unal de 
Minería el 4 de Mayo de 1777, se formó el proyecto de Orde- 
Tianzas de IMinería, que el Real Tribunal le elevó el 29 de Ma- 
yo, y se tomó en arrendamiento la casa en que se eriiíió el Co- 
legio en el Hospicio de San Nicolás, cuyo contrato se firmó el 
16 de Noviembre de 1778. 

Este señor gobernó la Nueva España desde el 23 de Setiem- 
bre de 1771 hasta el 9 de Abril de 1779 que murió. 

Simétricamente colocados á uno y otro lado, ocupando to- 
dos los ai'cos y siguiendo un orden fielmente observado, se veían 
en escudos idénticos los nombres de los señores: 

Joaquín de Yelázquez (Cárdenas y León, el más sabio 
tal vez de nuestros compatriotas, apoderado general de los mi- 
neros, primer Director general de la Minería de Nueva Espa- 
ña, autor de la Exposición del 25 de Febrero de 74, en que se 
inicia, se pi'opone, se analiza y casi se reglamenta la creación 
del Colegio de Minería; autor del proyecto de Ordenanzas pre 
sentadas al Tribunal el 21 de Marzo de 1778, cuyo Título 14 
que en la redacción de la ley pasó á ser el 18, trata de la crea 
ción del Colegio; astrónomo, topógrafo, hidrógrafo, geógrafo 
matemático, naturalista, minero, metalurgista, jurisconsulto 
filósofo, literato, poeta, y en todo esto una eminencia, y sabio 
en la verdadera acepción de la palabra. 

Juan Lucas de Lassaga, minero distinguido, emprendedor 
y acaudalado: apoderado general de los mineros; administrador 
general del Real Tiñbunal de Minería; colaborador del Sr. Ve- 
lázquez de León en sus principales trabajos. 

Fausto de Elhuyar, primer Director general de la Mine- 
ría de Nueva España, nombrado á la muerte del Sr. D. Joaquín 
Velázquez de León para reemplazarlo; fundador y primer Di- 
rector del Colegio de Minería; Fiscal del Tribunal, Ministro ho- 



■' Antonio Álzate, m 228 



norario de la Junta general de Comercio, Moneda y Minas; Di- 
rector general de la Minería en España, á donde regresó en 
1821. El hombre á quien debe más el Colegio de Minería. 

Andrés Manuel del Río, sabio naturalista, fundador de 
la clase de Mineralogía que se inauguró el 27 de Abril de 1795; 
autor de la obra que durante medio siglo sirvió de texto para 
la enseñanza de este ramo; el primero que estableció en el país la 
explotación y Metalui'gía del fierro y autor de numerosos tra- 
bajos. 

Francisco Antonio Bataller, primer catedrático de Fí- 
sica inaugurada el 7 de Enero de 1793, minero del país y anti- 
guo catedrático del mismo ramo en el Colegio de San Isidro de 
Madrid. , 

Manuel Ruiz dé Tejada, alumno fundador del Colegio, 
siendo el 9? de los nombrados, con dispensa de un año y diez 
meses de edad; el primero que recibió el título de Perito Fa- 
cultativo de minas; el primero que recibió un empleo en el Co- 
legio de Minería, cuyo Tribunal lo nombró ayudante de clases; 
el primero que ingresó al profesorado, primero como interino y 
después como propietario de la clase de Segundo Curso de Ma- 
temáticas que obtuvo por oposición; catedrático de Física por 
cerca de sesenta años y Ensayador de la Casa de Moneda de 
México. 

Casimiro ChovéLL, alumno que se puede contar entre los 
fundadores, pues ingresó al Colegí • en los primeros meses de 
su fundación; uno de los más grandes talentos que ha tenido el 
-Colegio, ocupó en todas sus clases los primeros premios; á los 
pocos meses de su estancia en Guanajuato, á donde fué como 
alumno practicante, figuraba entre los más acreditados mine- 
ros; muy joven aún dirigió con notable acierto la importante 
negociación de Valeiicinna, en cuyo puesto lo sorprendió la gue- 



22* Memorias de la Sociedad Científica 



rra de Independencia á la que consagró su juventud, sus traba- 
jos, su inteligencia y su vida; pues preso por el ejército realis- 
ta á la toma de Guanajuato, fué ahorcado con algunos de sus 
compañeros. 

Vicente Valencia, alumno distinguido, que dedicado ala 
Metalurgia de una manera especial, descubrió el medio de evi- 
tar la pérdida de mercurio que causa el beneficio de patio con 
el nombre de consumido, cuyo secreto se llevó al sepulcro, don- 
de lo hundieron las balas españolas, cuyos jefes lo condenaron 
por insurgente. 

Manuel Herrera, catedrático de Química, en cuyo pues- 
to descubrió la Fotografía, al tiempo que Daguerre hacía en Pa- 
rís el mismo descubrimiento; director de la Maestranza y fabri- 
cación de pólvora, y minero distinguido. 

Tomás RAl\rÓN del Moral, hijo del Colegio en el que, co- 
mo alumno de dotación, hizo sus estudios; sustituto de cátedras, 
profesor interino de Dibujo y Delineaeión y propietario de esta 
última clase, y de las de Topografía, Astronomía y Geodesia, 
de cuyo ramo escribió una obra que por muchos años sirvió de 
texto; Director interino del Colegio; Diputado al Congreso ge- 
neral y á la Legislatura del Estado de México; Jefe de la Co- 
misión científica de este Estado cuya Carta levantó; Coronel de 
Ingenieros y sabio ameritado. 

Joaquín Velázquez de León, sobrino del primer Director 
de Minería; alumno de su Colegio, del que se separó al fin de 
su carrera para incorporarse al ejército libertador, en el que se 
distinguió como soldado, como oficial y como Ingeniero; Miem- 
bro de la Comisión científica del Estado de Mó.'.ico; catedrático 
de Geología, cuya clase se inauguró el 18 de Marzo de 1844; 
Miembro y Secretario de la Junta Facultativa; Director del Co* 
legio; fundador del Ministerio de Fomento, creado por la ley 



» Antonio Álzate. " 225 



de 22 de Abril de 1853; fundador de la Escuela Práctica de Mi- 
nas y Metalurgia, para la que expidió el decreto de 30 de Julio 
del mismo año; Ministro de Estado y Plenipotenciario en varias 
Cortes de Europa. 

Francisco Díaz Covarrubias, una de nuestras glorias cien- 
tíficas, que por una senda de triunfos paseó nuestro glorioso pa- 
bellón por todo un hemisferio. 

Alumno distinguido del Colegio, Jefe de Sección, Sustituto 
de cátedras, Catedrático, primero interino y después propieta- 
rio, Oficial Mayor de la Secretaría de Fomento, Jefe de varias 
Comisiones científicas, entre otras la que en 1874 fué al Asia á 
observar el Paso de Venus por el disco del Sol; Autor de nume- 
rosos trabajos y de varias obras didácticas; Ministro Plenipo- 
tenciario en Guatemala, Cónsul en París, ha dejado una estela 
de luz en su brillante carrera, que alumbrará aúu á muchas 
generaciones de sabios. 

Manuel Orozco y Berra, catedrático de Historia en el 
Colegio, Ingeniero topógrafo, abogado, arqueólogo, historiador 
y publicista; Oficial Mayor y varias veces Encargado de la Se- 
cretaría de) Fomento. 

José L. Bust amante, alumno de brillante capacidad y ca- 
tedrático de Matemáticas. 

Eleuterio Méndez, catedrático de caminos comunes y fe- 
rrocarriles. 



Si del papel de simples cronistas consintiéramos en pasar al 
de críticos, ya que esta parte del adorno que reseñamos consti- 
tuye, como lo hemos hecho notar, un dato histórico y un home- 
naje de justicia, lamentaríamos, por lo menos, no ver figurar 
otros nombres, dignos de esta distinción, que mencionaremos 

Memorias [1^92-93], T VI, 29. 



226 Memorias de la Sociedad Científica 

para sacudirles el polvo del olvido eu que los dejó la omisión 
que señajamos. 

Andrés José Rodríguez, nombrado en España catedráti- 
co del Colegio; designado por el Sr. Elliuyar para dar la clase 
de Matemáticas, cuyas lecciones fueron las primeras que se die- 
ron, y cuya voz fué la primera que se escuchó en el Colegio. 

Luis Lindner, primer catedrático de Química, en cuya 
clase, inaugurada el 20 de Octubre de 1796, leyó un discurso 
en que dio á conocer la importancia de esta ciencia. 

Salvador Sein, quien reemplazó en la clase de Física al 
Í5r. Bataller, y quien por su dedicación y su estudio perdió la 
salud, el juicio y la vida. 

Manuel Gotero, hijo del Colegio, cuya cátedra de Quími- 
ca regentó con éxito hasta su muerte. 

Ignacio Alcocer, á quien como naturalista se debe el des- 
cubrimiento de la esmeralda en México; como minero, el de la 
bonanza de la Luz que dio nueva vida á Guanajuato; como pro- 
fesor el mérito de numerosos y aprovechados discípulos; y co- 
mo sabio el de notables trabajos científicos. 

José Sebastian Segura, que en Europa llamó la atención 
en las Academias, en los laboratorios y en las minas, merecien- 
do la distinción de que el célebre Breithaupt lo asociara á sus 
delicados análisis y á sus interesantes clasificaciones; y á cuya 
pericia, esfuerzos y actividad se debió la restauración del Mi- 
neral de Pachuca, como lo declaró el desreto especial del Pre- 
sidente Juárez. 

Manuel Antonio Castro, quien del humilde puesto de 
ayudante de Química, se elevó hasta la cátedra de Matemáti- 



' Antonio Álzate, n 227 



cas que desempeñó por más de cuarenta años, mereciendo el 
título de primer matemático de nuestro país. 

CÁSTULO Navarro, discípulo del anterior y catedrático de 
Segundo Curso. 

Joaquín de Mier y Terán, matemático insigne, profesor 
notable, ingeniero distinguido, autor inteligente, modesto sabio, 
que entre otros cargos delicados y honrosos, desempeñó los de 
Director de la Escuela de Agricultura y Ministro de Fomento. 

Miguel Velázquez de León, ese talento colosal, cuya ca- 
pacidad superior abarcó todos los ramos de su complexa profe- 
sión, de cuyo cuadro se destacó para sobresalir en primer tér- 
mino ; que casi niño ya ocupaba el sitial del profesor en el que 
deslumbraba por la claridad de sus explicaciones y la profun- 
didad de sus conocimientos; que como matemático, como quí- 
mico, como naturalista, como beneficiador y como minero, y 
posteriormente como agrónomo hizo tan extraordinarios ade- 
lantos; que fundó, organizó, reglamentó y dirigió la Escuela 
Práctica de Minas, de la que salieron alumnos tan aprovecha- 
dos y mineros tan inteligentes. 

Próspero J. Goyzueta, á quien todas las ciencias eran fa- 
miliares, que nunca conoció una dificultad, que al estudiar in- 
ventaba y que parecía tener ciencia infusa. 

Joaquín Ramírez Rojas, catedrático de Segundo Curso de 
Matemáticas y minero distinguido que con notable éxito aplicó 
sus conocimientos en el Mineral de Tasco. 

PÍO Septién, reputado y hábil químico, que llamó la aten- 
ción por sus extensos y profundos conocimientos, enseñando 
esta ciencia en el Colegio de la Purísima en Guanajuato. 

Los hermanos JosÉ M., Benigno y Miguel Bustamante, 
que tanto se distinguieron en las ciencias naturales, cuyo nom- 



228 Memorias de la Sociedad Científica 

bre incrustó Brongniard en la Mineralogía por el silicato de 
manganeso llamado Bustamancia, y de los que, el primero, inven- 
tó el ingenioso gravímetro de tan fácil aplicación. 

Los hermanos Robles, que en las minas, en el profesorado, 
en el Gabinete, en el ejército y en la política, desempeñaron un 
papel tan importante. 

Bruno Aguilar, á quien tanto debió el Mineral de Temas- 
caltepec, donde emprendió trabajos verdaderamente mineros; 
que en la Escuela de Minas de París amplificó sus conocimien- 
tos, haciendo ol curso de Mineralogia con el sabio Dufrénoy; 
recibiendo el título de Ensayador del eminente Darcet, después 
de trabajar dos años en la Casa de Moneda de París; que apli- 
cando sus conocimientos científicos al arte de la guerra, llegó al 
más elevado puesto que puede ocupar un oficial facultativo en 
la difícil arma de la artillería, y á quien algún órgano de la pren- 
sa postuló para Director del Colegio de Minería, cuando este car- 
go quedó vacante por la muerte del Sr. D. Luis de la Rosa. 

Agustín Barroso, dedicado profesor, distinguido ingenie- 
ro de minas, hábil fotógrafo y aventajado naturalista. 

Francisco Hermosa, uno de los más diestros Ensayadores, 
no sólo de nuestro país, sino de todo el mundo. 

Pascual Arenas, notable minero, entendido geólogo, pro- 
fesor distinguido en la Escuela Práctica de Minas. 

Diego Velázquéz de la Cadena, profesor de viajes en el 
mismo Establecimiento, y de Química en Guanajuato, de cuyo 
Colegio fué Director. 

Juan B. Andonaegui, uno de los mejor logrados frutos de 
la Escuela Práctica, y á quien el Colegio otorgó la distinción 
de dar como premio el título de su profesión, que conquistó en 



'Antonio Álzate, n 229 



uno de los más brillantes exámenes que se han presenciado, y 

uno de los que han hecho más patente la influencia que ejerce 

la dirección pericial en la prosperidad de los negocios mineros. 

i 

Javier Lavista, que i^ppulsado por sus afectos fraterna- 
les, por sus sentimientos humanitarios y por su arrojo minero, 
sucumbió en la mina de Quebradillas en Zacatecas, tratando de 
cortar un incendio que se había iniciado y de salvar á los ope- 
rarios que perecían. 

Lucas Alamán, publicista, Ministro, historiador, aventaja- 
do discípulo del Sr. del Río en la clase de Mineralogía, y orga 
nizador en Europa de la Compañía Unida de Minas que estable- 
ció trabajos en Guanajuato, Pachuca, Tasco y otros Minerales 
de nuestro país. 

Francisco Javier de Gamboa, ese Sol que casi no tuvo 
Oriente, que no ha tenido Ocaso y que las generaciones futu- 
ras recibirán, como la presente y las pasadas, los torrentes de 
luz que derrame en su perpetuo Meridiano, al contemplar sus 
inmortales Comentarios. 

José de la Borda, el más emprendedor, generoso, despren- 
dido y afortunado de nuestros mineros, cuya memoria conser- 
van Zacatecas, Guanajuato, Tasco, Tlalpujahua y otros Mine- 
rales en sus gigantescas obras subterráneas, en sus grandiosos 
edificios civiles y en sus majestuosos templos católicos. 

Y los Directores : Francisco Robles, á quien se debió la re- 
paración del Colegio cuyo edificio amenazaba ruina. 

José M. Tornel y Mendívil, que hizo en él grandes me- 
joras, ó inició la época que se puede llamar de su renacimiento. 

Luis de la Rosa, que en la aciaga época de la invasión 
americana, con su carácter de Ministro universal, pudo, y qui- 



230 Memorias de la Sociedad Científica 



SO, y supo defender sus fondos, atacados por la codicia que se 
introdujo en el Cuerpo encargado de su conservación y su fo- 
mento. 

Patricio Murphy, que estableció el Observatorio Meteo- 
rológico, las clases de Esgrima y Natación é introdujo mejoras 
de importancia. 

Y Andrés Ibarra, y José M. Alcocer, y Antonio Ba- 
rros, y Francisco Morales, y Agustín Zainiora, y Mauri- 
cio Arriaga, y Manuel Espinosa, y Manuel Gil Pérez, y 
Manuel Ojinaga, y Clemente Morón, y Guillermo Segu- 
ra, y Pablo Ocampo y tantos otros que en mayor ó menor es- 
cala han contribuido á su honra y á su prestigio 

Si debieron ó no ponerse todos estos nombres, buscándoles 
espacio; si por falta de éste se debieron preferir algunos de los 
omitidos sobre otros de los colocados, son cuestiones de crítica 
á que no nos permite entrar nuestro simple papel de narrado- 
res; y como tales, no podemos menos que elogiar el pensamien- 
to de la Comisión organizadora. 

En los arcos del piso superior se veían en escudos semejan- 
tes, aunque más pequeños, los nombres de los Minerales si- 
guientes: Guauajuato, Zacatecas, Pachuca, Real del Monte, 
Durango, Fresnillo, Sombrerete, Tepezalá, Batopilas, El Oro, 
Sultepec, Temascaltepec, Zacualtipán, Guadalcázar, Catorce, 
Tasco, Huautla, Tlalpujahua, Angangueo ó Ixtapan del Oro. 



Para los gastos que hubo necesidad de erogar, varias Com- 
pañías mineras y algunos particulares, obsequiando la atenta 
invitación que les hizo la Comisión organizadora, contribuye- 
ron, lo mismo que algunas de las Secretarías de Estado. 

Como no escribimos oficial sino oficiosamente, y no pode- 
mos disponer más que de los documentos publicados, de algu- 



■•AntonioAlzate.il 231 



nos que espontáneamente se han puesto á disposición de 1^ So- 
ciedad en cuyas Memorias se publica esta reseña y de los datos 
recogidos en nuestras investigaciones particulares, no podemos 
consignar la cuenta exacta de los donativos y los gastos; lo que, 
aunque noticia curiosa, no toca á nuestro propósito: y nos limi- 
taremos á reproducir la noticia que sobre este punto dio " El 
Monitor Republicano" en su niimero del 3 de Febrero de 1892. 

Secretaría de Comunicaciones $ 200 

Sr. D. Sebastián Camacho 100 

Compañía del Real del Monte y Pachuca. 300 

,, de La Blanca 100 

Sr. D. Juan Andrade , 100 

Casa de Moneda 200 

Compañía minera de Cerro Colorado 100 

„ de Maravillas 200 

„ de San Rafael y Anexas 200 

Secretaría de Fomento 200 

Compañía de Zacualpan 100 

Señor Gobernador de Querétaro 30 

Sociedad de ex- Alumnos 100 

Secretaría de Justicia 200 

,, de Hacienda 200 

Compañía minera de Santa Gertrudis .... 100 



Total ,...$2,430 



Además, el Sr. D. Francisco Collglian inteligente y acredi- 
tado minero de Catorce, remitió por conducto del Sr. D. Anto- 
nio del Castillo $ 200, lo que hace un total de $ 2,630. 

No sabemos si ingresaron otras cantidades; pero sí nos cons- 
ta que la Compañía organizadora las distribuyó con inteligen- 
cia y con economía. 



232 Memorias 4^ la Sociedad Científica 

A las siete de la noche del memorable 1 ? de Febrero, el ele- 
gante salón, profusamente iluminado y con el adorno de que 
hemos dado una ligera idea, presentaba^ el aspecto más bello, 
más elegante y más sorprendente. 

Doce focos de luz eléctrica, equidistantes y simétricamente 
colocados, derramaban á torrentes su claridad, en combinación 
con cuatro graciosas estrellas de luz incandescente. 

Los profesores, alumnos y ex-alumnos vestían de rigurosa 
etiqueta, llevando en el ojal izquierdo del frac un distintivo que 
consistía en una mira de raso azul y blanco, cuyos colores sou 
los simbólicos del Cuerpo de mineros: varios de estos sabios os- 
tentaban también las condecoraciones que les han merecido sus 
trabajos científicos. 

El vestíbulo estaba ocupado por la guardia del primer bata- 
llón que debía hacer los honores al Presidente, j que tenía su 
música respectiva. 

Multitud de carruajes llenaban la calle, y una línea no inte- 
rrumpida de caballeros y damas, que acompañadas por los hi- 
jos del Colegio ingresaban al salón, ocupaban, con orden, los 
numerosos asientos que llenaban el patio. El golpe de vista que 
durante la función presentaba éste, es imposible de describir. 

En punto de las ocho de la noche, los entusiastas preludios 
del Himno Nacional, cuya patriótica composición, sea dicho de 
paso, se debe á un hijo del Colegio, el Sr. D. Joaquín Velázquez 
de León quien siendo Ministro de Fomento abrió un concurso 
y expidió la convocatoria respectiva, anunciaron la llegada del 
Sr. Presidente, quien acompañado por sus Ministros, fué con- 
ducido por la Comisión respectiva hasta su asiento, doude per- 
maneció de pie mientras el himno se tocaba; y concluido éste, 
la música del Conservatorio, situada en el corredor del Norte, 
con admirable armonía dio principio á la parte artística en el 
primer número del programa. 

El Sr. Presidente ocupó el sillón histórico de que ya se ha 
hablado, teniendo á su derecha á los Secretarios de Justicia D. 



I Antonio Álzate, n 233 



Joaquín Baranda; de Hacienda, D, Bt^nito Gómez Farías; de 
Relaciones, D. Ignacio Mariscal, y OHcial Mayor de Guerra D. 
Ignacio Escudero; y á su izquierda, á los Secretarios de Gober- 
nación D. ¡Manuel Romero Uubio; de Comunicaciones, L). Ma- 
nuel González Cosío; y de Fomento, D. Manuel Fernández 
Lt*al: estos dos últimos llevaban el distintivo de alumnos de 
Minería. A su lado estaba el Sr. D. Antonio del Castillo, Direc- 
tor de la Escuela. 

Un vacío hubo que lamentar en esa interesante fiesta de fa- 
milia. 

Previamente se había resuelto en una de las juntas, nom- 
brar una Comisión especial, que invitara directamente á dos an- 
tiguos alumnos y ameritados profesores del Colegio: los ¡ares. 
D. José ¡Salazar Ilarregui y 1). Blas Balcárcel. 

La expresada Comisión, al cum[)l¡rsu honroso encargo, en- 
contró á estos respetables ancianos, abatidos por la desgracia 
y por las decepciones, y el primero por la enfermedad que tres 
meses después — el 9 de Mayo — lo llevó al sepulcro; y estas 
tristes circunstancias les impidieron asistir al Centenario de su 
Colegio, al que dieron honra y prestaron importantes servicios. 

Terminada la Obertura de Don Giovanni, hábilmente in- 
terpretada por la orquesta del Conservatorio Nacionhl de Mú- 
sica, cuyas últimas armonías se perdieron entre los aplausos, 
el ¡Sr. D. Adolfo Medina, Secretario de la Sociedad de ex- Alum- 
nos, dio lectura á la siguiente acta de fundación del Colegio de 
Minería: 

"En 1? de Enero de 1792, el Tribunal general compuesto 
de los Sres. D. Fausto de Elhuyar, director; D. Ramón Luis de 
Liceaga y D. Antonio Barroso y Torrubia, diputados generales; 
y el marqués del Apartado, consultor más antiguo, estando en 
la sala principal de la casa destinaila provisionalmente para co- 
legio, ubicada juntóla la iglesia de San Nicolás, congregados en 
ella para procede!' á la apertura del real seminario, mandaron 
á presencia del numeroso, grave y distinguido concurso de los 

Memon.is I1892-93I, T. VI, 30 



234 Memorias de la Sociedad Científica 

señores ministros de los tribunalps de esta corte, de los prela- 
dos y religiosos de todas comunidades y demás sugetos ilustres 
de la república, eclesiásticos y seculares que asistieron á este 
acto, que por el escribano D. Mariano Buenaventura de Arro" 
yo, secretario del tribunal, se asentasen á la letra los quince ar- 
tículos primeros del tit. 18 de las reales ordenanzas, que tratan 
del modo y forma do la creación del colegio; haciendo lo mis- 
mo con el reglamento provisional forma<lo para eu régimen y 
gobierno, aprobado por el superior gobierno, se^^úa aviso quíí 
dio el virey en 12 de Febrero de 1790. Después se dijo por él 
mismo en altas y claras voces: "Que el real tribunal general 
"de minería, en observancia <ie lo di:4puesto por 8. M., en su 
"real nombre y bajo de las prevenciones y estatutos provisio- 
" nales que acababan de referirse, y de los demás que en lo sn- 
"cesivo pudiesen calificarse convenientes para el mejor régi- 
"men del colegio; erigía, fundaba y establecía en este acto el 
" real seminario dn minería, bajo la real protección y con inme- 
"diata sujeción y dependencia en todas sus causas y negocios 
"del propio tribunal general." Después ordenó que se recibie- 
se el juramento á los empleados y colegiales que estaban pre- 
sentes; y hecho, se dio pofsesión de rector al presbítero Dr. D. 
Julián Benedicto y Martín; de vice, al Br. D. José Rafael Gil 
de León; de catedrático interitio de matemáticas, al capitán D. 
Andrés José Rodríguez; de maestro de idioma francés, á D. Ma- 
riano Chanin; de dibujo de figura, á D. Bernarilo Gil; y del de 
planos de toda especie, á I). Esteban González. Con lo que que- 
dó establecido, erigido y fundado el colegio seminario, pasando 
después el real tribunal en forma con los referidos empleados 
y colegiales al real palacio para presentárselos al virey, dispo- 
niéndose que al día siguiente 2, se celebrase el divino sacrificio 
en el convento del Hospicio." 

Después de esta le<!tura la misma orquesta ejecutó con el 
mismo éxito la Obertura de Medea; y concluida esta pieza, que 



" Antonio Álzate, n 235 

fué igualmente aplamiida, el Sr. D. Santiago Ramírez ocupó la 
tribuna, acompaña<lo por los Sres. •). Carlos Camacho y D. Ri- 
cardo López Guerrero, comisionados para acompañar á los ora- 
dores á la tribuna, y pronunció el discurso oficial que publicó 
" El Tiempo" en su número del día 4. 

Concluida la lectura de esta pieza, el Orfeón Alemán s» hi- 
zo escuchar con entu.-.iasta admiración, siendo estrepitosamen- 
te aplaudido; y al terminar la sinfonía número 2 del Conserva- 
torio, el Sr. D. Adolfo Díaz Rugama, en representación del Co- 
legio leyó el discurso que le fnó encomendado. 

El Orfeón Alemán volvió á dejarse oir después del Sr. Díaz 
Rugama, y el Conservatorio llenó los números siguientes del 
programa, pues el ¡Sr. ÍSierra, cuya poesía estaba anunciada, no 
concurrió. 

A las <liez y media de la noche terminó esta función, y al 
retirarse el ¡Sr. Presidente fué saludado con una marcha que 
tocó la música militar. 



En una de las últimas juntas celebradas con motivo de esta 
solemnidad, el ¡Sr. D. Mariano Villamil hizo una proposición 
que fué recibida con entusiasmo, y por consiguiente, aprobada 
por unanimidad. 

Llamó la atención sobre el hecho de que la apertura de las 
clases en el año que comienza, tiene un carácter especial digno 
de tomarse en consideración: pues no sólo se inaugura en él un 
nuevo año sino un nuevo centenario; y que en atención á esto, 
debía dárselo cierta solemnidad. 

Propuso que la Júntense dirigiera al señor Director del Co- 
legio, para que, secundando este pensamiento, diera al acto de 
la próxima apertura de las clases toda la solemnidad que por 
este doble carácter le corresponde. 

Se nombró una Comisión que se acercara con este objeto al 
señor Director, quien acogió el pensamiento tan favorablemen- 



236 Mesiorias de la Sociedad Científica 

te como era <le esperar, y desdo luego comenzó á tomar las pro- 
videncias conducentHs. 

Cun feíha 3 de Febrero expidió la siguiente circular: 

"Dirección de la Escuela Especial de Ingenieros. — Méxi- 
co. — Deseando dar á la ap^trtura de las clases de esta Escuela 
en el presente año escolar la solemnidad posible, por coincidir 
con el Segundo Centenario de la inauguración del Real Semi- 
nario de Minería; y obsequiando la iinciativa de la Junta d«l 
Cetitenario para su celebrcvción, se ha fijado ésta para el día 8' 
del corriente, h las 12, en que se verificará. 

Se ha invitado para presidirla al C. Ministro de Justicia ó 
Instrucción Pública; y para concurrir á ella á los CC. Ministros 
de Fomento y de Comntiicaciones y Obras Públicas; ala Junta 
Directiva de Instrucción Pública y á diversas Sociedades Cien- 
tíficas y directores de periódicos. 

Para dar á esta fiesta científi<'a el mayor brillo, se invita á to- 
dos y caila uno de los señores profesores de esta Escuela, á ha- 
blar, ó escribir «liscursos, sobre los progresos de las ciencias que 
enseñaíi; y honrar cou su asistenciii tan solemne acto y cere- 
monial. 

Ruego á vdes. se sirvan firmar de enterado al margen, acep- 
tando las segniidades de mi atenta consi(|^eración. 

Libertad y, Constitución. México, Febrero 3 de 1892. — An- 
ionio del Castillo. — CC. Profesores de esta Escuela. — Presentes." 

Antes, por conducto de una Comisión, nombró al Profesor 
de ('álculo de Probabilidades D. Miguel Pérez, para el discurso 
oficial. 

Además de las personas indicadals en esta circular fueron 
invitados posteriormente los demás Secretarios de Estailo y el 
Sr. Presidente, quien debió en consecuencia presidir la función. 

Esta, por iiulicación del Sr. Secretario de Justicia, se apla- 

1 Aplazada valias veces esta soleniuidaJ se verificó el día 12. 



» Antonio Álzate, h' " 237 



zó para el día 11 ; y posteriormente, habiendo manifestado al 
Sr. Director el Sr. Secretario de Gobernación, queelSr. Presi- 
■dente no podía asistir ese día, quedó definitivamente aplazada 
para el 12. 

Los alumnos fueron citados por medio del aviso siguieute, 
que se fijó eu la portería del Colegio: 

" La apertura de las clases de esta Escuela se vorincará de 
una manera solemne el día 1 1 del Hctual al medio día; y cito á 
ella á todos los alumnos del Establecimiento, encareciéndoles 
su puntual asistencia." 

Contando con la del Sr, Presidente, quien al fin no concu- 
rrió, se distribuyeron las invitaciones, que e&taban redactadas 
en estos términos: 

"El 12 del presente, á las doce del día, se verificará la aper- 
tura «lelas clases correspondientes ai presente año en la Escuela 
de Ligenieros; y debiendo celebrarse este acto de una manera 
eolemne, así por coincidir con la celebración del Primer Cente- 
nario del Colegio de Minería, como porque con él se da princi- 
pio á Su Segundo Centenario Escolar, el Director y los Profe- 
sores suplicati á vd. se sirva honrar con su presencia dicho acto 
que presidirá el Sr. Presiilente de la iíepúbUca. 

México, Febrero do 1892. " 

Llegó el día señalado, y desde las diez de la mañana, dos 
músicas militares estaban convenientemente situadas: una en 
el vestíbulo y otra en uno de los corredores altos del patio, con- 
vertido en salón, cuyo adorno era con poca diferencia el mismo 
que el de la velada. 

El dosel era rojo y sobre él estaban los retratos de los Sres. 
D. Joaquín de Velázquez Cárdenas y León, iniciador del pensa- 
miento que creó el Colegio de Minería; D. Fausto de Elhuyar, 



238 Memorias de la Sociedací Científica 

fundador de este Colegio y su primer Director; y D. Andrés 
del Río, su primer catetlrático de Mineralogía. 

En las columnas estaban colgadas cartas geológicas y mine- 
ras y en diversos cortes, planos de minas, dibujos de máquinas, 
ele; y en la plataforma, á uno y otro lado del dosel, numero- 
sas muestras de minerales y rocas, artística y científicamente 
colocadas. 

La mayor parte de estas muestras pertenecen á la Comisión 
Geológica cuyo Jefe es el Director del Colegio D. Antonio del 
Castillo. 

En el patio estaban simétricamente colocados los aerolitos 
vaás notables de la República, que en copia de cartón posee el 
Gabinete de Mineralogía del Colegio. 

Poco antes de las doce se supo que no asistiría el Presiden- 
te de la República, por lo que se retiró la tropa que había acu- 
dido para hacerle los honores de Ordenanza. 

A la hora señalada llegaron los Ministros de Justií^ia, Fo- 
mento y Gobernación, ocupatido el primero el lugar de la pre- 
sidencia. 

En la plataforma se encontraban los Profesores de la Es- 
cuela, los representantes de los C'olegios y Sociedades Científi- 
cas, los empleados superiores de los Ministerios y vario'^ invi- 
tados de distinción. 

En el patio estaban los alumnos y demás invitados. 

Después de la marcha con que la música militar saludó á 
los señores Ministros á su llegada, ocupó la tribuna el Sr. Se- 
cretario de la Escuela D. Rómulo Ugalde y dio lectura al docu- 
mento siguiente, en que consta la apertura de las cátedras el 7 
de Enero de 1792, y da principio el " Libro de Gobierno del 
Real Colegio Seminario de Minería de Nueva España:" 

"Con el importante designio de que siempre huviere suje- 
tos educados desde su niñez en buenas costumbres é instruidos 
en toda la doctrina necesaria para dirijir con acierto las opera- 



•' Antonio Álzate, n 239 



cioties, y laborío de las Mituvs, mandó la Real munificencii de 
nuestro Augusto Soberano el Señor Don Carlos III por Cédula 
que expidió en Aran juez á veitite y dos de Mayo de mil sete- 
cientos ochenta y tres, se crease y erigiese un Colegio de Me- 
talurgia con el titulo de Real Seminario do Minería el qual ha- 
ya de estar bajo su Real protección, con inmediata sujeción y 
dependencia del Real Tribunal general de Minería en todas sus 
causas y negocios, y á la dirección y gobierno de su Director 
general. 

"A pesar de los más eficaces deseos con que siempre pro- 
curó el Tribunal general se viese verificado este tan vtil esta- 
blecimiento, se huvo de retardar por espacio de ocho años, por 
distintas causas y dificultades que fueron ocurriendo, hasta que 
vencidas todas llegó aquel dia deseado de su abertura, que fué 
«I primero de Enero del año de mil setecientos noventa y dos. 

*' En esta fecha se fundó y erigió dicho Seminai-io bajo el 
Reglamento provisional que para su régimen y gobierno formó 
el Señor Director general Don Fausto de Elhuyar, con aproba- 
ción Superior del Exmo. Señor Conde de Reviila Gigedo, actual 
Virey y Goberiuidor de esta Nueva España, y sin embargo de 
que \a Casa destinada para dicho Colegio (que fué la contigua 
al Hospicio de San Nicolás en la Calle de este nombre) se ha- 
llaba sin la competente capacidad, y extensión para la. distribu- 
ción de Aulas y Oficinas necesarias, se determinó que en ella 
se hiciese provisionalmente la fundación, con el fin de que no se 
demorase por más tiempo, y entre tanto que se procedía á la 
compra de Sitio proporcionado, y á la construcciou de la obra, 
sobre que ya se estaba tratando. 

" Fue el acto de dicho establecimiento y abertura de los mas 
solemnes, autorizado por el Real Tribunal general en forma de 
tal, y compuesto del expresado Señor Director: de los Señores 
Diputados generales D. Ramón Luis de Liceaga, y D. Antonio 
Barroso y Torrubia; y del Señor Marques del Apartado D. Fran- 
cisco de Fagoaga, Consultor mas antiguo, con asistencia de un 



240 Memorias de la Sociedad Científica 

grave y numeroso concurso de los sugetos de primer orden. Se 
dio principio asentando á la letra los quince artículos jiriineros 
del titulo diez y oebro de las Reales Ordenanzas de Minería, el 
Reglamento particular £oima<lo por el Señor Director general 
para el régimen de dielio Seminario, provÍ7>iionalmente aproba- 
do por el Snpei'ior (jobierno: siguiendo á esto la lectura «le los 
Titulos de los sugetos empleados en el propio Colegio, quienes 
prestando el correspondiente juramento fueron puestos en po- 
sesión: del empleo de Rector, el Doctor Don Francisco Julián 
Benedicto y Martin, Clérigo Presbitero, y Cura pro[)ietano que 
era al tiempo de su nombramiento de la Doctrinado San Cris- 
toval Ecatepec; de Vice Rector al Bachiller Don Joseplí Rafael 
Gil de León Clérigo también Presbitero de este Arzobispado: 
de Profesor de Matemáticas interino, al Capitán Don Andrea 
Joseph Rodriguez: del Idioma Francés, Don Mariano Chaninr 
del Dibujo de Figura, Don Bernardo Gil: y del de Planos de 
toda especie D. Esteban González. El siguiente dia se cantó en 
acción de gracias una Misa cou toda solemnidad en la Iglesia 
del Hospicio de los Padres Nicolaitas, que sirve de Oratorio al 
Colegio, á que asistió el Real Tribunal general con los Emplea- 
dos del Seminario, y los ocho Colegiales con que se abrió. Con- 
cluida la Misa se incorporó el Colegio con el Real Tribunal, y 
pasaron á cumplimentar al Exrao. Señor Virey, presentándose 
después los dias siguientes hasta el de la Epifania, á los Seño- 
res Ministros del Tribunal, y á la vista del Publico. Y por ulti- 
mo se abrieron las Aulas el dia siete del propio mes para dar 
principio á los cursos. " 

Este documento se leyó original y llamó la atención de to- 
dos los que pudieron verlo, la intensidad y el luillo de la tinta, 
así como la claridad y gallardía de la letra española cou que f uó 
escrito hace más de un siglo. 

Después de una pieza de música, tocada á la conclusión de 
esta lectura, el Sr. D. Antouio del Castillo, Director de la Es- 



• Antonio Álzate, n 241 



cuela, leyó un discurso, congratulándose de asistir al primer 
Centenario de su Colegio, cuyo programa de estudios con que 
inauguró su enseñanza, comparó con el actual para hacer ver 
el desarrollo que han tenido las ciencias que en este plantel tu- 
vieron su cuna. 

Entre los datos que consignó en su interesante reseña, figu- 
ran los de que el número de profesores es de 27; el de alumnos, 
por término medio, 130 al año, y para cubrir su presupuesto, se 
tiene asignada la cantidad de 79,301 pesos. 

Como inmediata aplicación de las ciencias que en ese Cole- 
gio se cultivan, mencionó la Comisión Geológica de que es Je- 
fe, y de cuyos trabajos se presentaba una parte en esa solem- 
nidad. 

A la conclusión de la pieza de música que siguió á este dis- 
curso, el catedrático de Cálculo de probabilidades. Teoría de los 
errores y Física Matemática D. 31iguel Pérez, dio lectura al 
discurso oficial que le fué encomendado; y en esta elocuente 
pieza científico-literaria, señaló las épocas aciagas por que ha 
pasado el Colegio, la energía con que había luchado hasta con 
el infortunio, los triunfos que había adquirido, los títulos de glo- 
ria que había conquistado. 

Habló <le su gloriosísimo pasado, de su brillante presente y 
de su halagüeño porvenir, y mencionó los nombres más ilus- 
tres de sus hijos; consagrando merecido elogio en sentida frase á 
dos de sus profesores más beneméritos, que gemían en el aban- 
dono y en la desgracia: los Sres, D. Blas Balcárcel y D. José 
Salazar Ilarregui. ' 

Alternando con piezas de música siguieron los discursos de 
los Sres. D. Ángel Anguiano, Profesor de Elementos de Mecá- 
nica Celeste y Astronomía Física; D. Francisco Garay, Profe- 
sor de Puentes, Canales y Obras en los Puertos; D. Fernando 
Sáyago, Profesor de Química Industrial; D. Alberto Best, Pro- 
fesor de Segundo Curso de Electricidad, y D. Ezequiel Ordó- 

1 Eit« último falleció tres meses después, el 9 do Mayo. 

Memorias liSgj-gsJ, T VI, 31. 



242 Memorias de la Sociedad Científica 

ñez, Miembro de la Comisión Geológica: de cuyos oradores, la 
mayor parte hablaron de los ramos cuya enseñanza tienen á su 
cargo en el Colegio. 

La marcha tocada por la música militar saludó á los iSves. 
Ministros á su salida, poco después de las dos de la tarde en que 
terminó este acto. 

En las solemnidades científicas, literarias y artísticas cuya 
reseña acabamos de hacer, se han puesto en relieve los senti- 
mientos nobles y las ideas levantadas, que siempre han distin- 
guido á los hijos del Colegio de Minería, de los que ya pocos 
quedan de los que pertenecieron á su primera época. 

Si los que se están formando en la segunda, trasmiten este 
sagrado depósito á los que sucesivamente van llegando, la ge- 
neración que todavía duerme el sueño del no ser, y que dentro 
de un siglo ha de venir á reemplazarnos en el lugar que ahora 
ocupamos en la vida, celebrará con el lucimiento propio de la 
época, el segundo Centenario de un acontecimiento que pode- 
mos asegurar no se borrará del corazón ni de la memoria de los 
hijos de Minería 5 y entonces, éstos, al detenerse en su camino 
de triunfos para volver la vista hacia el pasado, nos consagra- 
rán una mirada de fraternal cariño, asociando nuestro recuer- 
do al recuerdo inolvidable de los ilustres fundadores del Cole- 
gio de Minería. 



Memor/3s de /a "Soc/eddcf A/zafe^ 



7:Vlláni.VJ. 






'>C^t€^^/ \ ^t^^ ■ . 



y^u^O-te^^^. 







La rueda salomónica y la preyisión del tiempo 



POR EL PROFESOR 



J^^^lEíXJ^JSrCD LDS.A.XJ 



Socio honorario. Director de la Escuela de Instrucción Secundaria y del Observatorio 
Meteorológico de León, 



(LAMÜN-A. VI). 

Mucbo habíamos oído hablar de la rueda salomónica y de la 
verificación de sus pronósticos; pero no la conocíamos y sólo 
hasta hace unos cuantos días llegó á nuestro poder: sin entrar 
hoy en hipótesis sobre las reglas que hayan guiado á su autor 
para formarla, la describiremos muy sucintamente refiriéndo- 
nos á la figura adjunta, y compararemos los resultados de sus 
pronósticos con los que la práctica nos ha dado en quince años 
de constante observación meteorológica. '*'. 

Como puede verse, está formada la rueda de una larga es- 
piral encerrada entre dos circunferencias concéntricas, dividi- 
das en 28 sectores que forman 250 casillas útiles; lleva inscri- 
tos en cada casilla, progresivamente, los años; empezando por 
el de 1750 y terminando en el de 2000: en la corona circular ex- 



244 Memorias de la Sociedad Científica 

tenor y correspondiendo á cada sector se ve una serie de letras 
espaciadas sin regla fija al parecer, siendo E, E. E., F., F. F. ; 
así es que á cada período de nueve años corresponde una letra 
ó un grupo de ellas; las indicaciones de estas letras son, para 
los años' que encabezan, E. estéril ó escaso, E. E. estérilísimo ó 
escasísimo, F. fértil ó fecundo, y F. F. fértilísimo ó fecundísimo ; el 
uso de esta rueda se desprende de su inspección; basta buscar 
el año de que se trata, ver la letra que encabeza el sector en 
que se encuentra y se obtiene luego el carácter del año de que 
se trata. 

Muchísima confianza se tiene por algunos de nuestros agri- 
cultores en los pronósticos de esa tabla, llamémosla así: los ci- 
tados agricultores dicen, conforme á ese pronóstico, que un año 
es escaso cuando llueve poco; escasísimo cuando más se acen- 
túa ese elemento, quedando para los fértil y fértilísimo los ex- 
tremos contrarios. 

Vamos á ver hasta dónde sean dignas de crédito esas pre- 
dicciones, por lo menos en el valle de León, valiéndonos de los 
cuadros siguientes: 



NUMERO 1. 



ANOS. 


Altura tetol del ngna reco- 
gida en el auo. 




mm. 


1878 


620.52 


1879 


709.20 


] 880 


825.44 


1881 


629.96 


1882 


699.29 


1883 


900.90 


1884 


613.18 



Námero de dÍM con Indlcnclón de I> 
liaría en el año. balomónic*. 



92 F. 

100 E. 

119 E. 

127 F. 

117 F. F. 

134 E. 

111 F. 



"Antonio Álzate." 245 



1885 

1886 

1887 

1888 

1889 

1890 

1891 429.85 116 E. 

1892 473.20 129 E. E. 

Observamos desde luego que en los 15 años nos da la Salo- 
mónica 7 años estériles, 1 estérilísimo, 4 fértiles y 3 fértilísi- 
mos, reasumidos en el cuadro siguiente: 



786.22 


130 


E. 


716.86 


97 


E. 


781.87 


136 


F. 


869.69 


152 


F,F 


767.57 


134 


F. F 


867.28 


145 


E. 







NUMERO 2. 




Csricter. 




ASm. 


Altora de lluvia. 


KiSmero de dfoa con IlaTt» 


Estérilísimo.. 




1892 


473.20 


129 


C 




1879 


709.20 


100 






1880 


825.44 


119 






1883 


900.90 


134 


Estériles. ...< 




1885 


786.22 


130 






1886 


716.86 


97 






1890 


867.28 


145 




r 


1891 


429.85 


116 




1878 


62C .52 


92 


Fértiles . . . . ^ 




1881 
1884 


629.96 
613.18 


127 
111 




i 


1887 


781.87 


136 




r 


1882 


699.29 


117 


Fértilísimos. -1 




1888 


869.69 


152 


1 


L 


1889 


767.57 


134 



Como necesitamos una base cierta de que partir, buscare- 
mos la altura media de agua recogida anualmente, valiéndonos 



246 Memorias de la Sociedad Científica 

para ello de los dos medios que se usan para computar la abun- 
dancia ó escasez de lluvia en un año. 

Tomamos, en primer lugar, la suma de las alturas de la llu- 
via en nuestros 15 años y dividiéndola por ese número de años 
obtenemos como media del período 712"""13; dividiremos aho- 
ra nuestra serie en períodos de ciertas alturas, como sigue: 

Un período de dos años en que la altura se compren- 
dió entre 400 y 500 y obtenemos como media 451™"'52 

Otro de cuatro años con altura de 600 á 700 milíme- 
tros y nos da por media 640.73 

Otro de cinco años en que se obtienen de 700 á 800 

milímetros y su media resulta de 751.98 

Otro de tres años con altura de 800 á 900 y su media 

viene á ser de 854.13 

Y por último, uno de un año solamente con altura su- 
perior á 900 milímetros 900.90 

Aquí observamos que la altura más frecuentemente medida 
está entre 700 y 800 Bailímetros; vienen en seguida los de 600 á 
700; luego los de 800 á 900; siguen inmediatamente los de 400 
á 500, y por fin los de superior á 900; y podemos decir que los 
medios son los de 700 á 800 que nos da un promedio, en suse- 
rie, de 751"""98, muy semejante á la media total tomada del pe- 
ríodo completo que se examina. 

Según la frecuencia con que se presentan los años en que 
se miden tales ó cuales alturas de lluvia, según dejamos expre- 
sado; clasificaremos como fértilísimos ó muy abundantes aque- 
llos en que la altura total media de agua recogida es mayor de 
800 milímetros; fértiles los en que esa altura está comprendida 
entre 700 y 800; escasos á los en que se cuente entre 600 y 700? 
y escasísimos los de 400 y 500; y esto sólo para sujetarnos á las 
indicaciones de la rueda y tener puntos comparables. 

Concordando ahora las indicaciones de la salomónica con los 



" Antonio Álzate, i 



resultados prácticos deducidos de nuestras expresadas consi- 
deraciones, vemos en el cuadro número 2 la distribución de la 
rueda y el resultado de nuestras investigaciones en el siguiente: 



NUMERO 3. 



EBcasísimoa. 


Escasos. 


Fértiles. 


Fértilísimos. 


1891 


1878 


1879 


1880 


1892 


1881 


1885 


1883 




18á2 


1886 


1888 




1884 


1887 
1889 


1890 



De la comparación resulta que se acertaron por la salomó- 
nica: 

1 Escasísimo, el de 1892. 

Escaso ninguno. 
1 Fértil, el de 1887 y 
1 Fértilísimo, el de 1888. 

Quedando así demostrado, por este respecto, que fiarse en 
los pronósticos de la rueda salomónica, será tanto como hacer- 
lo con el del canto de los gallos antes de las diez de la nocHe. 

Vamos ahora á' buscar el acierto en el pronóstico por el nú- 
mero de días de lluvia, que es otro método de computar la abun- 
dancia ó escasez de ese elemento. 

Nuestro cuadro primero nos dice que el número de días de 
lluvia anual en León está comprendido entre 92, mínimo raro 
y 152 máximo también muy raro; tomando, como lo hicimos 



248 Memorias de la Sociedad Científica 

para la altura de lluvia, la media de días lluviosos ; de la suma 
de losl5 años dividida por 15, nos resultan 122.6 ó en números 
redondos 123 por año. 

Siguiendo nuestra regla dividamos ahora el período en cin- 
co series también, para la homogeneidad de los resultados, co- 
mo sigue: 

tina serie de dos años en que el número de días de llu- 
via está comprendido entre O y 100, nos da por térmi- 
no medio 95 

Otra de cinco años en que se comprenden los de 100 á 
120 con una media de 113 

Otra de tres años para los de 120 á 130: su media es . . 129 

Otra de tres años también con los de 130 á 140, dándo- 
nos por término medio 135 

Y por fin otra de dos años con los superiores á 140 y su 

media se reduce á 149 

Observamos aquí que los años más frecuentes son aquellos 
en que el número de días con lluvia está comprendido entre 100 
y 120; vienen luego en proporción igual los de 120 á 130 y 130 
á 140, quedando en la misma proporción y como raros los ex- 
tremos de O á 100 y superiores á 140. 

Observamos también que los valores del número que nos ex- 
presa la media de días con lluvia, difiere en la misma propor- 
ción que la altura de lluvia; pues en un caso tenemos como pro- 
medio 123 días y 132 en el otro, lo que los reduciría á 128, que- 
dando así entre los límites de los años comunes. 

Computaremos, pues, como escasísimos los de menos de 100 
días de lluvia; escasos los de 100 á 120; fértiles de 120 á 140 
y fértilísimos los de más de 140. 

Para comparar con el resultado de nuestra clasificación que 
reasumimos, 



"Antonio Álzate, n 249 



NUMERO 4. 



EscaafsimoB. 


Escnsos. 


rr^itilcs. 


Fertilhimos. 


1878 


1879 


1881 


1888. 


1886 


1880 


1883 


1890 




1882 


1885 






1884 


1887 






1891 


1889 
1892 





volvamos al cuadro número 2 donde encontramos los datos sa- 
lomónicos y resultan acertados: 
Escasísimos ninguno. 

3 Escasos, los de 1S79, 1880 y 1891. 
2 Fértiles, los de 1881 y 1887 y 

1 Fértilísimo, el de 1888. 

En esta manera de computar tenemos acertados 6 pronósti- 
cos en 15 años; lo que tampoco es una proporción que seduzca 
al que desea tener seguridad en sus labores y que observa cui- 
dadosamente. 

Además, notamos que los 28 pronósticos en que divide el au- 
tor de la rueda sus cálculos, se encuentran: 
2 escasísimos. 
14 escasos. 
8 fértiles y 
4 fértilísimos. 
dando nuestros resultados de la práctica, por altura de lluvia: 

2 escasísimos. 

4 escasos. 

5 fértiles y 

4 fértilísimos. 

Memorias [1892-93I, T. VI, 32 



250 Memorias de la Sociedad Científica 



es decir, eu sólo 15 años más de la mitad de años hítenos ; sien- 
do que la salomónica señala 9 malos por 6 buenos: exactamen- 
te lo contrario. 

Desgraciadamente nos faltan datos sobre cosechas para po- 
der tener este otro elemento de comparación que bien podrá ha- 
cer aquel ó aquellos de nuestros agricultores á quienes llegue 
este ligero estudio sobre materia tan importante. 

Queda, pues en pie el principio de que los pronósticos á lar- 
go plazo no pueden hacerse aún sino fundándose en semejan- 
zas con años anteriores; mientras que se descubren las leyes 
inmutables que rigen los movimientos atmosféricos y entretan- 
to llega ese día tan deseado, para cuyo logro apenas empeza- 
mos á sentar las bases : todos los que deseen obtener datos se- 
guros y contribuir á que se obtenga ese desiderátum de todo 
agricultor, deben observar diariamente, anotar en registros 
apropiados sus observaciones hechas concienzudamente y en 
instrumentos adecuados á su objeto; y después de largos. tra- 
bajos discutidos con calma y sin preocupación, habrán prestado 
un importante servicio á la ciencia, á sus descendientes y á la 
humanidad; servicio que por falta de elementos desarrollados 
á su tiempo, no podemos disfrutar por ahora sino de una ma- 
nera vaga y fundándonos en los trabajos de unos cuantos que 
desinteresadamente han trabajado para que algún día se forme 
un cuerpo de doctrina y se reduzcan esas leyes inmutables á 
que antes hemos hecho referencia. 

León, Marzo 10 de 1893. 



^•» 



MEDIOS DE DEFENSA EN LOS ANIMALES 



POR EL PROFESOR 



^^niiipoisrso n.. ia:E:Ri^E:R.A. 



Socio d-e 2a.-ú.3=n.ero. 



LEY DE CONSERVACIÓN. 

Los organismos resisten á las causas de destrucción. — Todos los 
fenómenos de la vida de los organismos tienen por resultado 
final la conservación del individuo y de la especie. Los actos 
vitales más importantes se reducen á dos: nutrición y repro- 
ducción. Se ha dicho que la vida es la nutrición; pero en rea- 
lidad no es esta sino una de las condiciones de la existencia del 
individuo, que se acompaña constantemente de una de las con- 
diciones do la existencia de la especie: la reproducción. Estos 
principios son más bien del dominio de la fisiología y las inves- 
tigaciones del naturalista se extienden á otros procedimientos 
de conservación que también se han considerado justamente 
como de capital importancia, por ejemplo los medios de defensa. 

Si las condiciones varían, si el organismo está sometido á 



252 Memorias de la Sociedad Científica 



la influencia de nuevos factores pi'imarios ó secundarios, la con- 
servación sólo puede verificarse si el ser se adapta, evoluciona, 
puede subvenir á las nuevas necesidades: se deduce otra ley: 



LEY DE EVOLUCIÓN. 

La especie ó el individuo varían para conservarse. — Primero es 
ser y después el modo de ser. Indudablemente que la ley de 
conservación precedió á la de evolución. Un animal que se nu_ 
tre, se reproduce, se defiende de sus enemigos, evita y conjura 
los peligros, nos presenta el ejemplo de la ley general de con- 
servación; un animal del trópico que se conduce á los países 
del Norte y adquiere medios de defensa especiales contra el frío, 
evoluciona, nos presenta el ejemplo de la segunda ley. 

La ley de conservación se manifiesta constantemente en todos los 
organismos. 

La ley de evolución puede dejar de manifestarse en ciertos momen- 
tos y &n ciertos organismos. 

Todos los animales, sin excepción alguna, se reproducen, se 
alimentan, mientras que la evolución puede ser imperceptible, 
á lo menos en el estado actual de los conocimientos, en un or- 
ganismo que vive en las mismas condiciones, en las língulas que 
se encuentran en todos los terrenos y no han experimentado 
cambios notables, en las especies paucrónicas que no han evo- 
lucionado, si se quiere sólo en un gran número de sus indivi- 
duos. 

La ley de conservación se manifiesta en algunos casos al mismo 
tiempo que la ley de evolución. 

La Artemia salina transformada unas veces en Artemia Mil- 
liausenii y otras en Branchipiis stagnalis, según la cantidad de 
sales disueltas en el agua en que se desarrolla, ha presentado á 
la vez hechos de conservación y de evolución. 

Nos parece que estas dos leyes dominan en toda la biología 



" Antonio Álzate, n 



253 



y que cualquier fenómeno importante observado en los anima- 
les puede relacionarse con ellas. 

El estudio de la ley de evolución comprende especialmente 
el origen de los organismos. 



LEY DE CONSERVACIÓN. 

La especie ó el individuo resisten á líis causas de destrucción. 

Todos los organismos poseen medios de defensa contra las causas 
de destrucción físicas y biológicas. — Entendemos como causas bio- 
lógicas las que se refieren por ejemplo á los enemigos, ya sean 
éstos de la misma especie del animal que se considera ó de es- 
pecie distinta. 

Los medios de defensa se clasifican en este caso de la ma- 
nera que sigue : 



^ a. La fuga. 
&. El animal se oculta. 

c. Se asocia con los de su clase ó los de clase 
distinta. 

d. Se defiende por acromía, homocromía, mi- 
metismo ó secreciones coloridas preser- 
vadoras. 

e. Se autotomisa. 
Medios pasivos. -(/. Está provisto de una coraza natural ó arti- 

. ficial, ó espinas, tubérculos, concha, ca- 
pullo, etc. 

g. Es fosforescente. 

h. Finge la muerte. 

i. Aumenta su volumen por medios volunta- 
rios. 

j. La especie cuenta un enorme número de 
individuos. 



254 



Memorias de la Sociedad Científica 



1. Mecánicos: defensa poi* medio de la fuerza, 

espinas, mordeduras, piquetes, lapida- 
ción. 

m. Físicos: aparatos eléctricos. 

n. Químicos: nematocistos, sagitocístos, sali- 
va acre, pelos urticantes, tubos de Cu- 
vier, moco, olor desagradable, substan- 
cias cáusticas ó venenosas, líquidos colo- 
ridos, corrosivos, ácidos ó adherentes. 

o. Sociabilidad. 

p. El animal inspira repugnancia. 

2. Amenaza. 



■ 

Medios activos. { 



MEDIOS PASIVOS. 



a.— La fuga. 



1 ^'■- Principio. Coexiste con otros medios. — Un Nyctíbius jamai- 
censis, páser que so posa durante el día en las ramas cubiertas 
por el musgo, en las que se disimula por su color, emprende el 
vuelo tan pronto como se ve atacado. 

2 ? Este medio es general aun á las especies provistas de armas 
defensivas 2>oderosas, y todos los seres dotados de órganos de locomo- 
ción, recurren á la fuga en ciertas circunstancias. Los Crotalus en- 
tre los reptiles, las arañas del género Latrodecfus, aun las espe- 
cies muy fuertes ó provistas de medios de defensa terribles, 
emprenden la fuga cuando se ven perseguidas por un enemigo 
formidable ó cuando sus procedimientos de ataque resultan in- 
suficientes. Nos ha sido imposible conseguir que un mismo La- 
trodectus pique varias veces la oreja de un conejo. Eu el primer 
momento el animal confía en sus fuerzas ó su ponzoña, y si ellas 
son inútiles el terror le hace emprender la fuga. Puede asegu- 
rarse que siempre que es fisiológicamente posible se observará 



"Antonio Álzate." 255 

después de que han entrado en juego otros medios de protec- 
ción, aun en ciertas especies que llevan una vida oculta como 
las Arvícola, pequeños roedores que salen precipitadamente de 
sus subterráneos cuando se creen descubiertos por su enemi- 
go; el Thaptor oblongus (coleóptero) finge la muerte basta que 
pasa el peligro y procura escaparse cuando se le sigue irritan- 
do á pesar de su simulación. 

b. El animal se oculta de sus enemigos. 

1 °. Este medio de defensa es el más general en los animales. — No 
consideramos en esta sección á la homocromía y otros procedi- 
mientos análogos de que se valen algunas especies para pasar 
desapercibidas: esta cuestión merece un estudio especial. 

Muchos mamíferos son en gran parte hipogeos, desde los mo- 
notremos hasta los carnívoros se viene presentando tan senci- 
llo medio de protección ; muchas de las aves, de los reptiles y 
los batracios, muchos peces, como los muy curiosos que se in- 
troducen en las Holoturias, un inmenso número de insectos y 
otros invertebrados, se ocultan más ó menos completa y defini- 
tivamente en algunos de los períodos de su vida, á ciertas ho- 
ras, cuando se ocupan en satisfacer ciertas necesidades ó en 
los cuidados consiguientes á la reproducción ó en fin, cuando 
no han adquirido los medios de defensa propios de los adultos. 
S.ucede en los Decápodos, que inmediatamente después de la 
muda sus tegumentos son muy blandos y por este motivo el 
animal se abriga en los agujeros. 

2? Este medio de defensa coexiste con otros medios Los repug- 
nantes zorrillos (Mepliitis) durante el día se ocultan en guari- 
das subterráneas, á pesar de lo temidos que son por causa de 
sus secreciones. 

3? Los animales desprovistos de medios de defensa en ciertas cir- 
cunstancias ó en cierto periodo de su existencia, viven ocultos. El 

oso polar y otros vertebrados invernantes se sepultan bajo la 



256 Memorias de la Sociedad Científica 



nieve ó la tierra durante su sueño. Las crisálidas de Chelonia 
caja evolucionan bajo el suelo; una gran mayoría de los insec- 
tos depositan sus huevos bajo las cortezas ó la tierra ó en otros 
lugares más ó menos ocultos. 

4? El animal se oculta en un abrigo i/a preparado ó en el momen- 
to del ataque recurre á un medio especial. 

Los gusanos rojizos que viven en el fondo de los pantanos, 
fabrican una galería en donde se ocultan en el momento del pe- 
ligro. Se citan muchos anélidos que construyen tubos de refu- 
gio de la consistencia de la gelatina (Myxicole), del pergamino 
(ChetopierusJ ó de los cañones de pluma (Hyalinaecia), ó bien 
forman tubos con pequeños guijarros ó con materiales calcá- 
reos.' Otros anélidos se refugian entre las algas, las madrépo- 
ras, etc. Varios invertebrados marinos secretan en el momen- 
to oportuno un líquido opalino que enturbia el agua y hace di- 
fícil su captura. fPneumoderma, Janthina, Scaphander, Umbrella). 
En los Cefalópodos es normal la secreción de tinta aun en los 
embriones encerrados en su envoltura. Más adelante citaremos 
el caso curioso de las Sepia. 

Período en que se oculta el animal. — Las lombrices de tierra 
viven ocultas desde que nacen hasta que mueren; pero es co- 
mún en otros seres que sólo durante cierto período tengan in- 
terés en ocultarse, generalmente cuando sus órganos locomoto- 
res ó de defensa no han llegado al último grado de su desarro- 
llo ó bien cuando no existen todavía. Por ejemplo, los Xylorectes 
y otros coleópteros que al estado larvario se ocultan en el inte- 
rior de la madera. Muchos animales se ocultan durante el sue- 
ño, en ciertos momentos de la metamorfosis ó las mudas de piel, 
en la invernación, en general cuando por imposibilidad fisioló- 
gica es más difícil conjurar los peligros. Los animales jóvenes 
están bien defendidos por el medio que consideramos, así como 

1 Hemos tomado una parte de los ejemplos que no se refieren á especies mC' 
xicanas, de la excelente obra de L. Cuénot, Encycl. Scient, des Aide-Mémoire n? 
35 A. 



' Antonio Álzate, n 257 



los huevos, por ejemplo los que un interesante coleóptero (Li- 
xus) deposita en el interior de las partes sumergidas de los ve- 
getales acuáticos. 

Variedades del mismo medio de defensa. Hábitos noctámlúlos. — 
Los Limax de los jardines viven ocultos durante el día y prote- 
gidos por las sombras de la noche salen á buscar sus alimentos. 
Los hábitos noctámbulos no siempre pueden comprenderse en 
los medios de defensa: algunos felianos y rapaces nocturnos em- 
prenden sus correrías durante la noche para sorprender á sus 
victimas cdn más facilidad. 

Hábitos cavernícolos. — No sólo la obscuridad de las cavernas 
protege á sus pobladores, sino también el pequeño número en 
que se encuentran ó la falta de enemigos. Los Niptus ventricu- 
lus, coleópteros que pululan en el guano de murciélago de las 
grutas de Ixtapalapa, se propagan en mayor escala indudable- 
mente que sí vivieran en el exterior. 

Hábitos terrícolos. — Ya hemos dicho que son muy comunes 
en los mamíferos: se observan en el Pájaro bobo (Momotiis) que 
nidifica bajo tierra, en una Lechuza (Spcotyto), en los pericos 
fStrigopsJ, en los reptiles y batracios, insectos de casi todos los 
órdenes, moluscos, crustáceos (Hippa de la costa de Veracruz). 
En el país más estéril perciben las vibraciones de los pasos de 
un viajero, no sólo centenares, sino miles de seres ocultos bajo 
la tierra ó las piedras, en tanto que en el exterior no se ve quizá 
ni un sólo insecto. Puede asegurarse que entre los animales te- 
rrestres desprovistos de aparato de locomoción aérea una gran 
mayoría vive privada de la luz, en una prisión subterránea adon- 
de se resguarda de la terrible lucha exterior, lucha que no es 
sólo con los enemigos, debemos advertirlo, sino también con 
ciertas condiciones inorgánicas desfavorables. 

En un grupo próximo al que componen las especies terríco- 
las deben comprenderse aquellas que temporal ó perpetuamen- 
te habitan el interior de las plantas ó se ocultan en el cuex*po 
de algún animal de que son comensales ó parásitos, por ejem- 

Memorias I1892-93J, T VI, 33. 



258 Memorias de la Sociedad Científica 

pío los Pinnotheres abrigados en los Lamelibranquios, las larvas 
jilófagas que se alojan en el meditulio de los árboles, los pará- 
sitos del intestino. 

Como principio general que constantemente viene á apo- 
yar los datos de la- observación, puede asegurarse que los ani- 
males que viven al descubierto poseen medios de defensa, ho- 
mocromía, mimetismo ó'algún otro, que no se encuentran en 
las especies muy numerosas como ya se dijo, que llevan una 
existencia oculta. Esta demostración por la negativa de ciertos 
medios de defensa que se han considerado como dudosos, nos 
será muy útil más adelante. 

Ventriloquia. — M. E. E. Fish ha publicado un artículo ver- 
daderamente curioso sobre la ventriloquia de las aves. ' Cita 
á los Túrdidos que parecen cantar en la pai'te muy a'ta de los 
árboles y en realidad están en las ramas más bajas. El canto 
de un Siurus aurocapillus {aguador de copete), se oye á muy cor- 
ta distancia del observador y el animal está á una distancia con- 
siderable. M. Fish oyó el silbido del Mimus carolinensis como si 
procediera de un punto muy lejano y poco después descubrió 
á una lipmbra ocupada en cubrir sus huevos, mientras que el 
macho, por medio de su destreza de ventriloquo, procuraba des- 
viar la atención del cazador alejándole de aquel sitio. ¡Según el 
Dr. C. C. Abbott los Troglodytes y la Icteria viridis tienen esa cu- 
riosa facultad. Creo que ella es común no sólo en las aves sino 
aun en varios mamíferos, como en el Nydinomus depressus, cu- 
yos chirridos se oyen equivocadamente á una corta distancia y 
en dirección difícil de determinar. En muchas aves de México 
hemos observado la ventriloquia más ó menos desarrollada, en 
XoñAntrostomus, Sayornis, Cliondestes, Zonotrichia, particularmen- 
te la Spizella sacialis; en alto grado en las aves acuáticas, las 
gallinas de agua (Rallus Fúlica, GallinulaJ y en los Zabullido- 
res (ColymhuSj Podylimhus): ni los indios de Xochimilco pueden 

1 Bull. Euffalo Soc. Nat. Scieuc. V, 2? 2, 



"Antonio Álzate, i. 259 



precisar el punto en que han emitido uno de sus gritos desafi- 
nados. Los batracios son buenos ventrílocuos, parece que en 
alto grado el Rhynoplirynus dorsális de Tabasco/ Los sonidos 
que producen varios articulados de las tierras calientes se es- 
cuchan en dirección opuesta á la verdadera. Hay por el contra- 
rio muchos animales cuya voz les descubre inmediatamente, 
por ejemplo, Xam<rí5, Carpodacus, Falco. 

Las especies mudas están menos expuestas á las miradas 
de sus enemigos que las dotadas de voz: ella es útil como me- 
dio de reconocimiento, particularmente en las aves sociales 
(Psaltriparus)^ en la selección sexual ó en las emigraciones, á 
veces como medio de atemorizar, y era de esperarse que de al- 
guna manera se remediara el inconveniente que hemos mencio- 
nado. 

Inmovilidad, ocultación en el momento del ataque. — Aun las es- 
pecies que presentan homoeromía ó mimetismo tratan de pasar 
desapercibidas por otros medios en el momento oportuno. El 
Sceloporus microlcpidotus acostumbra trepar á los árboles siguien- 
do la vertical y ocultándose tras del tronco, de tal modo, con 
tal astucia, que puede libertarse y permanecer á la misma al- 
tura siempre que da vueltas bien calculadas: es además homó- 
cromo con las cortezas y particularmente en los individuos jó- 
venes se nota gran semejanza entre el color general y el tono 
de la corteza, y aun entre las pequeñas manchitas transversales 
del dorso y las lentejillas del Ligustrum. Las Codornices (Crjr- 
tonyxmontezumae) permanecen inmóviles y silenciosas hasta que 
el cazador casi llega á tropezar con ellas. Puede preverse la 
aproximación de una ave de presa cuando repentinamente los 
páseres que cantaban y se agitaban confiadamente quedan in- 
móviles y en silencio. Incontables son los insectos que se dejan 
caer cuando se acerca un enemigo y van á perderse entre las 
yerbas de poca altura; las larvas de los Piérides se enrollan 

1 El camaleón de Tabasco. J. N. Rovirosa. La Naturaleza. 2? ser. I, p. 156. 



260 Memorias de la Sociedad Científica 



bruscamente y ruedan sobre el limbo de las hojas; otras orugas 
se suspenden de un hilo en el momento del ataque y poco des- 
pués vuelven á la flor ú hoja de donde pendían ; del mismo mo- 
do proceden las arañas. 

Fabricación de capullos, nidos y otros refugios. — Ya hemos he- 
cho algunas indicaciones sobre esta cuestión ; baste agregar que 
los refugios pueden oponer una resistencia casi invencible á su 
destrucción ó bien pueden ser poco resistentes pero de un gran 
volumen. Ejemplo de lo primero los capullos de los Attacus que 
no podría perforar una ave insectívo:-a; ejemplo de lo segundo 
los nidos del comején y de una hormiga del Estado de Morelos 
(Liometopuní), nidos que tienen un aspecto semejante al de la 
esponja y son de una consistencia muy quebradiza: un Lióme- 
tojmm-pevsegmdo se contenta con introducirse gradualmente en 
las celdillas de su nido, que es preciso destruir completamente 
para apoderarse del animal. 

La Carpocapsa salüians, la Grapliolitlia motrix y otros lepidóp- 
teros presentan un notable ejemplo de la coexistencia del me- 
dio defensivo por la fuga y la ocultación.^ Las larvas de la Car- 
pocapsa viven en el interior de los cocos de una Euforbiácea y 
he visto que en tanto que ellos están al descubierto, la oruga 
ejecuta movimientos especiales para hacer saltar ó deslizar á 
su refugio, hasta que se encuentra en condiciones de seguridad 
suficientes, en un lugar fresco y sombrío. 

Sería inútil insistir nuevamente en el hecho bien conocido 
de que los huevos ó los animales muy jóvenes están casi siem- 
pre ocultos. Diremos sin embargo, que esta particularidad po- 
dría dar alguna luz para la resolución de ciertos problemas bio- 
lógicos. Según Owen, los Marsupiales han adquirido la bolsa 
característica ó marsupium, porque en los países en que viven 
el agua es poco abundante y podrían perderse las crías, mien- 
tras que el animal encargado de cuidarlas iba á beber á un 

1 Las semillas brincadoras, por J. Ramírez. La Naturaleza, 2? §er., I, p, 54. 



' Antonio Álzate, m 261 



punto ^^luy lejano de su madriguera. Yo supongo que las crías 
de cualquier mamífero están menos expuestas á la destrucción 
cuando la madre las lleva consigo, pues de esta manera el ani- 
ma! joven disfruta directamente de las prerrogativas del adul- 
to. Este resultado se consigue por diversos medios: hay aves 
que transportan sus huevos ó sus hijos cuando el nido queda 
descubierto (Caprimiilgus); las Arvícola aun incapaces de correr 
se suspenden de las mamilas de su madre en el momento del 
peligro y son conducidas así á iin lugar distante y seguro; los 
Crustáceos, los sapos (Pipa) llevan sus huevos consigo, mien- 
tras que otros animales les abandonan á la voracidad de sus 
enemigos. Indudablemente que en las especies vivíparas el pro- 
ducto de la fecundación permanece oculto en el ovario, menos 
expuesto á perderse que en las especies ovíparas; no sabemos 
si tan poderosa causa de selección daría origen á las diferencias 
en este sentido. Quizá por la causa dicha abundan comparati- 
vamente ciertos peces de agua dulce de la familia de los Cipri- 
nodontos. 

Fabricación de caminos subterráneos. — Muy generales en las 
hormigas y en el comején observado por el Pbro. Álzate: pro- 
tegen á los insectos que van á buscar sus provisiones lejos del 
hormiguero y por lo común van á terminar á las raíces invadi- 
das por alguna especie de pulgón ó sirven para comunicar dos 
ó más colonias. 



c. El animal se asocia con los de su clase ó de clase distinta. 

1? El comensalismo y la siníbiosis pueden ser defensivos. — Los 
comensales viven sobre el cuerpo ó en el interior del cuerpo de 
un animal sin tomar de allí más alimentos ni perjudicax'le; hay 
simbiosis cuando el comensal y su huésped se han deformado 
de una manera correlativa y su asociación es provechosa para 
uno y otro. 



262 Memorias de la Sociedad Científica 

Varios Gasterópodos viven en las madréporas y los Bhizo- 
chilus se fijan en las colonias de Antliipatlies. He aquí otros ejem- 
plos tomados de la obra de M. Cuónot: 

NOMBRES. Especies con que se asocia ó en las que se refugia. 

Eupagurus striatus. Crustáceos.. íáuberites domuncula. Es- 
ponja. 

Eupagurus bernhardus. „ Calliactis effaeta. Actinia. 

Poutonia castos „ Esponjas ó Pinna marina. 

Pontoniaflavomaculata. „ Ascidias. 

Galathea spongicola.. .. „ Esponjas siliciosas. 

G. spinirostris „ Comátulas. 

Porcellana transversum. „ Aspergillum. 

Fabia chilensis „ Recto de un Erizo. 

Opiotela. Equinodermos Gorgonidos y esponjas. 

Opbiomaza obscura Comátulas. 

Fierasf er acus Peces. Holothuria tubulosa. 

F. Homei ,, Estómago de una Asteria. 

F. dubius „ Meleagrina. 

Trachichthys tunicatus.. „ Actinias. 

Caranx melampygus „. Medusas. 

Níiucrates ductor „ Tiburones. 

Una multitud de insectos viven en plantas espinosas ó ur- 
ticantes que les abrigan tan bien, como las Actinias abrigan á 
ciertos invertebrados acuáticos. 

Pero las asociaciones más interesantes son las que se obser- 
van entre el macho y la hembra <ie los Copépodos, Cirrípedos 
y otros organismos inferiores fAlapj^e, Cr¡jpto;phialus, Ibla, Seal- 
pcllum): los machos degenerados ó imposibilitados de acudirá 
un medio cualquiera de defensa (algunos no tienen ni canal ali- 
menticio ni patas torácicas), se fijan sobre las hembras ó los 
individuos hermafroditas.^ 

1 Geddes ct Thomson. L'évolution dn sexo, p. 102. 



' Antonio Álzate, n 263 

2° La asociación de individuos de una misma especie ó de especie 
disiinta puede ¡ser defensiva.— Rny casos en que la asociación de 
muchos individuos, sin acarrear grandes ventajas para cada uno, 
es perjudicial para todos (Pichón do paso, Ectopistes migraío- 
rius). Pero comunmente dicha asociación es benéfica á causa 
de que la vigilancia se ejerce mejor por individuos que sólo en 
ella se ocupan, en ciertos momentos, mientras que el resto de 
la comunidad se entrega á otros trabajos. Los hábitos sociales 
de los Tordos de México no contribuyen ciertamente á una me- 
jor división del trabajo, pues los Moloihrus son los únicos que 
suelen hacer un nido común, que pocas veces utilizan; pero sí 
contribuye á que la vigilancia sea más activa, de la misma ma- 
nera que en los monos sociales de la India: mientras unos se 
dedican á pillar las sementeras, otros espían los movimientos 
del enemigo. 

3? La asociación de los individuos puede ser temporal ó definiti- 
va. — Los Tordos, notables porque su sociedad comprende va- 
rios géneros y especies (Molothrus pecoris, Scolecophagus cyano. 
cephalus, Agelaius, Quiscalus macrourus, Xanthoccplialus longipes) 
quedan unidos perpetuamente lo mismo que los Hyrax que vi- 
ven en unión de un reptil y otro mamífero; y por el contrario, los 
individuos de Lcterus xxirisorum se unen en grupos numerosos 
durante la emigración. En circunstancias excepcionales una es- 
pecie social se cambia en especie solitaria, cuando es muy per- 
seguida, y aunque obtenga algunas ventajas de la vida en co- 
mún, como es la vigilancia más activa; pero no puede conjurar 
el peligro y se decide á vivir aisladamente para ocultarse con 
más facilidad. (Castor). 

Sería inútil insistir eu un hecho general que habla altamen- 
te en favor do los sentimientos de solidaridad de los animales: 
en las colonias de aves y mamíferos cada uno de los individuos 
da avisos á sus compañeros del peligro que les amenaza; el co- 
nejo que es casi mudo ó por lo menos deja oir su voz muy ra- 
ras veces, golpea el suelo fuertemente con la patas posteriores; 



264 Memorias de la Sociedad Científica 

el Gynomys hidoviciamcs (perro de las praderas), ladra de un mo- 
do cai'acterístico pai'a despertar la alarma en el momento opor- 
tuno. 

4? La asociación es un medio de defensa activo ó pasivo. — Las 
larvas copróforas de un Coleóptero de Chapultepec (Physonota 
translúcida) se juntan en grupos circulares de diez ó más indi- 
viduos, dirigen su abdomen hacia el centro del círculo y con la 
ayuda de un apéndice ahorquillado retienen la repugnante ma. 
sa de sus excrementos que les sirve de medio de defensa pasi- 
vo; por el contrario, muchos mamíferrs sociales y aun aves co- 
mo las Apipizcas fLarusJ, atacan vigorosamente al animal que 
las inquieta. Los cazadores acostumbran arrojar al aire un ca- 
dáver de Api pizca ó inmediatamente acuden sus compañeras, 
sin preocuparse del peligro y con el intento de libertar ó ayu- 
dar á la compañera que aún suponen con vida. Se refiere el ca- 
so de varias golondrinas que unieron sus esfuerzos para tapiar 
uno de sus nidos, en donde se había introducido cierto páser. 

5° La comunidad comprende algunas veces varios individuos con- 
sagrados exclusivamente á la defensa. — " En las colonias de Hidra- 
rias cuyos individuos presentan un polimorfismo comunmente 
tan marcado, hay á veces (Hydractinia, Podocoryne, Ilidrocora- 
linas) ciertos individuos consagrados especialmente á la defen- 
sa general: llevan los nombres de dactilosoides y zooides en 
espiral. Eq las Hidractinias están desprovistos de boca y la co- 
lonia se encarga de nutrirles: llevan en su extremo un paquete 
de nematocistos. En los Briozoarios, en el grupo de los Cheilos- 
fomiis, varios individuos se modifican de una manera especial. 
Las avicularias son una especie de pinza que se cierra al con- 
tacto de un cuerpo extraño; las vibracul arias están formadas 
por una seda muy larga que limpia la superficie de la colonia." 
(Cuénot). 

En general puede admitirse que los individuos más vigorosos 
de una colonia, los machos y los adultos, se consagran á la de- 
fensa de las hembras ó los jóvenes. Entre los insectos, las ter- 



"Antonio Álzate." 265 



mitas se hacen Jiotables por los soldados, de poderosas mandí- 
bulas, que están encargados de la defensa del nido. 

Es importante recordar que muchas ocasiones los hábitos 
sociales i^rovienen de la identidad de costumbres y necesidades 
de los representantes, por lo común muy numerosos, de una mis- 
ma especie ó de especies diferentes: no es este un medio de 
defensa. Los animales se asocian también con un fin muy dis- 
tinto y sólo en la época del amor. (Selección sexual). Por otra 
parte, algunos de los ejemplos que se dan de los beneficios mu- 
tuos entre especies distintas no me parecen bien comprobados 
todavía. Díeese que cuando se mata á los tordos, que como es 
sabido se nutren en parte con los Ixodes del ganado, las reses 
procuran vengar la muerte de sus amigos y se arrojan sobre el 
cazador: yo nunca me he encontrado en ese conflicto. 



d. El animal se defiende por medio de la homocromia, acromía, el 
mimetismo, ó los tintes ó secreciones coloridas preservadoras. 

Acromía. — El animal es más ó menos incoloro, no se desta- 
ca sobre ningún medio, cualquiera que sea su forma. 

Ilomocromía. — El animal se disimula á causa de la semejan- 
za ó identidad de su color con los colores del medio. Puede va- 
riar el color del organismo, rápidamente, en relación con las 
valuaciones del color del medio. 

Homocromía mimética. — El animal se confunde con objetos 
diversos no sólo por el color sino por igualdad ó semejanza de 
otros caracteres, como la forma y las dimensiones. 

Mimetismo. — El animal se asemeja á una especie bien defen- 
dida. 

Colores preservador es. — Por sus colores muy visibles el ani- 
mal bien defendido ( medios químicos) previene á sus enemigos 
de la inutilidad de sus ataques. 

Secreción^ coloridas preservadoras. — El animal secreta un lí- 

Memorias [1892-93], T VI, 31. 



266 Memorias de la Sociedad Científica 

quido del color de su cuerpo y dificulta así su persecución; se 
procura un medio homócromo. 

Es imposible demostrar los errores en que han incurrido 
ciertos biologistas, dicen sus adversarios, porque si se les pre- 
senta un animal que no es liomócromo, explican el caso supo- 
niendo que hay probablemente otro medio de defensa; si se tra- 
ta de una especie muy visible que puede ser ponzoñosa ó esté 
dotada de homocromía mimética. Las excepciones no pueden 
existir porque se ha tenido la habilidad suficiente para dar un 
número tal de teorías, teorías de tal naturaleza, que cada caso 
puede explicarse si no por unas por otras. Pero es extraño que 
tantos hechos reales puedan comprenderse en alguna de tantas 
teorías falsas. Las exageraciones se manifiestan en los escritos 
de los Darwinistas y sus adversarios: la observación y los ex- 
perimentos acabarán pronto con estas diferencias. 

M. Reverchon pregunta ingenuamente "¿por qué no se dice 
que los elápidos imitan á los colubridos (y no lo contrario), con 
el fin de engañar á su presa, haciéndola creer que no son peli- 
grosos?"^ Si así es, el medio resultó contraproducente porque 
no hay animal ó persona que no tema á las coralillas de colores 
brillantes mucho más que á las de colores sombríos. A un mo- 
no (Áteles metis) ningún ofidio le causaba tanto terror como el 
Ophibolus doliatus que á menudo le presentaba: ¿tal observación 
es concluyente ó aun parecerá dudosa? Este es un ejemplo de 
los errores en que puede incurrir un naturalista competente 
cuando se atiene más á los razonamientos que á los datos ex- 
perimentales, y justo es decirlo, los partidarios de la evolución 
también han cometido desaciertos en este punto delicado. 

Es una condición indispensable para que la homocromía apa- 
rezca verdaderamente útil, que los animales, tanto los superiores 
como algunos de los inferiores puedan percibir el color. Según 
M. F. Plateau, el Profesor V. Willem duda de la importancia de 

1 Cosmos. Revue des sciences tt de leurs applications, 27 Pévr. 1892. p. 361. 



" Antonio Álzate, n 267 



los resultados á que ha llegado en esta clase de iuvestigaciones 
un distinguido sabio inglés, Lubbock;^ asegura haber descu- 
bierto un procedimiento que resolverá la cuestión de una ma- 
nera definitiva. Aun en el caso poco probable de que llegara á 
demostrar que los animales no perciben el color, quedaría en 
pie la curiosa objeción de que la homocromía protege á los or- 
ganismos, cuando menos, de la persecución del hombre. 

Se ha dicho que á pesar de su homocromía perecen muchos 
organismos. Todos los medios de defensa, aun los que son tan 
evidentes como el aparato venenoso de los ofidios, deberían de- 
clararse inútiles según ese razonamiento, pues que para no ci- 
tar más que un caso, en la India se mataron de 1880 á 1881 más 
de 400,000 serpientes, según la estadística de Fayrer! 

AOROJIÍA Y homocromía. 

I? En la mayoría de los grupos zoológicos hay especies protegidas 
por homocromía. — Es tan general que se le encuentra no en gé- 
neros ú órdenes, sino aun de una manera más general, en los 
animales de los polos ó los desiertos, en seres muy distintos, 
muy lejanos unos de otros en la gerarquía natural. No se limi- 
ta á los seres terrestres, ni á los inferiores, sino que se extien- 
de también á los acuáticos y á los muy superiores como los Quei- 
rópteros, por ejemplo, al murciélago de Formosa en parte negro 
y en parte rojo, como las hojas marchitas de un árbol en que 
vive. 

Encontramos hechos muy notables de homocromía 6 acro- 
mía en los Celenterados, Turbelarios, Nemertianos, Anélidos, 
Moluscos, Crustáceos, Arácnidos, Insectos, Equinodermos, Tu- 
nicados, Peces, Batracios, Reptiles, Aves y Mamíferos. - 

Aun no son muy numerosos los trabajos sobre estos medios 

1 Extrait des Archives de Biologie publiées par M. M. Ed. van Beneden et 
Ch. Bambeke. XII, 1892. 

2 Véase la prueba en Cuénot. c. t. 



268 Memorias de lá Sociedad Científica 

de defensa que constantemente, en todos lo^ centros científi- 
cos, dan lugar á observaciones llenas de novedad; y sin embar- 
go, puede asegurarse por el examen de los documentos de que 
actualmente se dispone, que la homocromía está muy genera- 
lizada. 

2? Las modificacioms anatómicas y fisiológicas que significa la 
liomocromia no se limitan á los órganos ó funciones poco importantes. 
— No puede comprenderse en la definición iineana de los ver- 
tebrados á un pez incoloro como los AmpMoscus y los Helmich- 
thyidcB (quizá formas larvarias de los Conger); tienen la trans- 
parencia del cristal y los glóbulos de la sangre incoloros. 

La correlación entre algunas particularidades constitucio- 
nales y el color es evidente, así como las modificaciones que el 
color sufre según la edad y el sexo. Es curioso el hecho de que, 
en ciertos vertebrados, las hembras que no se reproducen, las 
gallinas á quienes se extirpan los ovarios, adquieren la colora- 
ción de los machos: así sucede por ejemplo en el Phasianus pie- 
tus de que me ha dado noticias interesantes el Sr. Lie. D. Alber- 
to Icaza. 

3? La homocromía puede ser constante ó temporal; completa en 
determinado período de la vida é incompleta más tarde; puede corres, 
ponder á las variaciones periódicas ó á las del medio en que vive el 
animal en sus distintas edades. — Hay homoci'omía constante en 
los reptiles de los desiertos que nacen con el color simpático y 
no le pierden jamás; varias mariposas (Papilo daunus) nos ofre- 
cen un ejemplo de la homocromía temporal, pues sus larvas son 
muy visibles (tienen los medios de defensa bien conocidos, las 
secreciones que tanto desagradan á sus enemigos), el insecto 
alado es también muy aparente cuando no se posa en flores ama- 
rillas, mientras que la crisálida es homócroma con las cortezas 
de los árboles. 

Los huevos de muchos invertebrados y de varias aves pal- 
mípedas tienen el color de los objetos que les rodean y los jó- 
venes que se encuentran en un nuevo medio adquieren la coló- 



"AntonioAlzate.il 269 



ración apropiada, que en ciertas aves se cambia enteramente 
en el individuo adulto. 

Es notable el caso de un páser de África (Eujilectes) que en 
el invierno probablemente tiene tintes protectores y en la pri- 
mavera adquiere un rojo vivísimo. 

Por instinto si se quiere algunos animales procuran colocar 
á sus huevos en condiciones favorables de homocromía. Un 
IlydropMlus que conservó para observar sus costumbres, cubrió 
con fragmentos de hojas de lechuga (las únicas que tenía k su 
disposición) la cara superior de su capullo ovígero, que de es- 
te modo quedaba muy bien disimulado. 

Varias especies de los países muy fríos cambian la librea 
obscura de la Primavera por la blanca del Invierno, consiguien- 
do así perfecta homocromía con la nieve. 

En los Urodelos el color suele ser distinto en los tres perío- 
dos de su vida. Los animales débiles ó indefensos son los quo 
con más frecuencia presentan hechos do iiomocromía. 

4? Puede haber en una misma especie variedades adaptadas al co- 
lor del medio en que vive cada tena de ellas. — El Ovidiim uniplica- 
ium de los Gasterópodos ofrece muchas variedades de tinte co- 
i'respondientes á las que se presentan en un Penatulido sobre 
el cual vive. 

5? La Jtomocromía es total ó parcial. — Comunmente las aves 
do colores protectores tienen en la región menos visible alguna 
ó algunas manchas muy brillantes. Estas particularidades apo- 
yan la teoría de M. Wallace, así como la que se ha llamado de 
la selección sexual. Si una de estas teorías resultara falsa di- 
fícilmente podríamos explicar muchos fenómenos. Si en los ma- 
chos no hay homocromía puede peligrar mucho su existencia; 
pero también es importante la ornamentación sexual que atrae 
y cautiva á las hembras : se satisface á las dos necesidades cuan- 
do el color sexual es poco visible en las circunstancias norma- 
les y dominan los tintes protectores. ¿Cómo se explicará de otro 
modo la existencia de plumas brillantes casi siempre ocultas en 



270 Memorias de la Sociedad Científica 

el copete del Siunts aiirocapillus, la mancha roja que tiene en las 
tectrices supra- caudales el Gorrión comxin (Carpodacus licemo- 
rrhousj y queda cubierta por las alas, y otra multitud de hechos 
análogos? 

No se trata aquí de las señales de reconocimiento á que M. 
Wallace concede justamente tanta importancia, pues que esos 
ornamentos no son visibles sino rara ocasión; ni es creíble que 
las manchas ocultas que aparecen en la época de los amores, 
así como las manchas exclusivas del animal adulto tengan ese 
destino, pues los machos de especies solitarias y pacíficas no 
manifiestan interés en reconocerse. 

6? Los colores ele algunos animales Jiomócromos varían rápida- 
mente, entre ciertos límites, cuando varía el color del medio. — Es más 
común la homocromía fija que la variable; pei*o en muchos gru- 
pos se han señalado especies particularmente dotadas que cam- 
bian de color de la manera más apropiada para su defensa. En 
México se encuentran el Camaleón (PJirynosoma orhiculare), las 
ranitas (Hyla) y algunos otros. 

Los Cefalópodos, en particular el Pulpo, cambian casi ins- 
tantáneamente del amarillento claro, rosado ó gris al negruzco 
ó moreno; varios decápodos se armonizan con rapidez con el co- 
lor de la arena, las rocas, el rojo vinoso de las Floridas, el ver- 
de de los FuciíS, etc. En las arañas que viven sobre las flores 
se observan fenómenos análogos, y quizá en algunos ortópte- 
ros; las larvas de la Bumia crataegata y otros lepidópteros mo- 
difican su color según la luz que reciben cuando se les encierra 
en aparatos apropiados; las crisálidas suelen presentar fenóme- 
nos idénticos ; los Ldbrus pasan del verde al negruzco ; los pe- 
ces planos fPleuronectesJ cambian el color de sus partes inferio- 
res y ese cambio se hace más fácil por la costumbre. 

De todas las formas de la homocromía esta es la que más se 
acerca á la perfección, en los animales no sedentarios. Estas 
modificaciones del color están regidas algunas veces (?) por un 
centro nervioso especial. Klemencievicz ha demostrado que si 



" Antonio Álzate. .. 271 

se excita el pedúnculo del ganglio óptico de los Cefalópodos 
cambia el color en el lado correspondiente. El hecho es por lo 
tanto de una importancia excepcional y nos demuestra una vez 
más cuan importantes son las variaciones orgánicas que signi- 
fica la homocromía. ^ 

7? Los actos voluntarios pueden coadyuvar ó ser indispensables 
para el éxito de la Iwmocromía ; en ciertos casos el animal acude á 
medios especiales voluntarios para confundirse con el medio. Estos 
principios deberían ser discutidos extensamente, pues muchos 
biologistas suponen que la homocromía ó mimetismo son pro- 
cedimientos, en todos los casos, inconscientes. Nosotros no ad- 
mitimos esa generalización ni podemos comprender esa nueva 
forma de voluntad inconsciente que se manifiesta por ejemplo 
en la grulla común: 

" Un día estaba oculto cerca de una hornaguera donde se 
había establecido un par de grullas, dice de Homeyer, y ob- 
servaba los graciosos movimientos de estos prudentes volátiles, 
especialmente los de la hembra que se entregaba á los cuida- 
dos de su toilette: tomó en su pico una poca de tierra y se la 
untó eu el dorso y las coberteras de las alas, de tal modo que 
estas partes perdieron su hermoso tinte gris ceniciento toman- 
do el gris moreno de tierra de sombra. Por amor á la ciencia 
mató á esta ave y encontré que la materia colorante penetraba 
en las plumas y no pudo separarse por medio de lavados: qui- 
zá la saliva del animal había contribuido á fijarla." Esta ob- 
servación ha sido completada por la análisis química que hizo 
Mewes. Indudablemente la grulla trata de hacerse homócroma 
adquiriendo el color del suelo. 

M, F. Plateau refiere que una especie de cangrejo que acos- 
tumbra cubrirse el carapacho con algas, si se le limpia de ellas 
y no las tiene á su alcance, se cubre con cualquier cosa, hasta 
con pedazos de papel. 

1 Véase la memoria de Krukemberg. Grundsgüge einer vergleichender Phy- 
Biologie der Nervosen Apparate. Heidelberg. 1886. (Segán M. F. Plateau). 



272 Memorias de la Sociedad Científica 

" Cuando se colocan en un acuario variedades de Leptogor- 
gia y de Ovidiim, dice Cuéuot, éstos se refugian constantemen- 
te sobre Individuos del mismo tinte, y cuando no encuentran 
Leptogorgias del color que les conviene se alejan de ellas." No 
perciben los colores, no tienen conciencia del medio de protec- 
ción ! 

Los Eechivhis entre los Hemípteros se cubren con polvo pa- 
ra ocultarse de la vista de sus víctimas. Las larvas do muchos 
Lepidópteros ropaloceros escogen el lugar más apropiado pava 
pasar su uinfosis, el que mejor se armoniza con el tono de la 
crisálida. 

" En el reposo las nueve décimas de las mariposas están bien 
disimuladas en los lugares que escogen habitualmente para po- 
sarse; aun las diurnas, de colores muy brillantes, cierran sus 
alas cuando se posan, de tal modo que sólo queda visible la ca- 
ra inferior que es á veces de colores opacos y tiene dibujos es- 
peciales. Los insectos parecen tener conciencia de sus medios 
de protección : cuando se ven descubiertos emprenden el vuelo, 
atraviesan con rapidez un espacio más ó menos grande y des- 
pués se detienen en el lugar más apropiado, que eligen por lo 
común sin equivocarse, haciéndose invisibles desde ese mo- 
mento. " 

Las aves acuáticas que ponen huevos muy visibles les cu- 
bren con hojas cuando tienen que abandonarles. Ya hemos ci- 
tado el caso de los Hydroplúlus. 

Hay una regia general que todos los colectores tienen com- 
probada: los animales homócromos, en el momento en que se 
acerca el enemigo permanecen inmóviles, fiados en su colora- 
ción protectora, y sólo en último caso emprenden la fuga. (Or- 
tópteros saltadores). 

Estos ejemplos tal vez parecerán insuficientes para la de- 
mostración de nuestra tesis: es muy común que se atribuyan 
á un ciego instinto los hechos más nobles ó inteligentes de los 
animales, á causa en parte del triste ó inútil interés que se ha 
tenido en deprimirles para ensalzar al que les deprime. 



"Antonio Álzate. II 273 



8? La hotnocromia no existe en todas las especies. — En las Hi- 
rudineas ó sanguijuelas no parece haber ese medio de defensa. 
Eu los Torpedos no se observa la homocromía; pero en cambio 
existe otro medio de protección muy eficaz: las descargas eléc- 
tricas. 

En general las especies que llevan una existencia oculta 
constantemente ó las nocturnas que se ocultan bien durante el 
día, están desprovistas de tintes homócromos, por ejemplo las 
Lepisma blancas de la caverna de Cacahuamilpaj^ muchos ma- 
míferos y aves nocturnas; las larvas de insectos que viven en 
el interior de los vegetales y son blancas muchas veces, aunque 
algunas tienen colores muy vivos como las orugas rojas del ma- 
guey. Las especies nocturnas pueden ser homócromas con el 
fin de ocultarse durante el día. 

Para demostrar el principio general de que la falta de ho- 
mocromía coincide con la existencia de otros medios de protec- 
ción, serían precisas observaciones más completas que las pu- 
blicadas hasta la fecha. Podremos suponer que los Cathartes 
(Zoiñlotes) son de un negro muy aparente porque no tienen ene- 
migos de que ocultarse ó se defienden bastante por su olor y 
otras particularidades j es posible que los seres cavernícolos, hi- 
pogeos ó endotalos no necesiten de la homocromía; pero si exa- 
minamos todos los representantes de un grupo zoológico con- 
siderable, aparecerán muchas dificultades que no siempre se 
resuelven. No son homócromas, por ejemplo, varias lameliros- 
tras, esteganópodas, procelaridos, zancudas como el Corvejón 
(Plegadis guaraima) de colores metálicos y las FlataUa de un ro- 
sa más ó menos vivo; los machos de la mayoría de las galliná- 
ceas, trepadores como los Trogon, páseres como las Pyranga, el 
Ergaticus riiber, varios Hirundinidos, Rapaces como el Hypotrior- 

1 Para el estudio de los colores en las especies cavernícolas puede consultarse 
la obra de A. S. Packard. The cave Fauna of North America, with remarks on the 
Anatomy of the Brain and Origin of the Blind Species. 3Iem. Acad. Nat. Se Was- 
hington. 1888. VI, part. I. 

Memorias f 1892-93!, T. VI, 35 



274 Memorias de la Sociedad Científica 



cliis aurantius de las Islas Tres Marías. Si suponemos que en 
las Pyranga no es necesaría la selección de colores simpáticos 
porque haya otros medios de defensa, no sabremos explicar por 
qué las hembras son de un color opaco, á no ser que se admita 
la teoría de M. Wallace; en lo que se refire al Ergatius no sa- 
bemos por qué presenta un color rojo vivo muy visible, pues 
este páser no tiene un vuelo rápido, ni se oculta, es más peque- 
ño que el canario y poco desconfiado. 

Se comprende que es conveniente no prejuzgar en esta cues- 
tión: hace algunos años se ignoraba por qué la pequeña rana 
roja y azul de Nicaragua no trata de ocultarse ni tiene colores 
homócromos: hubiera sido temerario presentarla como prueba 
de la falsedad de la opinión general sobre esta materia, pues M. 
Belt ha descubierto que tan curioso batracio no necesita ocul- 
tarse desde el momento en que no hay animal que se decida á 
comerle: dispone de otro medio de defensa. 

Nos sería imposible discutir la teoría de los colores sexua- 
les de M. Wallace, que consiste sumariamente en " que las hem- 
bras de las aves que forman nidos ocultos no son homócromas 
y las que construyen nidos al descubierto sí tienen colores pro- 
tectores, pues conviene que el animal no sea sorprendido por 
sus enemigos durante la incubación. " Esta teoría es enteramen- 
te contraria á la que pretende que los machos adquieren colo- 
res muy hermosos por ser esta una ventaja notoria en la lucha 
sexual. Pero hay tal número de excepciones en la aplicación 
de ambas teorías, que no podríamos estudiarlas desde el pun- 
to de vista muy exclusivo de la homocromía. 



ACROMIA. 

1? La acromia constituye un medio de defensa de utilidad más 
general gue la utilidad de la Imnocromía. — Hemos tratado de de- 
mostrar este principio al ocuparnos en las mariposas trauspa- 



" Antonio Álzate. " 275 



rentes (lihomia)} Aunque el organismo sea sedentario, si no lo 
es, con mucha más razón, pueden resultarle muy grandes ven- 
tajas si está desprovisto de colores: su cuerpo deja pasar todos 
los rayos luminosos y se confunde con cualquier medio, en cual- 
quiera circunstancia. 

El Profesor Moseley (citado por Wallace) dice que "la trans- 
parencia casi cristalina del cuerpo de los animales pelágicos, 
constituye uno de sus más notables caracteres. Es tan perfec- 
ta, que muchas especies se hacen casi enteramente invisibles 
cuando flotan en el agua, mientras que otras, guardadas en un 
recipiente de vidrio, apenas pueden percibirse. La piel, los ner- 
vios, los músculos y otros órganos son absolutamente transpa- 
rentes; pero á veces el hígado y el a'partúo digestivo son opacos y de 
un moreno ó amarillo que les asemeja á fragmentos de algas flotantes. ^^ 

La ácromía puede llegar á tal grado en los invertebrados ma- 
rinos, que algunos tienen el mismo índice de refracción del agua. 
Varios celenterados, anélidos, moluscos, crustáceos, insectos, 
peces y batracios (sus huevos) son transparentes. 

El color casi no existe en los organismos muy inferiores co- 
mo las Amibas, y si el desarrollo del pigmento no estuviera re- 
clamado imperiosamente por ciertas funciones fisiológicas, no 
comprenderíamos por qué la selección no ha impedido el desa- 
rrollo del dicho pigmento; pero seguramente que la transparen- 
cia absoluta no es compatible con ciertas necesidades (selec- 
ción sexual, señales de reconocimiento, atracción de los insectos 
por colores brillantes, etc., etc.), y depende en algunos casos 
de algas ó parásitos que dan color á los tejidos ó bay pigmen- 
to, como la guanina que es un producto de desamilación. 

COLORES PRE3KRVAD0RE3. 

1° El color jpreservador se encuentra en las especies lien defen- 
didas y en algunas indefensas que las imitan ( Mimetismo J. — Es 

1 Memorias de la Sociedad Científica "Antonio Álzate, n Diciembre, 1891. 



276 Memorias de la Sociedad Científica 



muy notable el caso de las serpientes ponzoñosas del grupo de 
las Elaps, que como ya se dijo son de colores muy visibles.' 
Falta el color preservador en otros muchos Ofidios temibles: 
en ciertos Crotalus que se caracterizan bastante por el ruido del 
cascabel; en los Cuatro -narices (Boihrops atroxj y otras varias 
especies de tintes más ó menos sombríos y que tal vez, como 
el Boilirops viridis, están dotadas de homocromía ofensiva. 

El gran sapo de Tierra Caliente (Bufo agua) es color de tie- 
rra y su ponzoña muy activa. Algunos Himenópteros del gé- 
nero Bombus, las abejas comunes, muchos Sifonóforos armados 
de nematocistos, carecen del medio complementario de defen- 
sa en que nos ocupamos. O bien son homócromos ó bien es in- 
necesario para ellos el color simpático. ¿Por qué entonces no 
se dan á conocer á sus enemigos, que suelen atacarles? Es di- 
fícil contestar á estas objeciones, porque para ello sería preci- 
sa la consideración de una serie numerosa de las excepciones 
y un conocimiento profundo de las costumbres de ciertos ani- 
males. Las abejas no tienen el color muy visible de ciertos He- 
liconidos ó Véspidos bien defendidos y no se explica esta falta 
de tinte preservador; pero el hecho es que las golondrinas nun- 
ca se atreven á comer una abeja, y es seguro que por el modo 
de volar, la forma y otras particularidades se caracterizan bas- 
tante estos himenópteros: nosotros mismos hemos sido enga- 
ñados por el disfraz de un Díptero inofensivo (Eristalis) que 
reproduce los caracteres de la abeja con tal perfeccióa que has- 
ta presenta ensanchadas las tibias de las patas posteriores. No 
sabemos en cambio por qué siendo la Cantharis officinalis de un 
color metálico indudablemente preservador, hay varias cantá- 
ridas mexicanas de colores opacos; ¿será porque, según se dice, 
hay aves (Ganga) que las comen? 

Es digno de advertir que en vaiños Nudibranquios las papi- 
las que cubren al cuerpo son de un color muy visible y se au- 

1 Véase Wallace, ''Le Darwinisme,ii trad. Varigny, p. 351. 



" Antonio Álzate, n 277 



totoraisan con mucha facilidad, como si el inconveniente que 
resulta de una coloración impropia se compensara por el curio- 
so mecanismo de la autotomía. 

Las garzas, según Cuénot, no comen al Arion rufiis ( Gaste- 
rópodos), sino después de haberle lavado con agua que en par- 
te separa al pigmento. Un Mamífero de México, el Frocyon Jo- 
tor, acostumbra lavar sus alimentos antes de comerles; pero no 
sabemos si el hecho antes citado podrá relacionarse con este 
hábito que aun no ha podido explicarse. 



SECRECIONES PRKSERVADORAt. 

1° Substituyen en algunos casos á la Jwmocromía. — Las Ajily- 
sia secretan en cantidad considerable un líquido opalino y des- 
pués un líquido púrpura que tiñe al agua y favorece la fuga del 
animal que no es homócromo. 

2? Se acompaña este medio de defensa de Jiomocromia fija ó va- 
riable. — "Las Sepiolas son del color del fondo en que viven y 
solamente se les descubre por la sombra que proyectan, pero 
luego que se les persigue emprenden la fuga y repentinamente 
se ponen negras y arrojan una pequeña masa de tinta que tie- 
ne casi sus dimensiones : en el acto vuelven á tomar su color cla- 
ro y siguen huyendo, de tal modo que un enemigo inexperimen- 
tado se engañará por esta estratagema y aun estará buscando 
á su presa en la tinta negra secretada por un animal negro, cuan- 
do éste ya se puso de un color claro y se halla á gran distancia." 

Las Yantinas son violetas y en caso de necesidad secretan 
un líquido violeta: ejemplo de la coexistencia de la homocromía 
fija y la secreción preservadora. 

Los fisiologistas explican la eyaculación de líquidos preser- 
vadores por un simple reflejo, y así debe ser; ¿pero el uso bien 
calculado de la tinta de las Sepiolas, su cambio de color en el 
momento oportuno, la dirección en que emprenden la fuga y 



278 Memorias de la Sociedad Científica 



otros detalles del procedimiento se explicarán del mismo modo, 
ó por un acto de la tan decantada voluntad inconsciente ? 



HOMOCROMIA MIMETICA. 

1? El animal copia no sólo los coloides sino las formas y otros de- 
talles del medio que le rodea. — Las larvas de los Geometridos 
permanecen algún tiempo erguidas, sostenidas por sus patas 
posteriores y asemejándose á una pequeña varita seca y sin ho- 
jas. En las larvas de una mariposa que vive sobre el Ascelepias 
ovata hay apéndices largos y encorvados que se asemejan á los 
zarcillos de una planta trepadora; en México se encuentran oru- 
gas con el aspecto del excremento de los pájaros: las Crisálidas 
de los Ropaloceros tienen á veces gran analogía con fragmen- 
tos de tallos ó cortezas. 

El caso más interesante que conozco en este particular es 
el que se refiere á los Arrastra -basuras (Psyche); las larvas de 
estas mariposas son comunes en el Valle de México y otros paí- 
ses, y acostumbran Eormar un tubo de seda en el cual viven en- 
cerradas, con la particularidad de que en la parte exterior de 
dicho tubo fijan pequeñas varitas ó basuras. Sería interesante 
observar si utilizan las basuras del color apropiado al medio que 
les rodea ó indiferentemente aprovechan las que se les presen- 
ta, aun las teñidas con colores muy luminosos. Es de notar que 
tan extraño medio de protección parece ser particularmente pre- 
ferido por la hembra, que según los observadores europeos, si- 
gue encerrada en su abrigo después de la metamorfosis y espera 
allí la llegada del macho, de- tal modo que la cópula se verifica 
estando éste en parte fuera del tubo y la hembra totalmente 
oculta. 

Las modificaciones anatómicas consiguientes á la homocro- 
mía mimética son muy profundas, por ejemplo en los ortópte- 
ros del género Phyllium llamados hojas errantes, y cuyo cuerpo 



' Antonio Álzate, n 279 



reproduce la forma de una hoja con sus nervaduras, su color, 
etc. 

2° La homoo'omía mi mélica consiste solamente en modificaciones 
de estructura ó bien los actos voluntarios del animal ayudan á produ- 
cir la ilusión. — M. Platean cita un microlepidóptero que por su 
forma y otras particularidades, así como por su modo de volar, 
imita perfectamente á una aquena de Compuesta provista de 
su vilano, que se eleva impulsada por el viento. Los Estafilíni- 
dos imitan los movimientos de las avispas, así como los Chjius; 
pero estos casos pertenecen en part^al estudio del mimetismo. 
El Yunx torquilla imita los movimientos y silbidos de las serpien- 
tes: sólo los individuos adultos se valen de este medio: se ha 
visto que dos carpinteros enjaulados fueron muy aterrorizados 
por esta estratagema. 

En general las especies dotadas de homocromía mimética, 
más aún que las dotadas de simple homocromía, guardan una 
inmovilidad absoluta cuando se encuentran en peligro, con el 
fin de no descubrirse por sus movimientos, que por otra parte 
son casi siempre muy pausados f Cholopus, Perezoso, Bacteria, 
zacatón). 



He aquí sus condiciones, según M. Wallace: 

I'' La especie mimética se encuenti-a en la misma zona que 
la especie á quien copia. De otro modo le sería inútil este me- 
dio de defensa. 

2^ La especie mimética es siempre lámenos defendida por 
otros medios. 

3?- La especie mimética es menos numerosa en individuos 
que la especie á quien copia. 

4"? Difiere del conjunto de las especies próximas. 

5* La simulación por perfecta que sea es exterior y visible 



280 Memorias de la Sociedad Científica 



y no se extiende nunca á los caracteres internos ó á los que no 
cambian el aspecto exterior. 

No se deben tomar estas condiciones al pie de la letra. Las 
grandes Típula tan parecidas á los Iclineumon son muclio más 
numerosas en individuos que estos Himenópteros; por el con- 
trario, los Sesianos de México son mucho menos abundantes que 
los Himenópteros á quienes imitan. Dudamos también de que los 
Coronelianos de México vivan siempre en las regiones en que 
abundan los Elaps, y se comprende que la distribución de los 
enemigos probables de estas dos clases de serpientes no Ha de 
ser tan limitada. 

Que los caracteres internos no varíen en algunas especies 
miméticas, me parece muy problemático. La Tricliura riblei, pe- 
queña faleua de Centro América ha adquirido los caracteres de 
las avispas y las formas y proporciones del cuerpo son tan dis- 
tintas de las normales en los Lepidópteros, que seguramente los 
órganos internos han variado en su tamaño y disposición. El 
mismo M. Wallace menciona á un Cuclillo de Borneo (Carpo- 
coccys), que por su/orwa y color se asemeja á una especie de 
Faisán (Euplocomus). 

El mimetismo puede comprender: 

1? Semejanza de colores, isotipia. — Por ejemplo en los Piéri- 
des blancos no comestibles y en ciertos Heteroceros también 
blancos y que sí son comestibles. 

2? Semejanza deforma. — No conocemos una especie en la 
cual la semejanza de forma no acompañe á la semejanza de co- 
lor. Dos Heteroceros americanos (Phanoptis vitrina y JDioptis 
candelaria) tienen las alas en parte transparentes de las Itliomia 
y gran analogía de forma con estos Heliconidos. Los Frigani- 
dos se forman una concha que les da el aspecto de los Moluscos 
de agua dulce y así se libertan de la voracidad de los peces, se- 
gún Dumóril. 

3? Semejanza de movimientos y actitud. — No podríamos citar 
ejemplo más concluyente que el de las moscas del género Eris- 



» Antonio Álzate, n 281 



talis que vuelan de la misma manera que las abejas. Un peque- 
ñe Lepidóptero que colectamos en un capítulo de Áster y es afine 
á las Trichura, tiene los txiovimientos irregulares, como indeci- 
sos, propios de las avispas; en el reposo lleva las alas levanta-. 
das de la misma manera que estos Himenópteros y como no se 
ve en otras mariposas; además, son muy curiosos los movimien- 
tos de proyección de los últimos aiñllos abdominales y en todo, 
semejantes á los que ejecutan las avispas cuando quieren he- 
rir con su aguijón. Este último hecho se comprende en el gru- 
po que sigue: 

4° Semejanza en Jos procedimientos de ataque. — Aun cuando no 
existan ponzoña ó aparatos especiales de defensa (medios ac- 
tivos), el animal imita los movimientos de ataque de alguna 
otra especie. M. Wallace hace mérito del Basypeltis scaher de 
la África meridional que no tiene ponzoña y se asemeja mucho 
al temible Clothos airox, sobro todo cuando está atemorizado y 
se arroja sobre su enemigo silbando y con la cabeza inclinada 
hacia abajo. Quizá el Zincuate f ElajMs deppei J trata de atemo- 
rizar á sus enemigos por su actitud y el sonido que produce, 
pues así consigue asemejarse á las serpientes ponzoñosas. Los 
Escorpiones (GcrrhonoiusJ constantemente proyectan su lengua 
bífida y en esto se asemejan á los ofidios, por lo que el vulgo 
les teme, aunque infundadamente. En Madagascar existe una 
pequeña araña que se asemeja á los alacranes y levanta su ab- 
domen cuando se le inquieta: del mismo modo proceden las Pa- 
norpa. ^ 

5? Semejanza en la voz. — Con alguna duda suponemos qué 
el Mimus polygloitus (Cenzontle) y ú Melanotis coeruleseetis {"¡sIm- 
lato) imitan al grito de otras aves y mamíferos con el objeto de 
protegerse; pero no contamos con observaciones personales. Ca- 
lamospiza bicolor tiene el canto de una ave astuta y desconfiada, 
la Icteria viridis; Habia melanocephala imita el canto de una co- 

1 Véase el ¡otercsante artículo de Duméril. Dict. Scieiic. iiatur. Vol. 13, p, 
24, art. Défense. 

Memoras [1892-53], T VI, 36. 



282 Memorias de la Sociedad Científica 

dorniz (Lopliortyt GambelU), según Coues. Es posible que así 
como eu las aves la ventriloquia constituye un medio de defen- 
sa, también lo sea el mimetismo de canto; pero en suma, nadíi 
podemos ¡trejuzgar en esta cuestión. Los monos aulladores de 
la América del Sur permanecen largas horas ocupados en pro- 
ferir sus gritos poderosos que según Azara se parecen á los del 
Jaguar: ¿será éste un medio de defensa? 

e. Autotomia. 

1? En el momento del ataque, por un acto reflejo 6 voluntario, se 
separan uno ó varios órganos del animal ó éste se divide en fragmen- 
tos. — Hemos observado que si se sujeta una lombriz de tierra 
por uno de sus extremos, ejerciendo cierta presión, el i-esto del 
cuerpo que ha quedado suspendido comienza á dar vueltas al- 
rededor del punto que se oprime, hasta que se rompe un poco 
abajo del extremo que no está libre. Se comprende la utilidad 
de este procedimiento: si una ave, por ejemplo, el Uarporhyn- 
chus curvirostris (Cuitlacoche) extrae á una lombriz de su tubo 
abierto en la tierra, de una manera brusca, sólo un fragmento 
del animal queda en poder de su enemigo y el resto se regene- 
ra rápidamente y sigue viviendo; si el ave ha sorprendido á la 
lombriz y la extrae completa, comienza á torcerse y una parte 
del cuerpo puede desprenderse libertándose de la destrucción. 
Experimentalmente hemos demostrado que cuatro anillos ais- 
lados de una lombriz pueden regenerarse, aunque muy lenta- 
mente y estando expuestos á ser invadidos por los mohos. 

Este hecho nos interesa, porque demuestra que la autoto- 
mia es á veces voluntaria y sin duda alguna útilísima, porque 
una especie que como la lombriz fácilmente pueda regenerarse 
y autotomisarse, está á una distancia casi infinita de la destruc- 
ción. Efectivamente no cuenta el número de individuos de la 
langosta, por ejemplo, pero sí virtualmenté. 

La autotomia se ha observado en los Nemertianos, Quetó- 



■ Antonio Álzate. 



podos, Nudibranquios, Enteropneustos, Crustáceos, Equinoder- 
mos, Arácnidos, Insectos y Reptiles. 

Es curioso que la autotomía se presente algunas veces coa 
tal frecuencia que De Saussure, en su obra sobre los Miriápo- 
dos de México, se lamenta de no haber podido estudiar comple- 
tamente á las Sciitigera, porque nunca se consiguen ejemplares 
provistos de todas sus patas. 

Debe comprenderse en la autotomía defensiva la que se eje- 
cuta voluntariamente en las OpMoglypha, estrellas de mar, que 
separan á voluntad un brazo aprisionado por el experimentador 
en un tubo de vidrio; pero hay otras variedades de autotomía, 
como la que se observa en otros Equinodermos que se ampu- 
tan un brazo enfermo ó herido, y en fin las que se han llamado 
autotomía económica y autotomía reproductora ó esquisogonia. 

La autotomía puede limitarse á un órgano poco importante para 
la vida del animal, sin que éste sufra dolor ni hemorragia. 

El Huistlacuache (Synetheres mexicanus) tiene el cuerpo pro- 
tegido por espinas débilmente implantadas en la piel y que se 
desprenden con suma facilidad, quedando adheridas gracias á 
las escamitas microscópicas que llevan en la punta y están di- 
rigidas hacia atrás. Un hecho análogo se observa en las orugas 
urticantes. Ko sabemos si las plumas que en muchas aves se 
desprenden al menor esfuerzo (Scarda/ella, Trogon), y si la piel 
delicada de algunos mamíferos (Cuscus) que se desgarra casi 
con sólo tocar al animal, podrán comprenderse entre los hechos 
de autotomía, así como la débil adherencia de la piel de la cola 
en las ratas; pero es evidente que constituyen un medio de de- 
fensa. 

Puede autotomisarse una parte importante para la vida. 

Algunos organismos inferiores (Holotlmria), cuando estáu 
atemorizados se contraen con fuerza y vomitan su tubo diges- 
tivo, que se regenera pronto, si el enemigo llega á devorarlo. 
Pero es más curioso el caso de la Zorra y otros mamíferos que 
eortan con los dientes al miembro aprisionado en una trampa. 



284 Memorias de la Sociedad Científica 

La vulgar historia de un reptil que al caer se divide en me- 
nudos fragmentos como un objeto de vidrio, no es probablemen- 
te sino la relación exagerada de un liecho cierto. En los Sau- 
rianos la cola se autotomisa con mucha frecuencia á causa de 
un reflejo; en las serpientes de cristal ( Oplüsauriis ventralis de Ja- 
lapa) la cola comprende los dos tercios de la longitud del cuer- 
po y se divide en el momento oportuno; en el Anguis fragilisVx 
cola rota se regenera al cabo de algunos meses. ^ 

2*? — La autotomía se verifica más comunmente en las especies do- 
tadas de laf,icuUad de regeneración; pero en algunos casos el órgano 
perdido no ie regenera ó se regenera de un modo vicioso. 

En los Turbelarios la facultad de regeneración os muy per- 
fecta, pero no así en los Ortópteros saltadores que pierden de 
una manera definitiva el miembro autotomisado." 

Cuando las Lagartijas (Sceloporus) pierden su cola suele re- 
producirse viciosamente y ó bien la nueva porción se dirige ha- 
cia mi lado ó bien se divide en forma de orqueta. En el Museo 
Nacional hay un ejemplar de Iguana (Cyclura articidata) que 
en lugar del miembro anterior de un lado lleva un muñón com- 
primido, largo, pero sin articulaciones ni dedos. En los Ajolo- 
tes, M. Duméril ha observado que la amputación reiterada de 
las falanges produce polidactilia ú otras monstruosidades, sien- 
do de notar que estos Batracios á veces se arrancan unos á 
otros grandes girones de piel ó pedazos de dedo. 

f. Coraza, espinas, tubérculos, conclaa. 

En los Mamíferos se observa la coraza (Tatusia, Armadillo), 
el engruesamiento de la piel en las partes más delicadas ó más 

1 W. M. Oarpenter. On a peculiar arrangement of Muscles ia the tílass Snake 
(OphisauruaJ. Sill. Araer. Journ. ser. II, p. 89. 

2 Sir. J. G. Dalyell. On the regeneration of lost Orgaus discharging the func- 
tions QÍ the Hcad and Viseara by the líolothuria and Amphltrite. Rep. Erit. As- 
soc. 1849, Sect. p. 189. ' ■ . • 



"Antonio Álzate." 285 



expuestíis, en el Yiontre del Procyon lotor; las espinas (Histri- 
cidos, Erizo, Equidno); cerdas ó pelos abundantes en la región 
mcás expuesta (barba de Ly}ix RufusJ; en las aves hay placas 
córneas (Parra), plumas especiales (Gallináceas); en los Repti- 
les un revestimiento escamoso ó en parte huesoso tan duro co- 
mo el do los lagartos, ó tubérculos como en el camaleón de Mé- 
xico y el Moloch, ó escamas de punta aguda como las que tienen 
en la cola los TJromnshjx y el Cachrys defensor de México; en los 
Batracios la piel está desnuda, pero en algunas especies (Bufo 
agua) lleva muchos tubérculos; en los Peces hay espinas (Dio- 
don, Puerco espíu de mar), escamas ó placas huesosas (Lepidos- 
feus, Catán), una coraza muy dura (Trigla). No podríamos men- 
cionar todos los medios análogos que se encuentran en los in- 
vertebrados: en general se comprenden en tres grupos, coraza 
concha y espinas; éstas en los Erizos de mar, las afroditas, los, 
moluscos, los crustáceos, algunos insectos (Hispa); la coraza 
quitinosa ó de cualquier otra naturaleza en los insectos, arác- 
nidos, crustáceos, holoturias, tunicados ; la concha calcárea prin- 
cipalmente en los moluscos. 

La piel es una de ¡as partes del organismo más expuesta 
á la influencia del medio y aunque los ót-ganos internos varíen 
poco, ella varía mucho: hay más diferencias en la piel de los 
Histricidos comparados á otros roedores que en su aparato cir- 
culatorio. 

g. Fosforescencia, 

1" Ya sea que la luz aparemea repentinamente en el momento del 
peligro ó sea permanente, atemoriza al enemigo. 

2? — Una especie no fosforescente puede protegerse utilizando á 
una especie fotógena. — En la India los nidos de una avecilla in- 
defensa, durante la noche resplandecen como estrellas suspen- 
didas en el follaje. En efecto, el Ploceus baga, especie de Viuda, 
acostumbra fijar con arcilla, en la superficie del nido, varios 



286 Memorias de la Sociedad Científica 

Lampíríanos fotógenos cuya luz ahuyenta á los visitantes pe- 
ligrosos, probablemente á las serpientes y con seguridad á los 
roedores.^ M H. A. Severn ha observado que las ratas huyen 
del extraño resplandor producido por esos insectos. Nosotros 
supondríamos que nn Ploceus accidentalmente observó la utili- 
dad de los Lampirianos como medio de defensa del nido y así 
tuvo origen esta curiosísima costumbre; pero es posible que es- 
te hecho se explique por la fuerza catalítica, la Naturce encliei- 
resin de los zoologistas, el instinto. 

Se han encontrado especies fosforescentes, según el autor 
que hemos consultado para el estudio de esta cuestión, en los 
Crustáceos, Miriápodos, Insectos, Moluscos, Briozoarios, Tuni- 
cados y Peces. La pretendida fosforescencia de los Gecos, de 
un sapo de Surinam, de los huevos de rana y cierta lagartija, 
y en fin de la Árdea nycücorax y la ^. ccerulea no se han estu- 
diado como era de desearse. Según M. Gadeau los animales fo- 
tógenos utilizan su luz para ver los peligros, inspirar temor á 
los enemigos y otros fines. 

Al decir de Moufet, los Indios del Nuevo Mundo aprovechan 
á los Cucuyos para libertarse de los moscos nocturnos; según 
M. Michelet, los mismos indígenas (parece que también los Ja- 
rocho.*»,) fijan varios Cucuyos en sus pies para ahuyentar á las 
serpientes, durante los viajes que emprenden en la noche. 

Es de notar que el huevo, la larva y la criscálida de los Lam- 
pirianos son fosforescentes; aun el protoplasma antes de seg- 
mentarse: lo que demuestra, como dice M. Gadeau, que la fa- 
cultad fotógena es debida á una causa originaria primaria y 
mecánica, aunque las causas secundarias puedan eliminarla ó 
contribuir á su desarrollo. 

M. Cuónot refiere que los Miriápodos se defienden por este 
medio y que un Auélido ( Odontosyllis fidguransj brilla repenti- 
namente cuando se le irrita. 

1 Oadeau de Eerville. Les Animaux et les Végétauz Lumineuses. 



" Antonio Álzate. „ 287]I¡ 



h. Simulación de la muerte. 

1? En el momento del peligro ó del ataque el animal queda mu- 
cho tiempo inmóvil, indiferente á las heridas, aun á las más doloro- 
sas. — La mayoría de los carnívoros é insectívoros no toman pre- 
sas muertas, como si comprendieran el peligro que resulta de 
comer un animal muerto por enfermedad contagiosa ó que está 
alterado por la putrefacción, y parece además que los movimien- 
tos desesperados de la víctima despiertan los feroces instintos 
de su verdugo. Nunca se conseguirá que una araña ó un sapo 
devoren insectos muertos, ni que los Ajolotes coman una lom- 
briz que no se mueve. Se comprende por lo tanto la utilidad 
del medio de defensa que estamos considerando, utilidad que 
sufre sus excepciones, pues en otro artículo hemos referido 
que las gallinas devoran lo mismo á los individuos de Thaptor 
óblongus que han fingido la muerte, que á los que se mueven co- 
mo de costumbre. ' 

Las larvas de los Hydrophilus y otros coleópteros acuáticos, 
al verse perseguidas acuden á un medio de defensa muy curio- 
so. Según Duméril, el cuerpo de estas larvas que momentos an- 
tes presentaba anillos muy aparentes, se alarga, pierde su toni- 
cidad y queda excesivamente blando; cede á los estirones, re- 
siste imperturbable á los piquetes y desgarramientos, sin dar la 
menor muestra de vida y asemejándose por muchos caracteres 
á un cadáver medio corrompido. 

M. Duméril menciona también al Ptinus jpertinax, Coleópte- 
ros, que permanece absolutamente inmóvil aunque se le atra- 
viese con un alfiler y después se le queme alguna parte del cuer- 
po. Algo semejante hemos visto en el Tlacuache (Didélphis vir- 
ginianaj; Audubon describe muy bien sus artificios. 

2? El animal permanece inmóvil muy poco tiempo y ala menoi' 

1 Memoria* de la Sociedad Científica "Antonio Álzate, n 1892. 



288 Memorias de la Sociedad Científica 

excitación emprende la fuga. — Lo cual se observa en los Crustá- 
ceos del género Porcellio. 

Así vemos en los JPtinus una prudencia mayor que en el Por- 
cellio, aunque unos y otros sean igualmente cobardes. El Ptinus 
sufre todas las pruebas á que se le sujeta y sabe el por qué de 
esas pruebas; se obstina en permanecer inmóvil, confía en su 
medio de protección; mientras que elPorcellio se precipita en sus 
juicios, desconfía de su estratagema ó impulsado por el terror 
emprende la fuga con pésimo resultado. Hablamos de actos in- 
teligentes y no de actos instintivos: el lector es muy libre do 
llamarles como lo crea conveniente. 

En el Ptinus que se deja quemar se nos presenta la impul- 
sión instintiva (la fuga) vencida por la impulsión inteligente (la 
simulación). Algunos salvajes de Norte América sufren con 
una calma espantosa los tormentos, las heridas más insoporta- 
bles, por su fuerza de voluntad aumentada por el afán de apa- 
rentar un gran valor: en el Ptinus esa fuerza de voluntad exis- 
te aumentada por una causa muy diversa. Y decimos que existe 
porque seguramente que la inercia de la voluntad no podría do- 
minar al reflejo producido por una sensación dolorosa.^ No se 
diga que el Ptinus sufre poco por la inferioridad de su organi- 
zación ; el DidelpJiis que pertenece á la clase más superior de los 
Mamíferos sufre mucho y también domina los reflejos provoca- 
dos por el dolor. 

i. Aumento de volumen. 

Según F. Müller las espinas de ciertos crustáceos constitu- 
yen un medio de defensa, pues aumentan el volumen del ani' 
mal que sólo podría ser devorado en pedazos ó por un enemigo 
muy grande; M. Cuénot refiere que un Crustáceo del género 
Persephonus, en el momento del peligro extiende sus largas pin - 

1 Longet. Physiologie. III, p. 263. 



" Antonio Álzate, n 289 



zas y las mantiene rígidas, de tal suerte que sería más fácil rom- 
perlas que doblarlas. 

No sabemos si la dilatación de la piel de los sapos tenga un 
fin análogo, porque es probable que sirva para facilitar la ex- 
pulsión del contenido de las glándulas ó quizá para impedir la 
gravedad de las heridas. 

j. La especie comprende un enorme número de individuos. 

1? Este medio de protección no excluye á ningún otro. — Desde 
el momento en que esa gran cantidad de individuos puede estar 
diseminada en un gran espacio, de tal manera que cada uno de 
ellos se oculte ó se defienda por algún medio. No debe olvidar- 
se que hasta cierto punto la unión contribuye á la seguridad in- 
dividual, especialmente cuando el medio de defensa no es pasi- 
vo como en el Ectopistes migratorius, sino activo como en el bi- 
sonte. 

2? Este medio de defensa es más eficaz en las especies pequeñas 
ó en las protegidas por medios activos, que en las muy grandes ó en 
las que sólo disponen de medios pasivos. A pesar de este medio de í?e- 
fensa la especie puede extinguirse totalmente. 

Más fácil ha sido destruir á los grandes mamíferos que álM 
pequeños invertebrados. 

He aquí la lista de algunas especies extinguidas ó próximas 
á extinguirse, según M. F. Lucas. ^ 

Año en que 
ce le vid 6 era 

. abundante. 

Monachus tropicalis. — Social. — Extinción próxima. — 
Golfo de México , 1688 

Macrorhinus angustirostris — Social. — Extinción to- 
tal.— California 1842 

1 Rovne Scientifique. 29« année, p. 561. 

Memorias fiSga-gs], T, VI, 37 



290 Memorias de la Sociedad Científica 

Odobaenus rosmarus. — Social. — No muy próxima. — 

Atlántico y Pacífico 1860 

Rhytina Stelleri. — Social. — Total. — Isla de Behring.. 1700 

Atcs. 

Drepanis pacifica. — Social. — Total. — Hawai 

Pseudogryphus californianus. — Social, — Próxima. — 

California 

Tertagns. 

De Galápagos. — Sociales. — Próxima. — Galápagos... 1680 

De estos datos se deduce que las especies mal defendidas, 
especialmente las muy grandes, están muy expuestas á la des- 
trucción, por la mano del hombre, aunque comprendan á sus 
individuos por millones, como sucedía con la Alca impennis} 

MEDIOS PASIVOS. 

Nada podríamos añadir á los datos contenidos en la obra de 
M. Cuénot y sólo diremos algunas palabras de uno de los me- 
dios más curiosos, la lapidación. 

Según Semper en muchas Oncidias (Gasterópodos) existen 
un gran número de glándulas que secretan pequeños corpúscu- 
los muy duros yjos cuales puede arrojar el molusco sobre sus 
enemigos. La lapidación es practicada con frecuencia por los 
monos que arrojan sobre su perseguidor ramas, frutas, hojas ó 
piedras. Para colectar las hojas del te en ciertas regiones inac- 
cesibles, los chinos acostumbran excitar á los monos, que arran- 
can ramas de esa planta y las dejan caer sobre sus enemigos.' 

1 Ibidem. 28« année, p. 27. 

2 Dict. Scienc. Natur. art. Thé. 



■■ Antonio Álzate, m 291 



Brehm y sus compañeros de viaje tuvieron que huir de las 
pedradas con que en una ocasión les recibieron los Cinocéfalos 
de Abisinia.^ 

Nota adicional. — En el estudio del medio de defensa por la 
fuga es interesante tener en consideración un hecho muy cu- 
rioso: el sueño es más ó menos profundo segiiu las especies y 
las circunstancias. Muchas aves son sorprendidas eti la noche 
por los mamíferos noctámbulos á causa de su sueño extraordi- 
nariamente profundo, mientras que otras despiertan y empren- 
den la fuga á la menor alarma. Entre las primeras pueden con- 
tarse al Gorrión común (Carpodacus) y al Dominiquito (Spinus) 
que según hemos visto en individuos aprisionados tienen un 
sueño que no interrumpe un ruido bastante fuerte: especial- 
mente el Sxñnus, que acostumbra dormir colocándose en una po- 
sición extraña, con el gran eje del cuerpo verticalmente. Por 
el contrario, las Tórtolas (Turtur risorius, Melopelia leiicoptera) 
están despiertas á cualquier hora; por más precauciones que se 
tome para sorprenderlas se les encontrará siempre en plena ac- 
tividad y á menudo se les oye cantar durante la noche. Los Jil- 
gueros y Clarines (Myadestes) tienen el sueño bastante ligero, 
lo mismo que las Coquitas (Scardafella). 



Antes de terminar este imperfecto trabajo haremos algunas 
consideraciones generales sobre los medios de defensa. 

Ya hemos intentado clasificarles en dos grupos, activos y 
pasivos; veamos ahora de qué otros modos de agrupación son 
susceptibles. 

1 L'flomme et les Animaux, I, p. 83. 



292 



Memorias de la Sociedad Científica 



Interviene la voluntad del animal ó un instinto. 



ÍFuga. 

Ocultación (en parte). 
Asociación. 

j Homocromía y otros procedimientos análo- 
gos (en parte). 
Medios pasivos. <J Autotomía voluntaria. 

Formación de capullos ó abrigos, 
j Fosforescencia intermitente, caso del Plo- 
ceus. 
Simulación de la muerte. 
(^ Aumento de volumen (en parte). 
''Mordeduras, defensa por la fuerza, avicula- 

rias. 
Lapidación. 
Descargas eléctricas. 
Secreciones venenosas (en parte). 
Medios activos. <( Sociabilidad. 

Aspecto repugnante ó amenazador. 
Movimientos especiales (cosquilleo que pro- 
i ducen en los dedos los Buprestidos; tem- 
blor de los Smerinthus que les ayuda á des- 
l^ lizarse). 



Medios en que no interviene una función en el momento del ataque (anatómicos). 



Homocromía (en parte). 
Color preservador. 

TT ' * " ' ' 

Homocromía mimetiea. 

Mimetismo (en parte). 

Acromía. 

Coraza, espinas ó tubérculos. 



■■ Antonio Álzate, n 293 



Subordinación de un reflejo á un acto voluntario. 
¡Simulación de la muerte (en parte). 

Existencia de centros ó aparatos nerviosos especiales. 

Homocromía variable. 

Fosforescencia. 

Autotomía. 

Aparato eléctrico. 

Nematocistos, sagitocistos, tubos de Cuvier. 

Existencia de particularidades anatómicas en las partes exteriores. 



Homocromía ó procedimientos análogos. 

Mimetismo (en parte). 

Acromía (en parte). 

Coraza, espinas ó tubérculos. 



Existencia de modificaciones anatómicas profundas en los órganos internos. 

Mimetismo y homocromía mimética (en parte). 

Acromía (en parte). 

Fosforescencia. 

Autotomía. 

Aparato eléctrico. 



Existencia de un aparato muscular especiali 

Autotomía. 



294 Memorias de la Sociedad Científica 



Medios que son de defensa en el animal adulto y se presentan aun 
en el protoplasma. 

Fosforescencia. 
Acromía. 

Existencia de costumbres especiales. 

Fuga. 

Ocultación. 

Hábitos nocturnos. 

Sociabilidad. 

Simbiosis y comeusalismo. 

Lentitud de movimientos. 

Capullos y otros abrigos. 

Simulación de la muerte. 

Aumento de volumen. 

Defensa por la fuerza y la astucia. 

Lapidación. 

Existencia de una particularidad en los fenómenos de reproducción. 

Enorme número de individuos. 



Medios incompatibles con el desarrollo de ciertos caracteres sexuales secundarios 
y ciertos procedimientos de selección sexual. 

Hábitos nocturnos. 

Vida subterránea. 

Homocromía y otros medios análogos. 

Los procedimientos de defensa por medio de sagitocistos y 
nematocistos, son debidos quizá á un simple reflejo. Hay mu- 
chos medios que significan á la vez una particularidad anató- 



II Antonio Álzate." 295 



mica y el ejercicio de una función en el momento del ataque 
(Tubos de Cuvier). No podríamos señalar todos los casos en 
que se presenta un centro nervioso especial, aun faltan obser- 
vaciones. Todos los medios de defensa pueden ser obstáculo 
para la variación anatómica, fisiológica ó etológica, si esta va- 
riación no acarrea una ventaja que compense con exceso al in- 
conveniente que resulta de la pérdida de un medio de protec- 
ción. 



El estudio que hemos terminado nos conduce á las siguien- 
tes reflexiones : 

O bien todos los seres fueron formados á la vez con sus 
órganos ó instintos de protección, previéndose y calculándose 
todo (y en ese caso no nos explicaríamos la adquisición de me- 
dios de defensa posteriores como se ve en el Castor, en los ani- 
males que han aprendido á evitar nuevos peligros como las 
trampas, la detonación de armas de fuego, la vecindad del hom- 
bre, etc. ), ó bien á partir de organismos tan inferiores como los 
sarcodarios fueron desarrollándose casi paralelamente, por una 
parte los medios de ataque y por otra los de protección, y en- 
tonces los animales son susceptibles de perfeccionarse ó modi- 
ficarse en su anatomía y sus instintos. Si aceptamos esta supo- 
sición será preciso conceder al factor lucha por la vida un valor, 
una importancia casi infinita, pues vemos que la necesidad 
de la defensa pudo haber acarreado cambios profundos en la 
constitución de los organismos, en su modo de distribuirse so- 
bre la superficie de la Tierra, hasta en sus costumbres y su ca- 
rácter; que esa fuerza es en resumen una de las que más han 
contribuido al desarrollo y á la multiplicidad de las especies. 

¿ Cómo se han adquirido estos medios de defensa? Realmen- 
te no lo sabemos y nadie podrá trazar la historia detallada del 
desarrollo de un órgano eléctrico ó de un tubo de Cuvier. Hay 



296 Memorias de la Sociedad Científica 

dos medios de resolver la cuestión en general y de una mane- 
ra hipotética. 

La teoría de la variación ciega regida por la selección ; la 
teoría de la variación por causas mecánicas, físicas, regida igual- 
mente por la selección. He aquí un ejemplo: 

Según la primera teoría las larvas de las mariposas varían 
en sus colores por la tendencia á la variación y pueden adqui- 
rir el rojo, el azul, el verde, el violeta, el amarillo, el anaranja- 
do, el moreno, en resumen, cualquiera de los colores simples ó 
de los compuestos, que son incontables; la selección impide que 
se fijen muchos de ellos y sólo procura fijar al color más apro- 
piado para la defensa ú otros usos. Los peces planos, por la ten- 
dencia á la variación aparecieron pigmentados en la cara dorsal 
y no en la que se acostumbra llamar ventral y la selección per- 
petuó este carácter útil. 

Según la otra teoría las variaciones son más limitadas, mu- 
cho menos vagas é irregulares. Las larvas de Lepidópteros ad- 
quieren los colores del medio que les rodea por efecto de las 
condiciones exteriores, y el hecho es que se les hace variar se- 
gún la luz que reciben (Poulton). Eu la cara no iluminada de 
los Peóes planos no hay el excitante que provoca el desarrollo 
del pigmento, la luz, y M. Cunningham ha demostrado que si 
artificialmente se hace obrar á ese excitante, aparece el pigmen- 
to. A medida que se estudian más estos fenómenos se van des- 
cubriendo nuevas causas mecánicas de variación, regidas siem- 
pre por las causas secundarias. 

Otro resultado de nuestros estudios es que la variedad de 
los medios de defensa, sus efectos á veces terribles, su comple- 
xidad extraordinaria, su existencia en todos los organismos, que 
en resumen, el examen de las armas de combate de los anima- 
les demuestra que la guerra entre ellos es incesante y terrible 
y que no hay la paz ni la armonía cantada por los poetas. 

Uno de los sabios más esclarecidos de la época presente, M, 
Wallace, no lo cree así: su loable interés por el engrandecimien- 



"Antonio Álzate, m 297 



to de la teoría trausf ormista le conduce á admitir que " probable- 
mente los seres gozan de la vida en todos los instantes, porque 
su perpetua vigilancia respecto á los peligros y aun la fuga 
ante el enemigo no son sino el joyeux ejercicio de sus facult \- 

des tos "tormentos" y "miserias" de los animales tienen 

poca realidad y reflejan las sensaciones imaginarias de hombres 
y mujeres instruidos, si ellos se encontraran en circunstancias 
semejantes."' 

El insecto inmovilizado que soporta largos días las morde- 
duras de una larva de Sphex; el roedor que agoniza entre las 
garras de su feroz enemigo y lentamente, muy lentamente apu- 
ra espantosos sufrimientos; las innumerables especies mal do- 
tadas en medios de locomoción y que perecieron quemadas en 
los incendios de bosques de los Estados Unidos, en una exten- 
sión total de 10.274,089 acres ; - los millones de insectos que pue- 
den devorar las 5,000 especies de arañas de Europa; las vícti- 
mas incontables de los rapaces y carnívoros ; en fin, el número 
de seres actuales y fósiles que no mide la imaginación y han 
perecido por las inundaciones, el frío ó el hambre, seguramen- 
te no darían fe de ese alegre ó jovial ejercicio de las faculta- 
des, ni de las sensaciones imaginarias de que nos habla M. Wa- 
llace. La existencia de las especies peligraría si los sufrimien- 
tos no fueran inseparables compañeros de la muerte. No: el 
miedo y el dolor reinan en la Naturaleza como soberanos abso- 
lutos ó más bien como omnipotentes factores del progreso. 

México, Marzo de 1893. 



1 Hemos traducido estos párrafos casi literalmente, de la obra "LsDarwinis- 
mi, M trad. Varigny, p, 51. 

2 Ch. S. Sargent. Report on Forests of N. America. 188i. 

Memorias L1892-93J, T VI, 38. 



298 Memorias de la Sociedad Científica 



Moyeiis de défeuse dans les aniínaux par Mr. le 
Prof. Alphonse L. Herrera. 



L'auteur s'est occupé des moyens de defensa dans les ani- 
maux, envisagés d'une maniere généi'ale et en particulier des 
mayens de défeuse parmi les espéces mexicaines. II a consi- 
deré: 

Les moyens passifs. 

Fidte: leur coexistence avec d'autres moyens, leur généra- 
lité. 

Exisfence cachee. — Perpétuelle ou temporaire; c'est le moyen 
le plus general; l'espéee forme un abri ou bien elle peut utili- 
ser un abri déjá existaut, ou encoré elle se cache au moment 
du danger. Habitudes noctambules, cavernicoles, terricoles; 
ventriloquie; immobilité; formation des cocons, des nids et des 
autres abris; chemins souterrains. 

Associations. — Commensalisme et symbiose. Association des 
individus d'une espéce ou d'espéces diííérentes; perpetuelles ou 
temporaires; individus voués á la défense. 

Homocliromie. — Dificultes et objetions. Leur généralité; mo- 
difications profondes des espéces homocliromes; leurs varietés; 
homochromie mobile; leurs rélations avec le commensalisme; 
influence des actes volontaires sur Pef&cacité de l'homochro- 
mie; absense de l'homochromie. 

Acliromie. — Moyen de défense plus parfait que l'homochro- 
mie. 

Couleur prémonitrice. — Sécrétions prémonitrices. — Dans quel- 
ques cas elles peuvent se substituer á l'homochromie ou s'ac- 
compagner de l'homochromie fixe ou mobile. 



"Antonio Álzate, n 299 

Homocliromie mimétique. — Des couleurs et des formes du mi- 
lieu; en rélation avec les actes volontaiies de ¡'animal. 

Mimétiame. — Leurs conditions; ressemblance daus les cou- 
leurs, les formes, les aliares, les mouvements, la maniere d'at- 
taquer, la voix. 

^?íifo^o>H?e.— Séparation d'un organe ou división da corps; 
on peut couper un organe plus ou moins important et suscep- 
tible ou incapable de se régénérer, ou qui peut se régénérer 
d'une maniere vicieuse. 

Cuirasse, 2miMnts, Uiberciües, coquiUe, selou les groupes zoo- 
logiques. 

Phos2)horescence. — Une espéce aphotogéne peut employer 
pour sa défense une espéce phosphoresconte (Ploceus); la lu- 
miére fait éloigner l'enuemi. 

Animaux quifont le mort. — Indifférence simulée aux plaies 
les plus douloureuses; simulatiou de l'état de putréfaction. 

Espéces tres nombreiises en individus. — Conditions de l'utilité 
de ce moyen de défense. 

Augmeyítatmi du vohime.—Láiñdation — Classification des 
moyens de défense: volontaires, passives et actives; signifieut 
une modification anatomique ou physiologique daus les parties 
extérieures ou intérieures; subordination d'un réflexe á un acte 
volontaire; l'existence d'appareils nerveux ou musculaires, d'u- 
ne habitude particuUére; moyens que se trouvent déjá dans le 
protoplasma; moyens incompatibles avec le développement de 
certains caracteres sexuels secondáires. 

Origine des moyens de défense. — La souf ranee et la lutte com- 
me une des causes du progrés. 



ü 



MOTA 

KELATTVA Á LA 

SEOOIÓl^ DE LA EEPTJBLIO A MEXIO Aíí" A 

POR 



SOCIO DE KUMEEO 



(Lam:inj^. vil). 

Sabido es que el Gobierno Español deseoso de celebrar dig- 
namente el Cuarto Centenario del descubrimiento de Améri- 
ca/ invitó con particular instancia, y entre todas las naciones 
del Nuevo Continente, á nuestra República, á fin de que, con 
las demás hermanas, asistiera al gran certamen que debería 
abrirse en Madrid en el mes de Octubre del año próximo ante- 
rior. 

Aceptada con singular beneplácito la invitación por parte 
de nuestro Gobierno, secundóse con ardor la idea de aquel con- 
curso histórico que habría por su propia naturaleza de interesar- 

1 Real decreto de 9 de Enero de 1891. 



302 Memorias de la Sociedad Científica 



nos no solamente por el hecho que iba á conmemorarse, sino 
también por la gran trascendencia que tendría en el campo de 
la investigación para aclarar tantos y tantos puntos obscuros 
en la historia de nuestras primitivas razas de América. 

En efecto, aquel certamen al cual concurrieron casi todas 
las repúblicas hispano -americanas y algunos países de Euro- 
pa, resultó ser un inmenso cuadro histói'ico, una sinopsis quiza 
única por su carácter tan especial y propio, en la cual se sinte- 
tizaron de bulto, auténticos, originales, por decirlo así, las tra- 
diciones y usos y costumbres de los pueblos aborígenes de Amé- 
rica, ya en la época precolombina, ya en la postcolombina, en 
la parte más interesante de esta última. 

Las importantes colecciones de la Expedición Hemenway 
presentadas admirablemente en el departamento de los Estados 
Unidos, nos hicieron fijar la atención en la identidad existente 
entra las comarcas indígenas del Tuzayan ( Arizona) y la nues- 
tra de Casas Grandes en el Estado de Chihuahua.^ 

La semejanza, mejor dicho la igualdad palmaria que se ad- 
vierte entre los monumentos indígenas de Guatemala y los nues- 
tros de Yucatán y de Chiapas, eslabonó nuestros estudios, pu- 
diendo así comparar con documentos exactos las investigaciones 
de nuestros historiadores acerca de la nación Maya tan admi- 
rable como adelantada. 

El propio cuadro nos hizo detener aún más ante el asombro- 
so paralelismo que resulta entre la nación Quimbaya pobladora 
de buena parte del territorio de la hoj^ República de Colombia, 
y ese otro poderoso pueblo Tarasco dueño en otro tiempo de 
aquella fértil región de Michoaeán.- 

1 Véase: "A journal of American Ethnology and ArchEeology n — 11"'' vol: A 
few summer cerernonials at tlie Tusayan pueblos, by J. Walter Fewkes. 

2 Ensayo etnográfico y arqueológico de la Provincia de los Quimbayas, en el 
Nuevo Reino de Granada, por Ernesto Restrepo. — 1892 — Bogotá (Colombia) — 
Imprenta de La Luz, calle 13 núm. 100 — 49 — 62 págs, 

— Estudios sobre los aborígenes de Colombia, por Ernesto Restrepo — Prime- 
ra Parte — Bogotá — 1892 — 49 — 181 págs. y una carta geográfica al fin. 



"Antonio Álzate. !i 303 



De esta suerte y por lo que apeuas hemos anotado, puede 
juzgarse la indiscutible importancia de una Exposición que di- 
fícilmente podrá reproducirse en ningún otro punto del globo. 

Dividióse para su objeto eu dos grandes secciones, que se 
instalaron en el soberbio palacio destinado á Biblioteca y Mu- 
seos Nacionales, en el Paseo de Recoletos.de Madrid. La pri- 
mera sección se denominó Exposición Histórico -Americana, 
quedando colocada en la planta baja del edificio; la segunda, 
denominada Exposición Histórico- Europea esencialmente de 
arte retrospectivo,^ y en la cual ofrezco ocuparme en otro ca- 
pítulo, se instaló en la planta alta del palacio. 

Al llamamiento que España hizo parala Histórico- Ameri- 
cana, concurrieron: 

Alemania. 

Argentina (República). 

Bolivia. • 

Colombia. 

Costa Rica. 

Chile. 

Dinamarca. 

Dominicana (Repúbhca). 

Ecuador. 

España y sus posesiones de Ultramar. 

Estados Unidos. 

Guatemala. 

1 Una de las naciones más ricas en tesoros históricos, es sin disputa España : 
así lo atestiguó en esta Sección, á la cual llevaron, atestando salones, las bibliote- 
cas, los archivos, las catedrales, los museos provinciales de la Península, lo más no- 
table y hermoso en manuscritos, pergaminos, reliquias, estatuas, ornamentos, cá- 
lices, cruces, armas, cuadros de todo género, etc. Valiosa fue la cooperación pres- 
tada por algunas casas de la vieja nobleza, de donde se sacaron para exhibirlas en 
público, las vetustas armaduras, los arreos de los celebrados torneos, cofres de hie- 
rro cuajados de relieves, sellos incontables, autógrafos de santos, príncipes y reyes, 
y cuanto pudo contribuir al lucimiento de la Sección, para llenar su fin principal: 
la exposición completa del Arte retrospectivo. 



304 Memorias de la Sociedad Científica 



México. 

Nicaragua. 

Noruega. 

Perú. 

Portugal. 

Suecia. 

Uruguay. 

Entre todo este concurso, descollaron en primer término: 
Colombia por sus riquísimas piezas de oro, todas arqueológicas 
y valuadas en subido precio; Costa Rica por sus abundantes y 
bien presentadas colecciones de cerámica y piedra; los Estados 
Unidos, en la parte relativa á la Expedición Hemenway, y Es- 
paña por la variedad de objetos americanos que expuso proce- 
dentes de su Museo Arqueológico, entre otras una preciada co- 
lección de momias humanas sud-an^ericanas, y otra excelente 
de cerámica peruana. 

Por lo que toca á nuestra República, muy lejos estuvo de 
hacer desairado papel: antes al contrario: puede decirse que 
culminó casi en primer término, por la riqueza y profusión de 
sus colecciones, por el método y orden científicos que predomi- 
naron en la exposición de ellas, y por la exacta sujeción que se 
tuvo al programa que de antemano dio á conocer el Gobierno 
Español. 

México obtuvo por tal motivo, el aplauso de propios y ex- 
traños, y pudo alcanzar de esta suerte el más honroso lugar, en 
el seno mismo de la Madre Patria, donde por primera vez iba 
á ondear nuestro pabellón en verdadera fiesta de familia. 

El contingente de México fue, pues, por esencia histórico y 
en todo conforme con la índole del programa citado; formándo- 
se dicho contingente por los trabajos de una Junta nombrada 
por nuestro Gobierno y presidida por el Sr. D. Joaquín García 
Icazbalceta, siendo los más activos colaboradores los Sres. D. 
Alfredo Chavero y D. Francisco del Paso y Troncoso, á quien 



'Antonio Álzate." 305 



con su auxilio y sus vastos conocimientos en la materia se de- 
bió en gran parte el éxito de nuestra Sección. Ya en lai'ga y 
prolija reseña expone dicho señor los trabajos i-eferentes á la 
preparación de México para el certamen, citándose á todas las 
personas que á ello contribuyeron; reseña que va al frente del 
voluminoso Catálogo especial de nuestra Sección, y que ahora 
concluye de darse á la estampa en Madrid, en la tipografía de 
los Sucesores de Rivadeneyra. 

No debemos, sin embargo, mientras la reseña se conoce, ol- 
vidar el entusiasmo y empeño del Sr. General D. Vicente Riva 
Palacio, nuestro Ministro en España, para que la Exposición 
toda resultase brillante y fuese digna de su objeto. 

Una vez compilados todos los elementos con que se conta- 
ba, enviáronse á España, así como á una Comisión presidida por 
el mismo Sr. del Paso y Troncóse, encargada de llevar en el cer- 
tamen la representación de México y de hacer en el palacio de 
Recoletos la instalación de nuestro material histórico. 

Cúpome en suerte ser nombrado por el Supremo Gobierno 
miembro de esa Comisión, junto con los Sres. Dr. D. Francis- 
co Planearte, D. Francisco Sosa, D. Francisco Río de la Loza 
y D. Fernando del Castillo; y me complazco ahora, terminado 
ya del todo nuestro certamen, ofrecer á nuestra Sociedad "Ál- 
zate" la presente breve nota en la cual expongo someramente 
el orden bajo el cual se presentó al público nuestra Patria en el 
concurso que España celebró en las postrimerías de 1892, para 
conmemorar la cuarta centuria de la aparición en la geografía 
de la tierra, del Continente Americano. 

Debe ante todo observarse, que esta nota no tiene el carác- 
ter de informe; es simplemente oficiosa, pues corresponde al 
Presidente de la Comisión hacerlo ante el Gobierno. Mi objeto 
es que participe nuestra Sociedad de algunos datos proporcio- 
nados por boca de uno de sus miembros que fue testigo ocular 
de aquel interesantísimo concurso, raro por su excepcional ca- 
rácter; único en su especie en este siglo. 

Memorias [1892-93!, T. VI, 39 



306 Memorias de la Sociedad Científica 

Como dije antes, la Exposición Histórico -Americana que- 
dó instalada en la planta baja del palacio destinado á Bibliote- 
ca y Museos Nacionales, ocupando nuestra Sección, como se 
advierte en el adjunto plano, el ángulo correspondiente á las 
calles de Serrano y Jorge Juan. 

Fueron expuestos nuestros objetos, en cinco salones, comen- 
zando por el de la entrada de la calle de Serrano, y en el orden 
que en seguida se expresa: 



PRIMER SALÓN. 

Dispusiéronse sobre pedestales hechos al efecto, las piezas 
de cartón -piedra y de yeso, hechas por el escultor D. Epitacio 
Calvo, vaciadas de los mismos originales pertenecientes al Mu- 
seo Nacional de México. Estas piezas, según el orden en que 
fueron colocadas en Madrid, conservándoles su misma marca 
alfabética, es la siguiente : ' 

(a). — La diosa Coatlicue. Modelo de la divinidad encontrada en 
la Plaza Mayor de México el año 1790, y que representa 
á la deidad de la muerte. 

(b). — Tzontémoc. Modelo de un curiosísimo disco de piedra en 
el cual se halla esculpida la imagen del sol poniente: el 
dios de las tinieblas. ( En el Museo aun se conserva escri- 
to el equívoco nombre de cuaiikxicalli dado á este ejem- 
plar monolítico). 

( c). — Chalclúliuitlicue. Modelo de la magnífica piedra represen- 
tación de la diosa del agua, y que obsequió el Sr. D. Al- 
fredo Chavero al Museo. Procede de Tlalmanalco. 

(ch). — Cabeza colosal de diorita. Modelo de esta bellísima pie- 
dra, representación de Totee (la Luna). 

1 En el Catálogo razonado y que formará el Sr. Troncoso, podrá verse la des- 
cripción de todas las piezas expuestas. 



' Antonio Álzate, n 807 



(d). — Torso humano colosal. Modelo del fragmento representa- 
ción del Teomama ( aquel que lleva al Sol ), según el Sr. 
Troncoso. 

(e). — Lápida conmemorativa. Modelo de la conocida piedra en 
la cual se marca la fecha correspondiente á la fundación 
del Templo Mayor de los Aztecas: es un precioso ejem- 
plar. 

(f ). — La Piedra de Tízoc. Gran modelo — tamaño natural, como 
todos los anteriores y los de las piezas que siguen — del 
monolito conocido vulgarmente por el nombre de Piedra 
de Sacrificios. 

(g). — Camaxtli. Modelo de este dios. 

(h). — La Cruz del Palenque. Modelo del precioso tablero maya 
que forma juego con otros dos de un palacio de las rui- 
nas de aquel sitio. 

(i). — La diosa de la muerte. Modelo de otra deidad que se ha- 
lla en la actitud de hacer presa, y que presenta eucalle- 
cidas las palmas de las manos, á causa de tantas víctimas 
sacrificadas. 

( 3 ). — Piedra del juego de pelota. Modelo colocado sobre una mén- 
sula elevada, para indicar la posición que en el juego tenía 
aquel disco perforado en el centro. Sabido es que gana- 
ba el juego y los vestidos de todos los circunstantes, aquel 
que hacía pasar la pelota por la perforación. 

(k). — Modelo de un ídolo chiapaneco. 

(1). — ídolo maya. Modelo del precioso ejemplar á quien llamó 
Chal-Mool el Dr. le Plongeon (el dios Tetzcatzóncatl de 
los nahuas). 

(11). — El cautivo de Chiapas. Modelo de este relieve. 

Todas las piezas que acaban de citarse, colocáronse conve- 
nientemente arrimadas á los muros, exceptuándose la Piedra 
de Tízoc y la Coatlicue, que se hallaban aisladas. 

Entrando por el vestíbulo y en el fondo de la izquierda, se 



308 Memorias de la Sociedad Científica 



destacaba el gran cuadro conteniendo una parte de las láminas 
cromolitográficas que dibujó el íSr. D. Jenaro López, y que re- 
presentan el Lienzo de Tlaxcala, en el cual se desci'iben ideo- 
gráficamente las batallas de los españoles en la época ó en los 
momentos de la Conquista. 

En frente de este cuadro, y en el fondo de la derecha, se 
hallaba otro lienzo de Oaxáca, interesante también, y copiado 
por un alumno de la Escuela de Bellas Artes. 

En dos dobles pupitres se colocó una serie de treinta y dos 
cartones, conteniendo objetos de culto (cabecitas de barro, en 
general) de los Acolhúas, Cuetlastecos, Tlatelolcas, Tepanecas 
y Nahuas en general. 

Completaba el aspecto del salón la decoración especial he- 
cha en Barcelona por el artista D. Antonio Vilanova; y consis- 
tente en galerías, cuyos dibujos se tomaron de los códices, co- 
locadas sobre puertas y ventanas para sostener colgaduras : ade- 
más el mismo artista, con dibujos que asimismo se le dieron, 
hizo cuatro grandes escudos que se ostentaban en el pecho de 
unas aves en actitud de descender, los cuales escudos, coloca- 
dos en lo alto de las paredes, llevaban representados los símbo- 
los cronográficos de los años: Cañi, Conejo, Pedernal y Casa. 

De uno y otro lado de la puerta de entrada al siguiente sa- 
lón, dispusiéronse sobre pedestales dos estatuas de yeso, tama- 
ño natui-al, presentadas por el Sr. Dr. D. Antonio Peñafiel, he- 
chas por alumnos de la Academia de Bellas Artes, y las cuales 
representaban, respectivamente, una á un guerrero azteca (el 
caballero tigre J y la otra á un sacerdote, siendo notables en ara- 
bas, las piezas de indumentaria. 



"Antonio Álzate, n 



SEGUNDO SALÓN. 

En una calle central se colocó el resto de los modelos de 
cartón-piedra y yeso, más las piezas que seguidamente citaré. 
En otros pedestales murales, dispusiéronse asimismo objetos 
aislados, todos los cuales, siguiendo el propio orden que allí te- 
nían, eran los siguientes: 



£u la calle central: 

( m ). — Vaso objeto de culto. Modelo en yeso, del original de piedra. 

(n). — Monumento hecho de madera de nogal, primorosamente 
tallado por el carpintero mexicano José María Rodríguez 
y presentado por el Dr. Peñafiel. Es la reconstrucción 
en pequeña escala de uno de los famosos templos que se 
hallan en las ruinas de Xochicalco (Estado de Morelos). 

(ñ). — Xochipilli (el Señor de las flores) ó Nahuiácatl (el Señor 
del fuego). Modelo representación de este personaje mi- 
tológico. Es una de las piezas de piedra más interesan- 
tes y curiosas. 

(o). — Modelo de una piedra cronológica, en forma de paraleli- 
pípedo y excavada en la cara opuesta á aquella que le 
sirve de base. 

( p ). — Quetzalcóatl ( el dios del aire ). Modelo de la figura de pie- 
dra que representa á aquel dios en forma de culebra co- 
locado su cuerpo en espiral: es una de las representacio- 
nes simbólicas más curiosas y el ejemplar muy hermoso, 

(q). — Modelo de una piedra paralelipipédica, conmemorativa, 
la cual en varias de sus caras lleva en gran tamaño es- 
culpida la imagen de Ifzpapálotl (mariposa simbólica en 
cuyas alas lleva navajas de pedernal). 



310 Memorias de la Sociedad Científica 



Pedestales murales: 

(r). — Orne ácatl. Modelo en yeso del cilindro de piedra que fi- 
gura el ciclo mexicano de 52 años ó Xiuhmolpilli. 

(s). — Cabeza humana de piedra, procedente del Estado de Ve- 
racruz. Modelo en yeso. El ejemplar es notable por la 
perfección con que la cabeza está hecha. 

(t). — Ciclo mexicano de 52 años. Cilindro original de piedra 
basáltica. 

En la misma calle central se dispuso en un aparato especial, 
y entre las figuras (ñ) y (o), la tira cromolitográfica del códi- 
ce "Porfirio Díaz," facilitado para su reproducción por el Sr. 
Presidente de la República; documento pictórico interesante. 
El Sr. Troncoso opina que el códice es mixteco. 

Á lo largo del salón y de uno y otro lado de las figuras ci" 
tadas, dejando el suficiente espacio para la circulación del pú- 
blico, se distribuyeron diez dobles escaparates ( cinco por lado ), 
en los cuales se instalaron los objetos todos de cerámica y subs- 
tancias diversas,' correspondientes á distintas civilizaciones; y 
siguiéndose un riguroso método de clasificación. Así pudieron 
distinguirse varios grupos: el de los objetos domésticos, cerá- 
mica en general, malacates, sartales, etc.; el de los objetos de 
transición entre el hogar y el templo, como hachas, discos, ins- 
trumentos músicos; el de los objetos destinados al culto : ídolos, 
incensarios, pipas, etc., armas en general, dardos, flechas, etc. 

Divididos primeramente así los objetos, mezcladas, pero sin 
confundirse, las diversas colecciones, ordenáronse en dichos 
diez escaparates, de la siguiente manera: 

Primer escaparate, — (a). Objetos correspondientes á la gran ci- 
vilización Maya (Cerámica: ídolos en su mayor parte: 
Colecciones del Instituto Campechano y de particulares). 

1 rieJra, barro, madera, cobre, hueso, concha, yc30. 



<AntonioAlzate.il 311 



(b). Objetos pertenecientes á la civilización Chontal. 
Segimdo escaparate. — Cerámica y objetos de diversas substan- 
cias, de la civilización Tuzteca. 
'Tercer escaparate. — Objetos pertenecientes á los Cuetlaxtecos. 
Cuarto escaparate. — Objetos pertenecientes á la civilización To- 

tomihuaca. 
Quinto escaparate. — Objetos diversos pertenecientes á las civi- 
lizaciones Teochichimeca, Cholulteca, Tlascalteca, Ma- 
tlatzinca y Huexotzinca. 
Sexto escaparate.— {k). Objetos de la civilización Acolhua. 

(b). Objetos de la civilización Mexicana. 
Séptimo escaparate. — {&.). Civilizaciones Tepaneca y Cohuisca. 

(b). — Civilización Nahua en general. 
Octavo escaparate. — Civilización Nahua en general. 
Noveno escaparate. — Objetos de la civilización Totonaca. 
Décimo escaparate. — (a). Civilización Totonaca. 

(b). Civilizaciones Otomite, Huaxteca y Pame. 

En cinco pupitres se dispusieron treinta y ocho cartones, los 
cuales contenían malacates, sartales de cuentas, flechas y dar- 
dos de obsidiana y pedernal, conchas labradas, cabecitas de ba- 
rro, sellos de barro, etc., todo correspondiente á la civilización 
Nahua en general. 

Las paredes se cubrieron con las copias á la acuarela de los 
lienzos y códices, hechas por alumnos de la Academia de Be- 
llas Artes, bajo la inspección y dirección del Sr. Troncoso y del 
artista Sr. D. José María Velasco; y las cuales copias fueron: 
el códice de Cuauhtiantzinco, el mapa de CoatUchau, el plano 
de la ciudad de Cholula, el plano antiguo de México existente 
en nuestro Museo, y que se dice regalado por Moteczuma á 
Cortés, las tiras de la Peregrinación y de los Anales Aztecas, 
cuatro códices de Botm-ini, los linderos de los pueblos de San 
Matías, Contlantziuco y Mixquiahuala y el códice de Quauh- 
quechollan existente en la Academia de Puebla. Además se co- 



312 Memorias de la Sociedad Científica 



pió primorosa y exactamente al óleo, la rodela que se dice ha- 
ber pertenecido á Moteczuma, y que asimismo se halla en el 
Museo Nacional. 

En esta serie de cuadros, figuraron también las copias cro- 
molitográficas hechas por el Sr. D. Jenaro López, de los códi- 
ces ''Colombino" y "Dehesa," los ladrillos tan interesantes co- 
mo con tanto primor esculpidos y que conocemos hoy con el 
nombre de Relieves de Chiapas, la colección de Calendarios me- 
xicanos y la segunda parte del Lienzo de Tlaxeala. 

Por decorado, y siguiendo el estilo del salón anterior, se co- 
locaron arriba de puertas y ventanas, galerías con grecas y di- 
bujos tomados de los códices; y distribuidos en lo alto de las 
paredes, escudos semejantes á los anteriores, pero sin el ave, 
con los símbolos geroglíficos de los monarcas mexicanos, des- 
de Tenoch fundador de la monarquía, hasta Tízoc, séptimo rey. 

Á la entrada del tercer salón, levantáronse sobre sendos pe- 
destales, las estatuas del Emperador Moteczuma Xocoyotzin, 
y la de una india noble mexicana, lo cual completaba del todo 
el característico, sencillo y severo adorno de aquel vasto salón, 
que encerraba, principalmente, las civilizaciones délas diversas 
tribus que, reunidas ó concentradas en un gran núcleo, consti- 
tuyeron la poderosa familia Mexicana, cuyos dominios se ex- 
tendieron en la inmensa zona que comprendió desde las costas 
del Pacífico á las arenosas playas del Seno Mexicano. 



TERCER SALÓN. 

En el centro y sobre pedestales, se alzaron dos monumen- 
tos en madera, reproducción en corta escala, de los originales 
respectivos: el primero representaba un templo de la antigua 
Xucuaan, hoy Jacona (Estado de Michoacán), descubierto, y de- 
lineado después el modelo, por el Sr. Dr. D. Francisco Planear- 



'AntonioAlzate.il 313 



te. El segundo, es la reproducción del célebre templo del Tajíu, 
que forma una pirámide, y se halla en el cantón de Papantla del 
Estado de Veracruz. Tan curioso monumento fue estudiado por 
el Sr. Troncoso, quien ideó la mencionada reproducción, la cual 
fue ejecutada bajo la inspección del teniente de ingenieros D. 
Fernando del Castillo, quien en la propia pirámide rectificó las 
medidas de ella. 

En el resto del salón, se dispusieron seis escaparates aisla- 
dos, como los de la sala precedente; y en ellos se colocaron las 
colecciones pertenecientes en su mayor parte al Museo Michoa- 
cano y al Sr. Dr. Planearte, nuestro erudito compañero. Los 
objetos todos correspondientes á la civilización Tarasca, que- 
daron instaladas en cuatro de los escaparates, quedando de és- 
tos reservados dos : uno para un grupo de Prehistoria y otro pa- 
ra objetos diversos de la tribu Mutlatzinca. 

Además, en cuatro dobles pupitres quedaron repartidos 
treinta y dos cartones que contenían cabecitas de barro, sarta- 
les, malacates, núcleos y objetos pequeños de obsidiana, instru- 
mentos diversos, etc., de los Tarascos en su mayor parte, y de 
los Pames, Matlatzincas y Tarahumares. 

Los muros se cubrieron asimismo con cuadros copiados ca- 
si todos por alumnos de la Academia de Bellas Artes, y en don- 
de figuran : la Peregrinación de los Totomihuaoas, la Genealo- 
gía de Tepeticpac, un lienzo de Michoacáu, la Litroducción de 
la justicia española en Tlaxcala, el primer códice de Cuauhtiu- 
cháu, el lienzo de Jucutácato, etc.; el códice "Baranda," copia 
cromolitográfica por el Sr. López y el cuadro original del Sr. 
Velasco: el Baño de Nezahualcóyotl, reproducido ya en el to- 
mo I de la obra México á través de los Siglos. 

Pudo también lucir junto con los cuadros mencionados, una 
preciosa colección fotográfica de las ruinas de la Quemada, en- 
viadas de Zacatecas ex-profeso para la Exposición. 

El ornato consistió en las galerías de elegante forma toma- 
da de los códices ; en escudos con los cuatro símbolos cronográ- 

Memorias liSgi-gsJ, T VI, 40. 



314 Memorias de la Sociedad Científica 

fieos de los años, y la conclusión de las dinastías mexicanas des- 
de Ahuitzotl octavo rey, hasta Cuauhtémoc. 

La estatua altiva y gallarda de este emperador, coronada de 
vistoso y rico penacho de plumas, erguíase sobre un pedestal, 
frente á la^del^valeroso Xicotóncatl; ambas estatuas colocadas 
á la entrada de la siguiente cuarta sala, estatuas que comple- 
taban la colección de seis, presentadas, como se ha dicho, por el 
Dr. Peñafiel. 



CUARTO SALÓN. 

Ocupaba su centro el gran modelo del Templo Mayor de 
Cempoala (Estado de Veracruz) en donde fue vencido Panfilo 
de Narvaez por Hernán Cortés. 

Sobre una amplísima plataforma se construyó en madera, 
bajo la dirección de D. Fernando del Castillo, el citado templo, 
en donde de bulto pudo verse la disposición de aquel terreno 
amurallado. 

Las ruinas de Cempoala han sido recientemente exploradas 
por el Sr. Troncóse; exhumándose de entre el polvo y el olvido 
la célebre ciudad totonaca. 

Sobre dos caballetes se colocai'ou los planos de las citadas 
minas: el primero, dibujado por el capitán de ingenieros D. Pe- 
dro P. Romero, representando el conjunto general; y el segun- 
do levantado por el Sr. Castillo, explicando y detallando el re- 
cinto del Templo Mayor. 

En diez escaparates murales, quedó instalada la rica y es- 
pléndida colección de cerámica mixteco-zapoteca, propiedad 
del Museo Oaxaqueño; notabilísima por el primor de sus figu- 
ras y la exquisita elegancia del adorno simbólico, que tanto ca- 
racteriza á aquella civilización. 

Los objetos pequeños, cabecitas, etc., siguiéronse colocan- 



"Antonio Álzate, n 315 



do en pupitres, figurando en este salón, cuatro, cuyos cartones 
contenían ejemplares de las civilizaciones Tlatelolca, Tepane- 
ca, Matlatzinca, Nahua, Cohuisca, Tarasca y Totonaca. 

Ocupaban la parte superior de dos escaparates, dos de las 
quince panoplias construidas por el Sr. Dr. Peñafiel, y de las cua- 
les adelante hablaré. Otra panoplia quedó sobre un pedestal si- 
tuada en el hueco de una de las ventanas del salón. 

Asimi.%mo se distribuyeron sobre los escaparates los cinco 
icpallis ó asientos, hechos por el Sr. Peñafiel, todos de diversa 
forma, ya rectangulares ya cilindricos; ya con respaldo ya sin 
él. Figuraron además encima de todos los mismos escaparates 
veinte cuadros con otras tantas grandes y magníficas fotogra- 
fías enviadas por el Gobierno del Estado de Yucatán, reprodu- 
ciendo vistas de las ruinas del Palenque, de Uxmal y de Mitla. 

En los derrames de las ventanas se pusieron cuadros en nú- 
mero de doce con dibujos á lápiz de las ruinas de Cempoala, 
dibujos hechos por el Sr. D. José María Velasco. 

Por todo adorno, colocáronse galerías con grecas, sostenien- 
do cortinajes, y ocho escudos con el símbolo que presenta el 
atado de los años, y que, como se sabe, tiene la figura de las le- 
tras Ayo entrelazadas. 



QUINTO SALÓN. 

Quedó en éste comprendido todo aquello que por su natu- 
raleza, merecía agruparse por separado, en diferentes seccio- 
nes enteramente distintas á las de los salones precedentes. 

Así pues, en doce escaparates murales repartidos en toda 
la sala, se distribuyeron los objetos que en seguida van á indi- 
carse : 

I. — (a). Trajes, armas y utensilios domésticos de los indios 
bárbaros del Norte de México. Los vestidos se dispusie- 



316 Memorias de la Sociedad Científica 

ron en maniquíes de mimbre mandados hacer al efecto, y 
cuyo ti'onco terminó por cabezas modeladas en yeso por 
el escultor italiano Agusto Franzi Bottinelli, tomadas de 
fotografías que con toda liberalidad nos proporcionó la 
Delegación de los Estados Unidos. 
Las armas, escudos de cuero, flechas y arcos, etc., arreglá- 
ronse en los escaparates, artística y convenientemente, 
(b). Trajes y objetos diversos de indias de Michoacán, Vo- 
raeruz y otros lugares (enaguas, rebozos, pañuelos, gar- 
gantillas, arracadas, etc.), dls-tuestos los trajes en mani- 
quíes de mimbre. 
II. — Lote de objetos que usan los indios de Xico para sus bai- 
les. Propiedad del Sr. General D. Porfirio Díaz. 

III. — Dos lotes: uno de figuras humanas de camelote (tipos 
mexicanos), presentado por la Junta Colombina Espa- 
ñola de Toluca; y el otro, de figuritas humanas de barro 
(tipos y costumbres mexicanas), de la propiedad de la 
Sra. D^ Josefa L. de Gómez Velasco. 

IV. — Arte plumaria antigua mexicana. En esta Sección ver- 
daderamente notable, se expuso riquísima colcha de plu- 
mas, de los indios de Zinacantepec ( Estado de México ) ; 
un cuadro con las armas de México ; otro con la figura 
del Salvador, estilo bizantino ; otro con la Virgen de Gua- 
dalupe, etc. 
V. — Lote de armas españolas de la época de la Conquista. 

VI, — Colección de objetos eclesiásticos, presentados por el 
limo. Sr. Gillo-w, Arzobispo de Antequera; figurando 
entre estos objetos: un cáliz que se dice ser de los pri- 
meros franciscanos que llegaron á México; un mantel de 
altar con rico encaje regalado por Felipe II á la Catedral 
de Oaxaca, y otros objetos también curiosos. 
VIL — Pequeña colección antropológica, consistente en un lote 
de cráneos de los indios Pames, Tarascos y Tarahuma- 
res; y otro de osamentas; adquirido todo en las expedí- 



"Antonio Álzate. II 317 



clones que hicieron el R. P. Aquiles Gerste, S. J/ á la 
región de la Tarahumara y el Sr. Dr. D. Manuel M. Vi- 
llada á la i'egión de los Pames en San Luis Potosí. La 
parte relativa á los Tarascos, es propiedad del Sr. Dr. D. 
Francisco Planearte. 

(N. B. — Los cráneos se lian remitido, una vez terminado el 
certamen, al Dr. E. Hamy, Director del Museo del Trocadero 
de París, y quien cuando se halló entre nosotros en Madrid, tu- 
vo deseos de estudiar con detención los referidos cráneos. El Dr. 
Hamy prepara una obra de Craneología, y en ella aparecerá el 
estudio respectivo acerca de las piezas antropológicas citadas). 

Sobre todos los doce escaparates, se colocaron sendas pano- 
plias, de las quince citadas, y que presentó el Sr. Peñafiel, con 
escudos (clúmalli) sacados de los códices, el átlatl, la macana, 
arcos y flechas, mazas, ondas, lanzas con punta de obsidiana ó 
pedernal, banderas, el caracol de guerra, el huehuetl, el teponastle, 
etc., reproducción fiel de todo ese material que empleaban pa- 
ra feus combates los antiguos mexicanos. 

Los mismos escaparates llevaban en su parte superior, una 
colección de veinticuatro cuadros, conteniendo otros tantos di- 
bujos á lápiz, ó á la acuarela, de antigüedades mexicanas co- 
piadas por el Sr. D. José María Velasco. 

En cuatro dobles pupitres, se instaló el resto de objetos de 
las civilizaciones Nahua, Tepaneca, Tlatelolca, Cuetlasteca, de 
Casas Grandes, Totouaca, Mixteco-Zapoteca y Maya. 

Una abundantísima colección fotográfica de ruinas de ciu- 
dades y representación de edificios y otra de tipos indígenas, 
proporcionada por el contingente de los Estados de la Repú- 

1 Una do las beneméritas personas que con verdadero afán y desinterés con- 
tribuyeron al éxito de los trabajos relativos á la Exposición, fue este sapientísimo 
sacerdote, tan amigo como justamente querido de los mexicanos. Su ausencia re- 
ciente de México, por tener que Irse á radicar cerca de Florencia, ha sido unánime- 
mente sentida : con ella, hemos perdido á un sincero amigo, á un sabio, entendido y 
eficaz colaborador. 



318 Memorias de la Sociedad Científica 

blica y fruto asimismo de la Expedición Científica de Cempoa- 
la, se dispuso en seis grandes facistoles, distribuidos convenien- 
temente en los ámbitos del salón. 

En la calle central de éste, quedaron colocados: 

I. — Dos dobles pupitres, encerrando los monetarios: 

De la Academia N. de Bellas Artes. 

Del Museo Nacional de México. 

Del Museo Michoacauo. 

Del Sr. D. Teodoro Dehesa. 

Del Sr. D. Antonio Gutiérrez Victory. 

Del Sr. Dr. D. Francisco Planearte. 

Clasificadas las monedas por colecciones y ordenados los 
diferentes grupos de éstas, cronológicamente, el público 
pudo ver completa la serie numismática, desde los ya ra- 
ros ejemplares de Carlos y Juana, de todo el período co- 
lonial, del de la Independencia, Imperio de Iturbide, Re- 
pública, Imperio de Maximiliano y monedas actuales, 
hasta aquellas de las municipalidades y de ranchos y ha- 
ciendas de nuestro territorio. Comprendióse también un 
lote en las colecciones de medallas conmemorativas, de 
suerte que, en esta Sección, nada faltó para hacerla rica 
y completa. Figuraron en ella, como era consiguiente} 
monedas de cobre, plata y oro, y hasta las escasísimas y 
raras también de madera. 
II. — Dos dobles pupitres que encerraron una reducida sección 
bibliográfica, y en la cual, se hallaban, entre otras varias 
obras : 

La obra monumental que, en homenaje á Cristóbal 

Colón, dio á la estampa la Junta Colombina de México» 
bajo el título de Antigüedades Mexicanas ^ compuesta di- 
cha obra de dos volúmenes: uno de texto escrito por el 
Sr. Lie. D. Alfredo Chavero y otro conteniendo láminas 
cromolitográficas: Códice "Colombino," Códice "Porfi- 



■■AntonioAlzate.il 319 



rio Díaz," Códice "Baranda," Códice ''Dehesa," Relieves 
de Chiapas y Lienzo de Tlaxcala. (El texto, fol. men. — 
México, Oficina tip. de la Secretaría de Fomento, 1892. 
El atlas, gran folio: láminas cromo -litografiadas por el 
Sr. D. Jenaro López). 

Obras lüstóricas de D. Fernando de Alva Iztlilxóchitl. — 

Anotadas por el Sr. Lie. Chavero é impresas por acuer- 
do del Presidente de la República. — Dos tomos, 4° — Mé- 
xico, Tip. de la Secretaría de Fomento, 1891-92. 

La Bibliografía Mexicana del Siglo XVI pov el Sr. Gar- 
cía Icazbalceta, impresa en 1886. — Un volumen en folio. 
(Edición de lujo). 

Apuntes históricos de México, por D. José Fernando Ra- 
mírez. (Colección de MSS. que pertenecieron al Sr. Cha- 
vero, últimamente al Dr. D. Rafael Lucio y ahora al Mu- 
seo Nacional). 

Anales del Museo Nacional de México. (Todo lo que 

hasta hoy va publicado). 

Invención de la Sania Cruz por Santa Elena. Coloquio 

escrito en mexicano por el Br. D. Manuel de los Santos 
y Salazar. Traducido al castellano por F. P. T. — Méxi- 
co. Imprenta del Museo Nacional. — 1890. — 4?, 51 págs. 

Apuntes de Epigrafía Mexicana, por Jesús Galindo 



y Villa. — Tomo I (Epigrafía de la Ciudad de México. 
2* edición de la Sociedad "Álzate"). — México, Impren- 
ta del Gobierno Federal, 1892.— 4?, 201 págs. (Fáltala 
parte de Apéndice para completar el volumen, el cual 
pronto acabará de darse á la estampa). 

Álbum de fotografías del Estado de Morolos, y otras 

obras importantes, cuya noticia aparecerá en el Catálo- 
go respectivo. 
III. — Un primoroso escaparate central, en el que se instalaron 
objetos preciosos de oro, obsidiana, concha, hueso y ala- 
bastro; como idolitos, pendientes, anillos, bezotes, espe- 



320 Memorias de la Sociedad Científica 

jos, vasos, etc., todo artísticamente colocado. (Diversas 
colecciones). 

En los huecos de pared, se hallaban cuadros, representando: 
el árbol de la Noche Triste, pintura original del Sr. Velasco; una 
copia exacta, al óleo, del plano de la Ciudad de México hecho 
en 1736, y cuyo original se conserva en el Museo Nacional; una 
copia al óleo, del que se dice ser el estandarte que trajo Hernán 
Cortés á la Conquista (el original es propiedad también del Mu- 
seo); una colección fotográfica de vistas del Estado de Jalisco 
(Guadalajara principalmente), y una pequeña colección de He- 
ráldica Mexicana. 

En el hueco de una de las ventanas se colocó el busto en már- 
mol, propiedad de la Academia de Bellas Artes, de D. Jerónimo 
Antonio Gil, introductor del grabado en México. 

Réstame ahora hablar, aunque someramente, de la "Carta 
geográfica del Imperio Mexicano y demás naciones descubiertas 
y conquistadas por los españoles durante el Siglo XVI, en el te- 
rritorio perteneciente hoy á la República Mexicana," por el Sr. 
D. Antonio García Cubas. 

Notable y digno de alabanza, prolijo y concienzudo es todo el 
trabajo, que revela paciencia y estudio. Nada hay que falte en 
la carta, relativo á lo que ella en su título indica: la parte geo- 
gráfica, las expediciones todas cuyos itinerarios se encuentran 
perfectamente marcados, todo en ello es claro y metódico. 

La carta que se exhibió es la original, y entiendo que aun no 
se da á luz; pero sí existe impresa (aunque tampoco ha circula- 
do) una '"Memoria"^ en la cual nos da cuenta el Sr. García Cu- 
bas: I. De la Geografía Antigua de México: Cartas geyoglíficas de 
los mexicanos, división política del país en la segunda década del 
siglo XVI, y noticias acerca de la población. — II . Besciibrimkn- 

1 Memoria para servir á la Carta General del Imperio Mexicano, etc., por An- 
tonio García Cubas — México — Oficina tip. de la Secretaría de Fomento — 1892 — 
Fol., 57 págs. 



" Antonio Álzate, n 321 



tos 1/ conquistas : Viajes y descubrimientos de los españoles en el 
mar del Norte, con especificación y noticia de los descubridores : 
Cristóbal Colón, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Ponce de León, 
Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grrijalva, Hernán 
Cortés y Alonso Alvarez de Pineda: Descubrimientos y con- 
quistas en el interior del país, dándose noticia de la expedición 
de Cortés, de la Ciudad Antigua de México, y de las expedicio- 
nes realizadas por Gonzalo de Sandoval, Pedro de Alvarado y 
Luis Marín; noticia de los Misioneros, de la expedición de Cor- 
tés á las Hibueras, las conquistas de Juan Alvarez Chico, Alon- 
so de Avalos, Francisco Cortés y Diego de Mazariegos; de 
la Provincia de Panuco, Gobierno de México, Conquista de la 
Nueva Galicia, descubrimiento de Nuevo México; noticia ac.er- 
ca de Fray Marcos de Niza, de Francisco Vázquez Coronado y 
otros conquistadores, de los dos Montejo, del célebre cerro del 
Mixtón y del Peñol de Nochistlán, de los Reinos de la Nueva 
Vizcaya y de Nuevo León, etc. Incluye en esta parte el Sr. Gar- 
cía Cubas, una curiosa lista de las poblaciones fundadas por los 
españoles durante el siglo XVI, con especificación de la fecha 
de la fundación y el nombre del fundador. — III. Viajes y descu- 
hrimientos en el mar del Sur: Abraza desde el año 1527 en ade- 
lante, citándose las expediciones y conquistas que después se 
llevaron á cabo hasta terminar el siglo XVI. Basta la simple 
relación de la materia de que tratan Carta y Memoria, para juz- 
garse de la importancia del trabajo expuesto por el Sr. García 
Cubas. 

Finalmente, el público pudo lograr ver instalado el modelo 
del Calendario Azteca,^ tamaño natural, y que se colocó en el pa- 
tio de descanso contiguo á nuestro departamento. 



1 Quedó fuera de lugar este modelo, por haberse inutilizado el primero que se 
hizo, al transportarse de México á Madrid. Su sitio primitivo era el que ocupó la 
primera parte del Lienzo de Tlaxcala, en el primer salón. 

Memorias [1892-93!, T. VI, 41 



322 Memorias de la Sociedad Científica 



■* 



En resumen: como habrá podido observarse, túvose parti- 
cular empeño en que todas las secciones del programa estuvie- 
sen representadas, en la parte que á nosotros estuvo encomen- 
dada. La Prehistoria tuvo su lugar, aunque pequeño, en este 
gran conjunto; y siguiendo la ordenación y clasificación, pudié- 
ronse estudiar en globo desde las civilizaciones del Norte en 
las cuales, figuraron la Tavahumara en Sonora y Chihuahua y 
la Pame en San Luis Potosí, hasta la Maya en las apartadas re- 
giones de Chiapas y Yucatán. 

T para que nada faltase, exhumáronse cráneos j osainentas, 
armáronse panoplias, trajéronse vestidos de los propios indios, 
y de esta suerte el público inteligente que visitó nuestros salo- 
nes, pudo formarse cabal juicio del grado de adelanto y de cul- 
tura que habían adquirido los pueblos del Anáhuac eu el mo- 
mento de descubrirse el Continente, y cuando el genio español 
despedazó los blasones de las dinastías mexicanas con la punta 
de su espada. 

Tomaron, pues, asiento, en el concurso de nuestra Sección, 
la Etnografía, la Antropología, la Indumentaria, la Panoplia, la 
Numismática, la Heráldica, la Estatuaria, las Artes cerámica, 
plumaria, etc., la Pictografía, la Epigrafía, la Bibliografía, etc., 
etc. 

Tal fue nuestro certamen, y tal el papel que desempeñó con 
honra nuestro País, en la Exposición Histórico -Americana de 
Madrid. 

México, Junio 1893. 



"Antonio Álzate. 



323 



EXPLICACIÓN DEL CROQUIS. 



a. — Coatlicue. 

b. — Tzontémoc. 

c. — Chalchihuitlicue. 

ch. — Totee. 

d. — Torso humano colosal. 

e. — Piedra conmemorativa. 

f. — Piedra de Tízoc. 

g. — Camaxtli. 

h. — Cruz del Palenque. 

i. — Diosa de la muerte. 

k. — ídolo chiapaneco. 
1. — ídolo maya. 

11. — Cautivo de Chiapas. 
m. — Vaso sagrado. 
D. — Templo de Xochicalco. 
ñ.— El Xochipilli. 

A, A, A. — Pupitres. 
B. — Lienzo de Tlaxcala. 
C. — Lienzo de Oaxaca. 

D. — Diván. 



o. — Urna cronológica. 

p — Quetzalcóatl. 

q. — Piedra de Itzpapálotl. 

r, — Monumento de Jacona. 

s. — Templo del Tajín. 

t, — Modelo de Cempoala. 

u. — Panoplia. 

V, V, V. — Facistoles. 

-w. — Escaparate central. 

a.' — Estatua del Guerrero (ca- 
ballero tigre). 

b.' — Estatua del Sacerdote. 

c' — Estatua de la india noble 
mexicana. 

ch.' — Estatua de Moteczuma IL 

d.' — Estatua de Cuauhtémoc. 

e.' — Estatua de Xicotóncatl. 

1 á 38. — Escaparates. 

E.— Códice "Porfirio Díaz." 
P. — Busto en mármol de D. Je- 
rónimo Antonio Gil. 
G. — Calendario Azteca. 



Nota. — Las flechas indican el sentido del movimiento del 
púbUco. 



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Memorias de la Sociedad "AlZAíCde Mex/co. 



Torno M.Lámlíí. 







DE LA 



Exposición históí^ico-amkí^kjana 

D£MADiqD,DE18S2. 




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hscala aproximada, de I .' 2ñO. 



J£3>JS Gal\0C y ÍUIA^ ¿fí-: r¿>.3. 



''-ÍT.OEL TiMBfiE. i't\iCO. 



UNE iUVELLE ESPECE DE LECANlUil Dll llEXI^E 



i'ar Mr- le Prof. 



J. D. A. Oockerell. 



(Note présentée par M. le Dr. Alfr. Dugés). 

Le Dr. Alfr. Dugés a eu labonté de m'envoyer de nombreux 
exemplaires taut alcooliques que vivants, d'un intéressant Le- 
canium trouvé sur le Schiniis molle á Guanajuato. Cet íusecte 
fut envoyé il y a quelques années, a £eu M. Lichtenstein qui le 
reconnut comme nouveau et luí donna le nom de Lecankim scJiini. 
Je n'ai pu savoir s'il a étó publié quelque chose sur ce sujet, 
et c'est pour ce motif que je décris ici cet ínsecte en adoptant 
le nom de Lichtenstein. 

Lecanium scbini, Liclil. 

Fenielle. Euviron 6 mm de long, 3 de large et 3 de haut. 
Ovale allongée, convexe, brillante, vert gai, souvent avec une 
petite tache bruñe allongée sur le milieu du dos. Les jeunes 
sont plus jaunátres; les vieux pucerons mortes deviennent brun 
foncé : bouillies avec de la soude caustique elles rendent le li- 



326 Memorias de Ia*Sociedad Científica 

quide brun. Les pucerons séches qui ont séjournó dans P alcool 
paraissent plutofc d'une couleur d'ocre claire. Auteunes á 8 ar- 
ticles, quoique chez un individu apparement anornal. Je n'en 
aie trouvé que 7. Troisiéme article le plus long, et trés-longj 
2éme 4éme q^^ ^kme gubégaux; 2^""" et S*""" portaut uu loug poil; 
6*me g|. 3éme ^_peu-prés égaux et plus courts que le 5^"^ T*""' 
le plus court. 

Pattes pales: tibia de deux bons tiers plus long que le fé- 
mur: tarse plus de moitié aussi long que le tibia. Poils noueux 
du tarse exceptionnellement robustes, pas trés-longs. Digitu- 
les des griffes petits. Trocliaiiter avec un long poil. 

Plaques anales brun foncé, eourtes; cotes externes á-peu- 
prés égaux. Bords avec de nombreuses épines mousses. 

Oeufs ovale allongés. 

Ilále. Ecaille d'environ 2 mm de long; allongé, avec les ex- 
trémités arrordies, vitré; sans couleur, granuleux, plus ou moins 
carémé; avec deux ligues blanches commengant á l'encoche 
anale et marchant presque paralléles jusqu'au bord antériem\ 
II y a aussi une ligne blanche en travers de la partie postérieu- 
re de Pécaille. 

Les femelles sout abondautes sur les rameaux du schinus, 
tandis que les males se rencontrent surtout sur les feuilles. 

Cette espéce appartient á la douxiéme serie de Siguoret qui 
renferme des individus de formes plus ou moins aualogues, 
mais différents quant au reste. Par sa couleur vert brillant elle 
ressemble á L. viride de Ceylan, 

C'est le cinquiéme Lecanium trouvé au Mexique; les autres 
sont: L. Sallei, Signoret; L. JiesjJeridum, L.; L. íerminaliae, Ckll; 
L, oleae, Bern. Un autre fLec. verrucoswn J b. été indiqué par 
erreur comme mexicain; il est de Montevideo. 

Las Cruces, New México, U. S. A. Juin 31, 1893. 



TcrrwH. Memop/ds de la'Soc/edad A/zafé'. LámMI. 




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tí. Olzvtno aliercuic 


b. — ^4iz^ila, 


c^ Luhrador 


\ w/vi*« jrnAcvúiíCLdun,. \JiXco\o cftxvno^cicyo ) 



ORDONEZ. LA ROCA DEL CALENDARIO AZTECA. 



LA ROCA DEL CALENDARIO AZTECA 

POB 

Socio de número, Ingeniero de la Comisión Geológica Mexicana. 



(LAMINA VIH). 

El estado de civillzacióii y el desarrollo de la industria en 
las primeras razas que habitaron el Anábuac, se puede apreciar 
fácilmente si fijamos nuestra atención en los múltiples y varia- 
dos objetos, á la vez que numerosos documentos, que enrique- 
cen actualmente nuestros museos y bibliotecas. Día á día se 
descubren otros muchos por el espíritu de escudriñar y resol- 
ver los grandes misterios que aún envuelve la primera edad his- 
tórica de nuestro suelo. En aquellos objetos admiramos sobre 
todo la representación gráfica de las ideas, tan exacta como es 
posible : verdaderos libros cuyas páginas grabadas en las rocas 
más duras que tenían á su alcance, en las piedras que por sus 
brillantes colores, su dureza y escasez relativa eran apreciadas 



328 Memorias de la Sociedad Científica 



por ellos mismos con valor inestimable, se habían de conservar 
indelebles al través de los siglos para que por su medio se hicie- 
ra la luz; y vengan más tarde á completar el cuadro de conoci- 
mientos ( con un contingente valioso como el de todas las razas 
en su principio) acerca de la historia general de la humanidad. 

Si la inteligencia bajo una forma peculiar se manifiesta en 
los pueblos del Anáhuac, civilización su¿ generis que asombra, 
el trabajo físico, el trabajo manual no es menos ostensible, 
una vez que escaseaban los instrumentos apropiados que ahora 
conocemos, cuando los metales no eran conocidos y que apenas 
los principios generales de mecánica comenzaban á servir de 
base, tal vez á grandes creaciones futuras. 

La piedra era, pues, el elemento mineral que empleaban, des- 
de la afilada punta que había de arrancar las entrañas de la víc- 
tima hasta venir á ser el emblema de los dioses, desde el pe- 
queño amuleto suspendido en los labios del guerrero, hasta la 
representación sublime de la idea. He ahí el secreto de la civi- 
lización de un pueblo seminómade, el completo aprovechamien- 
to del material que era fácilmente accesible á sus manos. 



No hay objeto que más atraiga la atención del que contem- 
pla estas reliquias, como el enorme monolito conocido con el 
nombre de Calendario Azteca ó Piedra del Sol. Nos es conocida 
desde hace poco más de un siglo (Dic. de 1790), que casualmen- 
te fué encontrada al nivelar el pavimento de la plaza mayor de 
la ciudad de México cerca de su ángulo S. E., con la cara labra- 
da vuelta hacia abajo. La forma de esta gran mole basáltica se 
aproxima á la de un paralelipípedo de dos caras opuestas muy 
desarrolladas. Sobre una de estas caras se halla saliente un ci- 
lindro de base perfectamente circular cuyo diámetro mide 3 "54. 
El cilindro sobresale O "'19 solamente. Esta porción cilindrica, 



"Antonio Álzate, n 329 

sobre todo el círculo de la base, es la más importante, pues es so- 
bre la que se hallan esculpidas en relieve un gran número de 
figuras, algunas de las cuales han sido interpretadas diferente- 
mente por nuestros historiadores y arqueólogos ; así como lo que 
se refiere al objeto á que fué destinado su conjunto. 

Aunque la masa no presenta un espesor uniforme, hemos cal- 
culado su volumen reduciéndolo á figuras x'egulares por compen- 
sación, resultando ser aproximadamente de 9 "'■ ^ 774. La den- 
sidad media obtenida por varios experimentos es de 2.590, que 
calculado el peso total haciendo uso de aquella cifra de volu- 
men, es igual á 24'''"-590 próximamente; valor muy comparable 
al que han encontrado algunos autores, como el calculado por 
el Barón de Humboldt, que tan sólo difiere del presente cerca 
de dos décimos de tonelada. 

La exacta procedencia de la roca es una de las cuestiones 
que despierta la curiosidad, pues nos daría la distancia que hu- 
bo de recorrer en su transporte, por cierto bien difícil, hasta la 
ciudad de México. Poco se ocupan los historiadores de este da- 
to interesante, exceptuando algunos como D. Fernando de Te- 
zozomoc, quien asegura provenir de un lugar llamado Acúleo, 
cerca de Ayotzingo, puntos al Sur de Chalco. Pero como quie- 
ra que no están de acuerdo los autores sobre si la piedra encon- 
trada en 1790 en la plaza mayor es la misma á la que se refiere 
en sus escritos D. F. de Tezozomoc, hay que buscar en aquella 
región de Acúleo, rocas enteramente semejantes que nos auto- 
ricen á establecer aquel punto como la exacta procedencia. 

Para llevar á cabo el examen petrográfico de la roca del ca- 
lendario, el día 14 de Marzo de 1893, debido á la benevolencia 
del Sr. Director del Museo Nacional Dr. D. Manuel Urbina, se 
me permitió separar, en presencia del Sr. Dr. Villada, profesor 
de ese plantel, pequeños fragmentos de dos á tres centímetros 
cuadrados, de la parte posterior no labrada del monolito, de los 
que se han hecho preparaciones en láminas delgadas para su 
examen microscópico. 

Memorias [1892-93I, T. VI, 42 



330 Memorias de la Sociedad Científica 

A la simple vista, la roca es de color gris ligeramente roji- 
zo con puntos diseminados y porciones granudas de un mineral 
verdoso. La estructura porfiroide se reconoce por la presencia 
de cristales no muy grandes do feldespato en una pasta homo- 
génea granuda. Las láminas delgadas al microscopio ofrecen 
más clara la estructura ( Lám. VIII ), pues en un magma micro- 
lítico de labrador y augita se ven claramente cristales desarro- 
llados de augita, labrador y olivino de primera consolidación, 
alrededor de los cuales se hace algunas veces sensible el escu- 
rrimiento fluidal de las microlitas de segunda consolidación. El 
olivino en cristales y fragmentos se presenta generalmente al- 
terado dando un color amarillo anaranjado en sus bordes á la 
luz natural y ligeramente verdoso en su medio con numerosas 
grietas transversales, é inclusiones de pequeños granos de hie- 
rro magnético. El labrador de primera consolidación en crista- 
les corroídos, un poco alterados lo mismo que la augita. En el 
magma microlítico es notable la poca abundancia de hierro mag- 
nético. 



Conocida ya la composición mineralógica de la roca que nos 
ocupa y su exacta referencia al grupo de los BASALTOS DE OLI- 
VINO, nos será fácil establecer la comparación con rocas proce- 
dentes del lugar indicado por el historiador, y ya preparo una 
nota á este respecto que tendré la honra de presentar á esta ho' 
norable Sociedad. Baste por ahora decir que una gran parte de 
la región basáltica de la cuenca de México se encuentra limita- 
da á la región del Sur, comprendiendo el lugar que sospecha- 
mos ser la procedencia. 

Aquella porción de la cuenca mexicana encierra una multi- 
tud de volcanes á cuyos últimos paroxismos han asistido los 
primeros pobladores del Anáhuac, como lo prueban los vesti- 



" Antonio Álzate, n 331 



gios de su industria y las osamentas sepultadas debajo de sus 
lavas. 

En las sucesivas corrientes, todas basálticas, que nos ofre- 
cen esta inmensa faja de volcanes y donde la sucesión origina 
un movimiento escalonado del terreno, se pueden observar al- 
gunas diferencias en el carácter de las lavas en lo que concier- 
ne á su estado más ó menos grande de fluidez y por consiguien- 
te á la temperatura á que han debido presentarse al exterior. 
Las últimas corrientes y más elevadas, notablemente fluidas, 
no ofrecen casi nunca minerales de primera generación, sino 
simplemente un desarrollo microlítico y abundante proporción 
de fierro, á diferencia de las inferiores, muy cerca de la parte 
plana de la cuenca y que no han sido cubiertas, nos presentan 
elementos minerales de primera generación, como en el caso de 
la roca histórica que nos ocupa. 

México, Julio de 1893. 



332 Memorias de la Sociedad Científica 



La roche da Calendrier Aztfeque par M. E. Ordóñez. 



fPXjA-jSrCHE VIII). 

A l'oeil nu, la roche est d'uuo couleuv grise légérement 
rougátre, avec des points disseminés et des portions grenues 
d'un minerai verdátre. Ou reconuaifc la structure porpliyroide 
par la préseuce de cristaux pas trop grands de feldespath dans 
une páte homogéae grenue. Les lames minees offrent au mi- 
eroscope la structure encoré plus claire, car dans un magma 
microlithique de labrador et d'augite on voit claire ment des 
cristaux développés d'augite, de labrador et d'olivine de pre- 
miére consolidation, autour desquels se fait quelque fois sensi • 
ble V écoulement fluidal des mierolithes de deuxiéme consoli- 
dation. L'olivine en cristaux et fragments se présente généi'a- 
lement alteré, en donnant une couleur jaune orangé dans ses 
bords á la lumiére naturelle et légérement verdáti'e dans son 
milieu, avec des nombreuses crevasses transversales, et des in- 
clusions de petits grains de £er magnétique; le labrador de pre- 
miére consolidation en cristaux corroídos un peu alteres ainsi 
que l'augite. Dans le magma microlithique le peu d'abondan- 
ce de fer magnétique est remarquable. 

La roche du Calendrier Aztéque appartient done au groupe 
des hasalies á olivine. 




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üii caso teratológico en una flor de calabaza 

( Cucúrbita pepo, D. C. ). 
PoK KL Da. 

.A^LIFI^EIDO 3D"Cra-ES 

Socio honorario, Profesor em el Colegio del Estado de Guanajuato. 



(LAMINA IX >. 

Entre las monstruosidades vegetales, una de las más singu- 
lares y menos comunes es la de las pehrias. Por esta palabra 
se entiende ordinariamente la regularización anormal ó acci- 
dental de una flor normalmente irregular; pero se debe llamar 
así también la vuelta de las partes de una flor á su tipo folia- 
rio, es decir, la regresión de ellas al estado de hojas más ó me- 
nos bien marcada, ó sea en el color ó sea en la forma. Sabemos 
en efecto que el cáliz, la corola, los estambres y el pistilo no son 
más que evoluciones de la hoja, y que en muéhos casos la tran- 
sición es tan evidente que cualquiera la puede reconocer; no 
hay para qué insistir sobre esta ley tan conocida. 

El ejemplo á que concierne este artículo es un caso de la se- 
gunda clase; se trata en efecto de una flor de calabaza común 



334 Memorias de la Sociedad Científica 

(Cucúrbita pepo, D. C), en la cual la corola ha tomado el color 
verde (cliloranthie) en lugar del amarillo anaranjado, y cuyo pe- 
ciolo parece haber brotado por encima del androceo unos fila- 
mentos que en uno de los ejemplares terminan por una expan- 
sión foliácea; algo como lo que se observa en la rosa prolífera, 
verbigracia. 

Si examinamos la flor masculina normal de una calabaza, 
encontraremos las divisiones calicinales aleznadas y adheren- 
tes en parte á la corola; la corola, de un amarillo anaranjado, 
tiene un tubo largo y en forma de campana, y el limbo dividido 
en cinco lóbulos angulosos, plegados y de la cuarta pai'te de la 
altura de la corola; los estambres, llevados sobre un cono hue- 
co, forman un cuerpo alargado de extremidad roma. 

En el vegetal que nos ocupa las flores presentan dos formas 
diferentes, pero el color de todas es de un verde franco, pare- 
cido al de las hojas del mimo pie, aunque cenizo. 

La más chica (núm. 1) tiene un limbo cuyas divisiones lle- 
gan á más de la mitad de la flor; estos lóbulos son regulares, 
óvalo-laceolados, dos de ellos terminados en un corto filamen- 
to, los otros de extremidad obtusa. Los sépalos, bien separados 
de la flor, tienen el aspecto de filamentos. El androceo, en fin, 
casi normal, sostiene una especie de tallecito dividido en cinco 
lacinias subuladas. 

La flor más grande (núm. 2) presenta divisiones calicinales 
iguales á las de la anterior. La corola está dividida en cinco ló- 
bulos desiguales, cuya longitud es por término medio de la mi- 
tad de la corola entera. La parte más característica es el an- 
droceo: encima de la columnita basilar, se ven los estambres 
perfectamente normales, pero del centro de ellos sale una va- 
rita terminada por tres hilos delgados: uno de ellos ( a) se divi. 
de en su extremidad en dos filamentos; el otro (b) lleva en la 
punta una expansión foliácea terminada en zarcillo; el tercero 
(c), en fin, soporta dos láminas un poco separadas una de otra, 
y acaba en un delgado filamento. 



■Antonio Álzate, n 335 



Examinadas con una lente todas las partes de ambas flores, 
presentan nervaduras bien señaladas como si fueran hojas. La 
superficie externa así como el pedúnculo tiene pelos cortos y 
ásperos. 

Es evidente que en este caso ha habido un exceso de vigor 
vegetativo ó una aceleración del crecimiento que no ha dejado 
á las hojas el tiempo do transformarse normalmente para for- 
mar las diferentes partes de la flor, y se ha manifestado toda- 
vía más en la flor núm. 2, en donde parece que el pedúnculo ó 
sea el eje ha continuado su vegetación después de terminada 
la incompleta evolución de la flor. 

Me impulsó á publicar esta curiosa peloria la creencia en 
que estoy de que no es común, y tal vez no haya sido figurada. 
Siento haber estudiado este fenómeno en flores secas, pues es 
probable que las frescas hubieran permitido un examen más 
fructuoso; pero hace años que recibí los ejemplares de Irapua- 
to, y desde entonces no he podido conseguir otros. 

De esta misma ciudad me remitieron también unas rosas 
verdes: en éstas no había más monstruosidad que la del color; 
era un caso do Cloranthia pura. 

Guanajuato, Julio de 1893. 



Fin del Tomo TI. 



IITIDICE 



TOMO VI DE MEMORIAS. 



Table des mati^res da tome VI des Mémoires, 

Aguilar y Sautülán Rafael. Reseña relativa á la marcha He la Socie- 
dad durante el año de 189 1 . ( Bapport sur Vétat de la Socicté ) 7 

Bihliogi-afía Metieorológica Mexicana. Añol891. (^í- 

blioffraphie Méténvnlogique Mexicaine ) 97 

El Centenario del 'dlegio de Minería. (Le Centenaire de l'École des 
Mines) 177 

Coekerell J. D. A. Une nouvelle espéce de Lecanium dii Mexique 325 

Dugés Alfi'edo. Un caso teratológico en una flor de calabaza. ( Lámi- 
na IX ). ( Un cas Uratelorjique diez une Jleur d' une cour(j>', Cucuriita 
pepo.D.Q,.). {PlanchelX) 333 

Estrada Aureliano. Las ruinas del Cerro de Quiengola. (Lámina Til). 
( Lea ruines zapothéques du Cerro de Quiengola ). ( Planche III. ) 151 

Fernández Vicente. Las estrellas fugaces de 23 de Noviembre de 1892. 
( Les étoilcs filantes du 23 Novemhre 1892) , 157 

Galindo y Villa Jesús. Apuntes de Epigrafía Mexicana. 4? parte. Épi- 
(/rapiñe Mexicaine. 4™'' jJaríic ) 123 

Expo.sición Histórico "Americana de Madrid, 1892. 

Memorias [1892-93], T Vi, 43. 



338 Memorias de la Sociedad Científica 



Páfpuas. 

Sección Mexicana. (Lámina VII). ( Exposition Historíco-Améñcai- 

ne de Madrid, 1892. Seclion Mexicaine). {Planche VII) 302 

Herrera Alfonso L. La noción del tiempo en los animales. El tiempo 
y la biología. ( La notion du temps chez les animaux. Le tem2js et la 
biologie ) Gl 

Medios de defensa en los animales. ( Moyens de défense dans 

les animaux ) 251 

Leal Mariano. La mortalidad en León. ( Lámina IV ). La mortalité 
daña la ville de León ). ( Planche IV) 163 

La Rueda Salomónica y la previsión del tiempo. ( Lámina 

VI). ( La Boue Salomonique et la previsión du temps). {Planche VI). 243 

Macouzet Roque. Alimentación desde el punto de vista de la Higie- 
ne. (L ' alimentation sous le point de vue de I' Higiene) . 109 

Montessus de Ballore F. de. México seísmico. ( Lámina II ). {Le Me- 

xique sismique). ( Planche II) 49 

Moreno y Anda Manuel. Temperaturas del suelo observadas en el Ob- 
servatorio Astronómico Nacional de Tacubaya durante el año de 
1892. ( Lámina V ). ( Les températures du sol á V Observatoire de Ta- 
cuhaya ). {Planche V) .. 171 

Ordóñez Ezequiel. Algunas obsidianas de México. (Lámina I). (Qiiel- 
ques ohsidiennes du Mexiquc ). ( Planche I) 33 

La roca del Calendario Azteca. ( Lámina VIH ). ( La roche 

du Calendrier Aztéque ). ( Planche VIII ) 327 



I ill 



Société Scientifiqíie ^^Aiitoiiio Álzate. 



REVUE 



Smiiiie ú iliograip 



Pabliée sous la direetion de 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



Seczétsbixs g'é»iézal. 



1892-1893 



MÉXICO 
Impbimebie dü Goüvernement Fédéeal. 

1892 



Sociedad Científica "Antonio Álzate; 



REVISTA 




JTríPi V 




Ulrl 



Publicada bajo la dirección de 

RAFAEL AGUILAR Y SANTILLÁN 

Secxstsbxlo g^3a.exa,l. 



1892-1893 



MÉXICO 



IMPRENTA DEL GOBIERNO FEDERAL EN EL EX -ARZOBISPADO 
(Avenida Oriente 2, núm. 726). 



1892 



Pbro. Lie. Vicente de P. Audrade (17 tomos) y A. R. Binnie 
(Londres) y por primera vez las publicaciones de la Sociedad 
de Ciencias Naturales de Friburg (Badén) y La Unión Médica 
Michoacana de Morelia. 

La Comisión de Publicaciones presentó los números 11 y 12 
del tomo V de las Memorias, con los cuales concluye el volumen. 

Trabajos. — R. Aguilar y Santillán, Las lluvias en la Eepú- 
blica Mexicana durante el año de 1891. 

Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orizába. Julio, 1892. 

Noticia de los movimientos sentidos en Orisábaeldíal". 

á 0^52"^ pm. yélJfá 3^22"^ am. 

Postulación y elecciones, — Los socios Mendizábal Tam- 
borrel, Aragón y Aguilar, postularon para socio correspondien- 
te en París al Sr. Enrique Gauthier-Villars. 

Quedó electo socio correspondiente en el Estado de Coahui- 
la el Sr. Ingeniero Eleuterio Tejada. 

En virtud de haber recibido el socio Jesús Galindo y Villa, 
Secretarlo, una comisión de la Junta Colombina para marchar 
á España, quedó electo Secretario el socio que suscribe. 

Proposiciones. — Los socios Puga y Aguilar, con objeto de 
que la Sociedad tome parte de la manera que le sea posible, en 
el regocijo de la celebración del 4" centenario del descubrimien- 
to de América, sometieron á la aprobación de la Sociedad las 
siguientes proposiciones, que quedaron de primera lectura: 

1* Que la Sociedad Científica n Antonio Alsaiey) inicie que se 
cambie el nombre que lleva actualmente el Nuevo Continente por el de 
Colombia. 

2* Que se nombre una Comisión de nuestro seno para que 
forme el proyecto de cómo debe precederse para dar esta idea 
á los demás cuerpos científicos, á los Congresos Geográficos, 
etc. 



7 

La Sociedad acordó celebrar el sábado 13 ana sesión extra- 
ordinaria para darles segunda lectura y discutirlas. 

El Secretario, 

Gilberto Montiel Estrada. 



Sesión extraordinaria celebrada el 13 de Agosto de 1892. 



Presidencia del socio D. Guillermo B. y Puga. 

Las proposiciones presentadas por los socios Puga y Agui- 
lar fueron puestas á discusión y después de discutidas suficien- 
temente fueron aprobadas por todos los socios á excepción del 
Sr. Mateos. 

La Sociedad eligió á los socios Puga, Mendizábal Tamborrel 
y Aguilar para formar la Comisión á que se refiere una de las 
proposiciones. 

Insertamos á continuación la exposición de los socios Puga 
y Aguilar que acompaña á sus proposiciones. 



Los que suscribimos con el deseo de que la Sociedad Cien- 
tífica « Antonio Álzate » manifieste de alguna manera que toma 
parte en el regocijo casi universal que se deja sentir con moti- 
vo de la celebración del 4" centenario del descubrimiento de 
América por Cristóbal Colón en 1492, no hemos vacilado en so- 
meter ante ustedes un pensamiento que por lo pronto parecerá 
de poco valor pero que no dudamos que si se logra verlo reali- 
zado, habremos dado una prueba de nuestro amor á la justicia 
y á la verdad histórica. 

Para mejor explicar nuestro pensamiento y después para 



fundar las proposiciones que vamos á presentar, tendríamos que 
referir gran parte de los acontecimientos que tuvieron lugar ha- 
ce cuatrocientos años y más para llegar al descubrimiento del 
hermoso Continente que hoy habitamos; pero por fortuna nues- 
tros dignos consocios conocen perfectamente todos esos episo- 
dios históricos y no necesitan que se les recuerde los hechos 
heroicos, la constancia sin límites, las horas de angustia y de 
prueba del ilustre navegante á cuya intrepidez debemos que la 
luz de la civilización y los resplandores de la verdadera fe ha- 
yan brillado en el Cbntiuente que aun estaría perdido en el océa- 
no, si las tres primeras carabelas que lo cruzaron no hubieran 
sido guiadas por el ilustre genovés. Así, pues, no nos detendre- 
mos en relatar historia tan conocida, pues estamos seguros que 
cada uno de los que nos escuchan han sentido alguna vez pal- 
pitar su pecho por el entusiasmo al recordar el momento solem- 
ne en el cual, cuando Colón se hallaba casi sin esperanzas, ro- 
deado de una tripulación que ya no le obedecía, perdido en un 
mar desconocido, y que inesperadamente en medio del rumor 
del cordaje azotado por las brisas de la noche se escuchó la 
voz del vigía que gritaba ¡tierra! 

No nos detendremos, decíamos, y sin embargo al escribir es- 
tos renglones, embargados por la admiración, no podemos me- 
nos de señalar aquel otro episodio en el que Colón con el estan- 
darte en el cual se ostentaba una cruz, puso pie en tierra ame- 
ricana. Pero después de estos hechos que llenan de entusiasmo 
y que hacen palpitar los corazones nobles dentro del pecho, hay 
otros que contristan y á la vez indignan. 

Considei'ar á Colón cargado de cadenas en un calabozo som- 
brío y de ambiente malsano, considerar á Colón olvidado por la 
corte y sus amigos, y por último su aislamiento y su muerte, 
son hechos que demuestran una vez más cuan poco estiman 
los hombres á los genios que do tiempo en tiempo vienen á la 
tierra para hacer subir á la humanidad un escalón en la larguí- 
sima y difícil pendiente del adelanto y la civilización. 

Colón ha sido uno de esos grandes genios, que rompió las 



columnas de Hércules en las cuales parecía se hallaba atado el 
progreso del hombro, iniciando con su portentoso descubrimien- 
to una era nueva, ya no con los caracteres de la Edad Media, 
sino con la vigorosa energía de la civiHzación moderna que pa- 
so á paso ha sabido conquistar la emancipación de los pueblos, 
los derechos del hombre y ha podido llegar á lo que ahora se 
llama el siglo de las luces. 

En fin, señores, á qué seguir ensalzando al hombre que us- 
tedes mismos admiran, al individuo cuyo nombre corre de boca 
en boca por todo el orbe y cuya figura imponente se levanta en 
multitud de bronces en más de la mitad de las naciones de la 
tierra. No queremos ya distraer más la atención de ustedes y 
vamos á asentar nuestras proposiciones- 

1" Que la Sociedad Científica « Antonio Álzate » inicie que 
se cambio el nombre que lleva actualmente el Nuevo Continen 
te por el de Colombia. 

2" Que se nombre una Comisión de nuestro seno para que 
forme el proyecto de cómo se debe proceder para dar esta idea 
á los demás cuerpos científicos, á los Congresos geográficos, etc. 

Al hacer estas proposiciones no desconocemos la dificultad 
tan grande que se nos presenta, teniendo que luchar con la cos- 
tumbre arraigada por más do trescientos años y sostenida en 
millares de libros y planos donde figura el Nuevo Continente 
con el nombre de América; pero á la vez hacemos notar que el 
cambio que hoy proponemos no perjudica á nadie en ningún sen- 
tido, y si por ejemplo la adopción de un meridiano universal que 
trae consigo profundos cambios en las publicaciones hechas y 
en las por hacer, además de dejar resentidas algunas naciona- 
lidades por el cel<5 de no ser ellas las que contengan el primer 
meridiano, se ha adoptado y se trabaja asiduamente para llevar 
á cabo la unificación del origen del tiempo. Creemos que nues- 
tra proposición no encontrará contradictores y que todas las 
naciones se pondrán de acuerdo según nuestra iniciativa para 
restituir al Nuevo Continente el nombre que lo corresponde y 
llamarlo de hoy en adelante Colombia. 

Revista [1892-931.-2 



10 

Se nos podría poner como objeción que ya hay un país que 
lleva ese nombre; pero anticipadamente diremos que no vemos 
en esto un obstáculo, pues en primer lugar el verdadero y pri- 
mitivo nombre de esa República es el de Nueva Granada, y en 
segundo lugar nada le haría que tuviera el nombre de Estados 
Unidos de Colombia como en la actualidad nuestros vecinos del 
Norte llevan el nombre de Estados Unidos de América. 

Ojalá que nuestro pensamiento encuentre eco en nuestra 
Sociedad para que lo proponga al mundo entero y creemos que 
más tarde hemos de sentir una profunda satisfacción cuando en 
medio de las manifestaciones que en todo el orbe se hacen pa- 
ra admirar al ilustre navegante, nuestra Sociedad le haya eri- 
gido el más grandioso monumento, cuya base se halla en medio 
de las aguas de las zonas tropicales, extendiéndose desde el polo 
Norte hasta el cabo de Hornos y sus cimas perdidas en las nu- 
bes alcanzando la región de las nieves eternas. 

Tacubaya, Agosto 7 de 1892. 

Guillermo B. y Püga. 
Rafael Aguilar y Santillán.- 



NUEVAS PUBLICACIONES. 



ASSOCIATION GÉODÉSIQUE INTERNATIONALE. Comptes-renduS 
des séances de la Commission Permanente réunie a Floren- 
ce du 8 au 17 Octobi'e 1891. Ródigés par le Secrétaire per- 
pétuel A. Hirsch. Suivis des Rapports si^ir les travaux géo- 
désiques accomplis dans las différents pays pondant la der- 
niére année, et plusieus mémoires annexes. Avec quatre 
cartes et planches. Berlín. 4? 234 págs. 

BeRNARD Rev. John Henry, On some fragments of au Uncial 
Ms. of S. Cyril of Alexaudria, -written on papyrus. Dublin. 
1892. 4" lams. (Traus. R. Irish. Acad.) 



11 



BlNNTE Alexander Richardson. On mean or average anuual 
Rainfall, and the ñuctuations to whlch it is subject. With 
an abstract of the discussion upon the paper. Editad by Ja- 
mes Forrest. Londou. 1892. 8" 92 págs. 

BUELNA Lie. Eustaquio. Peregi-inaciou Je los Aztecas y Nom- 
bres Geográficos Indígenas de Siualoa. 2'^ edición corregida 
y aumentada con los jeroglíficos del itinerario Azteca. Mé- 
xico. 1892. 8? 152 págs. y 6 láms. 

Cappélletti E. M. Resumen de las observaciones meteoroló- 
gicas practicadas en el Colegio de San Juan Nepomuceno 
en 1891. Saltillo, 1892. 12° 26 págs. 

CUNNINGHAM D. J. Contributions to the surface anatomy oE 
the cerebral hemispheres. With a chapter upon Cranio- 
cerebral Topography by Víctor Horsley, etc. Dublin. July 
1892. 4" 358 págs. y 8 láms.— 15 sh. (R. Irish Academy. 
«Cunningham Memoirs» N" VII). 

DÉLANO Manuel A. Conferencias sobre la Teoría Atómica. 
Londres (Burns y Gates) 1892. 12» 70 págs. 

Garnier Ch. Monographie de P Observatoire de Nice. París 
(André, Daly & C°). 1892. Fol. 35 láms. 

González Frades Luis. Resumen general do las observacio- 
nes hechas durante el año de 1891. Oviedo. 1892. 12° 8 pá- 
ginas. 

Macoun John. Catalogue of Canadian Plants. Part VI. — Mus- 
ci. Montreal. 1892. S"? 295 págs. $0.25. (Geol. & Nat. Hist. 
Survey of Canadá). 

Weinek Prof. Dr. L. Magnetische und Meteorologische Beo- 
bachtungen an der K. K. Sternwarte zu Prag im Jahre 
1891. 52 Jahrgang. Prag. 1892. 4" 41 págs. 



12 







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Amplitud án 
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0.1 
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ANEXO A LA EESEÑA DEL SEOEETAEIO GENERAL. 



ÜONACIOJMES. 

( Los nombres de los donadores están con letra cursiva; los miembros de la Sociedad se hallan 
designados con Mb. ) 



Anjinaire de POliservatoire Royal de Bruxelles. . 1885. (A. Gerste, S. J., 
Mb.) 18? 

Anniiaire dii Burean des Longitudes. 1891. Favh (Gauthier-ViUarsJ. 189 

Albreclit Th. Provisorisclie resultate der beobachtmigsreihen in Berlin, 
Potsdam und Prag betreffend die Verandercbkeit der Polholie. — Zur El- 
klarung der beobachteten Breitenandevuugen voii Prof. R. Helmert. 
( Trof. I{. Hehnert, Mh.) 

BacHund O., Mb. Genaherte elemente und Epliemeride des Encke'schen 
Cometen für 1891. 8? St. Petersburg. 1891. 

Barcena M,, Mb. La Industria Sericícola en el Estado de Jalisco. 89 Méxi- 
co. 1891. 

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tro de Relaciones Exteriores de la República Argentina). 

Zendejas José. Tablas Psycrométricas calculadas para la altura de México. 
Tablas abreviadas generales, 1889, 89 

Zenger Prof. K. TT., Mb. Beschreibuug der Ausstelluugs-Gegenstande. Prag. 

^ 1891, 89— Dio Meteorologie der Sonne und ibres systemes. Wien, 1886, 

89— Die Spannungs-Elektricitat, ihre Gesetze, "Wirkungen-und tech- 

nischen Anwendungen. Wien, 1884, 129— Die Meteorologie der Sonne 

und die wetter-prognose des Jahres 1886. Prag. 1887, 89 

Zubiaur Dr. J. B. La Escuela Primaria en Francia. Buenos Aires, 1891, 129 



Publicaciones donaflníi por el socio RafíKl Agnilar y Santillán. 

Essais chimiques sur les arts et les manufactures de la Grande - Bretagne ; 

traduits de Tangíais de Samuel Parkes et de Martin par M. Delaunay. 

Paris (Ch. L. Colas). 1820, 89 3 t. 
Annuaire des Sciences Chimiques ou Rapport sur les progrés des sciences 

naturelles. présente a 1' Akadémie de Stockholm par Berzélius, traduit 

par H. D. Paris (Thoraine), 1837, 89 1 t. 
Le Livre de la Nature par le Dr. Fr. Schoedler, Directeur do 1 ' École Indus- 



28 

trielle a Mayence. Traduit par Ad. Scheler, Prof. h l'Iust. Agricole de 
l'État, a Gembloux. — Physíque-Astronomie-ChiiKÍe. París (Masson), 
■ 1865. 89 1 t. 

The International Scientists'Directory. Containing the ñames, addresses, 
special departments of study, etc., of amateur and professional natu- 
ralista, chemits, physicists, astronomers, etc., etc., in America, Europe, 
Asia, África and Oceania. Compiled by Samuel E. Cassino. Boston, 
1882. 89 1 t. 

Professional Papera of the Signal Service. Núms. 2, 3, 5-12, 14, 16 & 18. 
Washington. 4? 1 t. 

Hidromensura, por M. Fernández Leal. México, 1884. 89 1 t. 

El Hierro, por J. Garnier. Madrid, 1880. 129 1 t. 

Memorándum sobre el proceso del Archiduque Fernando Maximiliano de 
Austria, por los CC. M. Riva Palacio y Lie. R. Martínez de la Torre. 
J.réxico, 1867. 89 1 t. 

Discursos leídos ante la R. Academia de Ciencias en la Recepción pública 
del Sr. D. Daniel de Cortázar el 19 de Julio de 1884. Madrid, 1884. 89 1 1. 

Memoria del Secretario de Guerra y Marina. México, 1845. 89 1 t. 

Biografías de mexicanos distinguidos, por A. M. Oviedo y Romero. — Sigüen- 
za y Góngora, Álzate, Clavijero, Gamboa, Gama, Tresguerras y Nava- 
rrete. Paris-México, 1889, 129 1 t. 

Biografía del general J. de San Martín, por R. de la Fuente. Paris, 1868. 1 1. 

Introduction alaGéologiepar J. J. D'Omaliusd'Halloy. Paris, 1833. 89 1 1. 

Éléments de Géologie par id Paris, 1839. 89 1 t. 

Quilines of Mineralogy and Geology by Wm. Phillips. London, 1826. 89 1 1. 

Documentos oficiales recogidos en la Secretaría privada de Maximiliano. His- 
toria de la Intervención Francesa en México, por E. Lefévre. Bruselas 
y Londres, 1869. 89 2 t. 

Instruction sur l'essai des matiéres d'argent par la voie humide par M" 
Gay-Lussac. Paris, 1832. 89 gr. 1 t. 

Le Jardín des Plantes. Description et mceurs des niamiféres de la ménage- 
rie et du Muséum d ' Histoire Naturelle par M. Boitard. Paris. 1 1. 

Au epitome of the elementary principies of natural and experimental Philo- 
sophy. 1^' part By J. Millington. London, 1823. 1 t. 

Bulletin de la Société d ' encouregement pour 1 ' Industrie Nationale. 35^ an- 
née. Paris, 1836. 49 1 t. 

La pluie en Belgique par A. Lancaster. Bruxelles, 1884. 189 1 1. 

Journal de Pharmacie et de Chimie. 13 tomos completos. Paris, 89 

Observaciones magnéticas y meteorológicas del R. Colegio de Belén. Haba- 
na, 1874 y 75. Fol. 1 t. 

La Nature 7 « année. 1879(2» semestre). Paris. 1 t., fol. 



29 

Anuai-io Universal, por F. Mata. México, 1884. 18? 1 t. 

Escritos {lóstumos del Dr. J. Balines. México, 8" 1 t. 

The Merchauts' and Toiirists' Guide to México by Cli. W. Zaiemba. Chi- 
cago, 1883. 89 1 t. 

Conmovedora narración del viaje de la Comisión exploradora " Grinnell" al 
Océano ártico en los años de 1853, -54 y 55, por A. Sonutag. México, 1882. 
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Memoria para una Bibliografía Científica de México en el Siglo XIX, por el 
Lie. Manuel de Olaguíbel. México, 1889. 

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History and work of the Warner Observatory, Eochester, N, Y. Vol. I (1883- 
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Cálculo de altitudes por medio de observaciones barométricas, por D. de Cor- 
tázar. Madrid. 1874. 

Carta que el Ing. de minas Santiago Ramírez dirige al Sr. Ministro de Jus- 
ticia é Instrucción Piiblica, sobre la necesidad de establecer en la carre- 
ra del minero la Escuela Práctica de Minas. México, 1876. 

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PUBLICACIONES BECIBIDAS. 



Aguascalientes. "El Instructor." VII, 9 á 12. VIII, 1 á 8. 

Ciudad Victoria. Gobierno del Estado de Tamaulipas. Memorias. 1889 y 

1890. 
Córdoba. 43ociedad Científico -¡Literai-ía "J. M. Mena."' Revista mensual. 

II, 8 á 12. m, 1 á 4. 



30 

Chilpancingo, Gobierno del Estado de Guerrero. Memorias, 1870, 72, 79, 

80, 83, 86 y 88. 
GUANAJüATO. Sociedad Gucanajuatense de Ingenieros. Boletín. II, 4 y 5. 

Observatorio del Colegio del Estado. Observaciones meteorológicas. 

1891, Junio y Agosto. 
Jalapa. Gobierno del Estado de Veracruz. Memorias. 1886 á 88 y 1888 á 90. 
Leóx. Observatorio Meteorológico. Resumen general de las observaciones 

de 1890. 
MÉXICO. Academia N. de Medicina. "Gaceta Médica." XXVI, 2 á 24. 

XXVII, 1. 

Asociación de Ingenieros y Arquitectos. Anales. II, 12 y 13. 

Deutscbe Wissenschaftliche Verein. Mittheilungen. I, 3. 

Dirección general de Estadística. Boletín semestral. 1889, 3. 

-'El Círculo Católico." 1883, 84, 87 á 90. 1891, 1 á 9, 11 á 17, 19 á 

22 y 24. 

Gaceta Médico-Militar. II, 8 á 12. III, 1 á 3. 

Instituto Médico Nacional. "El Estudio." III, 25. IV, 1 á 4. 

"La Medicina Científica." IV, 1 á 24. 

"El Minero Mexicano." XVII, 24 á 26. XVIII, 1 ál7, 19á27. XIX, 

2á22. 

Observatorio Meteorológico Central. Boletín mensual. Resumen de 

1889. III, 1 y 2. 

Revista Militar Mexicana. III, 3 á 5, 7 á 14, 17, 19, 21 y 23. IV, 1. 

Revista Agrícola. VI, 12 á 15, 17, 19 á 24. VII, 1 á 3 y 5 á 12. 

Revista Telegi'áñca de México. III, 1 á 11. 

Secretaría de Fomento. Anales, IX. Informes y docJlimentos de Co- 

mercio, Agricultura, Minería é Industrias. Núms. 65 (Nov. 1890) 
á 72 (Junio 1891). — Boletín de Agricultura, Minería é Industria. 
Año I, 1 y 2 (Julio y Agosto 1891). 
■—^— Secretaría de Hacienda. Sección 7? Noticias de amonedación. Nov. 
y Dic. 1890, 1" semestre y 2? y 39 trimestres del año fiscal 1890 á 
91, Enero á Abril, 1891. Exportaciones, 1889 á 90, l^"- sem. 1890 
á 91. Movimiento marítimo, 1888 á 89. 

Secretaría de Justicia é Instrucción pública. Memoria (De 1? Abiñl 

1887 á 30 Nov. 1888). 1889. 

Sociedad Agrícola Mexicana. Boletín. XIV, 41 á 46. XV, 1 á 41. 

Sociedad Científica "Antonio Álzate." Memorias y Revista. IV, 3á 

12. V, 1 y 2. 

Sociedad Farmacéutica Mexicana. "La Farmacia." I, 11 á 24. 

Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Boletín. 4? época. 

II, 1 á 4. 



31 

MÉXICO. Sociedad Mexicana de Historia Natural. 'La Naturaleza," 2? Berie, 
11,1. 

Monterrey. Gobierno del Estado de Nuevo León. Memoria. 1889. 
MORELIA. Gobierno del Estado de Michoacán. Memoria. 1890. 

Museo Michoacano. Anales. IV, 1 y 2. 

Orizaba. Sociedad "Sánchez Oropeza." Boletín. IV, 13 á 22, 
Puebla. Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. Eesumen de las observa- 
ciones meteorológicas, 1890. 

Casa de Maternidad. Anales de la Maternidad de Puebla. Núm. 1. 

Hospital General del Estado. Boletín. I, 1 á IH. 

Observatorio del Colegio del Estado. Observaciones meteorológicas. 

Nov., Dic. y Eesumen 1890. Enero á Oct., 1S91. 
Saltillo. Observaciones meteorológicas del Colegio de San Juan Nepomu- 

ceno. 1889 y 90. 

Gobierno del Estado de Coahuila. Memoriae. 1886 á 88 y 1888 á 89. 

San Luis Potosí, Instituto Científico y Literario. Memoria de la Junta 

Directiva, 1889 y 90. 
San Cristóbal las Cas.'ís. Gobierno del Estado de Chiapas. Memoria. 

1890 á 91.. 
Tacubaya. Biblioteca pública "Romero Rubio." Boletín Bibliográfico y Es 
colar. I. 

"Cosmos." I, 1. 

Observatorio Astronómico Nacional. Anuario, 1892. Boletín. 1, 2áG. 

Zacatecas. Observaciones meteorológicas del Instituto de Ciencias del Es- 
tado, 1890. 

Alger. Service Météorologique de l'Algérie. Bulletin météorologique. 1890, 

Nov. y Dic. 1891, Enero -Sept. 
AmiENS. Sociétó Linnéenne du Nord de la France. Bulletin. X, 1890-1891, 

211-''22. 
Anoers. Académie des Sciences et Belles-Lettres. — Statuts. — Souvenir de 

la séance solennelle du 2"^ centenaire de la f ondation de la 1 ' Académie 

celebré le 1" Juillet 1886. — Séance solemnelle de rentrée du 22 Nov. 

1888. Discours. — La France Préhistoríque par M. Cartailhac. Analyse 

par M. Ed. Piette. 1890. 
Ann Arbor, Mich. American Meteorológica! Journal. Vil, 2, 3 & 9. VIII, 

1-7. 
Anvers. Société Royale de Géographie. Bulletin. XV, 1890-91, 2-4. XVI, 

1891-92, 1. 
Baltimore. American Chemical Jom-nal. XIII, 1S91, 1-7. 
Johns Hopkins University. Register for 1890-91. 



32 

Barcelona. Asociación de Ingenieros Industriales. Anuario, 1891, Revis- 
ta Tecnológico-Industrial. 1880 á 86 y 89. 1890, 11 & 12. 1891, 1 
áll. 

Grónica Científica. XIII, 1890, 314 & 315. XIV, 1891, 316 á 333, 336 

y 337. 
— "Industria é Invenciones." XVI, 14 á 17 y 19 á 23. 

Real Academia de Ciencias y Artes. Concepto de la Contabilidad Ad- 

ministrativa, por D. Antonio Torrens y Monner. 1890. 
Basel. Naturforscliende Gesellschaft. Verhandl ungen. IX, 1. 
Batavia. Magnetical and Meteorological Óbservatory. Observations. XII. 

1889.— Rainfall in tlie East Indian Archipelago. 1889. * 

Bayonnü. SociétédeClimotologiePyrénéenne. BuUetin, 1890, 10-12. 1891, 

4-6. 
Bergamo. Ateneo di Scienze, Lettere ed Arti. Atti. X, 1889-90. 
Berlix. Association Géodésique Internationale. Comptes-Rendus. Rome, 
1883; Nice, 1887; Friboiirg, Sept. 1890. 

Dames Félix L. Bibliotbeca Zoológica. 1891. 

Friedlander & Sobn. Berich iiber die verlagstbatigkeit. 1890, Oct.- 

Dic. 1891, Enero-Sept. Naturae Novitates, 1890, 23 & 24. 1891. 

1-21. 
G-esellscliaft Naturforscbeuder Freunde. Sitzungs-bericbte. 1874- 

86, 1890. 
Gesellschaft Urania. "Himmel und Erde." III, 1890-91, 1, 3-12. 

IV, 1891-92, 1 & 2. 
Gesellschaft für Erkunde. Verhandlungen. XVI, 1889. XVÍI, 1890. 

XVni, 1891, 1-8. Zeitschrift. XXIV, 1889. XXV, 1890. XXVí, 

1891, 1-5. 

Hydrographische Amt. Annalen der Hydrographie und Maritimen 

Meteorologie. VII -XVII, 1879-89. XVIlI, 1890, 12. XIX, 1891, 
1-10. 

K. Akademie der Wissenschaften. Matthematische und Naturwis- 

senchaftliche Mittheiluugen. 1890, Oct.-Dic. 1891, En.-Ag. Sit- 
zuugsberichte, 1891, I-XL. 

K. Geodiitische Institut. — Das Kóniglicli Preussische Geoda tische 

Institut. Aus amtlichen anlass herausgegeben von F. R. Helmert, 
Director. 1890. — Die Schwerkraft im Hochgebirge insbesondere 
in den Tyroler Alpen in Geodatischer und Geologischer beziehung 
von F. R. Helmert. — Das Berliner Basisnetz 1885-1887. Jahresbe- 
richt der Director, 1890-91. 

(Continuará). 



SociedaJ Cieiiiíica liiloiiio Mí 



MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Mms. 3-4. 1892-93. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD, 



Septiembre 4 de 1S92. 

Presidencia del socio D. Guillermo B. y Puga. 

Correspondencia. — Del Sr. D. Rafael Roig y Torres (Bar- 
celona), dando gracias por su nombramiento; del Servicio Geo- 
lógico y de Historia Natural del Canadá, del Observatorio Real 
de Greenwich, de la Asociación Geodésica Internacional, de la 
Academia Real Leopoldino-CaroHnense (Halle) y de la Direc- 
ción General de Estadística remitiendo publicaciones; del Se- 
cretario del Gobierno del Estado de Guerrero, enviando las 
noticias de temblores; del socio Dr. Nemorio Audrade, partici- 
pando que ha sido nombrado Director del Observatorio Meteo- 
rológico inaugurado el 1 ? de Agosto en el Instituto de Pachuea 
y ofreciendo enviar las observaciones y demás trabajos cientí- 
ficos que se ejecuten. 

Publicaciones. — Se recibieron por primera vez las del Ob- 
servatorio de Greenwich, del Museo de la Plata y de la Comi- 
sión Meteorológica de Aviñón; donaciones de los Sres. Carreto 

Revista [ 1892-93.] —5 



34 

(Puebla), Dr. Herrera Moreno (Córdoba), Bischoffsheim (París), 
Délano y Qabezón (Santiago de Chile) y Buelna. Acerca de las 
donaciones, el Secretario general llamó especialmente la aten- 
ción acerca de los cuatro tomos de las Gacetas de Literatura del 
P. Álzate, dadas por el Sr. Carreto. 

Trabajos. — Alfonso L. Herrera, La Noción del tiempo en los 
animales. El tiempo y la hiología. 

Joaquín de Mendizábál Tamborrel, Tallas de los logaritmos 
de las constantes A, B y C de lafórmida de Mayer. 

Carlos Mottl, Microseismos observados en Orizala. Junio, Ju- 
lio y Agosto, 1892. 

Elección. — El Sr. Enrique Gauthier-Villars quedó 
nombrado socio correspondiente en París. 

Postulaciones. — Los Sres. Rafael Bischoffsheim, miem- 
bro del Instituto de Francia y fundador del Observatorio de 
Niza, y O. Collandreau, Astrónomo en el Observatorio de Pa. 
rís, fueron postulados para socios honorarios por los socios J. 
Mendizábál Tamborrel y R. Aguilar. 



Octubre 2 de 1892. 

Presidencia del socio D. Isidoro Epstein. 

Correspondencia. — Del Museo Teyler de Harlem, de la 
Sociedad Broteriana de Coimbra, de la Sociedad de Ciencias 
Naturales de Nantes, de la Sociedad Filomática de los Vosgues, 
de la Oficina de Estadística General de Francia, de la Comisión 
Geológica de Tejas y del Dr. F. Sausoni, Director del «Gior- 
nale di Mineralogía, Cristallografía e Petrografía» de Pavía, 
aceptando cambio; de la Academia de Ciencias de Cracovia, del 
Observatorio de Oxford, del Instituto Real Meteorológico de 
Holanda, de la Oficina de Meteorología ó Hidrografía del Gran 



35 

Ducado de Badén y de la Librería Politécnica de Baudry y C*, 
de París, remitiendo publicaciones. 

Publicaciones. — Por primera vez se recibieron las de la 
Sociedad Broteriana de Coimbra y las del Observatorio de Ox- 
ford. — Donación de los Sres. Baudry y C*, de París. 

Trabajos. — Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orimha, 
Sept. 1892. 

El Secretario general leyó una nota del socio Prof. Vicente 
Fernández, en la que se ocupa de la marcha del barómetro. 

Diclia nota es la siguiente: 

Señor Secretario general de la Sociedad Científica «Anto- 
nio Álzate.» — Presente. 

Presentando más ó menos interés á la Meteorología todo lo 
que á ella concierne, ya sea que le fuere útil, ó ya que la per- 
judique, puesto que lo uno se aceptará y lo otro será excluido 
de la ciencia por criterios idóneos, presentó á la considera- 
ción de esa Sociedad, hace pocos días, las particularidades que 
presentaron las lluvias durante un período de 14 años en Gua- 
najuato, y llamé la atención sobre el punto de «que un inexper- 
to podría tomar á tales particularidades como á la ley, á la clave 
para predecir con todo acierto las. lluvias del porvenir y hacer- 
lo creerse poseedor de tal secreto; » mas como las lluvias de los 
trece años posteriores mostraron una irregularidad completa, 
con lo cual aquella pretensión quedaba desmentida: en ese he- 
cho encontré un ejemplo palpable y elocuente que presentar á 
los novicios en esta aquí naciente y en todo el mundo complicada 
ciencia, con el fin de que él los haga prudentes y que no tomen 
meras coincidencias de períodos en que se reproduce tal ó cual 
meteoro por la regla que lo rige. 

Hoy tengo la honra de presentar á ese Cuerpo otras parti- 
cularidades más, relativas á la presión atmosférica, para apoyo 
del mismo asunto. 

Las presiones máximas, así como las lluvias, han tenido lu- 



36 

gar eu períodos regulares que han sido cada ocho y cada cua- 
tro días. 

Ahora bien, estas singularidades deben estudiarse bajo dos 
puntos de vista: 1? ¿Realmente la presión tiene tales períodos? 
2? jSon tales períodos meras casualidades? 

El solo hecho de establecer esta disyuntiva muestra que 
yo mismo les concedo mérito á las dichas particularidades dig- 
no de atención, es verdad; pero nadie deducirá que esto sea con- 
cederle competencia á un aficionado para declararlas reglas ó 
leyes de la presión. 

Particularidades de este género descubrió Humboldt en su 
permanencia en América, y llamaron la atención de los meteo- 
rologistas aquellas sus palabras: «el barómetro anda con tal 
regularidad, que con él pudieran saberse las horas del día;» y 
la llamaron porque en Europa no pasaba lo mismo, mejor dicho, 
no se observaba lo mismo, á pesar de que el holandés X ya des- 
de el año 1722 había descubierto las variaciones diurnas de la 
presión, porque otros factores le ocultaban; hasta que la saga- 
cidad y precisión de Mr. Ramond mostraron que allá también 
se verifican. Dejaron, pues, desde ese momento de ser meras 
particularidades y pasaron al rango de fenómenos constantes» 

Este acontecimiento por sí sólo justifica el que ahora pre- 
sente las dichas particularidades que se ven en la anterior cur- 
va, bajo el doble punto de vista como lo establece la disyuntiva 
sentada; pero advierta el aficionado que si ella propone una du- 
da, una cuestión que resolver, no llama á tal fin sino á hombres 
instruidos, experimentados por muchos años y de talento, es de- 
cir, dotados de la facultad intelectual para relacionar las causas con 
los efectos. Falte una de estas condiciones y no hay competencia. 

Tampoco se deduce que las cuestiones de meteorología ex- 
cluyan á alguien, nó; lo que se deduce es que cada uno debe li- 
mitarse á supuesto, del cual más tarde y á su debido tiempo, la 
instrucción y experiencia que éste da, formando cierta aptitud 
que, unida á la que posea, le elevarán á otro mejor. 

De desearse es que sirva este nuevo ejemplo en bien de la 



37 

ciencia y para prestigio de la misma en el país, á los aficiona- 
dos á la meteorología, para ser reservados y para no dar como 
fenómenos invariables y constantes, formulándolos como leyes 
naturales y usándolas para predecir el tiempo, á los que, como 
los que he presentado, ni están estudiados iwr estar en incubación 
la meteorología en el xmís, ni pueden estudiarse en un sólo Observa- 
torio, ni en el caso de que disponga de los instrumentos nece- 
sarios, porque los factores de un meteoro no se localizan. 

Si Faura en las Filipinas, Desclievrens en Zi-ka-Wei (Chi- 
na), y Viñez en Cuba, han logrado predecir tales ó cuales me- 
teoros con horas de anticipación (80 á 100) desde í/« Observato- 
rio, ha sido porque reúnen aquellas tres condiciones, como se 
ve en sus abundantes escritos. 

Son estas cuantas consideraciones, señor, las que me hacen 
creer dignas de ser comunicadas ahora á esa H. Sociedad las 
curvas insertas, obtenidas aquí en Mayo y Junio por el baró- 
metro. 

A fin de dar á conocer á vd. el grado de confianza que este 
instrumento merezca, diré que para servirme de ól al hacer las 
observaciones para servicio del Observatorio Central, fué com- 
parada su marcha con la de uno de los Sres, Richard, y que sus 
curvas resultaron de un paralelismo de tal semejanza, que lo 
hacen admisible. Cónstale así á dicho Observatorio Central. 

Sírvase vd. presentar lo expuesto á esa H. Sociedad, á la vez 
que aceptar mis respetos. 

Silao, 12 de Septiembre de 1892. 

Asuntos y proposiciones diversas. — La Sociedad apro- 
bó la proposición que los socios Epstein y Segura hicieron en 
la sesión pasada para que se nombre una Comisión que estu- 
die la iniciativa del socio Manterola, relativa á los estudios pre- 
paratorios. Los socios Aragón, Manterola, Montiel y Ordóñez 
quedaron designados para dicha Comisión. 

Se dio primera lectura á la iniciativa que hizo el socio Eps- 



38 

tein para que las sesiones se verifiquen cada quince días los pri 
meros y terceros domingos de cada mes. 

Fué aprobada con dispensa de trámites la modificación que 
propusieron los socios Aragón y Mateos al arfc, 24 de los Esta- 
tutos. Dicho artículo quedó así: 

« Art. 24. Todos los trabajos de los socios deberán pasar á 
una Comisión, la cual presentará su dictamen á la Sociedad pa- 
ra que ésta decida de la publicación de dichos trabajos. Estos 
dictámenes los presentarán las comisiones respectivas á más 
tardar en el término de un mes, á partir del día en que se pre- 
senten los trabajos; en caso de que la Comisión no presente en 
dicho plazo su dictamen, la Sociedad decidirá de la publicación 
de aquellos. » 

El Presidente comunicó el fallecimiento del socio honorario 
D. Vicente Reyes, Ingeniero Civil y Arquitecto, acaecido el día 
23 del mes de Septiembre próximo pasado. 

El Secretario, 

Gilberto Montiel Estrada. 



bibliografía. 



Méthodes de travail pour les laboratoires de Chlvue 
ORGANIQUE ^ar le Br. Lassar Cohn, Professeur de CMmie a 
I ' Université de Kcenigsberg. Trad^dt de I ' allemandpar E. Acher- 
mann, Ingénieur civil des mines. París. Lihrairíe Pólytechnique 
Baudry et C'"- 1 vol. 12 '^ tela inglesa. 371 págs. 7 fr. 50. 

Esta pequeña obra será de gran ayuda á los estudiantes de 
Química y en general á todas las personas que se consagran á 



39 

investigaciones prácticas. En ella se hallan descritas las mejo- 
res reacciones para obtener los cuerpos orgánicos: describe los 
fracasos de los químicos y los buenos resultados de éstos en sus 
manipulaciones, estimulando y facilitando los trabajos prácti- 
cos. Todas las operaciones se hallan descritas .con minuciosi- 
dad y de un modo claro, guiando perfectamente al químico en 
sus determinaciones y análisis. 

Sin ser un tratado de Química no es tampoco un simple ma- 
nual de manipulaciones, pues el autor ha conseguido darle un 
carácter apropiado á las dificultades con que se tropieza en Quí- 
mica, lo que no puede verse ni en uuo ni en otro. 

Contiene dos partes: la primera está destinada para ciertas 
manipulaciones generales tales como destilaciones, filtración, 
sublimación, determinación de pesos moleculares, etc., etc.; y 
la segunda, más especial, se ocupa de la bromuración, clorura- 
ción, preparación de sales, oxidación, reducción, saponificación, 
análisis elemental, etc., etc., terminando con un índice alfabé- 
tico que facilita mucho el uso del hbro. 



Les Courantes alternatifs d'électricité par T. H. Bla- 
KESLEY, Professeur au Botjal Naval Colldge de Greemvich. Tra- 
duit de la iroisiéme édition anglaise et augmenté d'un appendice 
par W. C, HechnietvsJii. Paris. Librairie Polí/tecJmiqíie Baudry 
et C'- 12°figs. 230 págs. Tela inglesa. 7 fr. 50. 

Acaba de aparecer una traducción francesa de este impor- 
tante libi'O, en el cual el autor ha reunido sus diferentes traba- 
jos relativos al cálculo geométrico de los fenómenos que acom- 
pañan á las corrientes alternativas. 

Estos métodos, susceptibles de una gran generalización y al 
mismo tiempo elementales, han dado á la obra un éxito feliz y 
de la cual se han publicado ya tres ediciones inglesas. 



40 

Los catorce capítulos que contiene se ocupan de las siguien- 
tes materias : 

Self-inducción. — Inducción mutua. — Condensadores. — 
Acción de un condensador en el circuito. — Acción de varios 
condensadores. — Combinación délos condensadores con la self- 
inducción. — Condensadores transformadores. — Capacidad uni- 
formemente repartida. — Telefonía. — Transmisión de la ener- 
gía. — Empleo del dinamómetro de dos carretas paralas corrien- 
tes alternativas. — El silencio en el teléfono. — Retardo magné- 
tico. — Contribución á la diuamometría ó medida del trabajo. 

El traductor añadió al fin de la obra un apéndice de gran 
interés relativo á la aplicación de los métodos generales del au- 
tor á algunos casos prácticos, tales como el empleo de la capa- 
cidad para equilibrar la self- inducción; cálculo de la capacidad 
de la fuerza electro -motriz del condensador; transformación 
de un sistema de potencial constante en un sistema de corrien- 
te constante; sistemas de distribución; transformadores. 



41 



REVISTA ANUAL DE ASTRONOMÍA 

DEL AÑO 1891 

POR 

. a. BiaOUTlDAN 

A.sti'óíiom,o adjunto al Otosei-vatorio de Faris. 



( Traducido de la Revue Genérale des Sciences Purés et Appliquées de París ). 



El año de 1891 no presenta en esta materia descubrimiento 
de importancia; pero nuestros conocimientos bau sido notable- 
mente aumentados en diversos ramos. Principiaremos por el 
sistema solar, y pasaremos en seguida á los sistemas estelar y 
el formado por las nebulosas. 



19 LA TIERRA. 

La Tierra gira sobre sí misma en veinticuatro horas j ¿pero 
este movimiento es perfectamente uniforme? Varias causas 
pueden alterar esta uniformidad. Por ejemplo, el frotamiento 
producido por las mareas es una causa de retardo; por otra par- 
te, la Tierra se contrae gradualmente á causa de su enfriamien- 
to, ligero sin duda, pero continuo; por esta causa su velocidad 
de rotación debe ir en aumento. ¿Cuál es, pues, la resultante de 
todas estas causas, conocidas ó desconocidas, que acelei*an ó 
retardan su marcha? 

Como medimos los grandes intervalos de tiempo por el nú- 
mero de rotaciones de la Tierra, es decir, por el número de días. 

Revista f 1892-93.] —6 



42 

si esta rotacióu se retarda, por ejemplo, debe resultar una ace- 
leración aparente en los movimientos de otros cuerpos celestes, 
y esta aceleración aparente será tanto más grande cuanto más 
rápido tengan su movimiento estos otros cuerpos. 

El movimiento más rápido del Sistema Solar, es el del pri- 
mer satélite de Marte, que gira alrededor de su planeta en 7 h. 
39 m. ; pero hace poco tiempo que se conoce (1877), su movi- 
miento no se ha determinado con bastante precisión. 

Vienen en seguida las rotaciones de diversos planetas sobre 
sí mismos (Júpitei-, 9 h. 19 m.j Saturno, 10 h. 14m. ); pero és- 
tos son elementos que no se observan ya con bastante exactitud. 

La Luna, que gira alrededor de la Tierra en 27 días, presen- 
ta entre la observación y el cálculo una diferencia (aceleración 
secular de su movimiento medio ) que se explicaría por una dé- 
bil diminución en el movimiento de rotación de la Tierra, y en 
consecuencia por un ligero incremento gradual de la duración 
del día. 

Después de la Luna, Mercurio es el que tiene el movimien- 
to más rápido: gira alrededor del Sol en 88 días y sus pasos por 
el Sol, observados desde hace más de dos siglos, dan posiciones 
precisas que datan de algún tiempo. 

M. Tisserand ha examinado^ lo que sucede en Mercurio; si 
se admite que la duración del día va aumentando, se encuentra 
que los pasos extremos de este planeta son entonces menos bien 
representados por el cálculo que cuando se supone á la dura- 
ción del día un valor rigurosamente constante. 

Así, pues, parece haber compensación entre las causas que 
tienden á acelerar la rotación de la Tierra y las que tienden á 
retardarla de suerte que esta rotación debe ser considerada 
como uniforme; en otros términos, la duración del día sidéreo 
es invariable. 

La última Revista Anual de Astronomía ha expuesto el esta- 
do de la cue.stión de la variación anual de latitudes. Las obser- 

1 Comptes rendus, CXIII, p. 667. Ver tambif^n el Annuaire du Bureom des 
Longitudes j)our 1892, Noticia de la Luna y de su aceleración secular. 



43 

vaciones se han continuado en 1891, y la variación, real ó apa- 
rente, continúa presentando marchas paralelas en los observa- 
torios que se han concertado para el estudio de esta cuestión. 
He aquí, en efecto, el cuadro de estas observaciones: 

Berlín. Praga, Potsdam. 

1889 Marzo 1 " -O " 03 +0 " 05 +0 " 02 

„ Agostos -fO.25 +0.23 +0.25 

„ Noviembre 16 +0.02 0.00 -0.08 

1890 Febrero 24 -0.24 -0.29 -0.24 

„ Mayo 15 -0.06 +0.05 „ 

„ Septiembre 12 +0.24 +0.25 „ 

„ Diciembre 21 -0.02 0.00 „ 

1891 Marzo 11 -0.26 -0.17 „ 

En el mes de Abril último una comisión alemana ha parti- 
do para Honolulú, á fin de hacer ahí observaciones correspon- 
dientes; no se conocen aún los resultados obtenidos. 

2? LA LUNA. 

Las observaciones físicas de la Luna por lo general se han 
descuidado en los observatorios y se han dejado principalmen- 
te á los astrónomos aficionados. De tiempo en tiempo se seña- 
lan pequeños detalles superficiales que no habían aún sido no- 
tados; otras veces se ha creído percibir modificaciones recien- 
tes, pero cuya realidad es difícil de establecer de una manera 
cierta, á causa de los grandes cambios de aspecto que produce 
la incidencia rápida y variable de la luz solar. Siendo allí la luz 
tan abundante, la fotografía tiende más y más á reemplazar la 
observación ocular, y ya el Instituto Smithsoniano de Washing- 
ton ha formado el proyecto de publicar una inmensa fotografía 
de la Luna de 1"'9 de diámetro, es decir, á razón de 1™™ por 
1": en esta escala la Tien-a estaría representada por un globo 
de 7" de diámetro. 



44 

Las observaciones de posición al contrario, han sido prose- 
guidas activamente en los observatorios provistos de buenos 
instrumentos meridianos; porque, bajo el punto de vista prác 
tico, el conocimiento preciso del movimiento de la Luna es muy 
importante para la determinación de las longitudes terrestres. 

La Cronología está también directamente interesada en el 
conocimiento de estos movimientos: ha sido, en efecto, por la 
contemporaneidad de ciertos hechos históricos y fenómenos ce- 
lestes, porque se ha podido fijar con certidumbre las fechas co- 
rrespondientes. Entre los fenómenos celestes los eclipses de 
Sol y de Luna han sido casi los únicus aprovechados por los cro- 
nologistas. 

Desgraciadamente las Tablas actuales de la Luna no pue- 
den dar, cuando se remontan á tiempos muy antiguos, más que 
posiciones inciertas, porque este astro ha permanecido aún re- 
belde á las fórmulas de la mecánica celeste; Hansen llegó á 
representar las observaciones durante cien años; pero hoy sus 
Tablas se apartan notablemente del estado del Cielo. 

Las causas principales de esta diferencia son dos desigual- 
dades cuya causa no se ha podido explicar por la teoría de la 
atracción universal. Estas son: 1? La aceleración secular de 
su longitud, que hace que el movimiento medio, en lugar d« ser 
constante como páralos planetas, va aumentando. 2? Otra des- 
igualdad cuyo período es de cerca de 300 años. 

La aceleración secular de la longitud podría explicarse por 
una lenta diminución del día sidéreo; pero pronto se ha visto 
que otras razones parecían hacer esta diminución inadmisible. 
La otra desigualdad no puede ser atribuida á la acción del Sol 
cuyas perturbaciones han sido calculadas independientemente 
por Hansen y por Delaunay, de dos maneras diferentes y que 
han dado resultados concordantes. 

El trabajo de Delaunay, que exigió un trabajo asiduo de su 
autor de más de quince años, servirá de base á las nuevas Ta- 
blas de la Luna que la Oficina de Longitudes próximamente 
publicará, tan luego como se determine empíricamente un va- 



45 

lor tan exacto como sea posible de la segunda desigualdad de 
que acabamos de hablar. 

Se ve que hay razones poderosas que deben decidir á los as- 
trónomos á determinar con cuidado la posición de la Luna y á 
perfeccionar su teoría. M. Tisserand las reasume como sigue en 
la Noticia que ya citamos. 

1? La Luua, que ha desempeñado un papel capital en el es- 
tablecimiento de la ley de atracción, la somete á una compro- 
bación incesante, forzándola á explicar en sus menores detalles, 
todas las irregularidades de su marcha. Este profundo examen 
conduce á consecuencias inesperadas: así, al determinar por la 
observación dos de las irregularidades periódicas de la Luna, 
se puede deducir el aplastamiento de la Tierra y la paralaje del 
Sol, y los valores obtenidos así no ceden en nada, en cuanto á 
precisión, á las medidas directas que han necesitado tantas ex- 
pediciones distantes. 

2? El movimiento de la Luna, por razón de su rapidez, nos 
muestra desde antes una causa de perturbaciones que los pla- 
netas no sufrircán sino en millares de siglos; de suerte que to- 
dos los progresos verificados ahora en la teoría de la Luna ser- 
virán seguramente para las de los planetas en un lejano por- 
venir. 

3? El estudio atento del movimiento de la Luna, continua- 
do durante siglos, nos proporcionará preciosos datos acerca de 
la rotación de la Tierra, y nos mostrará si su duración está so- 
metida á algunos cambios pequeños progresivos, cuestión que 
es de la más alta importancia desde el punto de vista de la me- 
dida del tiempo. 

4? En fin, el conocimiento exacto del movimiento de nues- 
tro satélite es indispensable á los marinos y á los viajeros, pues 
eia ello encontrarán, á falta del telégrafo, el medio preciso para 
determinar longitudes. 

( Continuará). 



46 











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Observaciones séisinicas correspoiidieDíes á los meses de Fel). y Marzo de M. 

OIlIZA.B^. 


FECHAS. 


HORAS. 


Amplitud án- 
gulo-vertical 

111. m. 


Dirección apa- 
rente- 


Escala de Fo- 
reí y KoesL 




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9 

16 
17 
22 
24 
26 


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4 

11 
5 
6 
8 
3 
4 
5 
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12 
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9 
3 
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6 
5 
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30 
00 
40 
40 
30 
37 
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55 
28 
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15 
55 
16 
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42 
02 
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16 
44 
44 
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58 
48 
54 
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0.2 
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0.3 
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0.1 
0.1 

1.0 
0.1 
0.1 
0.1 
0.2 
0.3 

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reí y KoBsi. 



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MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Núnis. 5 «6. 



1892-93. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Noviembre G de 1892. 

Presidencia del socio D. Guillermo B. y Pnga. 

Correspondencia.— De los Sres. G. J. Symons, de Lon- 
dres, y Dr. J. Peano, de Turín, expresando su agradecimiento 
por haber sido nombrados miembros de la Sociedad; de la So- 
ciedad de Ciencias Naturales de Danzig, anunciando la celebra- 
cióij de su 150" aniversario de su instalación; de la Sociedad 
Real de Sajonia, de la Comisión Geológica y de Historia Natu- 
ral del Canadá, del Observatorio del Vaticano, de la Asociación 
australiana para el progreso de las ciencias y del Instituto Me- 
teorológico Prusiano, remitiendo sus publicaciones; de la Co- 
misión Geológica y de Historia Natural de Indiana (Estados 
Unidos), de la Sociedad Española de Historia Natural, de las 
Sociedades de Geografía de Nowcastle, de Neuchatel y de Que- 
bec, de la Institución Real de la Gran Bretaña, de la Universi- 
dad de California, del Museo de Albany, N. Y., de la Oficina de 
Minas de California y de la Sociedad Americana de Ingenieros 
civiles, aceptando cambio de publicaciones; del Sr. Ministro de 

Revista [1892-931.-7 



50 

Hacienda comunicando que ha ordenado á la Oficina impreso- 
ra del Timbre haga las láminas que necesite la Sociedad para 
sus Memorias; del Secretario del Gobierno del Estado de Gue- 
rrero, enviando noticias de temblores; del socio Dr. Nemorio 
Andrade, el registro do las observaciones meteorológicas he- 
chas en Pachuca durante el mes de Septiembre próximo pasado. 

Publicaciones. — Por primera vez se recibieron las de la 
Oficina de Estadística de Francia, de la Comisión Geológica y 
de Historia Natural de Indiana, de la Sociedad de Geografía de 
Neuchatel, de la Universidad y de la Oficina de Minas de Cali 
fornia, de la Sociedad Americana de lugenieros civiles, del Co- 
mité del África francesa, de la Sociedad de Médicos Municipa 
les de la Habana, del Museo de Quensland (Australia). 

Donaciones. — Se recibieron para la Biblioteca, del socio 
J. G. Aguilera, del Profesor Macfarlane ( Austin) y de la Li- 
brería Baudry y Compañía, de París. 

Traba.jos. — Agustín Aragón, Los sofismas de algunos geó- 
logos. 

Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orizába, Oct. 1892. 

El socio Puga presentó un plano de las ruinas del cerro de 
Quiengola (Tehuantepec), por el Sr, lug. Estrada. 

Los socios Aragón y Mateos presentaron un dictamen acer- 
ca de la previsión del tiempo. 

Nombramientos. — Socios honorarios : 

Rafael Bischofpsheim, Miembro del Instituto, fundador 
del Observatorio de Niza. — París. 

O. Callandreau, Astrónomo adjunto en el Observatorio 
de París. 

Habiendo recibido la Sociedad una invitación para que nom- 
bre su representante en la celebración del tercer centenario de 
la toma de posesión por Galileo de la clase de Matemáticas en la 
Universidad Real de Padua, el Presidente designó al Sr. An- 



51 

tonio Favaro, socio honorario y Profesor en dicha Universidad, 
para que represente á la Sociedad «Álzate.» 

Postulaciones y asuntos diversos. — Se dio primera 
lectura á la siguiente proposición hecha por los socios Mateos 
y Ordüñez: 

« La Sociedad organizará y llevará á efecto anualmente con 
la colaboración de los socios, una excursión científica con el fin 
de tomar en las localidades que visite los datos necesarios al 
estudio científico más completo de las mismas. » 

El Presidente anunció que en virtud del artículo 12 de los 
Estatutos, la Junta Directiva comunicará en la próxima sesión 
los nombres de los socios de número que deben ser separados 
por no haber cumplido con sus obligaciones. 

El Secretario General, 

Rafael Agüilar y Santillán. 



LA PRE\^ISI(5N del TIEMPO. 



Los que subscribimos, comisionados por la Sociedad para 
dictaminar acerca del problema que sirve de rubro al presente 
artículo, tenemos el gusto de someter á su aprobación el estu- 
dio que, relativo á dicho problema, hicimos en cumplimiento del 
deber que nos impuso el cargo con que fuimos honrados, y por 
el cual nos es grato manifestar nuestro profundo y sincero agra- 
decimiento. 



La previsión del tiempo es el objeto final de la Meteorolo- 
gía; y fácilmente se comprende que mientras no se conozcan las 
leyes que rigen á los fenómenos que tienen lugar en la atmós- 



52 

fera, la probabilidad, más ó menos grande, con que se anuncien 
los cambios de tiempo, no podfá convertirse en una verdadera 
previsión. Es indudable que ningún problema puede resolver- 
se sin datos: en la cuestión que nos ocupa, sólo el conocimien- 
to de las leyes á que hicimos alusión puede suministrárnoslos ; 
luego el día que conozcamos esas leyes el problema podrá ya 
resolverse. 

Si basta la fecha no se ha resuelto todavía de una manera 
satisfactoria, esto depende precisamente de la ignorancia en que 
nos encontramos respecto al estado de la atmósfera en un mo- 
mento dado. Todas las dificultades con que se ha tropezado se 
reasumen en ésta.: falta de datos. Los progresos de la Meteoro- 
logía están ahí para comprobar la verdad de nuestro aserto. Si 
hace treinta años el estudio de dicha ciencia no condujo á los 
resultados prácticos que se esperaban, fué porque los meteoro- 
logistas fijaban su atención únicamente en los datos de interés 
local, siendo así que para alcanzar los resultados antes dichos 
es necesario el conocimiento de los recogidos en muchos pun- 
tos de la tierra. 

La complexidad de los movimientos atmosféricos y la difi- 
cultad de observarlos al mismo tiempo en diverssos puntos de 
la superficie de la tierra y á diversas alturas sobre el nivel del 
mar, han constituido, á nuestro entender, el principal escollo pa- 
ra llegar á una solución satisfactoria del problema tantas veces 
citado. 

Siendo una verdad que los cambios atmosféricos, como to- 
da clase de fenómenos, están sujetos á leyes; toda tentativa pa- 
ra preverlos, debe comenzar por el descubrimiento y conoci- 
miento de las leyes hasta hoy ignoradas. Los que así proceden 
entienden muy bien la cuestión. 

En punto á previsiones, hay que acogerlas con mucha reser- 
va, pues si para formularlas no se han tenido en cuenta todos 
los datos necesarios, no deben inspirarnos ninguna confianza. 

Sólo en casos muy raros es suficiente la previsión de los prác- 
ticos, como por ejemplo, en aquellas localidades donde los in- 



dieios son muy marcados y característicos; pero está fuera de 
duda que cambiando de localidad no pueden servir ya estos in- 
dicios. 

Hay, de consiguiente, necesidad de un criterio para apreciar 
el grado de confianza do las predicciones, siempre que conoz- 
camos los fundamentos que se tuvieron para formularlas. Este 
criterio no puede adquirirse sino conociendo cuáles son los fac- 
tores más importantes de todos los que determinan el estado 
del tiempo. Un análisis completo nos enseña lo siguiente: las 
corrientes aéreas constituyen los factores principales entre 
aquellos cuya resultante es el estado atmosférico de un lugar 
cualquiera. 

Ahora bien ; para conocer las leyes de esas corrientes, es pre- 
ciso averiguar el estado simultáneo de la atmósfera en una re- 
gión dada ó en todo el globo. De aquí la necesidad de estable- 
cer observatorios numerosos ó simplemente estaciones meteo- 
rológicas aun en los más apartados lugares de la tierra. 

Suponiendo ya establecida una red completa de observato- 
rios en toda la tierra, si esos observatorios no llenan ciertos re- 
quisitos, las predicciones que se hagan con los datos recogidos 
en ellos, no mei'ecerán toda nuestra confianza, porque para el 
estudio fructuoso de los fenómenos atmosféricos, no es indife- 
rente el punto de observación, debiendo desechar las instala- 
ciones en las ciudades y preferir las de aquellos sitios que estén 
al aire libre, que tengan un vasto hoirzonte y en donde nada 
perturbe los movimientos de la atmósfera. 

Por otra parte, para conocer bien la marcha de las corrien- 
tes aéreas, el nacimiento y las metamorfosis de las nubes, para 
examinar el complicado mecanismo de las tempestades, sus for- 
mas y sus movimientos, es preciso observar en distintas regio- 
nes de la atmósfera. Por esta razón y penetrados de lo que Biot 
decía hace treinta años, que es preciso conocer las capas atmos- 
féricas en donde tienen lugar los fenómenos que estudia la Me- 
teorología, para que el estudio de esta ciencia sea de utilidad in 
contestable, procuran hoy en díalos gobiernos y los particulares 



54 

erigir observatorios en Jos puntos más elevados del planeta, ac- 
cesibles al hombre y en donde sea posible la vida. 

De consiguiente, una predicción hedía con los elementos re- 
cogidos en numerosos observatorios diseminados por toda la 
tierra y á diversas alturas, está fuera de duda que merece una 
confianza completa; la que jamás nos inspirarán las prediccio- 
nes que se hagan sin esos datos. 

El problema es científico, y á pesar de su complicación, no 
ereetnos lejano el día en que se resuelva en todas sus fases. 

Lo que ha faltado han sido elementos ; éstos se adquieren 
en mayor número día á día y una discusión sistemática y orde- 
nada de los mismos dará más luz en las investigaciones que 
cuantas hipótesis se formulen. 

Arago decía en 1846: 

«Jamás, cualesquiera que puedan ser los progresos de la 
ciencia, los sabios de buena fe y cuidadosos de su reputación? 
se atreverán á predecir el tiempo. » 

El error del sabio astrónomo no pudo ser más palmario. Y 
no se culpen ni á la Meteorología ni á los métodos empleados 
para el descubrimiento de sus leyes. Nada autorizaba á Arago 
para lanzar esa restricción tan absoluta acerca de los futuros 
alcances de la ciencia. Si en aquella época los resultados de la 
previsión del tiempo erati nada satisfactorios, culpa fué de ha- 
ber olvidado quienes á la Meteorología se dedicaban que, en el 
estudio de los fenómenos naturales, debe uno comenzar por los 
más generales, puesto que éstos están fuera del alcance de las 
causas perturbadoras locales. 

Nosotros, sólo podremos afirmar que el problema es cientí- 
fico y que para su completa solución lo único que falta es el co- 
nocimiento completo de las leyes que rigen los fenómenos at- 
mosféricos, conocimiento que se conquistará sin duda alguna 
después de un constante estudio, para gloria de los sabios en él 
empeñados y beneficio de la humanidad. 
México, Noviembre 6 de 1892. 

Agustín Aragón. — Juan Mateos- 



55 



IN\'ITAT10N O'OBSERÍER LES NÜÁGES LüMMUX DE IIT; 



Depnis l'an 1885, lo finnament uous rend dans nos latitudes 
témoins d'un phénoméne bien remarquable, digne d'éveiller h 
un liaut degré Pintérét des astrónomos et des géophysiciens. 
Les observations qui ont été enregistrées jusqu'ici au su jet du 
phénoméne appelé « les nuages lumineux de nuits) sont, en resume, 
toutefois essentlellement les suivantes. 

Le phénoméne n'est pas visible, dans la latitude de Berlin, 
qu'une partie de l'année relativement coarte seulement, soit du 
23 mai au 11 aoút. Tandis qu'on l'a observé les premieres an- 
nóes assez f réquemment avant minuit, il ne s'est manifesté dans 
ees quatre derniéres années que presque aprés minuit seule- 
ment. II se présente sous forme de nuages moutonneux qui 
ressortent avec ciarte sur le ciel crépusculalre. C'est par la par- 
ticuliérement que ceux— ci se distinguent des nuages mouton- 
neux ordinaires qui, pour les profondeurs du soleil sous les- 
quelles les nuages lumineux sont visibles actuellement, se des- 
sinent avec un ton sombre sur le crepúsculo éclairé. La couleur 
du phénoméne est en general d'un blanc-bleu, qui vers l'hori- 
zou devient jáunátre ou rougeátre. 

Des levées photographiques rópétées et simultanees, faites 
sur divers points dans les euvirons de Berlin, ont demontre que 
la hauteur des nuages lumineux de nuit est constante et extra- 
ordinairement grande, soit égale á 82 kilómetros. Par suite de 
cette grande hauteur, le soleil, qui se trouve en dessous de Pho- 
rizou, les éclaire et ils ressortent aiusi avec ciarte sur le cré- 



1 Les journaux scientifiques sont priés de faire connaltre le plus possible cette 
iuTÍtation. 



56 

pusculej ou les distingue aussi longtemps seulemeut que le so- 
leil répande sur eux sa lueur; des que l'ombre de la terre leuv 
passe par dessus, ils deviennent invisibles. lis se montrent le 
matiu en general peu de temps avant le crépuseule et disparais- 
sent des que le soleil s'abaisse de moins que 8° á 10° en des- 
sous de l'horizon. 

Les nuages ont déjá étó trés-rares ees deruiéres années. Ils 
ne paraissent envirou que 10 fois seulemeut durant l'espace de 
temps précité, tandis que les premieres années ils étaient beau- 
coup plus fréquents. Leur apparition est sujette en outre á de 
fortes variations; tandis que bien souvent ils se montrent sous 
forme de bandes ou de taches isolées peu lumineuses, ils s'amon- 
celleut quelques fois en grande quantité et avec une forte in- 
tensitó lumineuse. 

Leur lumiére semble étre considerable dans nos latitudes, 
particuliérement les derniers jours de la periodo, du 2 au 6 aoút. 

En genérale on ne peut les apercevoir que dans le voisinage 
de l'horizon et á savoir au--dessus de la partie sous laquelle le 
soleil se trouve. 

Les fréquentes observations des mouvements du phénomé- 
ne, qui ont aprés miuuit toujours lieu de le NE ±40°, font pré- 
sumer avec beaucoup de probabilité, qiie ses mouvements sont 
princij)ale)nent causes par le milieux resisfant de Vespace de Ihinivers. 
Ceci concorde avec le fait que le phénoméue, six mois aprés 
son apparition dans ees contrées, a été observé dans les latitu- 
des meridionales de 53° et cela aussi bien par l'observateur mé- 
téorologique Mr, Stubenraitch a Punta Arenas, que bien des fois 
aussi par des pilotes de vaisseaux. 

D'autres observations ont confirmé l'hypothése d'une migra- 
tion de ce genre; aiusi á Grahamstown sous une latitude sud 
de 33°^ on observa le phénoméne le 27 octobre 1890; une autre 
observation se fit aussi le 17 mai 1892 d'aprés une communica- 
tion par lettre á Haverford sous une latitude nord de 40°. Ces 

1 Comparer les Astron. Nachr. , Nr. 3008. 



57 

époques eomparées au ternps d'ici uous permettent de déduire 
directement de cette apparltion, une migration du phénoméne 
du nord au sud et retour. 

Les nuages luraineux de nuit diminuent d'année en année, 
aussi bien sous le rapport de la fréquence de loar apparítion 
que sous le rapport de leur intensité lumineuse. Malgró que 
dans peu d'années le phénoméne aura eutiérement disparu, il 
semille que des observations seront encoré possibles les années 
proehaines; elles nous renseigneront plus intimément encoré 
sur plu!5Íeurs questions extrémement importantes. 

D'une grande valeur seront surtout á ce sujet les mesures 
de la hauteur apparenle de la limite supérieure des nuages lu- 
mineux á un temps, dans le quel la limite supérieure du seg- 
ment crépusculaire posséde une hauteur relativement petite, de 
1° á 10° environ. Ces mesures servirontátrancher la question, 
cousistant a savoir, si la hauteur des nuages différe sous diffé- 
rentes latitudes géographiques. On supposera ici, que les me- 
sures se rapportent á des points, qui se trouvent dans la limite 
supérieure causee par l'ombre de la terre. 

Le segment crépuí^culaire n'est, ces derníéres années, que 
relativement rarement couvert en entier par les nuages lumi- 
neux de nuit, et il paraissait par suite souvent douteux que le 
point culminant du phénoméne soit vraiment aussi situé dans 
la limite de l'ombre de la terre. 

II est done nécessaire, pour que ces mesures répondent au 
but voulu, qu'on les répéte aussi souvent que possible dans des 
intervalles de peu de minutes. On reconnaít d'ailleurs le soir 
cette limite en general á ce que des parties du phénoméne dis- 
paraissent continuellement en elle du haut en bas, tandis que 
le matin de nouvelles parties deviennent visibles dans cette li- 
mite vers le haut. 

La distance zénithale de la limite supérieure des nuages lu- 
mineux dans la verticale du soleil, pour la latitude de Berlin, 
en admettant que le phénoméne s'étende sur le segment crépus- 
culaire entier, est donnée dans le petit tablean suivaut: 

Revista [192-93]— 88. 



53 



trofondeur du «oleü 
»ii-de8iouB de l'tiorizon 


Dlitance tínltbaU 
de la limite snpérlenn 


12.0 




80 


12.5 




83 


13.0 




35 


13.5 




86 


14.0 




87 



Une lunette permettant en oiitre de voir la limite supérien- 
re du phóaoméne en general plus haut qu'á l'oell nn, et d'autant 
plus haut que l'intensité de lumiére de la lunette est plus gran- 
de, ii est done désirablo de régler á la ligne limite, vue á loeil 
nu. On comparera l'observation faite á l'oeil nu á eelle faite á 
la lanette, et on trouvera facilement la ligne qui correspond 
á la vue á l'oeil nu. L'exactitude de ees mesures devrait, quant 
á l'azimut et á la hauteur, étre de 3' á C, tandis qus le temps 
devrait coincider de 2 á 4 seconds prés. 

Les déterminations du mouvement des nuages lumineux 
ont également une liaute valeur. Elles peuvent servir de base 
á la solution de la question au sujet de la densitó de l'air du glo- 
bo et de son mouvement. 11 serait done vivement á désirer que 
l'ont déterminát, avec une exactitude aussi grande que possi- 
ble, les positions de certains points de nuages á des époques 
différentes. Le changement de forme des nuages est en gene- 
ral considerable; on ne peut done déterminer des positions co- 
rrespondantes de ce genre que dans des durées de temps tres 
restreintes d'une minute environ. 

II est reeommandable de se servir d'appareils pbotographi- 
ques, aussi bien pour déterminer le lieu que le mouvement du 
pbénoméne. Seulement des appareils, dont le rapport du dia- 
métre de l'ouverture á la distance du foyer est au moins de 1:4 
cu plus grand encoré, conviennent á ce but. Un rapport moin- 
dre ferait que la durée d'éclairage serait trop longue et la con- 
séquence s'en suivrait que pour des cliangements subits du phó- 
noméne, les particularitós de ce dernier passeraient inapergues. 



S9 



Pour un appareil dont le rapport dii diamétre de l'ouverture est 
de 1:3, la durée d'éclairage est, pour différentes profondeurs 
du soleil au-dessous de l'horizon, en admettant que le phónomé- 
ne soit bien éclairé, la suivante: 



Profondenr dii «oleil 
aa-desíous de riion2on 


Dnrío 
d'écluirnge 


90 




16' 


10 




21 


11 




27 


12 




35 


13 




48 


14 




72 


15 




122 



Les étoiles se fixant en general ainsí sur la plaque de pho- 
tograpliie, la plaque est ainsi orientée en concordance avec le 
temps. 

Pour ce qui concerne les contrées de l'équateur, il est aussi 
fort importaiit d'étudier d'une maniere approfondie les époques 
du passage des nuage luniineux de nuit au travers de ees con- 
traes. D'aprés les observations recueillies jusqu'ici, le passage 
par l'équateur devrait s'effecteui' entre le commencement de 
septerabre et fin d'octobre, et le retour devrait avoir lien du com- 
mencement de mars á la fin d'avril. Le passage se fera alors, 
pour une latltude sud de 20°, du milieu de septembre au milieu 
de novembre, et du milieu de fóvrier au milieu d'avril, de plus, 
sous une latltude nord de 20°, du milieu de mars au milieu de 
mai et du milieu d'aoút au milieu d'octobre. 

Le passage par l'équateur n'est peu— étre du reste pas aussi 
facile á déduire que nous venons de la faire, par suite de la ro- 
tation journaliére de la terre autour de son axe et d'autres raou- 
vements particuliers de l'atmosphére. II semble méme qu'il ne 
serait poiut imposssible que les époques du passage soient moins 
limitées que comme nous venons de le diré. 

II est en outre probable que les nuages lumineux de nuit se 



8d 

composent d'une sorte parfciculiére de gaz, qui se condense par 
suite da la teinpérature basse qui régne a une hauteur de 82 
kilométres. 

Beaucoup d'autres questions cosmiques dépendent de la na- 
ture de ce gaz, par exemple celle de la tenipérature de l'air de 
l'univers et de l'atmosphére á une hauteur de 82 kilométres, que 
Pon peut resondre par des essais coaiparatiFs faits au laboratoi- 
re. Des levées spectrograpliiques de la lumiére solaire á une 
basse bauteur du soleil, faites dans la saison qui se distingue 
par le pliénoméne des uuages lumineux, sont done pour cette 
raison d'une arrande valeur. Les levées spectrographiques de- 
vront ótre faites aussi bien le soir, court avant le coucher du 
soleil, que le matin court aprés son lever. 

Les contrées de la terre situées plus au tiord, sous une lá- 
titude de 70°, semblent fournir du 15 juin au 15 juillet une 
agglomération de ees nuages particuliérement grande, qui par 
centre devient á peine visible, car le soleil dans cette contrée 
et á cette époque se trouve toujours aic-dessus de Phorizon. II 
serait done alors pour ees régions particuliérement recominan- 
dable de faire des levées spectrographiques de la lumiére so- 
laire, lorsque le soleil a sensiblement baissé. 

Les remarques qui précédent relatives a Pimportance du* 
phénoméne quant aux problémes cosmiques démontrent suffi- 
samment que les observations nécessaires á son étude rentrent 
en majeure partie dans le cbamp do travail des astronomes et 
des geophysiciens. II n'y a aucun doute que les observations 
necessaires pour resondre ees questions ne peuvent étre faites 
par un seul institut. Nous prions done tous les observateurs 
qui ont intérét a activer Pélucidation de ees questions, á coopé- 
rer, par un des modes d'observation precitos, á Ptude des nua- 
ges lumineux de nuit.' 

Berlín, PObservatoire Royal, 1892, septembre. 

W. FOERSTER. 

O. Jesse. 

1 Une publication de O. Jesse, traitant des "Nuages lumineux denuitiT pa- 
raltra prochainement et donncra de plus ampies détails sur l'etat de cette qucstion. 



81 



NUEVAS PÜELICACIONES. 



Annuaire de l'Observatoire Municipal de Montsouris 

pour les annóes 1892-93. París. Gauthier-Villars et fils. 

18° VI -584 pngs. 2 £r. 

Contiene los trabajos efectuados en 1892, que so dividen en 
tres secciones principales: 1" la Meteoorología propiamente di- 
Ciia, confiada á M. León Descroix, que le ha añadido el magne- 
tismo y la electricidad; 2* el servicio químico que, bajo la di- 
rección de M. Lévy, estudia las variaciones de composición del 
aire, de las aguas, etc.; 3** el servicio micrográfico, dirigido por 
M, Miquel, que analiza no sólo la atmósfera de las habitaciones 
y de las escuelas, sino también las aguas, que parece que con- 
ducen los principios contagiosos de tantas enfermedades. 

En este tomo so ocupa M. Descroix do estudiar también las 
relaciones eutre los elementos meteorológicos y ciertas enfer- 
medades, estudio que llegará á ser de grandísima utilidad. 



Braune & FISCHER. Bestimmung der Trágheitsmomente des 
Mensclilichen Korpers und seiner Glieder. Mit 5 taf. und 7 
fig. Leipzig. 1892. 8" 86 págs. ( Ahlmncl. Math.-Phjs. Classe 
K. Sáchs. Gesells. der Wissenschoften ). 



Censo Municipal del Departamento y de la Ciudad de Mon- 
tevideo, Capital de la República Oriental del Uruguay. — 
Edificación, Escuelas, Población ó Industrias. — Levantado 
por resolución de la Junta Económico-Administrativa en 
los días 25 de Septiembre, 5 de Octubre, 18 de Noviembre 
de 1889 y 25 de Enero de 1890.— Montevideo, 1892. 4? 604 
págs. y cartas. 



62 











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Observaciones seísmicas correspondientes al mes de Akil de 1892. 



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0.1 


SW. 














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05 



Aumento liaWo en la Biblioteca de la Sociedad durante el año de 1891. 



ANEXO A LA KESEÍTA DEL SEOEETAKIO GENERAL. 



[CO]srTi]sr"tJAi. 

Berlix. K. Geodatiscbe Institut. Zur Entstehungsgescliichteder europais- 
clien Gradmessiings-Astrojiomisch-Geodütische Ortsbestimmun- 
gen im Hartz, im Jabre 1881. — Gi'admessungs-nivelleraent zwis- 
chen Swinemünde u:id Amsterdam, 1883. — Lotabweichungen, I, 
1886. — Astronomiscb-Geodatische arbeiten, 1881-87. — Gewichts- 
bestimm ungen für Seitenverbaltnisse in Scbematiscben Dreiecks- 
netzen von Dr. Paul Simón, 1889. — Das Mjirkiscb-Tbünringiscbe 
Dreiecksnetz, 1889. Lotabweiebungeninderumgebuiig von Berlín, 
1889. — DasMittelwasser der Ostsee bei Swinemünde, 1890. 

K. Meteorologiscbe Institut. Abbandlungen. I, 1-3, 1890. — Die re- 

genverhaltnisse vom 22 bis 24 Nov. 1890 in Mittel-und West- 
deutschland, von ür. G. Helhnann. — Ergebnisse der Meteorologis- 
chen beobacbtungen, 1879-1885, 1890, II. 1888. 1891, I. 

Natuvwissenchaftlicbe Wocbenscbrift. V, 1890, 51 & 52, VI, 1891, 

1-26, 28-31. 33-40, 42-49. 

Bern. Société Helvétique des Sciences Naturelles. Actes. 73*= session. Da- 
ros, 1890. 

BÉziERS. Société d'étude des Sciences Naturelles. BuUetin. XI, 1888. XII, 
1889. 

Bogotá. Anales de la Instnicción Pública de Colombia, XVII, 1890, Sept. 
.1 Dic. XVIII, 1891, Ene.-Oct. 

Sociedad Colombiana de Ingenieros. Anales de Ingeniería, IV, 39- 

48. V, 49. 

BOLOGNA. R. Accademia delle Scienze deU'Istituto. Rendiconto, 1889-90. 

Boston. American Academy of Arts and Sciences. Proceedings. XXV. 
1889-90. 

Revista [1982-93.]— 9 



66 

Boston. Massachusetts Institute of Technology. Technology Quartevley. 

I, 1887-88, 2-4. II, 1888-89. III, 1890, 4. IV, 1891, 1 & 2. 

— Society of Natuial History. Proceedings. XXV, 1 & 2. 

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Memorial de Ingenieros del Ejército. VII. 1890, 23 y 24. VIII, 1891, 

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XXXI, 1 á 3. — Actas del Congreso Español de Geografía Colonial 

y Mercantil, celebrado en Madrid en los días 4 á 10 y 12 de Nov. 

18S3. I y II, 1884. 
Madrid. Unión Ibero- Americana. III. 1888, 30, 32, 38 y 40. IV, 1889, 42 á 

48, 52 y 53. V. 1890, 54. VI, 1891, 6G á 77. 
Magdeburq. Wetterwarte der Magdebiirgischen Zeitung. Jahrbuch der 

í.íeteoiologiselien beobachtungen, 1881-1890. 
Manchestbh. Gei.lügical Society. Tninsaotions. XXI, 1890-91, 1-11. 
Manila. Observatorio Meteorológico de la Compañía de Jesús. Observa- 
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Marseillk. Société Soienlifique Flammarion. BuUetin, 1889 & 1890. 
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Mej.bour.n'E. Victorian Institute of Surveyors. Transactious and Procee- 

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le e diurno della pioggianel clima di Milano per E. Pini, 1891. Os- 
servazioni meteorologiche, 1890. 
Mineo. R. Osservatorio Meteorológico -Geodinaraico. Bollettino mensile. 

1890, Nov. & Dic. 1891. Enero, Feb. Abril-Oct. 
MlNNiCAPoLls. Geológica! and Natural History Survey of Minnesota. 8"» An- 
nual Report, 1889.— Bulletin n? 6: The Irou Ores of xMiimesota by N. 
H. & H. V. Winchell. 1891. 
MONCALIERI. Osservatorio Céntrale. Bollettino mensuale. X, 1890. XI, 

1891. 
MoDENA. R. Accñ,demia di Scienze^, Lettere ed Arti. Memorie. Serie II. 

1890. vir. 
MONTKVIDEO. Asociación Rural del Uruguay. Revista. XIX, 1890, 21á24. 
XX, 1891, 1 á 20. 

Dirección de Estadística General. Anuario Estadístico de la Repú- 

blica Oiiental del Uruguay, 1891. — Comercio exterior y movi- 
miento de navegación, etc., 1890. 
Dirección general de Instrucción pública. Boletín de Enseñanza Pri- 
maria. IV, 1891, 19 ú 24. 

Observatorio Meteorológico del Colegio Pío de Villa Colón. Boletín 

mensual. II, 1890, 11. III. 1891, 1 á 4. 
Moscou. Société Irapériale des Naturalistes. Bulletin, 1887, 4. 1890, 2 & 8. 
1891, 1. 

Meteorologisclie beobachtungen, 1889, I. 1890, I & 11. 



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wittermigvorbaltnisse ira K. Bayern. 1890, Nov. & Dic. 1891, Enero, 
Marzo-Oct. Beobachtmigen, XII, 1890, 3 & 4. 1891. 1. 
Nancy. Société de Géographie de TEst. Bulletin, 1890, 4? triin. 1891, 1?, 
2? y S^f triin. 

Société des Sciences. Bulletin des séances, 1891, 4-7. Bulletin, 2? 

serie. X, 1890. 
Napoli. Accademia delle Scienze Fisiche e Matematiche. Eendiconto. 2'.' 
serie. V, 1891, 1-8. 

Societa Americana d'Italia. Prograrama e Statuti, 1890. 

Societa Africana d'Italia. Bollettino. IX, 1890, 11 & 12. X, 1891, 

1-4. 

Societa di Naturalisti. Bollettino. Serie 1? V, I. 

Ne'W-York. Academy of Sciences. Transactions. X, 4-6. 

American Chemical Society. Journal. XII, 1890, 10. XIII, 1891, 1-8. 

American Geogi-aphical Society. Bulletin. XXII, 4 & supl. XXIII, 

1-3. 

Microscopical Society. Journal. VIT, 1891. 

New Haven. Connecticut Academy of Arts and Sciences. Transacti(>n3. 
VIII, 1. 

NlCE. Observatoire. Fondation K. Bisclioffsbeim. Aúnales. II (1887), III 
(1890) y Atlas. 

Ottawa. Commission de Géologie et d'Histoire Natnrelle du Canadá. Rap- 
port annuel. Nouv. serie. III, 1"° et 2™« parties et Cartes. 1887-88. 

Oviedo. Estación Meteorológica. Resúmenes generales de las observacio- 
nes realizadas desde 1851 hasta 1890 inclusive, por D. Luis González Fra- 
des. 1891. 

Palermo. Circolo Matemático. Eendiconti. IV, 1890, 6. V, 1891, 1-5. 

II Naturalista Siciliano. X, 8-12. 

Gazzetta (^himica Italiana. XX, 12. XXI, 1891, 1-10. 

R. 'Accademia di Scienze, Lettere e Belle-Arti. BuUetitno, VII, 1-6. 

VIII, 3. 

R. Osservatorio. Bollettino meteorológico. 1890, Oct. -Dic. 

París. Académie des Sciences de Tlnstitut de France. Comj)tes Rendus 

hebdomadaires, I-CX, 1835-1890.— Mémoires, I-III & V-XLIV.— 
Mémoires presentes par divei-s savants étraugers I-XXX. — Tables 
des Comptes Rendus, 1835-1880. — Tables des Mémoirts. — Recueil 
de Mémoires, Rapports, et Documents relatifs á l'observation du 
passage de Venus sur le Soleil. I-III et Atlas, 8 t. 

( Continuará) . 



Máú Cieiilíica liiloiiio Álzale; 



MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Nfínis. 7-8. 



1892-93. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD, 



Diciembre 11 de 1892. 

Presidencia del socio D. Guillermo E. y Puga. 

Correspondencia. — De las Sociedades de Geografía de 
Brisbane (Victoria), Manchestei* y Oran, del Museo de Histo- 
ria Natural de Nueva York, de la Oficina Internacional de pe- 
sas y medidas (Sevres), de las Oficinas de Estadística y de In- 
genieros de Washington, de la Redacción del " Echo des Alpes" 
(Ginebra) y de la Academia de Ciencias de Texas, aceptando 
cambio de publicaciones. 

De la Comisión de Exposición Histórico -Americana y de 
la Dirección de Estadística de Montevideo, de la Sociedad Real 
de Ciencias de Sajonia, de la Oficina de Ingenieros de Was- 
hington y de la Escuela Politécnica de Delft, remitiendo publi- 
caciones. Del Comité para la celebración del 150? aniversario 
de la instalación de la Sociedad Filosófica Americana en Fila- 
delfia, invitando á la Sociedad "Álzate" para que nombre un 
representante en las Conferencias que se verificarán del 22 al 
26 de Mayo de 1893. Del Sr. Augusto Genin sohcitando una 

RevisU it89í-93.]— lo 



74 

colección de las publicaciones de la Sociedad para la Bibliote- 
ca Nacional de París. Del Gobierno del Estado de Guerrero, 
enviando las noticias de temblores. 

Publicaciones. — Por primera vez se recibieron las délas 
Sociedades de Geografía de Manchester y Brisbane, del Club, 
de Naturalistas de Ottawa, de la Société Scientifique clu Cliíli (San- 
tiago), y de las Oficinas de Estadística y de Ingenieros en Was- 
hington. 

Donaciones. — Se recibieron para la Biblioteca, de los so- 
cios Aguilar y Koenigs (París) y del profesor Zegers (Santiago)- 

Trabajos. — Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orizaha, 
Nov. 1892. 

El socio Epstein leyó algunas refutaciones á los últimos pro- 
nósticos de tiempo publicados por un Sr. Contreras de Guana- 
juato, haciendo ver su fracaso. 

Fallecimiento. — El presidente comunicó la sentida muer- 
te del Sr. profesor Mariano Herrera y Gutiérrez, acaecida el 25 
de Noviembre pasado. La Sociedad "Álzate" lo contaba entre 
sus socios de númei'O desde Mayo de 188G; en elhi ocupó los 
puestos de Presidente y Vicepresidente en diversos años y siem- 
pre le profesó cariño y adhesión. 

Postulación. — Habiendo declarado el Presidente una va- 
cante de socio de número, los socios Garibay, Montiel y Verga- 
ra postularon para dicho título al Sr. Ing. Daniel Palacios. 

El Secretario general, 

Rafael Aguilar y Santillán. 



75 

Enero 8 de 1893. 

Presidencia del socio D. Guillermo B. y Tuga. 

Correspondencia. — Del Comité encargado de la celebra- 
ción del 70° aniversario del nacimiento del ilustre geómetra 
francés Hermite. Miembro do la Academia de Ciencias de Pa- 
rís, anunciando que ha hecho acuñar uaas medallas con la eñ- 
gie de dicho matemático, para los que deseen conservar un re- 
cuerdo de la fiesta celebrada el 24 de Diciembre próximo pasa- 
do. De la Sociedad Romana de estudios zoológicos, de la Oficina 
de Estadística del Japón, de las Sociedades de Geografía de San 
Quintín y del Pacífico, del Ateneo de Brescia y de las Socieda- 
des de Ingenieros y Arquitectos de Roma y Turín, comunican- 
do que aceptan el cambio de publicaciones. Del Observatorio 
Físico Central de San Petersburgo, de la Academia de Ciencias 
de Tejas, del Instituto Físico- Geográfico Nacional de Costa 
Rica, de la Comisión Geológica de Tejas y de la Dirección de 
Estadística de la República, remitiendo sus respectivos traba- 
jos. Del Director de Correos y Telégrafos de la Re|iública Ar- 
gentina, obsequiando un ejemplar de las estampillas de correo 
de á 2 y de á 5 centavos, emitidas el 12 de Octubre de 1892, eíi 
conmemoración del 4? centenario del descubrimiento de Amé- 
rica. 

Publicaciones. — Se recibieron por primera yez las de la 
Sociedad Romana de estudios zoológicos, de las Sociedades de 
Ingenieros y Arquitectos de Roma y Turín, del Colegio de In- 
genieros y Arquitectos de Ñapóles, de la Oficina de Estadística 
del Japón, de la Academia de Ciencias y de la Comisión Geoló- 
gica de Tejas, de las Sociedades de Geografía de San Quintín 
y del Pacífico, de la Sociedad Filosófica del Cabo de Buena Es- 
peranza y el Giornale di Mineralogía e Cristallografia del Profe- 
sor Sansoni de Pavía. 



76 

Donaciones. — A la Biblioteca ingresaron las de los socios 
Koenigs, Haton de la Goupilliére (París) y Aguilar y de los Sres. 
Agreda y Gauthier-Villars. 

Elecciones, — Se procedió conforme á reglamento á la elec- 
ción de los miembros de la Junta Directiva. El socio que sus- 
cribe propuso se nombrara al socio Rafael Aguilar y Santillán 
Secretario general perpetuo, proposición que fué aprobada por 
aclamación. La Junta Directiva quedó así: Presidente, Inge- 
niero Guillermo B. y Puga (reelecto). Vicepresidente, Lie. Ra- 
món Wanteíola. Secretario general perpetuo, Rafael Aguilar y 
Santillán. Secretario, Ingeniero Agustín Aragón. Tesorero, In- 
geniero Gilberto Montiel y Estrada. 

Trabajos. — Vicente Fernández, Las estrellas fugaces de 23 
de Noviembre de 1892. 

Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orizaba. Diciembre, 
1892. 

El Secretario general leyó la Reseña de los trabajos de la So- 
ciedad durante el año de 1892. 

Nombramientos y Comisiones. — Quedó nombrado por 
unanimidad socio de número el Sr- Ingeniero Daniel PALA- 
CIOS, Profesor en la Escuela Nacional de Ingenieros. 

Quedaron nombrados los socios Aguilar y el suscripto para 
proponer las reformas que sean convenientes al Reglamento, y 
los socios Epstein, Manterola, Mateos, Segura y Villada para 
iniciar los medios más conducentes á que las sesiones sean más 
interesantes y en general al progreso de la Sociedad. 

E\ Secretario, 

Agustín Aragón. 



77 



necrología. 



EL SR IN&ENIERO I VIGENTE REYES. 



El día 23 de Septiembre de 1892 murió en esta capital en la 
2* calle de Vanegas iiúm. 1, el Sr. D. Vicente Reyes, Ingenie- 
ro civil y Arquitecto. Por desgracia para nuestra patria los hom- 
bres de su temple son muy raros. Honrado á carta cabal, de 
carácter enérgico y firme, que nunca contemporizaba con todo 
lo que no fuese equitativo y justo, jamás se doblegó ante el po- 
deroso, aun con detrimento de sus propios intereses. De ver- 
dadero talento, de profundo saber, y no con esa sabiduría su- 
perficial tan común en nuestros días, ese talento y ese saber se 
manifestaron en todos y cada uno de sus trabajos y escritos, aun 
cuando fuesen de índole variable. Amante de decir siempre la 
verdad, esto le granjeó alguna reputación de poco culto en la for- 
ma y algo satírico en el habla; pero era que su espíritu levan- 
tado no consentía falsedades ni hipocresías. ¿Qué extraño es, 
pues, dados estos antecedentes y la índole general de nuestro 
siglo y de nuestra sociedad, que sólo se conmueve con lo apa- 
ratoso é insustancial, que haya muerto pobre, que su muerte 
sólo haya sido conocida y sentida de algunos pocos y fieles ami- 
gos que le acompañaron á su última morada en el cementerio 
de Dolores? 

Nació el Sr. Reyes en la ciudad de Cuantía de Morelos el 21 
de Enero de 1850. Después de haber cursado con aprovecha- 
miento las primeras letras en su ciudad natal, pasó á hacer sus 
estudios secundarios el año de 1862 al Colegio dirigido por el 
Sr. Guilbault, sito en la calle del Seminario número 7, y en don- 
de, así como en otros varios establecimientos análogos dirigidos 



por profesores extranjeros, se impartía una instrucción secun- 
daria bastante sólida. Aquí también se distinguió por sus rápi' 
dos adelantos en los diversos ramos de diclia instrucción. 

El año de 1864: entró á la Academia de Bellas Artes para 
cursar los estudios del Ingeniero civil y del Arquitecto, y lo hi- 
zo, como era de esperarse, con notable aprovechamiento tanto 
en la parte científica como en la artística, cualidad por cierto 
muy notable y bastante rara entre las personas que cursa¿i di- 
chas carreras y que demuestran hasta dónde llegaba su inteli- 
gencia y su saber. 

El plan de estudios de 1867 separó con poquísimo tino las 
carreras del Ingeniero civil y del Arquitecto, que tan bien se 
adunaban y completaban en la referida Academia de San Car- 
los. Con este motivo el Sr. Reyes pasó á concluir los estudios 
de Ingeniero civil en la Escuela de Ingeniñros. 

Habiendo terminado sus estudios teóricos el año de 1870, 
hizo su práctica de Ingeniero civil en unión de algunos de sus 
compañeros al año siguiente en el ferrocarril de Veracruz, y cu- 
yos trabnjos principales estaban entonces en Atoyac, Córdoba, 
Metlac y Maltrata. 

El año de 1872 vio coronados y recompensados sus esfuer- 
zos, recibiendo por separado los títulos de Ingeniero civil en la 
Escuela de Ingenieros y de Ingeniero arquitecto en la Escuela 
de Bellas Artes. 

Los tiempos eran entonces poco propicios para el ej'ercicio 
de estas profesiones, así que el año de 1873 ó 1874 acudió al lla- 
mamiento que le hizo el general Leyva, entonces Gobernador 
del naciente Estado de Morolos, quien le confirió laclase de Ma- 
temáticas y Cosmografía en el Instituto Científico y Literario 
del Estado en Cuernavaca. Por ese. tiempo y en 1876 hizo una 
larga serie de observaciones meteorológicas en dicha ciudad, 
acerca de cuyo clima escribió una Memoria muy interesante. 

Poco después fué electo diputado á la Legislatura del Esta- 
do, puesto que desempeñó hasta la caída del Gobierno de D. 
Sebastián Lerdo de Tejada en la capital y la del general Leyva 



79 

en Cuernavaca. Poco atites había sido uombi'aío Secretario ge- 
neral de gobierno por el mencionado general Loyva. 

Regresó después á la capital de la República y entonces el 
Sr. Lie. D. Ignacio M. Altamirano, Oficial Mayor del Ministe- 
rio de Fomento, justo apreciador del méi'ito y relevantes cua- 
lidades del Sr. Reyes, le nombró segundo jefe del Observatorio 
Meteorológico Centi^l, de nueva creación. Desempeñó con no- 
table éxito sus labores en este Instituto, publicando multitud 
de trabajos de gran mérito,' que aparecieron principalmente 
en el Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística^ hasta el 
mes de Noviembre de 1880, en que se separó de él para pasaf 
á trabajar en el ferrocarril llamado de SulUvan ó do la vía an- 
gosta, comenzando desde simple nivelauoi* y transit man, hasta 
llegar á ser en poco tiempo jefe de sección; fué muy estimado 
por los directores de dicho ferrocarril. 

En el Observatorio Meteorológico Central instaló los instru- 
mentos magnéticos ó hizo una larga y regular serie de observa- 
ciones que es la primera de importancia que se tiene, publican- 
do la descripción y uso de los instrumentos. 

Fué nombrado [lor el Cxobierno, jefe de una de las secciones 
del ferrocarril de Tehuantepec, y desempeñó asimismo y siem- 
pre con brillante éxito varias comisiones, ya del Gobierno, ya 
de particulares. Fué uno de los miembros más asiduos y escla- 
recidos de la Sociedad de Geografía y Estadística, de la cual 
fué varias voces Secretario, y nunca faltaba á sus sesiones cuan- 
do estaba en la capital Fué también uno de los miembros más 
distinguidos de la Sociedad de Ingenieros de esta ca|>ital y la 
nuestra lo contaba entre sus socios honorarios desde Marzo de 
1889. 

Se consagró con éxito al estudio de la Arqueología y al de 
los idiomas indígenas. 

Son numerosos los escritos que dejó sobre varios ramos. 

El año de 1870 obtuvo, en unión del Sr, José L. Collazo, el 

1 Véase Bibliografía Meteorológica Mexicana, por R. Aguilar. Memorias, t. 
IV, págs. 26 y siguientes. 



premio en el concurso pava un monumento nacional á Hidalgo 
en Dolores, y cuyo monumento tuvo el gusto de ver concluido, 
dirigido por él, después de muchas peripecias, el año de 1890. 

Por último, fué nombrado por el Gobierno federal para pro- 
yeatar y ejecutar el monumento á los mártires de Uruapan, al 
cual consagró su saber y pericia hasta sus últimos instantes, sin 
haber tenido la satisfacción de verlo concluido. 

Finalmente, una enfermedad contraída en el desempeñado 
su profesión le llevó al sepulcro en la fecha ya citada; con él 
murió uno de los buenos hijos de México por su saber, por su 
integridad y por todas las demás cualidades que le adornaron. 
Sirvan estas cortas líneas como respetuoso homenaje que la So- 
ciedad "Álzate" rinde á su memoria. 



EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. 1893. 

DEPAETAMENTO DE CIENCIAS Y EILOSOFIA. 



División general de Meteorología, Climatología y Magnetismo 

terrestre. 



Informe preliminar del Comité de los Congresos de la Exposición para un Congreso 
de Meteorología, Climatología y Magnetismo terrestre. 

Se ha reconocido siempre para honra de América, que el 
primer Congreso Internacional de Meteorología aprobado por 
los gobiernos del mundo, fué el que tuvo lugar en 1853 en Bru- 
selas, por iniciativa del Gobierno de los Estados Unidos. 

De entonces acá muchas conferencias internacionales im- 
portantes han tenido lugar; pero se considera que se necesita 
aún mayor unidad en los métodos y asuntos meteorológicos, y 



»1 

que el adelanto futuro se facilitará mucho por medio de una 
discusión relativa al estado presente de este ramo de las cien- 
cias apliealas. Atendiendo á este fin, el Comité de Congresos 
ha organizado una serie de reuniones en las cuales los meteo- 
rologistas y climatologistas de todos los países se reunirán pa- 
ra el cambio de opiniones y para la discusión de las cuestiones 
de más importancia y actualidad en este campo de la ciencia. 

f^l Comité de Congresos es una organización separada que 
trabaja en completa armonía con la Exposición Colombina del 
Mundo j está reconocido por el Gobierno de los Estados Unidos, 
y hasta cierto punto sostenido por los fondos suministrados por 
el mismo. 

La Dirección de la Exposición se ha encargado de propor- 
cionar las salas de audiencia para las sesiones del Congreso y 
de sufragar los gastos incidentales para dichas reuniones. Se 
tomarán las medidas necesarias para la publicación y distribu- 
ción de los trabajos de los diversos Congresos que tendrán lugar. 

Un Congreso de la naturaleza indicada tiene un aspecto per- 
sonal y privado en el sentido de que la asistencia á él es ente- 
ramente voluntaria. Por otra parte, tiene una importancia oficial 
é internacional en aquellos asuntos de interés general é inter- 
nacional que serán discutidos por hombres de gran reputación 
universal, que en seguida tendrán una poderosa influencia pa- 
ra dar forma al curso de la legislación futura en sus naciones 
respectivas. 

El Comité general de los Congresos Meteorológicos, al cual 
incumbe el arreglo de los detalles que pueden contribuir al éxi- 
to de la asamblea, está profundamente impresionado con la im- 
portancia del asunto que se considera. El rápido progreso de 
todas las ciencias durante los cincuenta años pasados nos pro- 
porciona buenas razones para prever un adelanto auu más rá- 
pido para lo futuro. • 

El objeto del Congreso será el de pasar en revista breve- 
mente los adelantos que se han hecho hasta hoy en cada rama 
de la meteorología y sus aplicaciones á la agricultura, navega- 

RevisU [1899-93]— 1 1. 



82 

ción, ingeniería, hidráulica, molinos de viento, etc., y su auxilio 
en las cuestiones de geología y en la aclimatación y distribución 
de las plantas y animales. Tienen aún lugar en tal discusión, 
él enlace entre la meteorología y el magnetismo terrestre, los 
temblores, los volcanes, la caída de estrellas meteóricas, la au- 
rora y la variable condición del Sol. 

El asunto de la Meteorología económica recibirá también la 
debida consideración. Bajo el punto de vista del público el»éxi- 
to se mide por pesos y centavos. Del público dependen los me- 
dios de adelanto futuro, y nada mejor que guiar su interés por 
medio de asuntos prácticos. 

Se consagrará también algún tiempo al asunto de la Meteo- 
rología en las escuelas. Como la importancia del conocimiento 
de la Meteorología se manifiesta por sí misma en el espíritu pú- 
blico, llegará día en que se considerará deficiente una educación 
escolar común, si no se ha dado por lo menos alguna instruc- 
ción rudimentaria sobre este importante asunto. 

La siguiente clasificación de princi{»ios parece la más ade- 
cuada para indicar el rango apropiado de los asuntos, incluyen- 
do muchos que pueden relegarse á subcomités y ser discutidos 
en asambleas especiales del Congreso. 

a. — Instrumentos y métodos de observación. En esta sec- 
ción se discutirán todas las cuestiones relativas á los instru- 
mentos meteorológicos, observaciones, reducciones, correccio- 
nes y análisis. 

&. — Ciencia Meteorológica, para incluir los principios gene- 
rales, de la Meteorología teórica, ciclones, tempestades secun- 
darias, etc. 

c. — Climatología. 

(?. — Meteorología Agrícola é Higiénica. 

e. — Meteorología Marítima. 

/. — Servicio áel Tiempo del Gobierno, para incluir los prin- 
cipios generales de la telegrafía del tiempo, predicciones, veri- 
ficaciones, tempestades especiales y otros servicios. 

g. — Magnetismo Terrestre y Electricidad Atmosférica, in- 



S3 

cluyendo las tempestades magnéticas, campos magnéticos cós- 
micos, instrumentos eléctricos y magnéticos, relámpagos, auro- 
ras, etc. 

7í. — Clima Geológico, incluyendo asuntos tales como la épo- 
ca glacial, cambios cuaternarios en el clima, clima según la ño- 
ra y la fauna fósiles. ' 

i. — Literatura Meteorológica, Bibliografía y Biografía. 

El Comiló manifiesta que además de las reuniones públicas 
oficiales, habrá otras muchas conferencias privadas, personales, 
y que los conocimientos atlquiíidos de.este modo facilitarán mu- 
cho la acción armónica entre los meteorologistas durante mu- 
chos años. 

La Exposición se abrirá de Mayo á Octubre de 1893; se ha 
pensado reunir el Congreso Meteorológico durante la semana 
que comenzará el lunes 21 de Agosto de 1S93, designada gene- 
ralmente para la reunión de los Congresos Científicos, para que 
los que deseen asistir á otros puedan hacerlo con comodidad. 

Se anunciarán con oportunidad tanto las secciones especia- 
les en que se subdividirá el Congreso Meteorológico, para ma- 
yor facilidad y expedición, cuanto los caballeros qua tomarán 
parte ev. los trabí^jos de dichas secciones. 

El objeto de este informe preliminar es el de dar á conocer 
á los interesados euálí^s han sido los primeros pasos que se han 
dado para la organización de un Congreso Meteorológico y pa- 
ra promover cordiahnente la cooperaf.ión activa de todas las ofi- 
cinas meteorológicas oficiales, é invitar á todos los indiviiluos 
y Sociedades interesadas en este ramo de las ciencias aplica- 
das. Promovemos la correspondencia y las sugestiones de cual- 
quiera persona que lea este informe, relativos á los asuntos que 
se han de discutir; á las personas para que preparen sus Me- 
morias, y la manera de ordenar los trabajos del Congi*eso. Se 
han hecho esfuerzos pvra obtener informes especiales sobre 
el estado actual do nuestros conocimientos, por algunas perso- 
nas que están familiarizadas con ellos; pero como es fácil que 
el Comité haya olvidado otros de igual importancia, él Presi- 



«4 

dente estimará como un favor, si alguno que se haya dedicado 
á cualquiera rama de la Meteorología, quiere ponerse en comu- 
nicación con el Comité. Las preguntas se dirigirán á las ofici- 
nas indicadas abajo. Los documentos que expliquen los planes 
del Congreso se darán á solicitud de los interesados. 

Mark W. Harrington, Presidente. 
H. C. Franeenfield, M. D., Vicepresidente. 
Ellias Colbekt. W. S. Jackman. 

Charles B. Thwing. Ossian Guthrie. 

WiLLiAM S. Seaverns. R. Grigsby Chandler. 

RlCHARDSON CLOVER. FraNK. H. BiGELOW. 

F. E. NlPHER. G. K. GiLBERT. 

Comité del Congreso General para 
el CoDgreso Meteorológico. 



REVISTA ANUAL DE ASTRONOMÍA 

' DEL AÑO 1891 

ros 

a. BIGOUKDAN 

A.»t>-ónor«>o adjunto al Observatorio d© Parla. 



C Traducido de la Rtvue Genérale des Sciences Purés ef Applvjuéei de París). 



(COKTINtÍA.) 



3? EL SOL. 



Como se sabe las manchas del Sol no son siempre igualmen- 
te» numerosas, sino que así su número como su importancia cr©- 



85 

cen ó decrecen alternativamente. La duración del período es 
próximamente de 11 años ^. La última mínima tuvo lugar en 
1889; actualmente las manchas son ya numerosas y van aser- 
io más y más hasta 1804-, para disminuir de nuevo hasta 1900, 
época de la próxima mínima. 

Los recientes eclipses totales han hecho ver que la corona 
solar experimenta modificaciones cuyo período está acorde con 
el de las manchas; pero se sabe poco del origen de esa especie 
de aureola: Huggins la compara, en cuanto á sus causas, á las 
colas de los cometas; que se debería en su mayor parto, á ma- 
teria procedente del ¡Sol bajo la influencia de una fuerza qui/.á 
eléctrica, variable como la superficie; que esta fuerza podría, por 
consiguiente, llegar á una intensidad suficiente para compen- 
sar con faciliilad la gravitación, aun cerca del Sol; que muchas 
partículas de la corona volverían al Sol, pero la materia que for- 
ma los largos rayos no; que se diseminaría más y más para con- 
tribuir tal vez á formar la luz zodiacal, cuya causa no se cono- 
ce aún bastante. 

La espectroscopia solar ha dado ocasión últimamente á im- 
portantes trabajos, entre los cuales hay que notar el magnífico 
espectro fotográfico del Profesor Rowiand y el dibujo del es- 
pectro solar de Thollon. Este último se había dedicado princi- 
palmente á distinguir las rayas debidas á la absorción produ- 
cida por la atmósfera terrestre (rayas telúricas). Como estas 
rayas telúricas, en igualdad de circunstancias, son tanto más 
intensas cuanto mayor es el trayecto de los rayos solares á tra- 
vés de nuestra atmósfera, dibujaba el espectro cuando el Sol 
estaba muy alto ó muy cercano el horizonte; las rayas que son 
más fuertes en el segundo caso son las telúricas. Este trabajo, 
sencillo en apariencia, es por el contrario extremadamente la- 
borioso, y la muerte impidió á Thollon terminarlo. Felizmente 
tuvo tiempo para completar la parte más importante, bajo el 
punto de vista de las rayas telúricas, porque su dibujo compren- 
de todo el intervalo de las rayas A y h. 



S6 



4? MEECUEIO, VENUS, MASTE. 

Hemos llegado, por decirlo así, al dominio particular de 
Schiapai-eili, quien en 1877 descubrió los canales de Marte des- 
pués su desdoblamiento; en 1889 hizo ver quo Mercurio gira 
sobre sí mismo^ no como se había creído durante mucho tiem' 
po, en algunas horas, sino á 88 días; en fin, sus observaciones 
han echado por tierra la confianza casi ciega que se había teni- 
do durante lóO años á la duración de la rotación de Venus, de- 
ducida de antiguas observaciones y confirmada después. 

El trabajo de 8chiaparelli relativo á Venus no ha disipado 
todas las dudas y aún concienzudos observadores creen que la 
duración de la rotación de dicho planeta es de unas 24: horas. 



5^ JÚPITER. 

La gran mancha roja observada en Júpiter desde 1878, y 
que ha perdido durante algún tiempo algo de su brillo, fué en 
1891 tan brillante como en 1879, época en que llamó la atención 
genei'al. Hay que notar que esas dos> máximas de brillo se pro- 
dujeron con un intervalo de doce años, duración de la revolu- 
ción del planeta al rededor del Sol. Se ha observado que al acer- 
cársele las otras manchas se disipan ó se desvían como por un 
obstáculo. 

Los eclipses de los satélites de Júpiter son de muy fácil ob- 
servación aun con débiles instrumentos; antes prporcionaban 
una de las más preciosas ocasiones para la determinación de las 
longitudes terrestres y para el cálculo de la velocidad do la luz. 
Los del primer satélite, que so observan hasta con 4 ó 5 segun- 
dos de aproximación, podrían también utilizarse; respecto á los 
otros satélites, la incertidumbre es muy grande á menos que se 
empleara un método fotométrico como el de M. Cornu. 

Cuando estos satélites pasan entre Júpiter y nosotros, atra- 



87 

viesan el disco del planeta y presentan entonces fenómenos va- 
riados. Veamos el casoor<iinario; cuando el satélite entra sobre 
el disco de Júpiter, se le percibe como un peqtieño disco bri- 
llante que se proyecta sobi'e un fondo poco menos claro; en se- 
guida se le pierde gradualmente de vista porque el centro de 
Júpiter es más brillante que los bordes, y á la salida se repro- 
ducen las mismas apariencias en sentido inverso. Algunas ve- 
ces se proyectan en negro sobro el disco del planeta, producién- 
dose así lo que se llama los pasos sombríos, que se explican, 
fácilmente si el brillo del satélite es notablemente inferior al 
del planeta. 

Uno de los fenómenos más curiosos que han presentado es- 
tos satélites, fué el observado por Barnard el 8 de Septiembre 
de 1890: este hábil observador vio claramente el primer satéli- 
te doble, que se proyectaba en ese momento sobre Júpiter; la 
dirección de las dos partes era perpendicular á las bandas del 
planeta y la sombra del satélite era perfectamente redonda. Es- 
ta notable apariencia se debió sin duda á.la presencia acciden. 
tal de una banda obscura sobre el ecuador del satélite. 



6? SATUENO, UEANO, ITEPTUNO. 

En 1891 tuvo lugar la desaparición del anillo de Saturno. 
Primero, el 22 de Septiembre la Tierra pasó por el plano del 
anillo, que no presentándonos entóneos más que una raya, se 
hizo invisible. Algunos días después, el 30 de Octubre, el pla- 
no del anillo pasó por el Sol, y no estando iluminadas sus fases 
no pudimos percibirlo. Cuando estas desapariciones se produ- 
cen en condiciones favorables, su observación atenta, puede 
descubrir su estructura; pero no fué así en 18DI. 

Varias ocasiones se han señalado dentelladuras sobre los 
anillos, pequeñas manchas blancas hacia el ecuador del plane- 
ta; pero estos detalles, indicados por observadores provistos de 
instrumentos pequeños, no se han percibido con instrumentos 



88 

más poderosos; sin duda la observación de la oposición de 1$92 
nos aclarará si su existencia es real. 

En Ur^no se pereil)en de tiempo en tiempo sobre su disco 
bandas débiles que indican sin duda la posición del ecuador del 
planeta, pero que nada nos han mostrado acerca de la duración 
de su rotación. 

En cuanto á Neptuno no se le ha podido percibir detalle al- 
guno sobre su pequeño disco de 2 segundos de diámetro. 

( Continuará ). 




necrología. 



El Sr. Profesor Mariano Herrera j Gitiérreí 



Cubre en estos momentos á la Sociedad Científica "Antonio 
Álzate" denso luto, teniendo que lamentarse por la pérdida de 
uno de sus miembros más laboriosos. 

El 25 de Noviembre último descendió al sepulcro á la edad 
de 33 años el Bi'ofesor D. Mariano Herrera y Gutiérrez, socio de 
número, dejando un vacío difícil tle llenar, no sólo al lado de sus 
desolados padres, sino en la sociedad entera, en la cual á pesar 
de sus pocos años, habíase conquistado un honroso puesto, ad- 
quiriendo justa reputación. 

Nació el Sr. Herrera y Gutiérrez en la ciudad de Uruapan 
(Estado de Michoacán) el 19 de Enero de 1859, Fueron sus pa- 



8<J 

dres el Dr. D. Teodoro Herrera y D " Justina Gutiérrez. La en- 
señanza de sus primeros años la recibió en Morelia, concluida 
la cual se consagró al estudio de las ciencias naturales, dirigi- 
do por el señor su pa^i-e, el que comprendiendo las inclinacio- 
nes de su hijo y los frutos que podía obtener de aquella inteli- 
gencia quf* desde entonces indicaba ya superioridad, no omitió 
esfuerzo alguno para proporcionar á su hijo los elementos in- 
dispensables á fin de que pudiera obtener la mayor suma de co- 
nocimientos. Posteriormente pasó á la ciudad de Zamora para 
hacer allí sus estudios profesionales, concluidos los cuales vino 
á la capital de la República para sustentar el examen profesio- 
nal que el Cuerpo Legislativo le concedió en vista de los hon- 
rosos certificados que acreditaban tener concluidos sus estudios. 
En 28 de Octubre de 1876, es decir, á la edad de 17 años obtuvo 
por unanimidad de votos el título de Profesor en Farmacia, ha- 
biéndose hecho además acreedor á que el presidente de su ju- 
rado calificador hiciera de él una mención honorífica dirigién- 
dole palabras honrosas en vista de los múltiples y bien basados 
conocimientos que demostró poseer. 

Concluida su carrera se radicó el Sr. Herrera en üruapan, 
donde permaneció bastante tiempo no sólo dedicándose al ejer- 
cicio de su profesión y al estudio de los productos naturales de 
aquella localidad, sino también en completar los estudios y re- 
quisitos que le faltaban para concluir su carrera de Doctor en 
Medicina, y en 1886 vino de nuevo á esta ciudad para obtener 
el título que ambicionaba; pero causas enteramente ajenas á 
su voluntad le impidieron presentar su examen, y entre otras, 
la situación por la que atravesaba su familia y de la que siendo 
él su único apoyo, tuvo que dedicar la mayor parte de su tiem- 
po á conseguir el sustento de sus padres. No por eso dejó nues- 
tro sentido compañero de seguir sus estudios ó investigaciones 
dedicándose con especialidad á la Química, ramo en el que al- 
canzó verdaderos progresos, y como premio á sus afanes encon- 
tró un nuevo procedimiento metalúrgico de indisputable méri- 
to, según el parecer de beneficiadores reputados, con el cua^ 

RerisU [i85»-93.J— 12 



90 

tenía esperanzas de adquirir los recursos necesarios para cubrir 
las necesidades de su familia y poder concluir su carrera. Abri- 
gaba esas esperanzas que estaban próximas á realizarse y veía 
ya coronados muchos de sus afanes con una magnífica reputa- 
ción y el aprecio de todos sus amigos, cuando el Supremo Crea- 
dor quiso privarlo de la existencia, siendo víctima de rápida 
perniciosa que en menos de 30 horas le abrió las puertas del se- 
pulcro. 

La Sociedad "Álzate" contaba al Sr. Herrera como uno de 
sus socios más laboriosos y que siempre se preocupó no sólo por 
cumplir sus deberes, sino por dar mayor realce al nombre de la 
Sociedad. Ingresó como socio de número el mes de Mayo de 
1886. Fué Presidente de la Sociedad en 1888; Vicepresidente 
lósanos de 1887 y 1891. 

Los principales trabajos que presentó y que la Sociedad pu- 
blicó en sus Memorias, fueron: 

"La urea y su determinación cuantitativa." Tomo I, pági- 
na 116, 

"Preparación del ácido sebácico." Tomo II, página 91. 

"Análisis de la dolomía del distrito de Uruapau y sus apli- 
caciones." Tomo III, pág. 93. ' 

Quisiéramos no sólo apuntar los hechos principales de la vi- 
da de nuestro consocio y señalar algunos de los muchos méri- 
tos que conquistó, sino pintar su carácter afable, su leal amis- 
tad, el cariño grande que tenía á sus padres y otras muchas cua- 
lidades que lo hacían acreedor á la verdadera estimación de que 
gozaba no sólo como hombre público, sino en el seno del hogar 
y en la intimidad de sus mejores amigos. 

Sirvan estas cortas líneas, ya que no de último tributo á lo 
que merecía el Sr. Herrera, á lo menos de testimonio del parti- 
cular afecto que la Sociedad "Álzate" le tenía y como muestra 
de la veneración con que recuerda su memoria. 



91 



bibliografía. 



Annuatre pour l'an 1893 publté par le Bureau des Lon- 
gitudes. París. Gauthier- Villars et lüs. 18° Y-868 págs., 
figs. y 2 cartas magnéticas. — 1 fr. 50. 

Contiene las noticias siguientes: El Observatorio del Monte 
Blanco, por J. Janssen. Correlación de los fenómenos de electri- 
cidad estática y dinámica y la definición de las unidades eléctri- 
cas, por A. Cornu. Discurso sobre la Aereonáutica pi'onunciado 
en el Congreso de las ¡Sociedades científicas, por J. Janssen. 
Discurso pronunciado en los funerales de Ossian Bonnet, por 
F. Tisserand. Discursos pronunciados en las exequias del Al- 
mirante Moucliez,.por Faye, Bouquet de la Grye y Loewy. Dis- 
curso pronunciado por J. Janssen á nombre de la Oficina de 
Longitudes, en la inauguración de la estatua del General Pe- 
rrier, en Valleraugue (Gard). 

Además tiene multitud de datos relativos á pesas y medi- 
das, monedas. Estadística, Geografía, Física, Química, Minera- 
logía, Astronomía, etc. 



Cruls L., Directeur de l'Observatoire de Rio de Janeiro. Le 
Climat de Rio de Janeiro. D'aprés les observations mó- 
téorologiques faites pendant la póriode de 185L á 1890. Rio 
de Janeiro. 1892. 4? 71 págs. y XXV láminas de curvas. 

Ponemos á continuación los valores normales anuales que 
el autor reasume en un cuadro al fin de su importante trabajo: 

Presión barométrica 757."'°26. Temperatura media 23.<^45. 
Temperatura máxima media 31.51 (la máxima absoluta SQ.*^, 



92 

8 de Dic. 1889). Temperatura mínima media 15.081 (mínima 
absoluta 10,o2, 1 ° de Sept. 1882). Humedad relativa 78. Nebu- 
losidad 64. Altura de la lluvia 1091. """3. Número de días de llu- 
via 127. Número de días de tempestad 30. Viento dominante 

SSE. 



NUEVAS PUBLICACIONES. 



A Journal of A:merican Ethnology and ArchaeoIíOGy. 
Editor J. Walter Fewkes. Vol. III. Bostou and New York, 
Hongbton, Mifflin and Company. The Riverside Press, Cam- 
bridge. 1892. 8? 144 págs. y 1 lám. 

Esta interesante publicación hecha bajo los auspicios de 
la Ilememvay Sontliwestern Arclmeological ■Expedition, contie- 
ne las siguientes Memorias: 

An Outline ofthe Bocumentary History oftJie Zuñi Tribe, hy 
A. F. Bandelier. (115 págs.) 

Somatologicál Ohservations on Indians of the Southvest, by 
Dr. Hermán F. C Ten Kate. (26 págs.) 

Favaro Antonio. Per il terzo centenario dalla inaugurazioue 
dell'insegnamento di Galiieo Galilei nello studio di Padova. 
VIIDicembre MDCCCXCII. Firenze. Tipografía di G. Bar- 
bera. 1892. Fol. 29 págs. 1 retrato y XXV documentos. 

Ferraris Garlo F. Onoranze centenarie a Galileo Galilei. 
Discorso pronunziato il di 7 Dicembre 1892 nell'Aula Mag- 
na della R. Universitá di Padova al cospetto di S. E. il Mi- 
nistro dalla Pnbbliea Istruzione rappresantante S. M. Um- 
berto I Re d'Italia dal Rettore Magnifico Cario F. Ferraris. 
Padova. Stabilimento Prosperiní. 1892. Fol. 7 págs. y una 
lám. 



93 



Hankel & LlNDENBERG. Ueber die thermo-und piézoelektris- 
chen eigeiischaften der krystalle des chlorsauren natrons, 
des unterschwefelsauren kalis, des seignettesalzes, des re- 
sorcins, des milchzuckers und des dichromsauren kalis. — 
Mit. 3 taf.— Leipzig. 1892. 8° 47págs. (AWiand. MatJi.-Phys. 
Classe K. Scichs. Gesells. der Wissenscliaften). 

Memoria presentada al Congreso del Estado por el Goberna- 
dor Constitucional de Zacatecas C. General Jesús Aréchiga- 
sobre el estado que guardó la Adnainistración pública, du, 
rante los cuatro años de su Gobierno, á contar desde el 16 
de Septiembre de 18S8 al 15 de Septiembre de 1892.— Za- 
catecas, 1892. 4° 284 págs., estados y 4 fotografías. 

Philippi Dr. R, A. Algunos peces de Chile. Con 6 láras. San- 
tiago, 1892. Fol., 16 págs. (Anales del Museo Nacional de 
Chile). 

El Güemul de Chile. Con 1 lám. Santiago, 1892. 

Fol., 9 págs. (Anales del Museo Nacional de Chile). 

Las focas chilenas del Museo Nacional. Con 23 



láms. Santiago, 1892. Fol., 50 págs. (Anales del Museo Na- 
cional de Chile). 

ScHUMANN E. Geschichte der Naturforschenden Gesellschaft 
in Danzig. 1743-1892. (Festchrift zur Feier des 150 Jaeh- 
rigen Bestehens der Naturforschenden Gesellschaft in Dan- 
zig am 2. Januar 1893). Danzig. 1893. Commissions-Ver- 
lág von Wilhelm Engelmann in Leipzig. 8? 149 págs. y IX 
láms. 

Weinek Prof. Dr. L. Astronomisehe beobachtungen au der 
K. K. Sternwarte zuPragin den Jahren 1888, 1889, 1890 und 
1891, nebst zeichnungen und studien des Mondes (Mit 9 
Tafeln in Heliogravure, Photolithographie, Lithographie 
und Farbendruck, 1 graphischen Uebersicht und 4 Abbií- 
dungen im Texte). Prag. 1893. 4" 



u 



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§ .'22 

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95 



OheryacioDcs 


séismicas 


correspondientes al mes de Mayo de 1892. 






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FECHAS. 


HORAS. 


Amplitud án 
gulo-verticíii. 

m. m. 


Direcciüi' apa- 
rente- 


Escala de Fo 
reí y Komi 


b. 


m. 




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0.3 


N. W. 


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10 


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a. m. 


0.1 


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25 


p. m. 


0.1 
0.3 


N. 






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0.5 


N. NE. 


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NK. 


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1 


14 


a. m. 




Conmoción. 


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19 


10 


25 


p. m. 


0.2 


WNW. 


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21 


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56 


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11 


a. m. 


0.2 


ENE. 


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10 


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0.1 j WNW. 


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14 


1i 


0.1 


)} 



96 



Oheryaciones seísmicas cor 


respondientes 


á los meses 

b1. 


de Junio j Julio de M 


ORIZ^A. 








HORAS. 


Amplitud án- 












Kulü-v^rtical 


Dirección apa- 


Escala de Fo 


FECHAS. 






m. m. 


rente- 


reí y Koesi 


h. 


m. 




3 


7 


30 


p. m. 


0.1 


ESE. 


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9 


45 






Conmoción. 


11. 


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11 


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00 


a. m. 




Conmoción. 






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20 


a. m. 


0.3 


NW. 






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25 


p. m. 


0.1 


WNW. 




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3 


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0.1 






29 


3 


36 


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0.2 


E. 


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6 


11 


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p. m. 


0.3 


WSW. 


I. 


7 


1 


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a. m. 


0.1 


NW. 




10 


3 


50 


p. m. 


0.1 


WNW. 




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11 


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Conmoción. 


II. 


12 


6 


30 




1.1 


SSW. 


I. 


19 


11 
3 
6 
9 


03 
16 
36 
43 


p. m. 


0.1 
0.1 
0.2 


}7 

>) 

Conmorióa. 




21 


12 


49 


a, m. 


1.5 


S. 35° W. 


II. 


22 


12 


05 


7> 


2.0 




V 


C. Mottl 



Atioieiito liaMo en la Biljlioleca de la Sociedad ditraÉ A m de 1891. 



ANEXO A LA EESEÑA DEL SEOEETARIO GENERAL; 



t concluye: ]. 

París. L'Ammateur Photographe. 1891. 21-23. 

Americana. Bulletin du Boiiquiíiiste. (E. Dufos.sé~). 7? serie, 5--12. 

Les Anuales PhotographiíjueB. 1891, 32. 

— ■ L'Astrouomie par M. C. Flammarion (Gauthiei'-Villars). 1891. 

Biireau Central Météorologique de France. Bulletin international, 

1891.— Bulletin mensuel, 1890, Nov. & Dic. 1891, Ene.-Oct. 
— : Burean des Longitmíes. Annuaire, 1891. — Connaissance des temps 

pour l'an 1893. — Extrait de la Connai.ssance des temps. 1892. — 

Ephéméiid'.'S des étoilesde culmination lunaire et delongitudepour 

1891 par M. M. Loewy. 1890. 
-r Cosmos. 306-319, 321-333, 335-341, 343-359. 

École Polytechnique. Jouraal, 60. 

Feuille des Jeunes Naturalistes, 1891, 243-254. 

Le Galilée. 1890, 12. 1891, 3-14. 

Journal del'LidustriePhotographique (GaiitMer-VilIars), 1890, -Nov. 

& Dic. 1891, Ene.-Nov. 
■ Musée Pédagogiqne. Revue Pédagogique. XVIII, 1S91. X1X,7-1]. 

Le Naturaliste (E. Deyrole). 1890, 84-88. 1891. 95-97, 99-108, 110- 

114. 

Observatoire de Paris. Rapport Anniiel pour l'auuée 1890 presenté 

au Conseil par M. le Contre-Amiral E. Mouchez, Dir«eteur. 

Observatoire Municipal de Montsouris. Annuaire, 1891. 

líevue Genérale des Sciences Purea etAppliquées. (L. Olivier). 1891. 

9-13. 15-22. 

Revue Géographique Internationale. 1891, 188-191. 

Re\'ista (1893-931 — 13 



París. Revue Scientifique. XLVI, 1890, 25 & 26. XLVII, 1891, 1, 2. 4-2G. 
XLVIII, 1-18, 20, 21, 23 & 24. 

La Science Illustrée, 201-211. 

— Service Géographique derArmée. Rappoit slir les travaux exécutés 

en 1889.— Catalogue des carts, plans et autres oiivrages, 1890. 

Service Hydrograpliique de la Marine. Annales Hydrographiques, 

1890 & 1891. 

Société Astronomique de France. Bullttin, IV, 1890. 

Société Botanique de France. Bulletin, XXXVII, 1890. Sessionex- 

traordinaire a la Rochelle. 
7 Société d'Éconoraie Politique. Bulletin, 1888-1890, 1891, 1 & 2. 

Société de Géographie. Bulletin, 1890, 3? y 40 trim. 1891, a? y 29 

trim, Compte Kendu des séances. 1890, 16 & 17, 1891, 2-17. 

Société d'encouragement pour l'Industrie Nationale. Bulletin, 4? se- 

rie, V, Dic, 1890. VI, 1891, Ene., Feb., Abril-Nov. 

Société de Géographie Commerciale. Bulletin, XIII, 1890-91, 1 & 2, 

Société de Topographie de France. Bulletin, 1890, Oct --Dic. 1891. 

Ene.-Jun. 

Société des Ingénieurs Civils. MémoiresetCorapte Renda . 1890, Nov. 

& Dic. 1891, Ene. -Oct. Annuaire. 1891. 

Société Entomologique de France. Bulletin. 1890, 17 & 18. 1891, 

3-14. 

Société Frangaise de Phy,sique. Séances, 1890, Mayo -Dic. 189i, 

Ene.-Jul. 

Société Géologique de France. Bulletin. XVII, 1889, 10. XVIII, 

1890, 6-8. XIX, 1891, 1-5. 

Société Mathématique de France. Bulletin, XIX, 1-6. 

Société Météorologique de France. Annuaire. XXXVIII, 1890. Ag. 

-Dic XXXIX, 1891, Ene.-Sept. Séances, 1890-1891. 

Société Nationale d'Agriculture de France. Bulletin, 1890, 8-11. 

1891, 1-8. 
Société Zoologique de France, Bulletin, XV, 1890, 8-10. 



Philadelphia. Academy of Natural Sciences. Proceedings. 1890, Abril- 
Dio. 1891, Ene.-Jun. 
— ■, American Philosopbical Society. Proceeding-s, 134 & 135. 

Franklin Instituto. Journal, 1891, CXXXI & CXXXII. 

Pl8A. II Nuovo Cimento. XXVIII. 1890, Nov. & Dic. XXIX, 1891, 1-6. 
XXX, 7 & 8. 

Societá Toscana di ScienKe Naturali. Processi verbali. VII, 1891, 

Enero 18, Marzo 8. 
Padota. Osservatorio della R. Universita. Determinazioni di azimut ese- 
guite in Gingno e Luglio 1874 con un altazinnit di Repsold ed in 



99 

Luglio 1890 con un altazimut di Pistor da G. Lorenzoni. 1891. — 
La velocita o la direziont; del vento a Padova nel ventennio 1870- 
1889. Memoria del Dott. G. Ciscato. 1891. 
Padova. R. Accadcmia di Scienze, Lettere ed Arti. Attiee Memorie. VI, 
1889-90. 

Societa Veueto-Treutina di Scienze Naturali. Atti. XII, 1. BuUe- 

ttino. V. I. 
Prag. K. B. Gesellscliaft der \Vi.s.senschaften. Sitzung.sberichto. Math.- 

Naturw. Classe. 1890, II. Jabresbeiicht, 1890. 
•: K. K. Sternwarte. Magnetische und Meteot-ologische Beobachtun- 

gen, 1890. 
Quitó. Universidad Central del Ecuador. Anales. Serie 4?, 30-40. 
Reims. Société d'étude des Sciences Naturelles. BuUetin, 1891, 1. 
filo DE Janeiro. Auxiliador da Industria Nacional. 1890, Oct.-Dic. 1891, 

Ene.-Jul. y Sept. 

II Brasile. 1890, IV, 11 & 12. 1891, Marzo-Sept. 

' Observatorio. Revista. 1890, V, 10 á 12. 1891, VI, 1 á 7. 

Revista de Egenbaria. 1890, XII, 245 á 248. 1891, XIII, 249 á 263. 

Revista Maritiraa Brazileira. 1890, X, 3 á 6. 1891 XI, 7 á 12. 



Sociedade de Geograpbia. Catalogo da Exposi^ao de Geographia Sul- 

Americana, 1889. 
EOCHESTER, N. Y. Acadeiny of Science. Proceedings, I, 1. 
Roma. Accademia Pontificia deiNuoviLincei. Atti, XLIII, 1889-90. XLIV, 

1890-91, 1-3. 

Direzione Genérale della Statistica. Annuario Statistico Italiano. 

1887-88. 

Istituto Cartográfico Italiano. Edizione tascabile della grande Pian- 

ta, de Roma. Edizione peí 1892. 1 : 12000.— Carta Genérale della Si- 
cilia, secondo i uuovi rilievi del R. Stato Maggiore con speciale in- 
dicazione deiraltinietria, dolle rete stradali e delle circoscrizioni 
amministrative ed elettorali disegnata daG. E. Fritzscbe. 1 : 500COO. 
Dr. Antón Steckers Reise in den Gallalandern. 1891. 1 : lOOOOOO. 

Rassegna delle Scienze Geologicbe in Italia. I, 1 & 2. 

R. Accademia del Linoei. Rendiconti. 4? serie. 1891. VII (i), 1-12. 

VII (11), 1-8. 

R. Coniitato Geológico d'Italia. Bollettino, 1890, 11 & 12. 1891, 1, 3. 

R. Uf&cio Céntrale di Meteorología e Geodinámica. Bollettino me- 

teorico. 1890, Dic. 1891. Ene.-Dic. 

Societa degli típettroscopisti Italiani. Memorie. 1890, XIX. 10-12. 

1891, XX, 1-7, 9 & 10. 

Specola Vaticana. Pubblicazioni. I, 1890. 

Rosario de Santa Fe. Revista Escolar. I, 2, 4-6. 



100 

ROUEX. Société des Amis des Sciences Naturelles. Bulletiu. 1889. I & II. 
1890, I. 

Société Normande de GéograpUie. BuUetin. 1891, Eue.-Jun. 

SA.INT-PÉTERSBOURG. Comité Géologique. BuUetins. IX, 1890, 7 & 8.— Mé- 
moires. Y, 5 (Depóts carboniferes et puits artésiens dans la región 
de Moscou par S. Nikitin. 1890). — X, 1 (Le tremblement de terre 
de Veniy par J. V. Mouchketow. 1890;. — IV, 2 (Algeiueine Geo- 
logische Karte ven Russland, 138. Geologische Untev.suchungen 
im Nordwestlichen Gebiet dieses blattes ven A Stuckemberg. 
1890). — V, 1 (Carte Géologique Genérale de la Eusie, 57. Moscou-, 
Kortschewa, .Touriér,^Borovsk, Jégofiévsk, composée par S, Niki- 
tin. 1890). — VIH, 2 (Die Ammoniteu der untefen Wolga-Stufe 
vun A, Michalski. 1890). 

Physikaliéche < 'entral Ob-servatorium. Repertorium für Meteorolo- 

gie herausgegeben von der K. Akademie der Wissenschaften. Re- 
digirt von Dr. H. Wild, Director. XIII, 1890. 

Salem. Araencan Association for the advanceinent of Science. Proceedinga-s 
XXXIX (Iiidianapolis, 1890). 

San Francisco. Astronómica! Societyof the Pacific. Publications. 1,1889. 
II, 1890. III, 1891, 13, 15, 17 & 18. 

California Academy oy Sciences. Proceedings. 2? serie. III, 1. 

San Fernando. Instituto y Observatorio de Marina. Almanaque Náutico' 

1892. — Catálogo de la Biblioteca, hasta Dic. 188S — Anales. Observacio- 
nes meteorológicas, 1890. 

San José de Costa Rica. "La Gaceta." Diario Oficial. 

— '■ Instituto Físico-Geográfico Nacional. Anales. II. 1889, 2. 

Museo Nacional. Antigüedades de Costa Rica, por el Dr. H. Pola- 

kowsky, 1890. — Memoria de la Secretaría de Gobernación, Policía 
y Fomento, 1890. 

San Salvador. Observatorio Meteorológico y Astronómico. Observaciones 
meteorológicas. 1891, Febrero á Agosto. 

Santiago de Chile. Oficina Hidrográfica. Anuario Hidrográfico de la Ma- 
rina de Chile. XV, 1890. 

Sociedad de Farmacia. Anales. VII, 1 á f?. 

- — — Sociedad de Fomento Fabril. Boletín. 1890, Vil, 10 á 12. 

Sociedad Nacional de .agricultura. Boletín. 1890, XXI, 22 á 24 1891. 

XXII, 1 á 14, 17 á 20. 

Sociedad Nacional de Minería. Boletín. 1890, 11, 28 á 30. 1891, III. 

31 á 36. 
Siena. Rivista Italiana di Scienze Naturali e BoUettino del Naturalista. 

XI, 1-9. 
Siracusa. Osservatorio Céntrale. Osservazioni meteorologiche. XIV. 1890. 
6-12. XV, 1891, 1-G. 



101 

Stonyhurst. CoUege Observatory. Kesults of Meteorológica!, Magnetical 
aud Solar observations by the Rev. W. Sidgreaves, S. J. 1889 & 1890. 

Stbasbour'^í. Société des Sciences, Agriculture et Arts de la Basse-Alsace. 
Bulletin mensuel, XXV, 1891, 8. 

Sydney. Goverament Ob.servatory . Meteorological Observations at Sydney. 
1SGÓ-1S77, 1890, Sept.-Dic. 1891, Ene. -Abril. 

Roj-alSociety of NewSoutli Wales. Journal and Prococdings. XXIV, 

1890, 1 & 2. 

Tokio. Meteorológica! Central Observatory. Annual Meteorological Report, 
1888, ir. 18S9 & I890.-Mont!ily smumaries and Monthiy means, 1889. 
T0PKK.\. KiUiKas State Board of Agriculture. Keport. Jul. 1891. 
TORINO. R. Accadeiuia delle Seienze. Atti. XXV & XXVI, 1889-91.— Oa- 

servazioni Meteorologiche fatte all'Osservatorio della R. Univer- 

sita, 1888-90. 

Rivista di Matemática, diretta dal Prof. G. Peauo. 1891, 1, 1-5. 

Societá Meteorológica Italiana. Osservatorio Céntrale in Moncalie- 

ri. (Véase MoNCALlEUl). 
TORONTO. Canadian Institute. Transactions. I, 1889-90. II, 1890-91, 1. 4"^ 
Annual Report, 1890-91. Time-reckoning for the 20""- Century by 
S. Fleming. 

Meteorological Service. Montbly Weather Review. 1890, Oct.-Dic. 

1891, Ene.-Agosto. — Report by Ch. Carimiael, Director. 1887. — 
Toronto General Meteorological Register for 1890. 

ToüLOUSE. Académie des Sciences, InscriptioDS et Belles-Lcttres. Mémoi- 
res. 8? serie, X, 1888. 

Société de Géograpbie. Bulletin. TX, 1890, 9--12. X, 1891, 1-6. 

Trieste. Osservatorio Mai'itimo. Rapporto Annuale, 1888. 

Upsal. Observatoire Météorologique de l'Université. Bulletin mensuel, 

1890. 
Utrecht. K. Meteorologiscli Institut. An attempt to compare the Instru- 
ments for absolute Magnetic measurements at differeiit observatories 
by Dr. Van Rijclievorsel, 1890.— Jaarboek, 1890. 
Valle Bl PoMPEi. "11 Rosario e la Nueva Pompei." VII, 10-12. VIII, 1-10. 
Venezia. Osservatorio del Seminario Patriarcale. Annuario Astro-Meteo- 
rológico con effemeridi nautiche, 1891. — BoUettino meteorológico 
compilato dal Prof. M. Tono. 1878-1888. 

íí. Istituto Véneto di Seienze e Lettere. Memorie. XXII. I-III. 

XXIII. 
Verona. Accadcmia d'Agricoltura. Arti e Conimercio. Memorie. 3'." serie, 

LXVI. 
ViLAKRANCA DEL Panadés. EstAoíón Meteorológica. Observaciones, 1890, 

1891, Mayo á Septiembre. 



102 

Washingtox. Bureau of Education. Report of the Commissioner of Educa- 
tion, 1885-8G. — The History of Federal and State aid to higher edu- 
cation in the U. S. by F. W. Blackmar, Ph. D. 1890.— The Tea- 
ching and History of Mathematics in the U. S. by F. Cajori, M. 
S. 1690. 

Natiunal Academy of Sciences. Memoirs. I-IV, 1886-89. 

National Geographic Society. The National Geographic Magazine. 

II, 5. III, 1-264. 

Signal Office. Annual líeport, 1890. Monthly WeatherReview. 1890, 

Oct.-Dic. & Anniial Summary. 

Smithsonian Institution. Annual Report, 1885, I & II. 1889. 

U. S. Coast and Geodetie Sui vey. Report of the Superintendent, 

1888 & J889. 

U. S. Department of Agñculture. Report of the Secretary of Agri- 

culture, 1889 & 1890.— División of Entomology, Bulletin 25.— In- 
sect Life, III, 11 & 12. — División of Chemistry. Bulletin 29.— Di- 
visión of Vegetable Pathology. The Journal of Mycology, VI, 4. 
— Papers on Horticultural and kindred subjects by Wm. Saun- 
ders, 1891. — Report of the Statistician, 87-90. Special Report of 
Chief of Weather Burean, 1891. Report of the Secretary of Agri- 
culturo, 1891. — Report on the use of Maize (Indian Corn) in Eu- 
rope and on the posibilities of its e::ti?nsion, 1891. — Bureau of Ani- 
mal Industry. Special Report on the cause and prevention of Swi- 
ne plague by Th. Smith. 1891. 

ü. S. Geological Survey. Bulletins, 58 & 61-81. IQt'i Annual Report 

of the Director, 1888-89, I & II. 

U. S. Hydrographic Office. Report on Uniform System for Spelling 

foreing Geographieal ñames 1891.— Pilot Chart of the N. Atlantic 
Ocean, Jan.-Dic. 1891.— The Drift of Bottle Papers in the N. 
Atlantic (Suppl. to Chart of July). — A List of Geographieal Posi- 
tions for the use of navigators and others. 1883. — The great Storní 
of the Atlantic Coast of the U. S., March 11-14, 1888 by E. Hay- 
den. — Telegraphic measurement of differences of Longitude in 
1878 & 79. — Telegraphic determination of Longitudes in México. 
Central America, etc., 1883-84, 1888-90.— Caribean Sea and Gulf 
of México, I & II. — The West Coast of México and Central Ameri- 
ca. Table of Meridional Parts for the Terrestrial Spheroifl. — The 
development of great circle sailing. — The average form of isolated 
submarino peaks. — East coast of South America from Cape Oran- 
ge to Cape Virgins, etc. — The West Coast of South America com" 
prising Magellan strait. Tierra del Fuego and the outlying Islands. 
— Practica! hints in regard to West Indian Hurricaues. — Report 



108 

on uniforin ^ystem of spelling foreiug geographical ñames. — Me- 
moir of tlie dangers and ice in tlie N. Atlantic Ocean. — Report of 
ice and ice movements in tlie N. Atlantic Ocean. D? d? in Behring 
Sea, etc. — Report of the International Meteorologlcal Congress, 
1889.— Catalogue of Charts, Plans and other publications. July 
1, 1891. 

Washington. U. S. Naval Observatory. Report of the Superintendent. 1890. 
— Observations. 1851, 52, 63, 73, 75, 76, I & II, 1877-83 & 86. 

— Weather Burean. Bibliogi-apliy of Meteorology, I-IV. — Mouthly 

Weather Review, 1891, Eiie.-Sept.— Special Report to the Secre- 
cretary of Agriculture, 1891. 

WiKN. K. Akademie der Wi.ssenschaften. Matb. — Naturwissenschaftliche 
Classe. Anzeiger, 1891, I-XXI. 

K. K. Centralanstalt für Meteorologie und Erdraagnetismus. Jahr- 

buch, 1889. ■ 

K. K. Gradmessungs-Bureau. Astrononiische Arbeiten. II, Lán- 

genbestimmungen, 1890. 

K. K. Naturhistorische Hofmuseum. Annaleu, V, 1890, 4. 

K. K. Zoologisch-Botanische Gesellschaft. Verhívndluiigen. XL, 

1890, 3&4. XLI, 1891. 1 & 2. 
WüRZBUHG. Physikalisch-Medicinische GeselLschaft. tíitzungsberichte. 

1890, 8-10. 1891, 1-3. 
Zl-KA-WEI. Observatoire Météorologiqueet Magnétique. Biiüetin mensuel. 
1887, Enero-Abril & Agosto. 1888, Enero-Marzo & Junio. 1890, Jnlio- 
Dic. 



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113 

En la primera parte se hallan algunos principios de Física 
y Geodesia, estudiando en particular las lentes y la brújula y 
las aplicaciones de esta última ciencia á la Topografía. En la 
segunda parte se ocupa el autor de describir los instrumentos, 
consagrando gran cuidado á la práctica de las operaciones, así 
en los levantamientos en la superficie como en los subterrá- 
neos; la tercera y cuarta parte contienen la descripción de di- 
chos levantamientos por medio del teodolito, de la brújula y del 
grafómetro. La quinta parte trata de la teoría de los errores, 
que tiene ahora tanta aplicación á la discusión y á la corrección 
de los resultados. 

La obra contiene al fin dos tablas : una para convertir gra- 
dos centesimales en grados sexagesimales y viceversa; y la otra 
para la reducción de los ángulos á la época media, que simpli- 
fica de gran manera los cálculos á que da lugar la orientación 
de los planos por observaciones astronómicas. 



DÍE RüINENSTATTE VON TlAHUANACO BI HOCHLANDE DES AL* 
TEN Perú. Eine kulturgeschichtliche Studie auf Grund 
selbstandiger Aufuahmen von A. Stubel und M. Uhle. 
Mit eiuer Karte und 42 Tafeln in Lichtdruck. Breslau, Ver- 
lag V. C. T. Wiskott. — (Las ruinas de Tiahuanaco en la alti- 
planicie del antiguo Perú. Estudio relativo á la historia y á la 
cultura según investigaciones propias por A. Stübel y M. 
Uhle. Con un mapa y 42 láminas en fotolitografía. Breslau 
(Alemania), C. T. Wiskott, editor. — Folio. — Precio : Encua- 
dernado, 140 marcos). 

Esta obra, bajo todo punto de vista magnífica, se compone 
de dos partes. La primera está escrita por el ilustre viajero y 
geólogo Dr. D. Alfonso Stübel, que exploró en compañía del 
eminente americanista y geólogo Dr. D. Guillermo Reiss, las 
montañas y especialmente los volcanes de la República del 

Revista [1892-93I— 15. 



114 

Ecuador y los de una parte de Colombia, del Perú y de Boli- 
via. En el año de 1876 á 77 estuvo el Sr. Stübel en Tiahuana- 
co y examinó las famosas ruinas de aquella región. La parte 
primera contiene, pues, una descripción detallada y crítica de 
todos los objetos representados en las 42 láminas. — La parte 
segunda está escrita por el tan laborioso como competente ame- 
ricanista Dr. M. Uhle, actualmente en viaje científico á través 
de la Argentina y el Brasil, para liacer estudios especiales en el 
Perú y Bolivia. En esta segunda parte trata el Sr. IJlile de las 
descripciones antiguas hechas por los españoles (Pedro de Cie- 
za de León, Garcilasso) y de los datos históricos y mitos que 
existen sobre el origen de las ruinas de Tiahuanaco, las más an- 
tiguas y grandes de toda la América del Sur. Sigue una crítica 
de los informes más modernos (desde d'Orbigny y Tschudi has- 
ta Squier) y una descripción geográfica y general de aquella al- 
tiplanicie en la margen Sur del lago de Titicaca. 

El capítulo principal de esta parte segunda es el que descri- 
be minuciosamente las ruinas. Estas se dividen en dos grupos; 
el principal de Ak-kapana, que ocupa unas 10 hectáreas, con- 
tiene entre otros objetos importantes la famosa puerta monoli- 
ta. El segundo grupo ó campo de ruinas se llama de Pumapun- 
gu y ocupa una hectárea. El Sr. Stübel hizo copias ó moldes en 
yeso y masa de papel de las esculturas de las ruinas, y de estas 
copias se hicieron fotografías. Las fotolitografías de la obra son 
sin igual; jamás hemos visto representadas con tanta claridad 
las esculturas y jeroglíficos de ruinas americanas! El Sr. Uhle 
trata después del matei'ial que se usaba para aquellas ruinas; 
de la manera y arte de labrar las piedras; de la edad de las rui- 
nas y de su origen en tiempos anti- incásicos. El último capí- 
tulo es un trabajo científico de suma importancia sobre el ori- 
gen de la población y de la cultura en las altiplamcies del Pe- 
rú. Según el Sr. Uhle son los Aimarás los autores de aquellas 
ruinas. No podemos entrar aquí en detalles sobre el contenido 
de esta obra monumental, que honra á sus autores así como 
al artista que hizo las himinas. Nos limitamos á decir que di- 



115 

cha obra merece la atención de todos los americanistas, y que 
no debe faltar en las bibliotecas de América y de Europa, La 
continuación del estudio de las esculturas y piedras arquitec- 
tónicamente labradas de Tialiuanaco, dará indudablemente da- 
tos importantes sobre los autores de aquellos trabajos gigantes- 
cos y sobre su origen. Llamamos, pues, la atención de todos los 
sabios, de los Directores de bibliotecas, museos y Sociedades 
científicas acercado este libro, cuyo precio — en vista del mag- 
nifico papel y de las hermosísimas láminas que lleva (altura 52 
centímetros, ancho 32 centímetros) — es barato. 



Dr. H. POLAKOWSKY. 



Berlín, Abril 14 de 1893. 



RÉCRÉATioNS Mathématiques par M. Edouard Lucas, Pro- 

fesseur de Mathématiques spéciales au Lycée Saint-Louis. 
París, Gauthier-VillarsetFils. 1893. 8° Tome III, 200 pá- 
ginas, 6 fr. 50. 

Entre los papeles del sabio matemático Lucas, se encontró 
después de su muerte el manuscrito de dos nuevos tomos de 
recreaciones matemáticas, que formarán el III y IV de la obra, 
pues el I y II han aparecido ya en épocas anteriores. Acaba de 
publicarse el tomo III y el IV muy pronto estará concluido. 

Una simple lectura del índice basta para apreciar el interés 
que presenta la obi*a, á la vez divertida y científica, de la cual 
Henry ha dicho: "Será para nuestro siglo, con más originali- 
dad, lo que los PróbUmes plaisants et délectables de Bachet y las 
liécréaüons mathématiques de Ozanam, han sido para nuestros an- 
tecedentes: el Libro por excelencia." 

El tomo III comprende las siguientes recreaciones: !?• El 



116 

cálculo eon los dedos. 2* El cálculo y las máquinas de calcular. 3" 
El juego del Camaleón y el juego de las uniones de puntos. 4*^ El jue- 
go militar y la toma de la Bastilla. S'' El juego de la Oca y la He- 
rradura de caballo. 6* El juego americano y diversión por las fichas. 
7* La Estrella nacional y los juegos de Rojo y Negro. 



Les Lieux Géométriques en Géométrie élémentaire par 
M. P. Sauvage, Professeur de Mathématiques (Saiut-Cyr) 
au Lycée de Montpellier. París, Gauthier-Villars et Fils, 
1893, 8°, 113 págs., 3 fr. 

Esta obra tiene por objeto dar á los estudiantes ideas gene- 
rales acerca de los lugares geométricos y al mismo tiempo rea- 
sumir en un corto número de métodos simples, los procedimien- 
tos á los cuales la mayor parte no llegan sino después de mu- 
clio tiempo, por tanteos ó por casualidad. 

Está dividida en cinco capítulos. El primero contiene las 
consideraciones generales de las que se deducon las nociones de 
los lugares geométricos en el espacio. El segundo se ocupa 
de los métodos generales llamados puntos notables (considera- 
ciones de simetría, puntos del infinito), substituciones sucesi- 
vas, translación paralela, rotación, proyecciones. En el tercero 
están reasumidos los lugares geométricos muy numerosos que 
se encuentran en el curso, ó que se deducen de ellos, pero sin 
dar el desarrollo de ninguna demostración. El cuarto está con- 
sagrado al desarrollo de algunos problemas y á la iniciación de 
algunos otros. Todos los ejemplos elegidos para el método de las 
proyecciones se refieren á secciones cónicas. En el quinto se 
hallan las aplicaciones á problemas gráficos. 



117 



Ckíia auténtica de la Exposición Universal Colombina. PuUicada 
por Poole Hnos. Chicago, 1893. 

Los Sres. editores Poole Hermanos, de Chicago, hau dado 
á luz recientemente y puesto en venta en todas las agencias y 
publicaciones de México, Centro y f^ud América, así como en 
las Antillas, esta obrita en español, traducción exacta de la "Au- 
tentic Visitors Guide to the World's Columbian Exposition and 
Chicago," escrita por el Sr. Richard J. Murphy, Secretario de 
la Prensa de la Exposición. La edición en inglés de dicha obra 
ha obtenido una grandísima y favorable acogida en todos los 
Estados Unidos. Esta guía tan conveniente es reconocida por 
la prensa ser la compilación más concisa, clara y completa de 
datos de cuanto se ha publicado hasta la fecha, dando á cono- 
cer todo lo concerniente á la Exposición Universal Colombi- 
na. He aquí lo que sobre este particular dice el acreditado pe- 
riódico el Evening Post, de Chicago: 

" El Sr. Richard J. Murphy, periodista de estimación y re- 
conocido por toda la prensa de Chicago, ha consumado un he- 
cho de grande aceptación en su guía de la Exposición Univer- 
sal Colombina. Ha resuelto el problema — en todos conceptos 
nada fácil — de presentar y clasificaí*, de un modo explícito y 
satisfactorio, todos los objetos principales de la grandiosa Ex- 
posición en una obrita que sólo contiene 65 páginas. 

" Una de las muchas cosas útiles y de gran interés que con- 
tiene, es una lista para ayudar al visitante á encontrar con to- 
da facilidad la situación de las diferentes exhibiciones en todos 
los edificios. " 



118 










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Conmoción. 


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f Continuará). 



Múú Cieiilllca "iiiloiiio ÍW 



MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Núms. 9-10. 



1892-93. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Febrero 5 de 1893. 

Presidencia del socio Ing. Guillermo B. y Puga. 

Correspondencia. — Del Sr. Ing. Daniel Palacios dando 
las gracias por su elección; de la Sociedad " Amis des Scien- 
ces et Arts " de Rochechouart solicitando cambio de publica- 
ciones; del Observatorio de Leyden y de la Sociedad de Histo- 
ria Natural de Autun, aceptándolo; del Sr. Ministro de Fomento 
suplicando á la Sociedad remita una colección de sus publica- 
ciones para que figuren en la Exposición de Chicago; de la So- 
ciedad Imperial de Mineralogía de San Petersburgo dando par- 
to del fallecimiento de los Sres. Kokscliarow y Gadoline. 

Publicaciones. — Se recibieron donaciones de los socios 
Favaro (Padua), Frazer (Filadelfia) y Aguilar, y de los Sres. 
Peralta (Madrid) y Stefanescu (Buearest). Por primera vez se 
recibieron: Boletín Meteorológico (Madrid) y de la Sociedad de 
Geografía de Newcastle. 



Trabajos. — Mariano Leal, La mortalidad en León. 

Revista [1892-93. J — i^ 



106 

Mauuel Moreno y Anda, Temperaturas del sucio observadas en 
Tacuhaya en 1892. — Observaciones Meteorológicas, 1891 y 1892. 

Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en Orisaha, Enero 1893. 

El socio Aguilar presentó la traducción del alemán Ijeclia 
por el socio Epstein, de una relación del viaje de la barca ale- 
mana " Marseille " desde Newcastle (Nueva Gales del ¡Sur, Aus- 
tralia) hasta Mazatlán y de allí á Salina Cruz y puertos inme- 
diatos. 

La Comisión nombrada en ía sesión anterior para que pro- 
pusiera los medios que creyera convenientes para el progreso 
de la Sociedad, presentó su dictamen correspondiente, el cual 
quedó de primera lectura para comenzarse á discutir desde la 
próxima sesión. 

La Comisión de Publicaciones dio cuenta con los números 
5 y 6 del tomo VI de las Memorias y Hevista. 

Postulaciones. — El Sr. Dr. Daniel Vergara Lope fué pos- 
tulado como candidato para la primera vacante de socio de nú- 
mero. (Aragón, Aguilar y Herrera). 

Los Sres. Profesor Marcos W. Harrington (Washington) y 
Ángel y José Ortiz Monasterio para socios honorarios. (Ara- 
gón y Aguilar). 

Los Sres. Dr. Fernando Sologuren (Oaxaca), Ramón R. de 
la Vega (Colima), Profesor Francisco Sansoni (Pavía) y Dr. Ra- 
fael Blanchard (París), para socios correspondientes- (Aragón 
y Aguilar). 

Marzo 5 de 1893. 

Presidencia del socio Ing. Guillermo B. y Pnga. 

Correspondencia. — De la Academia Real de Irlanda, de 
la Dirección de Estadística General del Uruguay y los Sres. 
Poole hermanos, de Chicago, enviando publicaciones; de las 
Sociedades de Geografía de Montpellier, de la de Estudios Cien- 
tíficos y Arqueológicos de Draguignan y do la de Agricultui'.i, 



107 

Ciencias, Artes y Bellas Letras de Evreux, aceptando cambio 
de publicaciones; del Director del Jardín Botánico de San Luís 
Missouri, aceptándolo y remitiendo tres tomos de sus Infor, 
ínes anuales; del Grobierno del Estado de Guerrero comunican- 
do los temblores sentidos en esa región ; del Sr. socio G. de Vries 
van Doesburgh, de Kralingen, enviando la descripcíónMe una 
nueva especie de Taclvjs, 

Publicaciones. — Se recibieron por primera vez las del Jar- 
dín Botánico de Missouri, del Museo de Historia Natural de 
Nueva York, de la Academia Real de Ciencias de Baviera y el 
*' Boletín de la Riqueza Pública," de Caracas. 

Hicieron donaciones á la Biblioteca los socios Frazer (Fila- 
delfia), Bertelli (Florencia), Sansoni (Pavía), García Cubas, Ra- 
mírez S., Ferrari, Macouzet y Aguilar, y los Sres. Gautbier- 
Yillars, de París, y Poole hermanos, de Chicago, 

Trabajos. — Alfonso L. Herrera, Medios de defensa en los ani- 
males. 

Carlos Mottl, Observaciones seísmicas en OHsába, Febrero, 
1893. 

Los socios Mateos y Aguilar presentaron sus respectivos 
dictámenes acerca de los trabajos de los Sres. Moreno y Leal. 

Se procedió á la discusión de los temas para estudio que pro- 
puso la Comisión compuesta de los socios Manterola, Mateos, 
Epstein, Segura y Villada. Quedaron aprobados los siguientes: 

Utilidad de la organización de un servicio meteorológico. 

Sobre la xiosibilidad y conveniencia de reunir un Congreso Meteo- 
rológico Nacional. 

Sobre saneamiento de las ciudades y las habitaciones. 

Nombramientos. — Socios honorarios : 

Prof. Marcos W. Harrington, Director de la Oficina del 
Tiempo en Washington. 

Ángel Ortiz Monasterio, ex- Comodoro de la Armada 
Nacional. 



108 

José Ortiz Monasterio, ex- Comodoro de la Armada Na. 
cional. 

Socios correspondientes : 

Dr. Fernando Sologuren, Profesor en el Instituto de Oa- 
xaca« 

Profesor FRANCISCO Sansoni, Profesor de Mineralogía en 
la Universidad de Pavía. 

Dr. Rafael Blanchard, Secretario general de la Sociedad 
Zoológica de Francia, París. 

Ramón R. de la Vega, Colima. 

Quedó aceptado por unanimidad como candidato para la pri- 
mera vacante de socio de número al Sr. Dr. Daniel Vergara 
Lope. 

Postulación.— El Sr. Manuel Torres Torija fué presentado 
como candidato para la segunda vacante de socio de número. 
(Puga y Herrera). 

Abril 2 de 1893. 

Presidencia del socio Ing. Guillermo B. y Puga. 

Correspondencia. — De las Sociedades de Ingenieros Ci- 
viles del Canadá y de la de Horticultura y Viticultura del Puy 
de Dome, aceptando cambio de publicaciones j del Gobierno del 
Estado de Guerrero, enviando noticias de temblores. 

Publicaciones. — A la Biblioteca ingresaron las donaciones 
de los socios Frazer (Filadelfia), Pizzetti (Genova), y Koenigs 
(París), y del Sr. Dr. Peñalosa (Caracas); por primera vez las 
publicaciones de las Sociedades antes citadas. 

Trabajos. — Guillermo B. y ^wg?íy Ascensión al volcán Popo- 
catepetl. 

C. Mottl, Observaciones séismicas en Orizaha, Marzo, 1893. 

El Secretario, 

Agustín Aragón. 



109 



EL TIEMPO Y LA BIOLOGÍA. 



NOTA BIBLIOGRÁFICA ADICIONAL.. 

^4iitm, (ArthurJ. Calendar of Natuve, or iintural history of each 

montli of the year. 8" London, 1839. 
Anónimo. Calendario entomológico, ossia osservaz. sulle starrio- 

nc proprie alPinsetti nel clima piamontese. Torino, 1791, 12? 
Barrington ('Daines). On the periodical Appearing and Disap- 

pearing of certain Birds at different times of the year. Phil. 

Trans. LXII, p. 265. — Naturalist's Calendar. London, 1767, 

4°, 1818. 
BierJcander (Cl.) Insectenkalender für dio Jahre 1781, 1784 u. 

1790.— N. Abh. Schw. Acad. III, p. 115, V, p. 319. 
BUgny (Nic. de). De quelques Papillons qui paraissent uno fois 

tous les ans sur les bords de la Meuse. — Nov. Découv. daña 

la Médecine, 2^ ann., p. 188.— Bibl. Ent. I, p. 32. 
Blyth (E.) On the Counterfeiting of Death, as a means to esca- 
pe from danger, in the Fox and others animáis. Mag. Nat 

Hist. ser. 2, I, p. 566. 
Brahm (Nic. J.) Insectenkalonder für Sammler und Oekono- 

men. 2 Th. 8° Mainz 1790, 1791.— í:/5. Insect., p. 127. 
BmMand (W.) On the Vitality of Toads enclosed in Stone and 

Wood. Zool. Journ. V. p. 314.— Ed N. Phil. J. XIII, p, 26. 

SHll. Am. J, XXIII, 2, p. 272.— Isis, 1834, X, p. 988. 
Cerati (A.) Observation sur i'áge auquel peuvent parvenir les 

Perroqaets. — Móm. Acad. Se. París, 1747. 
C hossat{Ch..) Rocherches experimentales sur rinanition. Mém. 

Sav. étr. VIH, 438. 



no 

Couch (J). Calendar of Nature observed at Polperro in Coru- 
wall from 1817 to 1842.— Rep. Roy. Polytecli. Soc. Cornwall. 
Móm. Acad. Roy. Bruxelles, XI, XVIII, XIX. 

Davies (J. H.) On the periodical Appearance of certain Insects. 
Mag. Nat. Hist. ser. 1, III, 247. 

Derham (W.) A Letter eoucerning an Insectthat is commonly 
called the Death-Watch.— Phil. Tr. XXII, 832.— Badd. IV, 
26.— Bibl. Ent. I, 83. 

Donglas (J. W.) Notes on the Appearance and Oeconomy of 
various insects, etc. — Eutoraologist, 1840-42. — Zoologist, 
1843-48. 

DuponcJiel (A. íá.) Larga duración de la ninfósis en im Lepidópie- 
ro. Ann. Soc. Entom. Fr. IV, GQl—Wiegm. Arch. 11,318. 

Gélieu (J. de). Lettr@ sur la duróe de la vie de la Reine Abeille. 
—Bibl. Univ. Gen, 1819.— Biogr. Un. LXV, 193. 

Géné (G.) Longevidad de los Mus. Bibl. Ital. LXXV, 148. 

Giorna (S.) Calendario entomológico. Bibl. Ent. 136. 

Godehcu de Biville. ¡Sur l'accouplement des Cousins. Acad. tSc. 
París, 1760, 

Graells (M. P.) Observations sur la cause de Papparition des Có- 
brions. Ann. Soc. Ent. Fr. VI, p. 93. — Memoria sobre la in- 
fluencia de una temperatura baja en las metamorfosis de los 
insectos y por consiguiente en su aparición. Bol. Acad. Bar- 
celona, IX. 

Jardine (W). Calendar of Ornithology for 1849. — Jard. Contrib. 
Orn. 1848, p. 29. 

Jcnys (L.) Observations in Natural History; witb. au Introduc- 
tion on Habits of Observing, as connested witb the Study 
of that Science; also, a Calendar of Periodic Phaenomena 
in Natural History, with Remarks on the Importance of 
such Registers, London, 1846, 8? 

Kefersiein (Ch.) Observations détachées sur Papparition des Le- 
pidópteros. Rev. Ent. II; Suppl. I- VI; Bibl. Ent. I, 201. 
Lanier. Report on the Registratio:i of the Periodic Phaenome- 
na of Plants and Animáis. — Rep. Brit. Assoc. 1850, p. 338. 



111 

T^nz (H. O.) Moyens d'attaque et de défense du ílénsson. — 

Fror. Notiz. XXIX. Fcruss. Bull. XXV, p. 349. 
IJster (J. J.) On a Kind o£ Fly tliat is Viviparous, etc. Phil. 

Trans. VI, p. 2,170, XIV, p. 592. 
Moi'oszo. Histoive d'un Perroquet iié á Rome, suivie de quel- 

ques observations sur la durée de la vie des Oiseaux. Journ. 

de Phys. LIV, p. 180. 
Neivbold (T. S.) Note on the periodical Appearancs of Colias 

Electra. Zool, p. 176, 397. 
Rihond. Sur la durée de la Vie de certaihs Insectes, Jouvu. de 

Phys. XXX, p. 185. 
lliville (G. de). De Culicum Coito.— Mém. Acad. Se. III, 617.— 

Eis. Insect. p. 238. 
Selby (P. J.) Table showing the Period of Arrival of several 

Summer Birds of Passage, etc. Trans. Brew. Nat. Club. II, 

p. 110. 
Sélys-Longchamps (E. de). Pro jet d'observations annuelles sur 

la Périodicitó des Oiseaux. Rep. Brlt. Assoc 1841, Sect. p. 

73. — Observations sur les Phénoméues périodiques du Reg- 

ne animal, et particuliérement sur les Migrations des Oi- 
seaux en Belgique, de 1841 á 1846.— Mém. Acad. Roy. Belg. 

XXI. Rev. Zool. 1849, p. 207. 
Serres (M. do). Tablean du nombre des Oeufs que pondent les 

divers espéees d'Oiseaux. Ann. Se. Nat. (2^ S.), XIII, p. 164. 
Stephens (J. F.) Longevity of Lepisma saccharina and other In- 

sects. — Entom. Mag. I, p. 526. 
Tcissier (J.) Recherches sur la durée de la Gestation des feme- 

lles de plusieurs Aniraaux domestiques. — Journ. de Phys. 

LXXXV, p. 406.— Isis, IIÍ, p. 421. 
Tessier (H, A.) Recherches sur la durée de la Gestation et de 

rincubation daus les femelles de plusieurs Qiiadrupedes et 

Oiseaux domestiques. París, 1817. 
Thompson (W.) (Belfast). PeriodsofPloweriugof Plants. Ann. 

of Nat. Hist. XIX, p. 223. 
Vaucher (J.) Observations sur la Léthargie périodique des Che- 



112 

iiilles des Papillons Euphorosyne et Lia. — Ann. Soc. Linn. 

Par. VI, p. 37i,—Féruss. Bull. XVI, p. 153. 
Villa (A.) ]Sote su alcuni lusetti osservati nel periodo dell'eclis- 

se del' 8 Luglio 3842. Müauo, 1842, 12°— Rev. Zool. 1843, 

p. 50. 
Weissenborn (W). On the Transmissioii of Experleuce in Birds 

in the form o£ lastinctive knowledge. Mag. Nat. Hist. ser. 

2, II-X, p. 50. 
Wliite (W. H.) On the Lenght of Life of a species of Parrot. 

Mag. Nat. Hist. ser 1, IX, p. 347. — Respecto á la longevi- 
dad de las carpas véase Bull. United States Fish. Com. II, 

p.3. 
Miirie (J.j On the habits structure and relations of Toli/peutes 

conurus. London, 1874. 
F. Lataste. Accouplemént des batraciens anoures. Proe. Veri). 

Soc. Linn. Bordaaux, Vol. 40, p. XXIII, 1886. 
Ch. Eichet, L'inanition chez les animaux. Rev. Se 1891, p. 714. 
Niemayer. Period of blindness of young Procyon lotor. Zoo!. 

Gart. VII, p. 340. 
Laycoclc. On a general law of Vital Periodicity, British Asso- 

ciation, 1842. 

A. L. Herrera. 



bibliografía. 



Traite de Topographie par André Pblletan, Ingónieur en 
Chef des mines, Professeur á l'Ecole Nationale Supérieure 
des Mines. París. Librairie Polytechnique Baudry y C'^ 
1893. 8° gr., XIX-380 págs. y 235 figs. Precio 15 fr. (Tela 
inglesa). 

Vamos á dar una ligera idea de esta importante obra que 
acaba de aparecer. 



Sociedad Cieiilíica liiloiiio Mí 



MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Ntíms. 11-12. 1892-93. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Mayo 7 de 1893. 

Presidencia del socio Lie. Ramón Mantorola, Vicepresidente. 

Correspondencia. — De los Sres. Rafael Bischoffsheim y 
Octavio Callandreau, de París, dando las gracias por su elec- 
ción de miembro de la Sociedad; del socio Ing. Daniel Palacios, 
presentando sus excusas por no asistir á sesión y remitiendo 
dos ejemplares de su obra Tratado práctico de calderas de vapor; 
del Secretario del Instituto Smithsoniano, enviando una circular 
relativa á los premios Hodgkins; del Secretario de la Sociedad 
Real de Edimburgo comunicando que en lo de adelante también 
enviará sus Transactions; de la Oficina Meteorológica de Lon- 
dres, del Jefe de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, 
del Instituto Meteorológico Central de Suiza, del socio Montes- 
sus de Ballore y de los Sres. Baudry y C", de París, enviando 
publicaciones; del socio Dr. Polakowsky, de Berlín, remitiendo 
una noticia bibliográfica relativa á una obra de Arqueología de 
los Sres. Stübel y Uhle, y del socio Prof. M. Leal, un trabajo 
para las Memorias. 

Revista [1892-93]— 16 



122 

El socio Manterola hizo mocióu á fiu de que se iuicie al Ins- 
tituto Smithsoniano de Washington, que también quede com- 
prendido el idioma español entre los trabajos para los premios 
Hodgkins. 

Publicaciones. — Donaciones de los socios Palacios, Fra- 
zer (Filadelfia), Montessus de Balloi*e (París) y Sansoni (Pavía), 
de la Srita. Luz Rivas (Guanajuato) y de los Sres. Guillaume, 
Baudry y C* y Gauthier- Villars, de París. Por primera vez se 
recibieron de la Sociedad Filomática de París, y del Colegio de 
Ingenieros y Arquitectos de Palermo. 

La Comisión respectiva dio cuenta con los núms. 7 y 8 del 
tomo VI de las Memorias y Bevisfa. 

Trabajos. — R. Aguilar y San tillan. Bibliografía Meteoroló- 
gica Mexicana. Año 1892. 

A. L. Herrera, El Hombre Prehistórico de México. 

M. Leal, Los x)ronósticos del tiempo y la Rueda Salomónica. 

P. Spina, Síntesis de Geometría Analítica. 

C. Mottl, Observaciones séismicas en Orinaba, Abril 1893. 

KOMBRAMIENTOS.— El Sr. Dr. DaNIEL VeRGARA LoPE, 
Miembro del Instituto Médico Nacional, fué electo por unani- 
midad socio de número, en substitución del Sr. Dr. Daniel M. 
Vélez. 

El Sr. Prop. a. W. Butler, Secretario de la Academia de 
Ciencias de Indiana (E. ü.), quedó nombrado socio correspon- 
ponsal en Indianapolis, á moción de los socios A. L. Herrera y 
R. Aguilar. 

Postulaciones. — El Sr. D. Pedro López Monroy, Ingenie- 
ro de minas, fué postulado para socio honorario en San Luis Po- 
tosí por los socios S. Ramírez, I, Epstein y R. Aguilar, y el Sr. 
Prof. Jesús Gasea para socio corresponsal en Guanajuato. 

El Secretario general, 

Rafael Aguilar y Santillán. 



123 

Junio 4 de 1893. 

Presidencia del socio D. Isidoro Epstein. 

Publicaciones. — Se recibieron por primera vez las del Club 
Alpino de Ginebra, de la ¡Sociedad de Ciencias Naturales de 
Nantes, del Instituto de Ingenieros y de la Sociedad Médica 
de Chile. Ingresaron las donaciones délos socios Frazer (Pila- 
delfia) y Aguilar y de los Sres. Guillaume (Sevres) y Gauthier- 
Villars y Baudry (París). El socio Vergara Lope obsequió su 
trabajo titulado: La AnoxiJiemia Barométrica. La tuberculosis en 
las altitudes. 

La Comisión respectiva dio cuenta con los núms. 9 y 10 del 
tomo VI de las Memorias y Revista. 

Trabajos. — J. Galindo y Villa, Algunos datos relativos á la 
Sección Mexicana en la Exposición Histórico -Americana de Madrid 
en 1892. 

C. Mottl, Observaciones seísmicas en Orizaba, Mayo 1893. 

El socio Epstein presentó su dictamen acerca del trabajo 
del socio Leal, de León, relativo á la Rueda Salomónica. 

Postulaciones. — Para socios honorarios: 
J. Walter Fewkes, Boston (Galindo y Aguilar). 
Dr. Eduardo Seler, Berlín (Galindo y Aguilar). 

Nombramientos. — Por unanimidad quedó electo socio de 
número el Sr. Manuel Torres Torija, en substitución del Sr. 
Ing. Felipe M. Valle. 

Como socio honorario en San Luis Potosí el Sr. D. Pedro 
López Monroy, Ingeniero de minas. 

Como socio correspondiente en Guanajuato, el Sr. D. Jesús 
Gasca, Profesor en el Colegio del Estado. 

£1 Secretario temporal, 

J. Galindo y VilIiA. 



124 



INSTITUTO SMITHSONIANO. 

^VASmiVCTOIV. 

Circular relativa á los premios instituidos por Hodgkins. 



Eu Octubre de 1891, el caballero Tomás Jorge Hodgkins, 
de Setauket, Nueva York, Hizo un donativo al Instituto Smith- 
soniano dedicando los réditos de una parte de él " al progreso 
y difusión de conocimientos más exactos con respecto á la na- 
turaleza y propiedades del aire atmosférico en conexión con el 
bienestar del hombre." 

Con el fin de realizar los deseos del donante, el Instituto 
Smithsoniano anuncia ahora los premios siguientes, que debe- 
rán concederse el 1° de Julio de 1894 ó después, si hay Memo- 
rias satisfactorias que entren en competencia: 

1. Un premio de $ 10,000 para un tratado que contenga al- 
gún descubrimiento nuevo ó importante acerca de la naturale- 
za y propiedades del aire atmosférico. Estas propiedades pue- 
den considerarse en sus relaciones con alguna ó todas las cien- 
cias, no sólo con respecto á la Meteorología, sino en conexión 
con la higiene, ó con cualquier otro ramo de conocimientos bio- 
lógicos ó físicos. 

2. Un premio de $ 2,000 para el ensayo más satisfactorio 
acerca de: 

A) Las propiedades conocidas del aire atmosférico consi- 
deradas en sus relaciones con los diversos ramos de las ciencias 
naturales, ó importancia del estudio de la atmósfera considera- 
do en vista de estas relaciones. 

B) La dirección más adecuada de las investigaciones futu- 
ras en conexión con las imperfeccione.«i de nuestro conocimien- 



125 

to del aire atmosférico, y de las relaciones de este conocimiento 
con otras ciencias. 

El ensayo en su totalidad, deberá tender á indicar el mejor 
camino para llegar á resultados satisfactorios en conexión con 
•la administración futura de la institución de Hodgkins. 

3. Un premio de $ 1,000 para el mejor tratado popular so- 
bre el aire atmosférico, sus propiedades y relaciones ( incluyen- 
do las que tiene con la higiene física y mental ). Este ensayo no 
debe exceder de 20,000 palabras á lo más; deberá estar escrito 
en lenguaje sencillo y propio para publicarse en beneficio de 1% 
instrucción popular. 

4. Se instituirá una medalla, bajo el nombro de Medalla de 
Hodgkins del Instituto Sinithsoniano, la cual se concederá anual- 
mente ó cada dos años por importantes trabajos referentes á la 
naturaleza y propiedades del aire atmosférico, ó por aplicacio- 
nes prácticas de nuestros conocimientos actuales al bienestar 
de la humanidad. Esta medalla será de oro, é irá acompañada de 
un duplicado en plata ó bronce. 

Los tratados pueden escribirse en inglés, francés, alemán ó 
italiano, y serán enviados al Secretario del Instituto Smithso- 
niano, Washington, antes del 1° de Julio de 1894, excepto los 
que compitan para el primer premio, cuyo envío puede retar- 
darse hasta el 31 de Diciembre de 1894. 

Las Memorias serán examinadas, y los premios otorgados 
por un comité nombrado como sigue: Un miembro por la Se- 
cretaría del Instituto Smithsoniano; un miembro por el Presi- 
dente de la Academia Nacional de Ciencias; uno por el Presi- 
dente i^ro tempore de la Asociación Americana para el adelanto 
de las Ciencias; y el comité obrará de acuerdo con el Secreta- 
rio del Instituto Smithsoniano como miembro ex officio. Queda 
reservado el derecho de no conceder ningún premio, si ajuicio 
del comité, no se presenta alguna Memoria de suficiente méri- 
to para merecer una recompensa. Puede añadirse un comité 
consultor de sólo tres europeos, hombres de ciencia, á juicio del 
Comité de Recompensas. 



126 

Si no se concede el primer premio en la época anunciada, el 
Instituto puede prorrogar el plazo hasta una fecha posterior, si 
se tiene la certidumbre de que se están haciendo investigacio- 
nes importantes relativas á su objeto, y cuyos resultados se pre- 
sentarán para optar al premio. El Instituto Smithsoniano se 
reserva el derecho de limitar ó de modificar las condiciones pa- 
ra este premio, después del 1° de Diciembre de 1894-, si sojuz- 
ga necesario. Si no se otorga alguno de los premios menores 
á las Memorias enviadas antes del 1° de Julio de 1894-, se reti- 
narán estos premios de la competencia. 

El motivo principal de ofrecer estos premios es el de llamar 
la atención hacia el legado de Hodgkins, y los fines para los 
cuales existe; en consecuencia se envía esta circular á las uni- 
versidades principales }'■ á todas las sociedades científicas cono- 
cidas por el Instituto, así como á los hombres que representan 
á la ciencia en cada nación. Se solicitan indicaciones y reco- 
mendaciones referentes á la mejor aplicación de esta fundación. 

Probablemente podrán hacerse donativos de dinero á los es- 
pecialistas ocupados en investigaciones originales sobre el aire 
atmosférico y sus propiedades. Las solicitudes para los dona- 
tivos de este género, deben tener la recomendación de alguna 
Academia de Ciencias conocida, ó de cualquiera otra docta ins- 
titución é irán acompañadas de las pruebas de capacidad del 
solicitante, en la forma cuando menos de una Memoria ya pu- 
blicada por él y referente á investigaciones originales. 

Para evitar equivocaciones acerca de los deseos del funda- 
dor, se repite que los descubrimientos ó aplicaciones que se 
presenten al Comité de Recompensas, pueden referirse á cual- 
quiera ciencia ó cualquier arte sin restricción, con tal de que 
tengan conexión con "la naturaleza y propiedades del aire at- 
mosférico en relación con el bienestar del hombre." 

Se darán informes de cualquier género á solicitud de las per- 
sonas que deseen entrar en competencia. 

Todas las comunicaciones que se refieran á la Institución 
de Hodgkins, á los Premios de Hodgkins, las Medallas de Hodg- 



127 



kins, y las Publicaciones del Instituto de Hodgkins ó á las so- 
licitudes para subvenciones de dinero, se dirigirán á S. P. Lan- 
gley, Secretario del Instituto Smithsoniano, "Washington, U, 
S. A. 



Washington, Marzo 31 de 1893. 

S. P. Langley, 

Secretario del Institut* Smitbiouiano. 



bibliografía. 



Manuel Pratique d'Éclairage Électrique pour installa- 
tions particulJéres, inaisons d'babitation, usines, salles de 
reunión, etc., par Em. Cahen, Ingónieur des Ateliers de cons- 
truction des manufactures de l'État. — Paris, Librairie Po- 
lytechnique Baudry et C'" 18°, 282 págs. y figs. (7 £r. 50, tela 
inglesa). 

Existen muchos tratados relativos al alumbi'ado eléctrico, 
varios escritos por excelentes autores; pero con mucha dificul- 
tad se encuentra uno exclusivamente práctico y que contenga 
todos los detalles necesarios para una buena instalación. El au- 
tor del libro que anunciamos se ha dedicado á recoger toda cla- 
se de datos y procedimientos prácticos, los ha comprobado por 
sí mismo en sus trabajos personales y los expone de la manera 
más clara en su libro, que será de gran utilidad á los ingenie- 
ros é industriales, pues es muy sencillo y práctico, con el me- 
nor niímero de teorías posible. En cambio no omite detalle por 
minucioso que parezca; limitado á instalaciones particulai'es, 
en este sentido tiene cuanto se pueda desear, y con él, cualquie- 
ra persona podrá emprender por sí sola y llevar á buen fin sus 
instalaciones particulares. 



128 



No vacilamos en recomendar esta obrita que prestará gran- 
dísimos servicios á todo aquel qjie siquiera le haga una rápida 
ojeada. 



GuiLLAUíME ( Ed. ), Docteur es Sciences, Adjoint au Bureau In- 
ternational des Poids et Mesures. Unités et Étalons. (En- 
cyclopécUe Scientifique des Aide-Mémoire). Petit in-8° 190 
págs. 3 £r. París, Librería Gauthier-Villars. 

Esta pequeña obra, que está especialmente consagrada al 
estudio de todas las unidades empleadas en la Ciencia y en la 
Industria, está dividida en dos partes. La primera contiene: 
I. Magnitudes físicas. Elección de las magnitudes fundamenta- 
les. Magnitudes derivadas en Mecánica. Direcciones del espa- 
cio. Magnitudes eléctricas y magnéticas. Relaciones entre las 
magnitudes en los dos sistemas. — II. Unidades y 'Patrones. Uni- 
dades fundamentales, múltiplas y submúltiplas. Paso de un sis- 
tema dé unidades á otro. Unidades físicas y metrológicas. Pa- 
trones. 

Comprende la segunda: I. Unidades geométricas. Sistema 
métrico. Patrones métricos. Antiguas medidas francesas. Uni- 
dades británicas. Unidades rusas. El pie del Rhin y la toesa de 
Viena. Ángulos planos y ángulos sólidos. Curvatura. — II. Uni- 
dades cinemáticas. Tiempo. Velocidad angular. Aceleración. 
Aceleración angular. — III. Unidades mecánicas. Kilogramo. An- 
tiguas unidades francesas de masa. Unidades británicas y ru- 
sas. Densidad. Momento estático. Momento de inercie. Fuer- 
za. Momento de un par. Energía mecánica. Potencia. Tensión 
superficial. Presión. Cantidad de movimiento. — IV. Calor. De- 
finiciones. Temperatura. Capacidad calorífica y Calor específi- 
co. Equivalente mecánico de la unidad de calor. La energía 
vibratoria del éter. — V. Unidades eléctricas. Elección de las uni- 
dades. Sistema C. G. S. Relaciones entre las diversas unida- 
des electromagnéticas. Relación entre las unidades electroes- 



129 

tátícas y electromagnéticas. Relación de las unidades legales. 
Unidades prácticas y Patrones de resistencia. Patrones de fuer 
za electromotriz y de intensidad de corriente. — VI. Fotometría. 
Definiciones. Unidades y Patrones fotométricos. El rendimien- 
to óptico y el rendimiento total. 

Una bibliografía completa esta útil obrita, en la cual las di- 
versas unidades de cada magnitud física están comparadas en 
cuadros de doble entrada que permiten hacer las reducciones 
recíprocas. 

MiNEL (P.). Introduction A L ' Électricité Industrielle. 
PoTENTiEL. Flux de forcé. Grandeurs électriques. 
( Encyclopédie Scientifiqíie des Aide-Mémoire). Paris. Gau- 
tbier-Villars efc Fils. 1893. 8" pequeño. 2 fr. 50. 

El objeto que se propuso el autor en esta preciosa obrita fué 
el de reunir los principios de la teoría elétrica necesarios para el 
estudio de las máquinas eléctricas y del alumbrado por electri- 
cidad. 

De una manera general, ninguna hipótesis se ha hecho acer- 
ca de la naturaleza de los fenómenos eléctricos y se ha toma- 
do como punto de partida únicamente la experiencia. 

Este volumen está consagrado especialmente á la noción, 
definición y medida de las magnitudes eléctricas ampere, cou- 
lomb, ohm, volt y farad. 

El tomo titulado ClRCUIT MAGNÉTIQUE. IndUCTION. MA- 
CHINES (2 fr. 50), es continuación del anterior. Comprende seis 
capítulos de los cuales el primero trata de la acción de un cam- 
po magnético sobre una corriente; el segundo está consagrado 
al circuito magnético; el tercero da la ley fundamental de la in- 
ducción definiendo ésta y la self— inducción; el cuarto estudia el 
funcionamiento de las máquinas de corriente continua; el quin- 
to trata de la aplicación del circuito magnético al estudio de las 
condiciones do funcionamiento de las máquinas eléctricas. Por 
fin, en el último capítulo están agrupados los notables resultados 

Revista [í892-93.1— 17 



130 

de la experiencia, que establecen relaciones entre la electricidad 
estática, la dinámica, el magnetismo y la luz; el autor indica co- 
mo consecuencias de estos resultados las apreciaciones que per- 
miten quizá entrever actualmente la naturaleza de los fenóme- 
nos eléctricos. 



Evolución de los colores en las aves terrestres de Norte Amé- 
rica, por Oh. A. Keeler.' 

Sería imposible hacer un juicio pormenorizado de las mate- 
rias tratadas en las 340 páginas de que se compone este libro. 
El primer capítulo contiene la discusión de los principios fun- 
damentales del Darwinismo. Condiciones de la variación; he- 
rencia de los caracteres adquiridos; variación y selección na- 
tural; leyes de la evolución, selección sexual; naturaleza de la 
especie; el aislamiento; el uso y la falta de uso; selección fisio- 
lógica. Esta parte comprende 132 páginas. 

El segundo capítulo se refiere á los colores de las aves de 
Norte América. Modos del cambio de plumaje. Principios ge- 
nerales. Proporción y distribución de los colores en los géneros 
de Norte América. Estudio de las manchas; manchas de reco- 
nocimiento; variaciones del color según el sexo, la edad y la es- 
tación; influencia directa del medio; la distribución geográfica 
como un factor de la evolución de los colores (no me parece 
exacta esta manera de expresar la idea: debería decir: evolu- 
ción de los colores por la influencia de las condiciones biológi- 
cas de cada país). La obra termina con un examen pormenori- 
zado de los órdenes y demás grupos taxinómicos de aves de 
Norte América, considerados desde el punto de vista de su evo- 
lución. 

1 Occasional Papers of the California Academy of Sciences, III. Evolution of 
the colors of Noitli American Birds, by Charles A. Keeler. San Francisco, Califor- 
nia Academy of Sciences. January 1S93. 



131 

A nuestro entender la obra tiene por objeto la demostración 
de estos principios: 

Los colores de las aves no son invariables. Varían por efec- 
to de la selección, la edad, el sexo, el aislamiento, el medio, la 
alimentación, las circunstancias fisiológicas individuales, el uso 
ó la falta de uso (?); los caracteres adquiridos son hereditarios. 
Los colores de las aves de Norte América se han desarrollado 
á partir de formas antecesoras. 

M. Keeler no incurre en uno de los defectos más frecuentes 
en los naturalistas que examinan estas arduas cuestiones y par- 
ten de una idea preconcebida exclusivista, una teoría personal 
que intentan demostrar interpretando los hechos de la manera 
más abstrusa y apasionada: M. Keeler no viene á embrollar la 
ciencia con una nueva hipótesis: es ante todo y por todo ecléc- 
tico. En la primera parte de su obra menciona las teorías, las 
discute, toma de cada una lo que parece más fundado y acep- 
table; introduce el orden en esta espantosa confusión; intervie- 
ne en la concurrencia de esas ideas, acabando con las unas, vi- 
gorizando á las que parecen evidentes á la luz de una crítica 
imparcial, severa y desapasionada. Estas cualidades de nuestro 
autor se manifiestan en el párrafo siguiente : 

"Los factores que han producido los tintes brillantes de 
los machos, son: El catabolismo del macho que proporciona el 
excedente de energía (Geddes y Thomson); como en todos los 
objetos, en las aves debe existir algún color y su distribución es- 
tá limitada (no determinada) por la naturaleza de los tegumen- 
tos y las leyes generales del crecimiento (Wallace) ; generalmen- 
te la hembra escoge entre varios machos al que le agrada más 
por la belleza de su plumaje (Darwin); á causa del excedente 
de los machos, el desarrollo de los colores y las plumas origina- 
do por la selección sexual, es ventajoso para la especie, porque 
se reduce el número del sexo predominante y la conservación 
de la especie queda asegurada (Stolzmann); los colores de las 
hembras son generalmente poco brillantes con el fin de que ellas 
puedan defenderse de sus enemigos por medio de la homocro- 
mía (Wallace)." 



182 

El método de raciocinio que sigue M. Keeler es casi siem- 
pre el deductivo, particularmente en la segunda parte. En la 
primera no puedo seguirle por su mucha extensión y sólo insis- 
tiré en algunos de los resultados. 

Me parece muy buena la clasificación de las variaciones en 
los siguientes grupos: 

I. Conservadoras. Se presentan en todas direcciones entre los 
límites de variación de la especie. Son producidas por la unión 
sexual de individuos diferentes. 

II. Progresivas. Se deben á la acción del medio sobre todo 
el organismo ó á la acción recíproca de las partes. 

1. Definidas. Acción directa del medio en una dirección, in- 
cluyendo el uso y la falta de uso. 

2. Indefinidas. Acción general del medio que produce varia- 
ciones susceptibles de acumularse por selección natural. 

La refutación de las teorías de Wiesmann sobre el plasma 
germinativo y la no herencia de los caracteres adquiridos, me 
parece muy bien conducida. Convence de que lo primero no se 
ha probado y que sí se heredan los caracteres adquiridos: en 
el caso contrario resultaría casi inútil la investigación sobre el 
origen de los colores de las aves. 

Es de sentir que M. Keeler haya podido hacer tan buena 
acogida á la teoría del Batmismo ó fuerza de crecimiento de M. 
Cope: basta definir la palabra para descubrir el error de estas 
ideas; según Keeler, "el Batmismo es la fuerza vital que indu- 
ce al crecimiento." Según M. Cope, "muchas de las funciones 
animales son físicas y químicas, y si hay alguna que pueda pa- 
recer menos explicable por estas ú otras fuerzas, es la fun- 
ción de la nutrición. Probablemente en este caso la fuerza ha 
sufrido una metamorfosis tal por la influencia de la fuerza ori- 
ginaria en evolución, que viene á ser una distinta especie en la 
categoría de las fuerzas. Se llama Batmismo. Se ve que aun 
en las cuestiones de dinámica se intenta establecer nuevas es- 
pecies con el resultado que era de esperarse: Claudio Bernard 
á la cabeza de todos los fisiologistas protesta contra tales afir 



1S8 

inaciones, repitiendo el aforismo de Leibnitz : " todo se verifica 
en el cuerpo viviente, como si en él no hubiera la fuerza vital." 

Para M. Keeler la especie es "un grupo de individuos ais- 
lados morfológicamente de cualquier otro grupo, al menos por 
un carácter peculiar. Si un grupo no está completamente ais- 
lado, sino ligado por formas intermedias con algún otro, se lla- 
ma variedad." Como lo hace notar Huxley en tanto que no se 
haga intervenir el carácter fisiológico de la reproducción fértil 
de los individuos y la condición de que los descendientes sean 
indefinidamente fértiles inter se, la idea de especie no puede sos • 
tenerse. Es seguro que la definición de M. Keeler no será acep- 
tada y ello es de deplorar porque este podría ser el medio de 
concluir de una vez con una de las abstracciones que en el con- 
cepto de Darwiu, Haeckel, Huxley y Sachs, ha sido muy per- 
judicial para el adelanto de la biología. 

Pero este y otros detalles que paso en silencio y con los cua- 
les no estoy conforme, en nada aminoran el mérito de las brillan- 
tes investigaciones del autor norteamericano. 

Terminaré el examen de la primera parte de su obra, afir- 
mando que no conozco un libro más impai-cial y desapasionado 
en lo que se refiere á las teorías transforraistas. 

Hubiera sido de desear que M. Keeler reasumiera de un mo- 
do claro y preciso el contenido de cada uno de los capítulos. 

Respecto á la evolución de los colores mencionaré algunos 
de los puntos que en mi opinión tienen bastante novedad. 

Se trata de fundar esta teoría: el pigmento es un producto 
de desecho acumulado en los tegumentos, así como lo preten- 
den Geddeg y Thomson en su obra sobre la evolución del sexo. 

La selección ha influido en que los pigmentos unidos en los 
antecesores, se separen en los descendientes. En cuanto á dis- 
tribución de los colores, en los 209 géneros considerados, 172 
presentan el moreno, el blanco 169; en pi'oporción semejante 
se encuentran el gris, el negro y el rojo. El amarillo, azul, ver- 
de, anaranjado y púrpura son poco comunes; parece que el mo- 
reno ó gris ha sido el color primitivo ó es general por su utilidad 



134 

como medio de defensa. Queda demostrado que en las diferen- 
tes partes del cuerpo del ave se representan diferentes fases de 
la evolución de las plumas; que la distribución del pigmento 
y la formación de las manchas son debidas en mayor ó menor 
grado á las leyes del crecimiento y á la selección. Más adelan- 
te se encuentra un curioso estudio de las manchas y colores se- 
gún sus usos, como medios de defensa ó reconocimiento. Las 
variaciones de los colores según el sexo, la edad y la estación; 
según el clima, influencia demostrada por hechos y razonamien- 
tos poderosos. Después se hace una aplicación á cíisos particu- 
lares de todos los factores que influyen en la evolución del co- 
lor, pasando en revista á casi todos los géneros y á un número 
considerable de las especies de aves terrestres de Norte Amé- 
rica, siendo esta parte la más original y de muy grande inte- 
rés. No dejaré de advertir que de 10 de las aves considei'adas 
hay 9 de las que tenemos en México y por este motivo debemos 
felicitarnos. 

Las láminas son muy buenas y la bibliografía muy comple- 
ta, aunque me extraña que no figuren en ella las memorias de 
Krukenberg sobre las relaciones entre los colores y el sistema 
nervioso. 

En resumen: M. Keeler ha hecho la obra que puede consi- 
derarse como una de las joyas de la Biblioteca transformista; 
no es de los naturalistas que abandonan el examen de los he- 
chos y las enseñanzas de la experiencia para establecer enfer- 
miza hipótesis que muere al fin sin dejar más recuerdo que el 
de su inútil existencia. M. Keeler estudia 600 especies de ani- 
males, discute el origen é importancia de sus caracteres, apli- 
cando una á una las teorías para llegar á resultados lógicos y 
seguros. 

No da por terminado el estudio de la cuestión: en interés 
de la ciencia deberá continuar en el camino que él mismo se ha 
trazado, considerando la evolución de los colores ó de las for- 
mas y las costumbres. M. Keeler posee las cualidades suficien- 
tes para esta clase de trabajos: la modestia, para no cegar con 



135 

SUS propias opiniones, la erudición para utilizar el trabajo de 
otros investigadores: el espíritu crítico, sereno y desapasiona- 
do; el talento de generalización característico del summum de 
vitalidad en un hombre científico. 

México, Junio do 1893. 

A. L. Herrera. 



Obras que han ingresado á la Biblioteca de la Escuela Nacional de 
Ingenieros desde la fecha de la publicación del Catálogo ( Di- 
ciembre 31 de 1891 ) hasta el 30 de Junio de 1893. 

América (La) Científica. Nueva York, 1892 y Enero á Junio 

1893. 
Abolla. Manual do Legislación de Minas. Madrid, 1891. 1 

tomo. 
Alien. Clinical Study of the Skull. Washiugon. 1 tomo. 
Anales de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos. México. 
Anuales des Mines. Paris, 1890 á 1892, 9 tomos. 
Anuales des Ponts et Chaussées. Paris, 1890 á 1892. 9 tomos. 
Anuario de la Escuela Especial de Ingenieros. Madrid, 1878. 

1 tomo. 
Blakesley. Les Courants alternatifs d'électricité. Paris, 1893. 

1 tomo. 
Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 

México. 
Boletín del Observatorio Meteorológico Central. México. 
BuUetin de la Société Géologique de Franco. Paris, 1891-92. 
BuUetin of the U. S. Geological Survey. Washington, 1891- 

1892. 
Cambell. Biological teaching in the Colleges of the ü. S. 

Washington, 1891. 1 tomo. 
Caudlot. Cements et chaux hydrauliques. Paris, 1891, 1 tomo. 



1S6 

Clómancet et Vigreux. Cours pratique de travaux publics. 
París, 1891. 1 tomo. 

Colraeiro. Derecho Administrativo Español. Madrid. 2 tomos. 

Cos Gayón. Diccionario de Derecho Administrativo Español. 
Madñd, 1860. 1 tomo. 

Dana. Mineralogy. 1892. 1 tomo. 

Deharme. Chemius de Fer. París, 1890. 1 tomo y atlas. 

Delhotel. Traite de I'ópuration des eaux naturelles et indus- 
trielles. París, 1893. 1 tomo. 

Demanet. Cours de construction. París. 2 tomos y atlas. 

Denfer. Archltecture et construction civiles. Ma^onerie. Pa- 
rís, 1891. 2 tomos. 

Durand-Claye. Chimie appliquée á Part de l'Ingónieur. Pa- 
rís, 1885. 1 tomo. 

École des Ponts et Chaussées. Documents sur les formes mó- 
talllques á grand ouverture. Paris, 1891. 1 tomo. 

Economista (El) Mexicano. México, 1892 y Enero á Junio 1893. 

Elizalde. Curso de Geometría Descriptiva. Madrid, 1892. 1 to- 
mo y atlas. 

Ferrel. Meteorology. "Washington, 1886. 1 tomo. 

Flamant. Mécanique appliquée. Hidraulique. Paris, 1891. 1 
tomo. 

Résistence des matériaux. París, 1886. 1 tomo. 

Freixa y Rabasó. Legislación de Minas. Madrid, 1891. 1 tomo. 

Friedel. Cours de Miuéralogie. Paris, 1893. 1 tomo. 

García Cubas. México, its trade, etc. México, 1893. 1 tomo. 

Gómez Salazar. La Minería de frente á la propiedad territorial, 
Madríd, 1869. 1 tomo. 

Hayden. Geological Survey of Montana and adjacent territo- 
tory. Washington, 1871. 1 tomo. 

Hirsch & Debise. Legons sur les machines á vapeur. Paris, 
1885. 1 tomo y atlas. 

Instrucción de Minas. Madrid, 1830. 1 tomo. 

Junta Superior Facultativa de Minería. Colección Legislativa 
de Minas. Madrid, 1889. 1 tomo. 



187 

Knab. Mótallurgie. Paris, 1891. 1 tomo. 

Lapparent. Cours de Minéralogie. Paris, 1890. 1 tomo. 

Laroche. Travaux maritimes; Phenoménes marins; acces des 

ports. Paris, 1891. 1 tomo y atlas. 
Leygue. Chemins de £er. Paris, 1892. 1 tomo. 
Mafíei. Derecho Administrativo. Madrid. 1 tomo. 

Legislación Minera. Madrid. 1 tomo. 

y Figueroa. Bibliografía Mineral Hispano -Americana. 

Madrid, 1871. 2 tomos. 

Mária y Campos. Datos Mercantiles. México, 1892. 1 tomo. 

Mémoires de la Sociétó Góologique de Pranee. Paris. 

Mémoires de la Société Paléontologique Suisse. 

Memorias y Revista de la ¡Sociedad Científica "Antonio Alza- 
te." México, Tomos V y VI, 1891 á 93. 

Mendizábal Tamborrel. Tables des Logarihmes á huit decima- 
les. Paris, 1891. 1 tomo. 

Michelson. On the application o£ interference methods to spec- 
troscopic measurements. Washington, 1892. 1 tomo. 

Mora. Manual del Geómetra. Madrid, 1890. 1 tomo. 

Naturaleza (La). Periódico de la Sociedad Mexicana de His- 
toria Natural. México, 1891 á 93. 

Naumann. Elementos de Mineralogía. Madrid, 1891. 1 tomo. 

Nivoit. Géologie appliquóe á l'art de Plugónieur. Paris, 1887. 
2 tomos. 

Noble. Report of the Secretary of the Interior. Washington, 
1891. 1 tomo. 

Ordenanzas de Minería. Paris, 1854. 1 tomo. 

Palacios. Apuntes para el Constructor. México, 1889. 1 tomo. 

Tratado práctico de calderas de vapor. México. 1890. 1 

tomo. 
Pardo. Materiales de construcción. Madrid, 1891. 1 tomo y 

atlas. 
Pascal. Baréme des poutres métalliques. Paris, 1893. 1 tomo. 
Pelletan. Traite de topographie. Paris, 1893. 1 tomo. 
Peñuelas y Pornesa. Tratado elemental de Química analítica. 

Madrid, 1867. 1 tomo. 

Revista [1893-931—18 



138 

Poncelet. Cours de Mécauiqae appliquóe aux machines. París, 

1876. 1 tomo. 
Poutzen. Travaux de terrassement, tunnels etc. París, 1891. 1 

tomo. 
Randall. The Fourth International. Príson Congress iii Rus- 

sia. Washington, 1891. 1 tomo, 
Raymond. Mineral Resources, West of the Rocky inouutains. 

Washington, 1874. 1 tomo. 
Resal. Constructious métalliques. Paris, 1892. 1 tomo. 

Ponts en macjonerie. Paris, 1837. 2 tomos. 

Ponts métalliques. Paris, 1885. 2 tomos. 

Reuleaux. Tratado general de Mecánica. Barcelona. 4 tomos. 

Revista (La) Agrícola. México. 1892 á 93. 

Reynaud. Traite d'Arcnitecture. Paris, 1875. 2 tomos y 2 atlas. 

Rogers. The correction of the Sextants. Washington. 1 tomo. 

Roseubusch. Microscopical Physiography of the rocks making 
minerals. New York, 1889. 1 tomo. 

Sánchez Ocaña. La Legislación Minera. Madrid, 1892. 2 tomos. 

Scientific American. New York, 1892-93. 

New York. (Architects an Buildersedition). 1892- 

1893. 

. (Supplement). 1892-93. 

Suárez Inclán. Tratado de Topografía. Madrid, 1891, 1 tomo 
y atlas. 

Tartary. Coustruction et exploitation des chemins de fer. Pa- 
ris, 1891. 1 tomo. 

Thuckerman. Index to the literature of thermodyn árnica. 
Washington. 1 tomo. 

Thurston. Traite de la Machine á Vapeur. Paris, 1893, 2 tomos. 

Valdez. Manual del Ingeniero. Madrid, 1870. 1 tomo y atlas. 

Vant Hoff. Stereochimie. Paris, 1892. 1 tomo, 

VilHers. Aualyse quantitative. Paris, 1893. 1 tomo, 

Tahleaux d'analyse des seis par voiehuraide. Paris, 1890. 

1 tomo. 
Zayas Enríquez. Los Estados línidos Mexicanos. México, 1893. 
1 tomo. 



139 



REVISTA ANUAL DE ASTRONOMÍA 

DEL AÑO 1891 

poa 

a. BIGOUKDAN 

Astrónomo a<lj\ii-xto al Observatorio <\e París. 



( Traducido de la Kevite Céncrale des Sciences Purés et Appliquécs de Paríi ). 



(C0>'TINTJA.) 



7" Pequeños planetas comprendidos entre Marte y Júpiter, 

El número de estos asteroides crece muy rápidamente, con 
especialidad por las investigaciones infatigables de M. Charléis 
y de M. J. Palisa. He aquí la lista de los que se han descubier- 
to en 1891: 

Número. Nombre. Autor, lagar y fecha de su descubrimiento. 

303 Josefina iMilIosewich .. Roma Febrero 12- 

304 Olga Palisa Viena „ 14. 

305 Charléis Niza „ 16. 

306 Unitas Millosewich . - Roma Marzo 1? 

307 Charlois Niza „ 5. 

308 Borrélly. . Marsella. ... „ 31. 

309 Fraternitas. Palisa Yiena Abril 6. 

310 Charlois Niza Mayo 16. 

311 „ „ Junio 11. 

312 „ „ Agosto 28. 

313 Caldea Palisa Viena „ 30. 



140 

314 Charlois Niza.. 

315 Constancia. Palisa Viena. 

316 Charlois Niza.. 

317 „ „ .. 

318 „ „ .. 

319 



Stbre. 


1» 


V 


4. 


11 


8. 


11 


11. 


V 


24. 


Octubre 


8. 


11 


11. 


11 


15. 


Nbre. 


27. 


Dbre. 


22. 



)' 11 

320 Palisa Viena 

321 „ „ 

322 Borrelly Marsella.... 

323 Wolfs, Berbe- 

ricb Heidelberg . 

El descubrimiento de este último planeta marcará una fecha 
memorable eu la historia de estos asteroides, por haber sido he- 
cho por la fotografía. 

Hasta aquí los pequeños planetas han sido encontrados, sea 
accidentalmente, sea por medio de cartas celestes que se com- 
paran directamente al cielo : si se ve en el telescopio un astro 
que no se encuentra en la carta, está uno en presencia de una es- 
trella que omitió el autor de ella, ó de un pequeño planeta nue- 
vo ó antiguo, y que se reconoce eu una ó dos horas, en su mo- 
vimiento propio. No fué así para el (323), que fué descubierto 
de la manera siguiente: el 22 de Diciembre de 1891 Max Wolf> 
hábil astrónomo de Heildelberg, tomó con su anteojo fotográfi- 
co de O™ 15 de abertura, una negativa de una parte de la conste- 
lación de los gemelos; al día siguiente fotografió de nuevo la 
misma región y dio sus dos negativas á M. Berberich, quien al 
compararlas reconoció dos astros que habían cambiado en el in- 
tervalo del 22 al 23: uno era un planeta nuevo que recibió el nú- 
mero 323, el otro pareció ser el 275 Sapienüa, descubierto por 
Palisa en 1888. 

Si muchos aficionados pueden fácilmente proverse de instru- 
mentos tan poderosos como el de Wolf, es de esperarse que el 
número de asteroides conocidos va á aumentar rápidamente y 
que la cuestión va á entrar en una nueva fase. 



141 

Los cálculos y observaciones que exigen los asteroides cono- 
cidos, son un trabajo enorme, pero que no debe abandonarse pa- 
ra no introducir desorden. Ya varias veces se han considerado 
como nuevos, planetas descubiertos anteriormente, y otras, pla- 
netas nuevos se han tomado como antiguos. Es que los calcula- 
dores que se dedican á estos trabajos no son suficientes y sería 
de desearse que también los astrónomos aficionados prestaran 
su contingente; tendrían en esto un campo muy propio para 
ejercer su actividad y encontrarían todas las indicaciones que 
desearan en el excelente Traite de ¡a détennination des orhites des 
cometes et des planétes d^ OppoUer, del cual el profesor E. Pas- 
quier, de la Universidad de Lovaina, ha publicado una traduc" 
ción francesa, más correcta que la obra original. 

La investigación de métodos expeditos de cálculo es tam- 
bién muy necesaria, y para llamar la atención acerca de esto, la 
Academia de Ciencias de París ha sacado á concurso para 1894 
(Premio Damoiseau) la siguiente cuestión: "Perfeccionar los 
métodos de cálculo de las perturbaciones de los pequeños plane- 
tas concretándose á representar su posición con algunos minu- 
tos de arco de aproximación, en un intervalo de cincuenta años- 
construir en seguida tablas numéricas que permitan determinar 
rápidamente las partes principales de las pertui'baciones." 

8" Oometas. 

En 1891 se vieron los cinco cometas siguientes: 
Cometa a 1891.= 1891. I. Descubierto por Barnard en el 
Observatorio Lick, el 29 de Marzo y encontrado independiente- 
mente al día siguiente por üenniug, en Bristol. 

Cometan 1891.= 189L II. Segunda aparición del cometa 
periódico descubierto en 1881 por Max Wolf (1884 III) cuya 
vuelta había sido calculada por Thraeu y por L. Struve. Fué en- 
contrado de nuevo muy cerca del lugar indicado, por Spitaler 
en Viena el 1 ? de Mayo y dos días después en el Observatorio 
Lick por Barnard. 



142 

Cometa c 1891.= 1891. III. Es el célebre cometa de Encke 
calculado por Baeklund y encontrado, también muy cerca del 
lugar indicado, por Barnard el 1? de Agosto. 

Cometa d 1891.= 1891. V. Es la segunda vuelta del cometa 
Tempela- Swift (1869 III-1888 1 V ) calculado por Bossert y ha- 
llado de nuevo por Barnard el 21 de Septiembre 

Cometa e 1891.= 1891. VI descubierto por Barnard el 2 de 
Octubre. 

Los cometas cjd permanecieron siempre muy débiles y el 
cometa e era muy austral, de manera que en 1891 en nuestras 
regiones sólo dos cometas (a y b) hubo visibles con los instru- 
mentos de potencia media. Es notable también que de los cin- 
co cometas de ese año, hubo tres periódicos y cuya vuelta seha- 
bía anunciado. 

El cometa Wolf (6 1891) tenía primero, según Lehman Fil- 
hés, una órbita casi circular y entonces permanecía alejado de 
la tierra, de suerte que era invisible para nosotros. Una pertur- 
bación producida por Júpiter en 1875 alargó su órbita y dismi- 
nuyó su distancia al perihelio, lo que nos permito verlo cuando 
pasa cerca del Sol. 

De los cometas vistos en 1891 el más célebre ó interesante es 
el de Encke, notable porque la duración de su revolución dis- 
minuye constantemente. Para explicar esta aceleración se ha 
admitido hace tiempo con Encke la existencia de un medio es- 
parcido en el espacio y que produciría una resistencia que va- 
ría en razóii inversa del cuadrado de la distancia al Sol. Pero 
bajo esta forma la existencia de un medio resistente sólo es ad- 
mitida hoy por un pequeño número de astrónomos. 

Sin embargo, es cierto que el cometa de Encke es perturbado 
en su marcha por una causa desconocida que podría ser el en- 
cuentro de un enjambre de meteoritos. Seeliger, en efecto, ha 
demostrado que el encuentro con tal enjambre produciría un 
efecto análogo al del medio i'esistente de Encke. Es cierto que 
entonces la aceleración del movimiento medio debería presentar 
muy frecuentes variaciones, pero algunos astrónomos creen que 
ese es precisamente el caso del cometa de Encke. 



ÍNDICE DE LA REVISTA. 

1892 . 1893. 
TABLK JDES M ATIERES 13E L^A RKVUE2. 



FáKÍnu. 

Actas de las sesiones. Agosto 1892 á Junio 1893. ( Compíes Kendus des 
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